Apertura

La apertura cubana (maqueta) Un avión de pasajeros de una aerolínea norteamericana es secuestrado y forzado a aterrizar en Cuba. Antes de devolver a los rehenes a su destino, las autoridades cubanas cuestionan la identidad de una pasajera. Las transcripciones de su interrogatorio aparecen intercaladas con el diario de una estudiante de una escuela militar en La Habana de los ochenta. Con guiños a Las mil y una noches, T.S. Eliot, Jorge Luis Borges, el canon cubano, el ajedrez, el pop rock argentino y el interminable kitsch revolucionario, La apertura cubana teje un tapiz con las vidas de estas dos mujeres. La labor de los interrogadores —y de quien abra la novela— es desentrañar cómo se conectan esos hilos.

«Alexis y yo hemos colaborado en varios proyectos literario-musicales y disfruto letra por letra todo lo que escribe. Créanme que esta nueva novela del ingenioso autor de Salidas de emergencia no es la excepción a esa regla. El desenredo final de La apertura cubana es impresionante».
Paquito D’Rivera, autor de Mi vida saxual y ¡Oh, La Habana!  

«La apertura cubana es una novela brillante, en la que el autor juega elegantemente al ajedrez con sus lectores. Un trastoque de identidades en un país trastocado abre la partida. ¿Será sacrificada la dama? ¿Quien recibirá jaque mate?».
Teresa Dovalpage, autora de La regenta en La Habana y El difunto Fidel C.

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La apertura cubana

Reseñas, comentarios, elogios y otras hierbas aromáticas

El escritor y dibujante argentino Hernán Vera Álvarez reseña La apertura cubana en el Nuevo Herald.

Alexis Romay: la voz cubana
HERNÁN VERA ALVAREZ * ESPECIAL/EL NUEVO HERALD

James Joyce lo hizo con Dublín, Jorge Luis Borges con Buenos Aires, y Guillermo Cabrera Infante con La Habana: construir una ciudad dorada desde la distancia que da la adultez. En Tres tristes tigres la metrópoli cubana es un territorio mítico, puerto cosmopolita, entrada y salida de aventureros, artistas, criminales. Hay un contrabando de ideas que se celebra. La apertura cubana, de Alexis Romay, también edifica un vínculo muy íntimo con su ciudad.

La novela comienza de una manera vertiginosa, en sintonía con la claridad de su prosa: un avión de línea es secuestrado y desviado hacia la Isla. Es el año 1996. Las autoridades someten a interrogatorio a una mujer —padre cubano, madre norteamericana—. La transcripción de esa confesión escurridiza –a la mujer se le antoja decir lo que quiere– se mezcla con las entradas de un diario de una muchacha habanera de nombre La Camilita durante la década de los ’80.

Aunque La apertura cubana sea literatura, en el modo que es un obra escrita para sostenerse en el papel, es una novela oral. “Esto no es nada comparado con lo que vas a escuchar”, uno de los epígrafes del trabajo, tomado de Las mil y una noches, señala las coordenadas de lectura. Así, en un momento de las letras que se tiende a escribir en un español estándar, la lengua popular es un recurso que utiliza el autor para mover cómodamente los destinos de los personajes.

Y aquí un detalle para nada menor: Romay tiene una sensibilidad para captar la voz de las mujeres, pero también lo que se esconde detrás de ella: la sutileza de la psique femenina. Tamaña empresa, sin duda, la de Alexis, ya que tantos autores han resbalado en esa intención provocando una serie de lugares comunes irresistibles. Hay ejemplos distintos, sin embargo, como los de Manuel Puig, Tomás Eloy Martínez o Antonio Orlando Rodríguez.

“¿Quieres que te haga el cuento de la buena pipa? Me alegra que no lo quieras escuchar, porque te tengo uno mejor y más macabro y que comienza así: la primera (y espero que la última) vez que esta que viste y calza durmió entre rejas, en una estación de policía, fue el sábado de la semana pasada. Eso de dormir es una artimaña narrativa, Esporádico. No pude pegar un ojo en toda la noche”, escribe La Camilita en una entrada del 1 de febrero de 1987.

