
Esas barrigas hinchadas
de cerveza y camarones,
vaca frita y chicharrones
ya ni caben en los Ladas
en los que estos camaradas
aterrorizan La Habana
mientras el pueblo se afana
en resolver la comida
y ganarle la partida
a la hambruna cotidiana.
A D. A., cuya amistad me acompaña desde la época en que viví en este inmueble y que tuvo la gentileza de tomar y enviarme estas fotos.
Mi edificio en esa esquina
hoy más que nunca tan mía
—en la que la policía
practicaba con inquina
día a día su rutina
de tratarme como escoria,
con furia, pero sin gloria,
con violencia partidista
y con su rabia racista—,
sigue intacto en mi memoria.

«Yo no me meto en política.
No me gusta esa maniobra.
Hoy prefiero hablar de mi obra
y cautivar a la crítica.
Tildarán de parasítica
y cobarde mi postura
que celebra a la cultura,
los artistas, los congresos,
pero que ignora a los presos
que hay en esta dictadura».

Más martiano que Martí,
más gracioso que un payaso,
cuentacuentos (por si acaso),
grave como un manatí,
leve como un colibrí,
brújula, veleta y mapa,
superhéroe sin capa,
experto en el dominó,
Santa Bárbara y Shangó
y más papista que el Papa.
***
artista: Geandy Pavón / título: “Martí oculto”, de la serie “Obras estrujadas”
técnica: óleo sobre lienzo / dimensión: 24 x 24 pulgadas / año 2011

La Bienal de La Habana es una farsa
que organizan los hombres del Partido.
(Los mismos que gestionan nuestro olvido).
No vayas a bailar a esa comparsa.
La Bienal de La Habana es un engaño
para evitar el tema más urgente:
¿qué pasa con el arte disidente
en estos días y el resto del año?
La Bienal de La Habana es un pretexto
para ocultar un tema doloroso
del que el pueblo es testigo a cada instante:
la Bienal de La Habana en el contexto
del terror cotidiano y del acoso
y el arte de la represión constante.
***
[Ilustración: Garrincha].

Seré breve: espero el día
que nos anunció Chirino:
celebraré con buen vino,
cuando la ciudadanía
no tema a la policía,
cuando lo que el pueblo invoca
no sea esperanza loca
y salgamos de este lodo
que lo contamina todo:
la mente, el alma, la boca.

Seré breve: yo no añoro
de la Cuba de mis días
los terribles policías
ni su falta de decoro
ni al mítico tocororo
—que pintó algún paisajista
para venderlo a un turista—
ni la sospecha ni el miedo
que hoy promulga Puesto-a-dedo
con su violencia machista.

Seré breve: no soñaba
que en el exilio tendría
una Cuba que es más mía
que en la que me despertaba
el olor de la guayaba,
el hambre, el miedo, el pesar
y la angustia de habitar
un sistema represivo
del régimen verde olivo
que aún prohíbe el pensar.

Seré breve: aquel racismo
—ultra revolucionario,
socialista, obrero, agrario
que me acosaba lo mismo
cuando me iba de campismo
a soñar con la utopía
que cuando esperaba el día,
guitarra en mano, en el muro
del malecón—, te lo juro:
lo recuerdo todavía.

Seré breve: fui maestro
en Cuba, en aquel sistema
que era martirio y problema
por vulgar y por siniestro,
que proclamaba: «Esto es nuestro»,
—y el “nuestro” no me incluía—,
que adoctrinaba y mentía
con ahínco y con tesón
a toda la población
que en el hambre malvivía.
***
[Ilustración: Santana].

Seré breve: todavía
me acuerdo de los noventa
con su oprobio y con su afrenta,
con el hambre día a día
y con cualquier policía
—vulgar, semi analfabeto—
que me acosaba “por prieto”,
“por mi pinta”, “por artista”,
siempre con la excusa lista
para faltarme el respecto.

Seré breve: ese opresivo
sistema tan patriarcal
tiene orden del general
—el dictador verde olivo—
de encontrar cualquier motivo
para sembrar el terror
—y sofocar el clamor
y maniatar a la prensa
y a la gente que habla y piensa—
con su cuerpo represor.

Dulces racistas cubanos
—que antes de hablar hacen pausa
y no apoyan una causa
por tildar de “chabacanos”
a los mismos ciudadanos
que del terror se han cansado—,
sé por qué han reaccionado
de manera tan penosa:
pues son negros… y otra cosa,
esos no son del Vedado.
***
Gracias a mi querido Enrique Del Risco, que me dio el pie de amigo de esta #décima con un post en Facebook.

A Anjanette Delgado, que me dio el pie de amigo
Nos arman y nos componen,
nos mantienen coherentes
y del pasado conscientes
—y cuando nos abandonen
espero que nos perdonen
las pifias de nuestro olvido—;
nuestras memorias han sido
vereda, túnel y puente,
vehículo y aliciente
de aquello que hemos vivido.

Mi querido Paquito D’Rivera
—tú que alegras los días de esta vida
y rescatas a diario la perdida
costumbre que antes fue imperecedera
de dar sin esperar a cambio nada—,
tu regalo llegó por el correo.
Tu bondad es reliquia de museo.
Mi gratitud va en esta marejada:
tu música rebota en las paredes
—la escucho y cierta dicha me rebasa—,
trompeta, bajo, saxo y clarinete…
Te celebro en persona y en las redes.
Eres “tío Paquito” en esta casa.
Así te llama mi hijo, el sobrinete.