Guateque en el paraíso revolucionario bolivariano

chacletas bolivarianas

Enseñando el calcañal
y la uña del dedo gordo,
el ex golpista va a bordo
de un navío existencial.
Quiere comerse un tamal
en la gloria (y mil casabes).
Y ya que quemó las naves,
ha entrado al imaginario
(junto al pibe sanguinario)
el Mico Mandante Chávez.

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#Sonatina #cubana (o @CastroEspinM está triste), con perdón de #RubénDarío

Castro Espín está triste… ¿Qué tendrá @CastroEspinM?
En Twitter la han cogido para el puro trajín.
Si ha perdido la risa y también el color.
Castro Espín está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su iPhone sonoro,
y en La Habana se escucha: «Mirta, ¡pon el motor!».

Castro Espín, con espinas como los matorrales,
@CastroEspinM, parlanchina, dice cosas banales.
(Siempre pensó que Chávez era un pobre bufón).
Castro Espín ya no ríe, Castro Espín ya no siente;
su familia reprime de oriente hasta occidente,
y ella da una entrevista en la televisión.

¿Piensa, acaso, en tiranos de Pyongyang o de China,
o en Cristina Fernández que le miente a Argentina
y a quien no le da bola, corre y le hace una cruz?
¿O en quinientos cubanos que son mil navegantes,
en su padre y su tío, ese par de tunantes
que cortaron a Cuba toda el agua y la luz?

¡Ay!, @CastroEspinM, la pobre, no se sabe dichosa:
quiere ser Ubre Blanca, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, con Alarcón volar;
ir a España en Iberia (que es como ir a caballo),
viajar por todo el mundo desde junio hasta mayo,
u hospedarse en la Casa Central de las FAR.

Ya no quiere el palacio, con mulato y mulata,
quiere acto de repudio, que le sabe a bachata,
quiere agriar varias vidas como se agria un yogur.
Y está triste la tropa que la sigue en la corte:
sus bribones responden injuriando hacia el norte,
mientras venden sus púberes a la gente del sur.

Ay, pobre @CastroEspinM, rodeada de gandules,
que disfrutan sus oros, que disfrutan sus tules,
en el lujo de mármol del Comité Central,
con el Convaleciente que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
y aquel CVP insomne y un dragón colosal.

¿A quien llamó gusano llama acaso crisálida?
(Castro Espín está triste, @CastroEspinM está pálida).
¡Ella es vegetariana, pero come pernil!
¡Quién volara a la tierra donde un mercado existe,
—Castro Espín está pálida, Castro Espín está triste—,
a comprar aguacate y también perejil!

—No llores, @CastroEspinM, que un coloquio te espera,
fuera del territorio nacional, allá afuera,
donde puedes decir que Cuba es un primor,
aunque tantos balseros se la jueguen a suerte
y entre la disyuntiva de la patria o la muerte
se enfrenten a los mares para huir del horror.

***
[Ilustración: Garrincha].

[Quienes no conozcan la “Sonatina” de Rubén Darío, aquí pueden leerla].

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El castrismo y la cena de esta noche

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Aunque pongas una mueca,
finjas cara de sorpresa,
te levantes de la mesa,
digas que tienes jaqueca,
que vas a la biblioteca…
aquí se queda la claria,
nueva joya culinaria
que alimenta al Hombre Nuevo:
menos sabrosa que el huevo,
más letal que la malaria.

[Ilustración: Tejuca].

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El matonismo cubano llega a la ONU

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Por Mary Anastasia O’Grady

Más de medio siglo después del triunfo de la revolución cubana, la imagen de Fidel Castro…

Interrumpimos la transmisión. El Wall Street Journal prefiere que circule la traducción que ha publicado en su web. Por tanto, retiro la mía de este post y remito a los lectores a la página del WSJ.

Perdonen el inconveniente.

***
[Publicado originalmente en el Wall Street Journal].

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La autoría de “La mujer y la serpiente” es de Geandy Pavón

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Cuba y los logros revolucionarios

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Estimados tuiteros errantes: he escrito una serie de tuits, que resumen algunos de los más notables logros revolucionarios.

Aquí se los dejo para que los echen a rodar por las redes. Si me quieren dar crédito, le pueden poner al final a cada uno: vía @aromay. Ya los he tuiteado desde mi cuenta, así que también les pueden dar RT a su antojo.

