Cuba y el descontento (V)

De nada nos sirve el llanto, 

de nada valió la espera 

ni creer en la quimera 

que hoy quiere apagar el canto 

imponiéndole su espanto 

a todo un pueblo indefenso.

No valen varas de incienso. 

No hay consuelo en la aspirina

ni en tal o más cual doctrina.

Cuba es un dolor intenso.

***

[Ilustración: Omar Santana].

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Consideraciones generales

Se mueren los generales

a un ritmo vertiginoso,

mientras en Cuba el acoso

al pueblo en zonas rurales

y en las mismas capitales

de provincia va en aumento

y, con él, el descontento

popular, que es la señal

de que el castrismo anda mal,

que le llegó su momento.

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Cuba y el descontento (IV)

No quise ser emigrante. 

No soñé ser exiliado

Yo tenía en mi pasado 

una vida por delante, 

pero llegó el Comandante 

dispuesto a dictar su tedio 

y no tuve más remedio 

que hacer como Papillón: 

a aquella revolución 

le puse agua de por medio.

***

[Ilustración: Omar Santana].

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Cuba y el descontento (III)

Quise vivir en mi tierra

de joven, mientras crecía, 

hasta que la hipocresía 

y el terror que aún aterra 

al pueblo al hacerle guerra 

me robaran la ilusión

mas cuando la represión 

colmó mi copa vacía, 

una tarde aciaga, impía,

me escapé de esa prisión.

***

[Ilustración: Omar Santana].

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Cuba y el descontento (II)

Se me agotó la paciencia 

por allá por los noventa, 

la tarde en que me di cuenta 

de que toda la indigencia, 

la represión, la indolencia 

en las que estaba sumido 

y que ya había vivido 

en mi infancia y juventud 

disfrazadas de virtud 

eran culpa del Partido.

***

[Ilustración: Omar Santana].

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Cuba y el descontento (I)

No me alcanzaba el salario 

en la Cuba de mis días, 

plagados de policías 

que me paraban a diario 

en mi mismo vecindario 

por el color de mi piel

porque lo quiso Fidel 

y su régimen racista 

que ha heredado un arribista: 

el bufón Díaz Canel

***

[Ilustración: Omar Santana].

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Lo que les decía a mis amigos en La Habana de los 90

Con guitarra y amigos, en el malecón habanero de finales de los 90

Detén tu paso, viajero,

aquí en estos adoquines,

y cuéntame tus trajines

allá por el extranjero;

quiero que me cuentes, quiero

viajar como tú viajaste,

¿qué ciudades visitaste?,

¿trajiste un libro prohibido 

que nos cure del olvido?,

¿y por qué no te quedaste?

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Las vidas negras en Cuba

Amanda Hernández (Foto: 14 y medio)

Habría sido casi imposible sentenciar a Derek Chauvin por el asesinato de George Floyd si no existieran esos dolorosos casi 9 minutos filmados por una adolescente estadounidense: Darnella Frazier.

En este momento, hay una adolescente cubana, afrocubana también, cuyo nombre es Amanda Hernández, que está bajo arresto, está detenida, desde el 11 de julio por filmar las protestas que tuvieron lugar en la isla.

Ella no participó en las protestas; ella simplemente las documentó y por eso el régimen de Díaz Canel la ha puesto tras los barrotes de las celdas cubanas.

Su vida también importa.

#SOSCuba 🆘 🇨🇺
#LasVidasNegrasImportan
#BlackLivesMatter

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Cuando me preguntan dónde vives, respondo…

Vivo en Cuba aunque no esté

en esa tierra distante

que se apropió el Comandante

que instituyó el Comité

y que hizo su paripé

con sus tropas militares,

con sus causas, sus azares,

su represión, su metralla… 

Vivo en Cuba aunque no vaya

de vuelta por esos lares. 

***

A Eilyn Lombard, que me dio el pie forzado.

