Décima escatológica a los líderes de la revolución cubana

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Oh, mofeta que has rociado
este trayecto del tren,
dime si puedes también
hacer lo que te he encargado:
cuando llegues al Vedado,
vas a doblar a la izquierda.
Tu meta es una, recuerda:
el Barbudo y su hermanito.
¡Rocíalos un poquito
para que huelan a mierda!

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La trituradora

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Tiendas Cubanicay me pone en mi buzón de correo una oferta llamativa: por $50 —más $31 de manejo y envío— puedo enviar una máquina de moler carne a quien se me ocurra en Cuba. La memoria del picadillo a la habanera me abre el apetito. Y lo primero que me viene a la mente es lo difícil que es, para el cubano de a pie, encontrar carne, molida o por moler, en la isla.

Pero incluso antes de pensar eso, me asalta otra idea, que no por fugaz es menos certera: la única y legítima máquina de moler carne que conocen mis coterráneos es esa maquinaria perfectamente engrasada y diseñada para triturar: la dictadura de los hermanos Castro.

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Bajichupa: edición deluxe

Novias de todos los países, ¡enteraos!

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(Prototipo visto durante una passeggiata nocturna en Miracle Mile).

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Despedida (y reconocimiento) al que firmaba los permisos de salida (de escritores y artistas)

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“Atendiendo a su experiencia”
(por ser dócil y discreto),
liberaron” a Abel Prieto,
defensor de la incongruencia,
príncipe de la indolencia,
ya ex ministro de cultura,
funcionario de estatura
que cumplirá su tarea,
siempre y cuando esta no sea
escribir literatura.

***

Y dice Wichy García Fuentes:

Y perdimos a Abel Prieto
para los chistes casuales
de negros en carnavales
con el carné del aprieto.
Su destino es un secreto
como la obra de aquel
que colocaron por él
en el puesto codiciado
cuando Fernando ha llorado
por no alcanzar el vergel.

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Barça vs. Gijón

Con ese Iniesta inspirado,
sin Messi de falso nueve,
no importa si escampa o llueve,
que hay fútbol garantizado.
Tiqui-taca y desenfado
hasta con un hombre menos,
que si son diez y son buenos
y se juntan en la cancha,
en Cataluña o La Mancha,
no valen rayos ni truenos.

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Oda al GPS

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Por culpa del GPS,
en Dallas metí la pata:
con una graciosa errata,
puse al mundo de revés.
Con humor (y con estrés),
con un suspiro profundo
y sin perder un segundo,
doblamos por una rampa:
nos perdimos en la pampa
como quien va al fin del mundo.

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Encuentro (neoyorquino) de la cultura cubana

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Pocas cosas hay tan insignificantes como un escritor en el lanzamiento de un libro de otro escritor. Pero por los amigos soy capaz de dejar el ego en casa, así que el viernes pasado me di un brinco a la lectura de mi apreciado David Unger, que presentaba su novela Para mí, eres divina. Sabía que iba a pasar un rato espléndido, y no estaba errado. (Sobre el libro volveré, con avance y comentario). Por lo visto, había cupo en el público para dos escritores cubanos: R. estaba ahí. (No revelo su nombre pues me interesa lo arquetípico de su comportamiento, no las circunstancias individuales. Pudo venir de cualquier miembro de eso que llamamos “exilio rosa” o de baja intensidad. Si esta crónica la escribiera R., yo sería también una inicial, un arquetipo: el del “exilio vertical”, que le dicen).

Después del saludo inicial y un intercambio mutuo y ligero, propio del boxeo a distancia, R. me soltó una ligereza que no es tal. «Te vi gusaneando», me dijo, con ese tono a medio camino entre la broma y la admonición tan socorrido entre los cubanos que no quieren meterse en la cosa política. Se refería a mi intervención sobre arte y activismo social en Estado de SATS. En otras ocasiones, R. y yo hemos tenido discrepancias que han comenzado con comentarios de igual índole, han subido de tono y han culminado antes de que la sangre llegara al río. Pero solo en este momento hizo su debut el término “gusano”.

Pude haberle recitado mi respuesta, una cariñosa décima que escribí precisamente para este tipo de situaciones y comienza así: “Gusana será tu abuela, / si la tienes, malparido…”. Pero estaba de muy buen humor, por tanto opté por mi lado más civil. Le dije que no me bestializara. Con esas palabras. (Un amigo entrañable aun se burla de mí pues hace más de un lustro, luego de un simpático malentendido, le dije que “me estaba ninguneando”; en lugar de articular el reproche en cubano; así: “me estás tirando a mierda, compadre”). Regreso a R. y sus anélidos: le comenté que jamás he usado el peyorativo “gusano”, ni ninguno de sus derivados —gerundio, infinitivo, participio— para definirme, pues no me gusta renegar de mi condición humana, máxime cuando el calificativo proviene de la maquinaria represiva castrista, la misma que ha establecido que solo los revolucionarios son gente. Le expliqué que al hablar en pro de la democracia en Cuba, en Estado de SATS o en cualquier parte, estaba defenfiendo y ejerciendo un derecho —suyo, mío—, y que mal andamos si años después de haber dejado la jaula grande todavía hay quienes siguen reproduciendo el lenguaje estigmatizador y totalitario de aquella dictadura que se ha eternizado en el poder prometiendo villas y castillas, pero ha dejado a su paso una estela de muerte y esa ruina —socio-económica y, sobre todo, moral— de la que será muy difícil desprenderse.

