Cuba a ritmo de filin (VII)

Con qué tristeza miramos
ese terror cotidiano
con que asustan al cubano
por dar voz a sus reclamos
quienes se creen los amos
de una isla que se va pique.
¿Cómo quieres que te explique
la infamia que se ha vivido?
Un país no es un Partido
de los hijos del Cacique.

***

Ilustración: Omar Santana.
Nota bene: Desde el 30 de noviembre de 2020, he publicado a diario en este blog. Aquí puedes leer la entrada de este día hace exactamente un año. Si sientes que me repito, recuerda que más se repite la realidad cubana.

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Cuba a ritmo de filin (VI)

La niebla de aquel riachuelo
—como un navío que se hunde—
en el recuerdo se funde
con la imagen de aquel cielo
que conoce mi desvelo
y del que me escapé un día
porque ya no concebía
una vida en esa tierra
que malvive en pie de guerra
contra la ciudadanía.

***

Ilustración: Omar Santana.
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Cuba a ritmo de filin (V)

Ponle toda tu atención.
No pierdas pie ni pisada
y mucho ojo a la jugada
con que «la revolución»
llama a la turba a la acción
contra el sentir de la gente,
ese pueblo que disiente,
se resiste a la indolencia
y dice no a la violencia
que ha ordenado un delincuente.

***

Ilustración: Omar Santana.
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Cuba a ritmo de filin (IV)

Lo que me tiene extasiado
no es la turba enfurecida
que cuando oye “patria y vida
desata el terror de estado.
El pueblo no es un soldado
de Raúl ni de Fidel
ni lo es de Díaz Canel.
A mí lo que me entristece
es que Cuba no merece
que la hayan vuelto un cuartel.

***

Ilustración: Omar Santana.
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Cuba a ritmo de filin (III)

, que ya te has convertido
en obsesión, en desvelo,
tú y tu pedazo de cielo
que —aunque lo intente— no olvido.
Tú, que serás —¡tú que has sido!—
siempre gran parte de mi alma.
Tú, que no entiendes la calma
de una vida sin violencia,
multiplicas la indolencia
en donde mochan la palma.

***
Ilustración: Omar Santana.

Nota bene: Desde el 30 de noviembre de 2020, he publicado a diario en este blog. Aquí puedes leer la entrada de este día hace exactamente un año. Si sientes que me repito, recuerda que más se repite la realidad cubana.

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Cuba a ritmo de filin (II)

Ya no hay bella melodía
que haga olvidar el horror
con que el cuerpo represor
acosa a la luz del día.
No hay consuelo, Cuba mía.
No hay alivio en la fragancia
del recuerdo o la constancia
de este cariño ex profeso.
Entelequia cruel, te beso,
y contigo en la distancia.

***
Ilustración: Omar Santana.

Nota bene: Desde el 30 de noviembre de 2020, he publicado a diario en este blog. Aquí puedes leer la entrada de este día hace exactamente un año. Si sientes que me repito, recuerda que más se repite la realidad cubana.

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Inventario de Belascoaín y Neptuno (desde el 30 de noviembre de 2020)

[Traducción al cubano: Has publicado durante 365 días consecutivos en Belascoaín y Neptuno. ¡Bajanda!].

Este ha sido un año inusual. Y eso también es aplicable a los aconteceres en este blog. En 2020, sólo había publicado una entrada (en enero, ¡¿se acuerdan de enero de 2020?!). El motivo es sencillo: en poco más de una década de mantener este cajón de sastre al cual vienen a parar mis ideas de la cosa cubana me he tomado algunos descansos para evitar repetirme y, también, porque es más fácil no pensar en Cuba. Es más fácil no escribir de Cuba. Duele menos. (Me perdonan el pathos. No olvidemos que aquí y ahora se habla de aquella isla y su maldita circunstancia).

La familia, la amistad, la escritura, la traducción, el humor, el salón de clases, a veces la guitarra, el bálsamo de la rima, el alarido en las redes sociales —que puede ser el proverbial grito en el bosque que nadie escuchó— y cualquier otra artimaña que ahora omito suelen servirme de aliciente. Porque la verdad es que, cada día más, a mí Cuba me descorazona. Me escapé de su dictadura hace más de 20 años pues ya no podía imaginar mi vida en aquella prisión. Y al repasar a vuelapluma lo que he escrito en las 1896 entradas que han aparecido en estos lares desde febrero de 2008 me desconsuela comprobar que el cuartico está igualito.

Pero eso no es del todo preciso: hay ciertos destellos —como ese despertar cívico que se anuncia en el Movimiento San Isidro— que me invitan a creer en la posibilidad de una Cuba en la que disentir de la ideología del gobierno no constituya un crimen, una Cuba en la que el régimen no inste a la población a esa mancha en el expediente nacional que son los actos de repudio, una Cuba de la que la juventud no se fugue —en balsas improvisadas, en camiones, en avión (ya sea en cabina o el tren de aterrizaje), en cajas de DHL—, una Cuba en la que envejecer y envilecer no sean sinónimos, una Cuba en la que no tengamos rehenes sino familia, una Cuba a la que no tenga que decirle a mi hijo que no vaya cuando llegue a la adultez y quiera entender por qué su padre —después de más de dos décadas de exilio— todavía no soporta que un comensal le deje comida en el plato. 

