
heredero de Fidel
y su estirpe de bribones.
Ordena los apagones
contra todo aquel que trate
de expresarse en libertad.
con balas, tonfas, karate…

heredero de Fidel
y su estirpe de bribones.
Ordena los apagones
contra todo aquel que trate
de expresarse en libertad.
con balas, tonfas, karate…

a Marcial Gala, que me dio el pie forzado
Yo montaba bicicleta
entre guaguas y camiones,
entre baches y leones
de mármol, en la cuneta,
en la tarde y su bochorno,
en La Habana que era un horno
y era una plaza sitiada.

a Legna Rodríguez Iglesias, que me dio el pie forzado y a Anjanette Delgado, por la amistad y la foto
Bajo este perro aguacero
escribo a la luz del día…
Qué chaparrón, madre mía,
¡y no tengo chubasquero!
Ni lo anunció el noticiero
ni mencionó mi condado
ni el cielo estaba nublado…
Y aquí, si llueve, diluvia.
siempre ocurre en el pasado).

de un ideario inclemente
que te oculta la verdad,
que a fuerza de necedad,
con la ponzoña infinita,
con pólvora y dinamita,
con terror, con indolencia,
se aferra a la subsistencia
como flor que se marchita.

Oh, Granma tú que me has dado
seis décadas de mentiras,
tú, que en el poder te inspiras,
que vives en el pasado,
que nos has acostumbrado
a dudar de lo que cuentas,
tú, que victorias inventas
con tus actos reprensibles
el descontento alimentas.
***
[Ilustración: Garrincha].

Así, con la misma mano
—y luego te hacen la cruz
porque naciste cubano
y porque eres ciudadano
que reprime sin mesura,
y censura “Patria y vida”—
te quieren dar sepultura.
***
[Ilustración: Garrincha].

como se forma una banda:
con poetas, propaganda,
con muchos hombres de acción,
con una generación
violenta, de armas tomar,
así, con las mismas manos,
con las mismas de matar.

Hay un sálvese quién pueda
en la Cuba de mi infancia
producto de la arrogancia,
que implementó éste que hereda
—como si fuese una finca
donde quién no salta, brinca—
una nación en desgracia
que ha sufrido una autocracia

La voz inglesa hamlet apareció en la lengua de Shakespeare a principios del siglo XIV, derivada del francés medieval. La primera de las acepciones de este sustantivo colectivo apuntaba a la comunidad: aldea, burgo, caserío. Tres siglos después, el Bardo la usó para nombrar obra y protagonista de una de sus tragedias más conocidas. En el monólogo más citado de Hamlet, el joven príncipe hace una pregunta retórica que —a diferencia de las dictaduras— no tiene fecha de caducidad. Aquí me he tomado la libertad de traducirla al español, manteniendo la métrica endecasílaba:
«Ser o no ser, es ese el gran dilema: ¿debe acaso aceptar el alma noble el sufrimiento de la cruel fortuna o luchar contra un mar de adversidades y así, al hacerles frente, derrotarlas?».
No puedo leer estos cinco versos sin pensar en el Hamlet nuestro. Sí, nuestro. No nos hemos conocido en persona. No hemos intercambiado palabra. Somos amigos en Facebook, pero la amistad que le profeso va más allá de redes sociales. Me refiero al artista Hamlet Lavastida, que goza de una impresionante trayectoria, con exposiciones individuales y colectivas en una igualmente impresionante lista de instituciones, dentro y fuera de Cuba.
Lavastida encarna al menos dos atributos a los que teme el régimen de la isla: es un artista excepcional y es un cubano que ha decidido vivir en libertad a pesar del totalitarismo que impera en su país de origen. Es, además, un ciudadano que conoce sus derechos y que es capaz de imaginar —e imaginarse en— una Cuba en la que no reine el terror de Estado. De ahí que hace poco más de una semana, luego de concluir una residencia artística en Künstlerhaus Bethanien (Alemania), decidiera regresar a la isla, a sabiendas de que el único arte que promueve el castrismo es el arte de la represión.
Al llegar a La Habana —vacunado y con una prueba negativa de coronavirus—, lo enviaron a un centro de aislamiento del cual debía salir el sábado, 26 de junio. “Debía salir” pues ese día, antes de que pudiera reunirse con los suyos, la Seguridad del Estado lo secuestró y desde entonces lo mantiene detenido, incomunicado y sujeto a una serie de interrogatorios en los que se le acusa de “instigación a delinquir”, un cargo kafkiano inventado por el mismo sistema judicial que creó la peligrosidad social predelictiva.
A pesar de que se trata de un artista de renombre, esto no ha de ser requisito para exigir su liberación. El derecho a pensar, a decir y a manifestarse no es patrimonio exclusivo de quienes, desde las artes, revelan su visión del mundo. De igual modo, tampoco son los artistas los únicos acosados por esa junta militar cubana que, en sus estertores, tira zarpazos de animal malherido.
Mientras tantos de quienes fuesen mis amigos en la vida real hoy —desperdigados por el mundo— optan por el silencio, por mirar a otra parte, por la apatía o por sucumbir ante el miedo, Lavastida, con su actitud, con el mero hecho de entrar a nuestro país y de poner el cuerpo, defiende mi derecho y el derecho de cada compatriota que lea este texto. Lo menos que puedo hacer es defender el suyo cuando el régimen le quiere poner una mordaza.
Esto es personal. Hoy es Hamlet Lavastida. Mañana podría ser tu mamá, tu prójimo, tu hermano. Despierta, Cuba. Esto te concierne, donde quiera que estés. Recuerda aquella denotación inicial de hamlet. Y solidarízate.
Ya es hora de movilizar a la aldea, al burgo, al caserío.
***
Alexis Romay
Nueva Jersey
Publicado originalmente en Hypermedia Magazine el 3 de julio de 2021.

Tu foto de cabecera
—la que adulaba a Fidel
mostrando su charretera
(que aborrece Cuba entera)—
como ladras, como engañas,

a Cuba fue una uruguaya.
y en señal de gratitud
del socialismo cubano
que le ha tendido la mano.
Si le mencionas la hambruna
o el miedo desde la cuna
te acusará de “gusano”.

¿A qué genio le pasó
por la cabeza vacía
que esta foto ayudaría
a dar agua al dominó?
Seguro que no pensó
que al mostrarnos a estos siete
viejos de gordo billete
y de gordura impasible
mostraría algo visible:
cómo vive el gabinete.