
Quise vivir en mi tierra
de joven, mientras crecía,
hasta que la hipocresía
al pueblo al hacerle guerra
mas cuando la represión
colmó mi copa vacía,
una tarde aciaga, impía,
me escapé de esa prisión.
***
[Ilustración: Omar Santana].

Quise vivir en mi tierra
de joven, mientras crecía,
hasta que la hipocresía
al pueblo al hacerle guerra
mas cuando la represión
colmó mi copa vacía,
una tarde aciaga, impía,
me escapé de esa prisión.
***
[Ilustración: Omar Santana].

Se me agotó la paciencia
por allá por los noventa,
de que toda la indigencia,
la represión, la indolencia
en las que estaba sumido
y que ya había vivido
disfrazadas de virtud
eran culpa del Partido.
***
[Ilustración: Omar Santana].

en la Cuba de mis días,
plagados de policías
en mi mismo vecindario
porque lo quiso Fidel
que ha heredado un arribista:
el bufón Díaz Canel.
***
[Ilustración: Omar Santana].

Detén tu paso, viajero,
aquí en estos adoquines,
y cuéntame tus trajines
quiero que me cuentes, quiero
viajar como tú viajaste,
¿qué ciudades visitaste?,
¿trajiste un libro prohibido
¿y por qué no te quedaste?

Habría sido casi imposible sentenciar a Derek Chauvin por el asesinato de George Floyd si no existieran esos dolorosos casi 9 minutos filmados por una adolescente estadounidense: Darnella Frazier.
En este momento, hay una adolescente cubana, afrocubana también, cuyo nombre es Amanda Hernández, que está bajo arresto, está detenida, desde el 11 de julio por filmar las protestas que tuvieron lugar en la isla.
Ella no participó en las protestas; ella simplemente las documentó y por eso el régimen de Díaz Canel la ha puesto tras los barrotes de las celdas cubanas.
Su vida también importa.

el tirano con su tropa,
ante el silencio de Europa
—¡se ha vuelto un hombre de acción!—,
escoltado por legión
de incansables represores
—modernos rancheadores—
que se prestan al horror
de un reinado de terror

camina y posa ante el lente.
La encabeza el delincuente
para acallar expresiones,
para mantener sumisos
a cubanos indecisos,
para fomentar el miedo…
Lo llamamos “Puesto a dedo”
pues nos gusta ser precisos.

Hoy Cuba se manifiesta:
Díaz Canel, en su salsa;
toda la isla en una balsa
o en la calle, en la protesta:
desde la abuela modesta
que a dar la cara ha salido
hasta el joven que al olvido
y al terror ha dicho “basta”
y le hace frente a la casta
de los hombres del Partido.

En la foto, el Gran Hermano
con sus perros se pasea.
Va contra viento y marea
y contra el pueblo cubano
al que tilda de “gusano”,
al que acosa y miente a diario,
al que llama “mercenario”
por pedir su libertad,
y por gritar su verdad
le hace sufrir un calvario.

Gracias a Enrique Del Risco, que tomó la foto, veo en el muro de Facebook del grupo S.O.S Cuba una imagen de un vocero del castrismo que nos menciona como ejemplo de “esta operación [del gobierno estadounidense] que utiliza recursos millonarios» para desestabilizar al régimen que lo aúpa.
Puestos a ser precisos, no sólo no se nos paga ni un centavo por exigir la democracia en Cuba, sino que, además —siempre que organizamos o vamos a una de estas manifestaciones, siempre que nos congregamos para hacernos eco del pueblo que ahora mismo pone el cuerpo en la isla, siempre que le dedicamos un minuto al acontecer cubano— lo hacemos al margen de nuestras respectivas ocupaciones y responsabilidades laborales.
Yo no le puedo decir a mi editora que el manuscrito que le debo viene con atraso porque fui a caminar por Bergenline con un mar de gente y que lo hice para apoyar en la distancia a quienes también salen a caminar por las calles de mi país a riesgo del pellejo y la vida y que, en última instancia, fui porque tenía una imperiosa necesidad de gritar «Díaz Canel» y escuchar cientos de voces a mi alrededor que respondieran: «¡Singao!». Yo no le puedo decir a la escuela en la que trabajo que no tuve tiempo de calificar exámenes porque estaba ocupado y preocupado con el terror que siembra el régimen de la dinastía Castro. O, vale, se los puedo decir, pero no servirá de nada. Si acaso me dedicarán una mirada compasiva o alguna palabra de aliento y ahí paró el tren.
No hay ninguna cláusula en ninguno de mis contratos, con ninguna institución, que establezca que —una vez por semana o a la quincena o cuando se me ocurra— se me deba excusar una ausencia —o tardanza en la entrega de un proyecto— pues la noche anterior asistí a una manifestación contra esa oprobiosa dictadura de la que me escapé hace más de dos décadas.
Manifestarme contra el castrismo a mí no me ha dado un quilo. Y sospecho —con un arsenal de razones y evidencias que me justifican— que, como a muchos escritores y artistas cubanos del exilio, abrir la boca me ha cerrado más de una puerta. Y, aun así, ese es un precio bastante bajo a pagar. Y lo pago y lo seguiré pagando gustosamente mientras ese régimen siga en el poder. Así que no me jodan más con la cantaleta de que nos financia el gobierno de esta nación que nos dio amparo. Que aquí quien no trabaja no come.

Díaz Canel, por favor:
¡esta foto es una chanza!
Si algo abunda aquí es la panza
Sales a sembrar terror
—con tu escolta karateca,
como un guapo en una beca—,
pues nadie cree en tu credo.
Te llamamos “Puesto a dedo”.
Tu otro nombrete es “Manteca”.

El que dio “orden de combate”
quiere celebrar “sus logros”
y troles de alto quilate.
Díaz Canel, el magnate
que en Cuba infunde el temor,
mira con cierto pavor
como el pueblo pierde el miedo
y lo llama “puesto a dedo”,
el hazmerreír mayor.

Vicky Romay —mi madre— debuta en Belascoaín y Neptuno con este texto:
Creo que el cielo está llorando al ver a los cubanos matándose como nos inculcaron, desde que usurparon el poder: “Quién no esté de acuerdo con la revolución es tu enemigo”, y así se desmoronaron las familias, se acabó el respeto, la dignidad, el honor y creció la maldad, la vileza, el odio. La palabra era “hay que sacrificarse” y nos sacrificaron todo el tiempo; nos robaron la juventud, los sueños. Nos convertimos en sumisos, teniendo que agradecer lo que por derecho nos tocaba y nunca nos dieron. Aprendimos a mantener la boca cerrada, a no pensar o simplemente a callar por temor a la represión. Aprendimos a ser cobardes, a conformarnos y aplaudir aunque no nos gustara. Cuántos años callada con miedo siempre; todavía pasó un tiempo después de que logré salir en que aún hablaba bajito. Es muy triste, es muy doloroso, pasé muchas cosas en silencio, con miedo siempre, y ahora veo que el pueblo cubano ya se cansó de todo, de la opresión, del hambre, de la miseria y se ha levantado arriesgando la vida. No sé cómo expresar mi admiración, respeto y apoyo a todos los que han tenido el valor de seguir a pesar de todo en la isla y tratar de que de nuevo se restablezca una república y termine la oprobiosa dictadura que tanto daño ha hecho. ¡PATRIA Y VIDA!