Mi esperanza se reactivó el 30 de noviembre del año pasado. (Me tomó unos tres días digerir esa belleza que fue el 27 de noviembre). Desde entonces, para decirlo en octosílabos, he publicado:

Tres centenares de rimas,
un puñado de canciones,
ensayos, cavilaciones
para que leas e imprimas,
para cuando te deprimas,
para soñar el idilio,
para brindarte mi auxilio,
para recordar a Cuba,
ese dolor que se incuba
con los años y el exilio.

Ignoro cuánto me dure el impulso. Quiero creer que mientras Díaz Canel y su dictadura no se cansen de reprimir, no me cansaré yo de condenarlos. 

A quienes me conocían y regresaron a estos predios que también son suyos, a quienes me visitaron por primera vez, a quienes me leyeron a escondidas —en el trabajo, ¡en Cuba!—, a quienes compartieron mis textos en las redes, a quienes me leen en la isla, a quienes me leen en cualquier confín inimaginable del planeta desde el cual viven su Cuba propia, a quienes dejaron un comentario, a quienes se abstuvieron de comentar, a quienes se reconocen en algo de lo que he revelado en esta bitácora, a quienes pasan por este blog ante la imposibilidad de caminar por Belascoaín y Neptuno, aquella entrañable —para mí— esquina habanera: ¡gracias!

***

Nota bene: Aquí puedes leer la entrada de este día hace exactamente un año. Si sientes que me repito, recuerda que más se repite la realidad cubana.

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Cuba a ritmo de filin (I)

No hay un momento en el día
en que deje de acosar
el régimen militar
que azuza a la policía
contra la ciudadanía.
No hay un momento en la tarde
que no dedique al alarde
de su titánica panza
que será objeto de chanza
ese dictador cobarde.

***

[Ilustración: Omar Santana].

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Del nacionalismo en las letras patrias y otros demonios

A César Pérez, que me dio el pie de amigo

Yo te digo que Darío
mataría por tener
el tumbao que ese ser
que fue Martí, que es el mío,
roció por el caserío
como el agua de lavanda,
con ese ritmo que manda
al bailador a la pista
para el pase de revista
con cien pabajo y bajanda.

***

artista: Geandy Pavón / título: “Martí oculto”, de la serie “Obras estrujadas”
técnica: óleo sobre lienzo / dimensión: 24 x 24 pulgadas / año 2011

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El arte de las fugas (VII)

Me fui de Cuba. ¡Qué suerte
escapar como escapé!
Qué bueno que me libré
del funesto “patria o muerte”
que dejó a la patria inerte
y en el oprobio sumida.
El día de mi partida
soñaba con el regreso,
pero hoy sueño con más que eso
para Cuba: patria y vida.

***

[Ilustración: Omar Santana].

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El arte de las fugas (VI)

Me fui de Cuba a finales
del siglo pasado, un día
que sentí que no hallaría
belleza en las catedrales,
las calles, los soportales…
pues las aguas albañales
habían vuelto un pantano
aquel porvenir cubano
inundado de indigencia,
marcado por la violencia
de nuestro horror cotidiano.

***

[Ilustración: Omar Santana].

PD: Acabo de notar que aquí inventé la décima de once versos, con esquema de rima ABBAAACCDDC. ¡La undécima!

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El arte de las fugas (V)

Me fui de Cuba a un invierno
para escaparme del mal
de ese régimen brutal
que hizo de la isla un infierno.
Me la traje en mi cuaderno.
La reinventé en el recuerdo.
La empaqué en el lado izquierdo
del pecho, en el intestino…
Su luz me alumbra el camino
y me orienta si me pierdo.

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El arte de las fugas (IV)

Me fui de Cuba a escondidas
de mi familia y amigos.
Solo tuve tres testigos
y no hicimos despedidas.
No hubo fiestas ni comidas
ni brindis por el regreso.
Dije que me iba a un congreso.
(Soñaba ser escritor
y le tenía pavor
a que me metieran preso).

***

[Ilustración: Omar Santana].

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El arte de las fugas (III)

Me fui de Cuba un verano
que era más bien un otoño.
Yo era un poeta, un retoño,
y estaba en llamas el llano.
A ese estadio del cubano
que es el exilio partí.
Traje un libro de Martí,
ese otro poeta preso.
Me fui de Cuba y confieso:
Cuba no se fue de mí.

***

[Ilustración: Omar Santana].

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El arte de las fugas (II)

Me fui de Cuba una tarde
que el recuerdo desfigura—,
harto de la dictadura.
La luz que en mis ojos arde
escapaba del cobarde
régimen que reprimía
al pueblo y que le mentía
de la noche a la mañana,
en zona rural o urbana,
gradualmente, día a día.

***

[Ilustración: Omar Santana].

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