Esta esgrima verbal que describo aquí en par de párrafos duró menos de lo que tardé en redactarla. Sin embargo, ofrece metros y metros de tela por donde cortar, y he aquí el primer tijeretazo: ¿de haber sido mi interlocutor no cubano, tendría más peso el insulto? El primer paralelo que me viene a la mente es el de los negros o afroamericanos: entre ellos se pueden referir a sí mismos con “la palabra que empieza con n”, pero un blanco o caucásico no puede pronunciar dicha palabra. ¿Es aplicable esto a los cubanos? ¿Acaso puede un “gusano” llamar a otro “gusano”, sin quedar ambos en afrenta y oprobio sumidos? Por otra parte, R. no es “gusano”, y yo —que encajo en el perfil designado por la dictadura de los Castro— no me defino como tal.

Lo cierto es que cambiamos de tema, o se sumó alguien al diálogo, y la velada prosiguió sin sobresaltos. Antes de salir de la librería, comenté que iba a The Duplex, un emblemático bar/cabaret neoyorquino, para asistir al concierto de la bolerista Lourdes Simón y el tanguero Miguel Erb, acompañados de Pablo Corso en la guitarra. Sabía que iba a pasar un rato espléndido y no estaba errado. (Sobre el concierto volveré, con avance y comentario). R. me dijo que le hacía camino mi próxima parada de la noche y salimos andando. Durante la caminata no salió a relucir el tema inicial: hablamos de los escritores de la Generación del Mariel y en específico de mi predilecto Miguel Correa Mujica —y de su novela que traduje al inglés—, de la novela cubana de mi esposa —que R. me volvió a confesar que había disfrutado mucho y que pide una edición en español—, de la mía —de la que también se pronunció favorablemente—, de la que acaba de escribir, de los altibajos del mundo editorial, de las infamias del mundo académico (o viceversa), y vete a saber de qué más.

Nos despedimos a la entrada del metro en Sheridan Square, agradeciéndonos mutuamente la charla y la compañía. Y desde entonces he tenido ganas de encontrármelo de nuevo, para recordarle esa perogrullada de que a mayor libertad, mayor responsabilidad. La libertad no es vivir en una sociedad libre. Se puede ser libre en Cuba, del mismo modo que se puede vivir en cadenas en el exilio. Uno empieza a ser libre desde el momento en que se define y se proyecta como tal. Si he escrito este texto es para decirle a R. —y a cualquier cubano que se haya (o lo hayan) rebajado a la estatura y condición de las lombrices— aquella frase que ya escuchó Lázaro: «¡Levántate y anda!».

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Pie de foto con figura irreconocible

A propósito de un “diálogo” que duró más de nueve horas entre esa metástasis que es Fidel Castro y un cúmulo de posibles pacientes de la Liga Contra la Ceguera, el sitio CubaDebate —notable por escribir “presidente” donde va “dictador” y otras infamias similares— regala una foto curiosa. Curiosa porque muestra al susodicho compartiendo panel con un pelilargo y una negra —no relean, escribí “negra”—, pero curiosa también por la leyenda que complementa la imagen. En la instantánea, sentado entre el “ministro de cultura” y una señora con quien comparto apellido —pero no parentesco—, aparece el nefasto personaje, esta vez sin el uniforme que lo hiciera reconocible durante décadas o el más reciente chandal ADIDAS con la bandera cubana y el nombre del portador. Llama la atención que los editores del sitio más entusiasta de esa tiranía tengan que especificar cuál de los tres panelistas es el que ha sembrado el luto en la isla durante medio siglo. Como si uno no se supiera esa odiosa cara de memoria. O es acaso porque entre tantas sandeces repetidas, tanto rictus, tantas muecas y tanta cámara hiperbárica ya ni sus acólitos sean capaces de reconocerlo.

“Fidel Castro (al centro)”, aclaran los de CubaDebate, y Abelito y Zuleika se ríen de la ocurrencia.