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Rebelión en la granja (VII)

Ha cruzado el Rubicón

el tirano con su tropa, 

ante el silencio de Europa

—¡se ha vuelto un hombre de acción!—,

escoltado por legión

de incansables represores

—modernos rancheadores—

que se prestan al horror

de un reinado de terror

que vive sus estertores.

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Rebelión en la granja (VI)

Una carga de bribones

camina y posa ante el lente.

La encabeza el delincuente 

que anda en busca de razones 

para acallar expresiones, 

para mantener sumisos

a cubanos indecisos,

para fomentar el miedo… 

Lo llamamos “Puesto a dedo” 

pues nos gusta ser precisos.

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Rebelión en la granja (V)

Hoy Cuba se manifiesta: 

Díaz Canel, en su salsa; 

toda la isla en una balsa 

o en la calle, en la protesta

desde la abuela modesta 

que a dar la cara ha salido 

hasta el joven que al olvido 

y al terror ha dicho “basta” 

y le hace frente a la casta 

de los hombres del Partido.

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El hombre que agradecía

En medio de los arrestos

arbitrarios, prolongados,

los activistas sitiados

y que aún así siguen puestos

y redactan manifiestos

soñando un país normal

—no el feudo de un General

y un ancho mar de desgracias—,

Padura le da las gracias

a quien le pone el bozal.

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Rebelión en la granja (IV)

En la foto, el Gran Hermano 

con sus perros se pasea.

Va contra viento y marea 

y contra el pueblo cubano 

al que tilda de “gusano”, 

al que acosa y miente a diario

al que llama “mercenario” 

por pedir su libertad, 

y por gritar su verdad 

le hace sufrir un calvario. 

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El castrismo y el cuento de la buena pipa

Gracias a Enrique Del Risco, que tomó la foto, veo en el muro de Facebook del grupo S.O.S Cuba una imagen de un vocero del castrismo que nos menciona como ejemplo de “esta operación [del gobierno estadounidense] que utiliza recursos millonarios” para desestabilizar al régimen que lo aúpa.  

Puestos a ser precisos, no sólo no se nos paga ni un centavo por exigir la democracia en Cuba, sino que, además —siempre que organizamos o vamos a una de estas manifestaciones, siempre que nos congregamos para hacernos eco del pueblo que ahora mismo pone el cuerpo en la isla, siempre que le dedicamos un minuto al acontecer cubano— lo hacemos al margen de nuestras respectivas ocupaciones y responsabilidades laborales. 

Yo no le puedo decir a mi editora que el manuscrito que le debo viene con atraso porque fui a caminar por Bergenline con un mar de gente y que lo hice para apoyar en la distancia a quienes también salen a caminar por las calles de mi país a riesgo del pellejo y la vida y que, en última instancia, fui porque tenía una imperiosa necesidad de gritar “Díaz Canel” y escuchar cientos de voces a mi alrededor que respondieran: “¡Singao!”. Yo no le puedo decir a la escuela en la que trabajo que no tuve tiempo de calificar exámenes porque estaba ocupado y preocupado con el terror que siembra el régimen de la dinastía Castro. O, vale, se los puedo decir, pero no servirá de nada. Si acaso me dedicarán una mirada compasiva o alguna palabra de aliento y ahí paró el tren. 

No hay ninguna cláusula en ninguno de mis contratos, con ninguna institución, que establezca que —una vez por semana o a la quincena o cuando se me ocurra— se me deba excusar una ausencia —o tardanza en la entrega de un proyecto— pues la noche anterior asistí a una manifestación contra esa oprobiosa dictadura de la que me escapé hace más de dos décadas.   

Manifestarme contra el castrismo a mí no me ha dado un quilo. Y sospecho —con un arsenal de razones y evidencias que me justifican— que, como a muchos escritores y artistas cubanos del exilio, abrir la boca me ha cerrado más de una puerta. Y, aun así, ese es un precio bastante bajo a pagar. Y lo pago y lo seguiré pagando gustosamente mientras ese régimen siga en el poder. Así que no me jodan más con la cantaleta de que nos financia el gobierno de esta nación que nos dio amparo. Que aquí quien no trabaja no come. 

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