Cuba, la voz pasiva y las voces que rompen el silencio

Foto: Jorge Castro

La periodista Sarah Moreno, corresponsal de El Nuevo Herald, tuvo la gentileza de solicitar mi opinión con respecto al acontecer de Cuba, para un artículo que acaba de publicar su diario. En vista de que me extendí demasiado para un texto coral, publico por acá mi respuesta.

Lo que está pasando en la isla es tanto que es casi imposible abarcarlo en unas pocas líneas. Vaya por delante que Cuba me sobrecoge. No hay día que no me entristezca. Esto que digo podría parecer trágico, pero más trágico es lo que ocurre ahora mismo en nuestro país. (Uso el pronombre posesivo porque, a pesar de las décadas y la distancia, ese sigue siendo mi país y el país de todos los que decidimos vivir nuestra Cuba en otra parte). 

El panorama es desolador: tenemos a un pueblo hambreado y reprimido, en medio de una escandalosa crisis sanitaria, sumido en un caos económico, azotado por una pandemia que ha sido exacerbada por la pésima e irresponsable gestión gubernamental para contenerla. Y, para ponerle la tapa al pomo, Miguel Díaz Canel —tal vez para recordarnos que él es el dictador de turno— acaba de anunciar ante las cámaras que “la orden de combate está dada”, incitando públicamente a la violencia contra la población civil que ha salido a la calle a pedir libertad y el fin de la dictadura. Por cierto, lo más notable de la frase —con la que anuncia a los cuatro vientos que la represión contra la ciudadanía tiene su visto bueno— es el uso de la voz pasiva, como si quisiera distanciarse de su propia barbarie.

Tengo muy claro que, desde Nueva Jersey, a mí no me corresponde decirles a los cubanos que residen en la isla que salgan a la calle a protestar contra un régimen que ya no se preocupa en esconder su naturaleza represiva. Sí considero apropiado pedirles a los militares, a la policía y a “quienes no se meten en política” que no se presten para reprimir a la ciudadanía. También creo que es mi deber apoyar a quienes en Cuba ponen el cuerpo y al hacerlo defienden sus derechos, los míos y los de todos: los que se quedaron, los que nos fuimos y los que están por venir. Por eso, me hago eco de ese clamor que me llena de esperanza y, una vez más, reitero el anhelo que el castrismo ha criminalizado: lo que queremos es patria y vida

Acerca de Alexis Romay

Pienso, luego escribo.
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