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Galería del entorno material cubano

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Amigos y detractores, agentes del G2 y de la CIA, cubanos que me escuchan, lectores de las dos orillas:

Los hago partícipes a todos de un muy prometedor proyecto sobre la cultura material cubana. El propósito principal del mismo es crear un archivo del entorno material cubano y de los multiples significados que extrajimos de, pero también depositamos en él.

En esta recién creada Caja de Pandora caben la caja de fósforos Chispa, el talco Bebito, las botas Centauro, el kerosén, la pañoleta, el desodorante Rexona (que no te abandona), la lanchita de Regla, el televisor Caribe, todo el Malecón, la chancleta (¡la chancleta!) y su eterno acompañante —el bajichupa—, el trozo de pared o asfalto marcado por la tiza, aquel libro de Borges que al ver el título —Historia universal de la infamia— en algún anaquel más de un joven pensó que era una crónica de la revolución cubana, la bicicleta china, el ventilador ruso, el jugo de mango Taoro, la lata de cascos de toronja, la tonfa del policía, las bandejas metálicas y los chícharos que en esta servían en la beca, la chivichana, el remo del bote que propició la fuga, el pasaporte con el humillante permiso de salida estampado en una página dictada por el azar o el oficial de aduana, y cuanto objeto entrañable o despreciado se cruzara en su camino en la isla.

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Estado de SATS: sobre arte y activismo social, desde La Habana

Tengo el placer de compartir la continuación del panel de Estado de SATS dedicado al binomio arte + activismo social. Participan, desde La Habana, Górki Águila, El Sexto, Orlando Luis Pardo Lazo y Lía Villares. (Aquí pueden ver la primera parte, con intervenciones de Paquito D’Rivera, Enrique Del Risco, Geandy Pavón y este escriba).

Transcribo mis preguntas, seguidas del video.

De Alexis Romay para El Sexto

A la máxima del régimen de “esta calle es de Fidel”, le has respondido estampando tu arte en el espacio público. También has vindicado tu espacio individual y a la difunta Laura Pollán, fundadora y líder de las Damas de Blanco, tatuándote su efigie en el pecho. En tu caso, ¿dónde termina el arte y comienza el activismo social? ¿O son uno los dos?

Para Orlando Luis Pardo Lazo

Además de tu intensa labor como escritor y fotógrafo, te has involucrado en varios proyectos editoriales alternativos. La revista Voces es el más reciente ejemplo. La misma desconoce esa división que tanto promueve el régimen de la isla entre “cubanos de adentro” y “cubanos de afuera”, y publica a creadores de las dos orillas. Imagino que, además de los consabidos problemas de conexión, tienes que sortear todo tipo de trabas para llevar a cabo este proyecto. ¿Cómo te las arreglas? ¿Qué podemos hacer para echarte una mano?

Para Lía Villares

Los bloggers alternativos cubanos dentro de la isla —movimiento del cual eres pionera y miembro activo— han conquistado el ciberespacio, ejerciendo derechos que les son conculcados en la vida real. Luego de ganar esa parcela en el mundo virtual, ¿cómo se puede traducir este logro en terreno ganado en la calle, en un país notable por su escaso por ciento de conectividad a internet? ¿Cómo se “conecta” una blogger cubana con su vecino, un lector en potencia que no tiene acceso a la red de redes?

Para Gorki Águila

En lugar de optar por la estética nostálgica y a ratos plañidera de la Nueva Trova, te has consagrado con el estilo transgresor del punk, al punto de que en “El Comandante” subes la parada a límites inéditos en la canción protesta. La dictadura de los Castro ha establecido que “el arte es un arma de lucha de la revolución”. Y tu respuesta es un guitarrazo que propone un cambio radical a la dieta del susodicho. ¿Crees que el arte y, en específico, tu obra, puede ser un arma de lucha en pro de la democracia en Cuba?

Pregunta general

Completa las siguientes frases:

Lo bueno del matrimonio entre arte y activismo social en Cuba es…

Lo malo del matrimonio entre arte y activismo social en Cuba es…

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Estado de SATS: diálogo entre las dos orillas sobre arte y activismo social

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El diálogo necesario entre habitantes de la isla y del exilio —intercambio que el régimen cubano hace todo lo posible por obstaculizar— fue propiciado hace un par de semanas gracias a la iniciativa de Lizabel Mónica de coordinar un panel Habana-Nueva Jersey para Estado de SATS —un magnífico espacio de debate en el cual confluyen arte y pensamiento—, proyecto radicado, pese a tantos contratiempos, en la capital cubana.

Por la parte de Nueva Jersey participaríamos Paquito D’Rivera, Enrique del Risco, Geandy Pavón y quien redacta esta nota. Las preguntas provenían de varios activistas y creadores residentes en la isla: Lía Villares, El Sexto, Górki Águila, Orlando Luis Pardo Lazo, Yoani Sánchez, Ciro Díaz y Luis Eligio Pérez. Los primeros cuatro de esa lista de interlocutores complementarían el diálogo, respondiendo nuestras preguntas desde el lado interior del muro del malecón.