Si La apertura cubana es ante todo una novela de la lengua, esa seña particular se hace evidente al contraponer las voces de las protagonistas. En la declaración de la mujer secuestrada, escuchamos: “Sí, mi madre participó como voluntaria de las brigadas Venceremos, y trabajó en un par de provincias e igual número de campamentos, pero a mí no me incrimine con sus creencias ideológicas —debería decir religiosas, que la ideología es una religión, como otra cualquiera— que yo no tengo nada que ver con eso: recuerde que su aventura cubana ocurrió en 1969, cuando yo todavía no había nacido”.

Los dos discursos, a la vez, gravitan en lo íntimo y en lo general en la realidad del régimen cubano: la represión, las fiestas salvajes, las charlas a la medianoche, el rock argentino, el ajedrez, el vino, humo de rebeldía. Más allá de las palabras —y en ellas— el lector se preguntará cómo esas dos vidas aparentemente distantes, finalmente, pueden unirse. Bajo la escritura de Alexis Romay el enigma seduce, como Scheherazade al lector.

***

Jorge Ignacio Domínguez López reseña La apertura cubana en Diario de Cuba:

[…]

La novela se desarrolla como dos narrativas paralelas: el diario de una adolescente habanera —”la camilita”— escrito en 1986, y las transcripciones de un interrogatorio al que las autoridades cubanas someten a una veinteañera —”la neoyorquina”— en 1996.

Ambas historias se pueden leer como sendas partidas de ajedrez. Por una parte, la camilita juega la suya con la vida: trata de descubrirse y dibujar su identidad en un hogar, una escuela, un entorno que intentan predefinirla. Como José María Sicre, la camilita mueve sus torres y caballos para escapar de esa rígida y aburrida cuadrícula que su maldita circunstancia le ha deparado como sucedáneo de la vida.

La neoyorkina, que ha llegado a la Isla porque el avión en que viajaba a Bahamas ha sido secuestrado, juega su partida contra un interrogador que intenta imponerle una identidad que ella rechaza. La neoyorkina juega la partida de Morphy: está defendiendo su pasado, las penas y las glorias de su vida como ella las recuerda.

La camilita se defiende de un futuro que otros han inventado para ella y quieren imponerle. La neoyorkina, por el contrario, enfila sus trebejos contra un pasado que sus interrogadores le adjudican y que ella no acepta. La tensión entre esos dos relatos, el suspenso policiaco que los enlaza, serían suficientes para jalonar la lectura.

Pero la novela no agota su metáfora ajedrecista ahí: está también el tablero sobre el que se juegan las partidas, los cuadros blancos y negros que, en el caso de La apertura cubana, son el lenguaje y la memoria. Algunas novelas se leen por las peripecias de la trama, otras por los malabarismos del lenguaje. La apertura cubana regala una bien medida mezcla de ambos.

[…]

Para leer el texto íntegro: clic.

***

Teresa Dovalpage, en Revista Sub-urbano:

La trama de La apertura cubana, que mezcla ajedrez en el tablero y verbal, se basa en una confusión de identidades. La pasajera del avión secuestrado, hija de padre cubano y madre judía, que sufre los interrogatorios de un burdo teniente de la Seguridad, ¿tiene o no algo que ver con la adolescente cubana autora de un querido (y esporádico) diario en el que echa pestes de todo lo humano y lo divino, comenzando por su madre y su hermana?

La novela se mueve entre los relatos en las voces de estas protagonistas. Así, las escenas van desde las mortificaciones de la Previa (una especie de boot camp isleño para estudiantes de un preuniversitario militar) a las conversaciones, monólogos más bien, de la viajera detenida en una celda de la Seguridad.

¿Cuál es el lazo que las une? ¿Quién es quién?

La apertura cubana está además sazonada con unos juegos lingüísticos tan jugosos que harán que el curioso lector vacile entre dejar de leer unos segundos para apuntarlos y que no se le olviden…para después soltarlos como si fueran de su propia cosecha. Afortunadamente, su fuerza de succión es tal que resulta difícil cerrar el libro para tomar apuntes. Sugerencia: leer con lápiz y papel al lado. O si se tiene la novela en Kindle, hacer anotaciones en amarillo.

Entre bromas y veras, La apertura cubana capta dos franjas de tiempo de la vida en la isla, cada una con su propia coloración, léxico y ansiedades. No se pierdan esta partida de ajedrez novelístico con variantes agudas y gambitos inesperados.

7 respuestas a Apertura

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