Quien haya visto o recuerde aquellos teléfonos que se hacían con par de latas vacías y una cuerda tendrá una idea cercana a cómo ha sido este diálogo en plena era digital y en medio del apogeo de los teléfonos inteligentes, las plataformas de chat y demás dispositivos y programas que facilitan la comunicación a niveles todavía, ay, irrealizables en la isla. Con lo fácil que habría sido una tele-conferencia o videochat en donde podríamos haber hecho preguntas y respuestas en vivo. Sin embargo, cuando el interlocutor está en Cuba —país notable por su bajo por ciento de conectividad a la red y en donde la gerontocracia que lo subyuga pone mil y una trabas al acceso a la información por parte de sus habitantes—, nos vemos forzados a hablar por un extremo de la lata, mientras el otro calla y aguarda con el artefacto pegado a la oreja, para después llevárselo a la boca y decir lo suyo. Aún así, me doy por satisfecho con el resultado. Espero que sea el primero de muchos diálogos por venir. Y que juntos sigamos imaginando, pensando y debatiendo una Cuba inclusiva, democrática y posible.

La próxima semana tendremos oportunidad de escuchar las respuestas del panel llevado a cabo en La Habana, en la fecha del natalicio del poeta que soñaba una nación con todos y para todos. Mientras tanto, hago público mi aprecio y agradecimiento a Antonio Rodiles, artífice y anfitrión de Estado de SATS, así como a quienes, desde ambas orillas, hicieron posible este encuentro.

A todos, un abrazo y el deseo de que el mismo se materialice un día no lejano en una Cuba libre.

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Estipulaciones lingüísticas establecidas en la Primera Conferencia Nacional del Partido Comunista de Cuba

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En aras de ser plurales
—más abiertos e inclusivos,
menos bobos y más vivos—,
habaneros y orientales,
hay cambios fundamentales:
no diremos “jinetero”,
y aquel término —“pionero”—,
quedará para el recuerdo
y, si te vi, no me acuerdo.
¡Seremos como el lechero!

***
H/T: Enrisco.
Ilustración: Guamá.

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Un minuto, de Paquito D’Rivera

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¡Un minuto!

Cuando los organizadores del Transient Glory Symposium me pidieron que escribiera una pieza de un minuto de duración para el maravilloso
Young People’s Chorus of New York City, pensé que me estaban tomando el pelo. Pero entonces recordé a Chopin y su famoso “Vals de un minuto” (que muy pocos intérpretes logran terminar a tiempo), llamé a mi amigo poeta Alexis Romay para que me echara una mano con la letra, y me lancé a trabajar.

Lo primero que hice fue preparar una página con 30 barras y la marca del metrónomo a 120 negras por minuto. Entonces acomodé una sencilla melodía rítmica a las palabras en español e inglés que ya había escrito con las que me envió Alexis, comenzando con la frase: Un minuto, tengo solo un minuto para cantar esta canción. All I’ve got is a minute to sing this song, poco a poco compuse esta canción bilingüe y medio humorística que dura exactamente eso: ¡solo un minuto!

Paquito D’Rivera
Febrero de 2012

***

Un minuto

Música: Paquito D’Rivera
Letra: P. D’Rivera & Alexis Romay

Un minuto, un minuto.
No preguntes cómo o cuándo,
el tiempo pasa volando.
Tengo solo un minuto
para cantar esta canción.

All I’ve got is a minute
To sing this song.

Just a minute?
Do you mean it?

Hurry up, please it’s time!
Don’t you see, time is gold?

Un minuto diminuto,
¡y no tengo sustituto!

Just one minute,
Only a minute, got a minute.

Solo tengo un minuto.
Un minuto diminuto.
Solo un minuto.
Un minuto.
Hurry up, time flies!
All I’ve got is one minute.

Y el tiempo pasa volando.
Se acabó el minuto.
Ssshhhh!!!

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Oda al vino espumoso

Recuerdo el vino espumoso,
que ni era vino ni espuma,
ni venía de la Yuma
y era tan empalagoso.
Con su sabor alevoso,
se instalaba en la retina,
provocando una neblina
a la mente y los sentidos.
Aquel mejunje, queridos:
¡peor que la nicotina!

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A propósito del día de los inocentes

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Dado el interés y revuelo causado por la inocentada de ayer, aquí les dejo los posts publicados en este blog en el día de los inocentes.

En 2008: la exclusiva que anunciaba que Mariela Castro Espín había pedido asilo político en España.

En 2009: La razón del tocororo, una crónica de la presentación, en uno de los salones de la Biblioteca Nacional “José Martí”, de un poemario hasta entonces inédito del “General-Presidente”.

En 2010, me pasé con ficha.

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