#Cuba | En cada cuadra, un comité y un bache del tamaño de #Luyanó.
#Cuba | En cada cuadra, un comité y una antena parabólica.
#Cuba | En cada cuadra, un comité y un apagón.
#Cuba | En cada cuadra, un comité y un edificio a punto del colapso declarado en fase “estático milagrosa”.
#Cuba | En cada cuadra, un comité y una madre que le dice a su hijo que no se tire en balsa.
#Cuba | En cada cuadra, un comité y una madre que le dice a su hijo que se vaya del país a como dé lugar.
#Cuba | En cada cuadra, un comité y un ser que prefiere 90 millas de incertidumbre a un día más bajo el castrismo.
#Cuba | En cada cuadra, un comité y este grito: “¿Maritza, tú sabes si llegó el pescado?”.
#Cuba | En cada cuadra, un comité y este grito: “Juliana, ¡pon el motor, chica!”.
#Cuba | En cada cuadra, un comité y su presidente que se escurre del acto de repudio para solicitar la visa a Estados Unidos.
#Cuba | En cada cuadra, un comité y una niña que sueña con haber tenido un abuelo español para acogerse a la ley de nietos.
#Cuba | En cada cuadra, un comité y, al menos, una persona decente que no paga la cotización ni participa en las reuniones.
#Cuba | En cada cuadra, un comité y en cada parada de guaguas, una eternidad.
#Cuba | En cada cuadra, un comité y en cada escuela, un baño tupido.
#Cuba | En cada cuadra, un comité y en cada centro laboral, una intriga.
#Cuba | En cada cuadra, un comité y en cada plato, una claria.
#Cuba | En cada cuadra, un comité y en la imaginación de cada niño, un vaso de leche.

***

[Ilustración: Omar Santana].

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La mujer y la serpiente

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Por Geandy Pavón

El principal problema que representa una crítica justa a Yoani Sánchez radica en el peligro inminente de entrar en la “lógica” de sus detractores. Una vez que se acepta una premisa falsa, caemos necesariamente en una “lógica del error”.

Esa “lógica del error” coincide en mucho con la versión de la dictadura, por lo que, a su vez, y paradójicamente, convierte a sus portadores en víctimas de su propio argumento, en serpientes que se muerden la cola. En otras palabras, las acusaciones fundamentales contra Yoani Sánchez giran en torno a que esta es la portadora oficial de algo que se ha denominado como “raulismo light”, o a que su mensaje coincide demasiado con el del gobierno cubano: levantamiento del embargo, liberación de los 5 espías, etc. El problema es que ese argumento retorna a sí mismo envuelto en otra cáscara, ya que pudiera decirse también que esos que se hacen eco de tales observaciones coinciden con la dictadura en que: Yoani es financiada, que es una construcción de los medios, que es exagerado y sospechoso el cúmulo de premios que ha recibido en poco tiempo, que alguien paga sus tweets, sus traducciones, etc. De ambas partes se ha llegado a cuestionar incluso si en efecto la famosa bloguera estudió filología.

En su totalidad, el discurso de Sánchez no es nuevo, coincide en mucho con aquello que sus críticos en el exilio y parte de la disidencia interna creen y manifiestan, de manera que lo novedoso no es el contenido sino su forma y alcance. Quien se ha detenido sin prejuicios a escuchar lo que la bloguera plantea puede comprobar lo que digo, pero desgraciadamente somos una nación dada al ad ignoratiam, interpretamos y damos por hecho que llueve simplemente porque hay ruido en el tejado, sin tomarnos el trabajo de salir a la ventana. Los cubanos hemos sido como mónadas, unidades cerradas que reflejan las marcas del totalitarismo, pero que a su vez carecen de ventanas y, por tanto, no lo pueden comunicar. La nueva oposición en Cuba, de la cual forma parte Yoani Sánchez, trata justamente de romper ese maleficio, de expandir una verdad que hemos atesorado en la comodidad del dolor, pero que no hemos sabido compartir o explicar.

No olvidemos que esta vez no estamos frente a alguien que ha escapado del infierno y nos cuenta la experiencia, sino a alguien que ha salido de allí y aspira a retornar. Ese solo hecho debiera ser razón suficiente para, en el más leve desliz de generosidad, darle al menos el beneficio de la duda.

Los que vivimos en libertad, también deberíamos actuar como si fuéramos libres. Una libertad que no sirva solo de comodín para escapar a la responsabilidad de la lapidación pública, del juicio sin pruebas. Una libertad que nos devuelva la generosidad perdida, que nos prevenga contra esa “lógica del error” y que nos permita aceptar que esa libertad también puede tomar forma en una mujer imperfecta que pisa la cabeza de la serpiente.

***
[Foto: Geandy Pavón].

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Tristes poetas

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Por Ernesto Ariel Suárez

A Eida del Risco, por haber enunciado el concepto.

En la más terrible y hermosa
de todas estas ínsulas
hay tres generaciones
de tristes poetas
que imaginan peces
naciendo de cenizas azules
de unicornios y mariposas
como humo entre las nubes.

De allá donde viven los poetas
se fueron hace tiempo
la razón y otros poetas
que mirando finalmente
al otro lado de sus manos, vieron
como mueren de verdad
los unicornios.

Nada ha de salvar a esos poetas,
vetustos almacenes de tristeza,
a no ser que renuncien
a los humos de la nada
y construyan
con sus cuerdas de guitarra
alas a sus pobres mariposas.

***
[Ilustración: Omar Santana].

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La bloguera cubana “ciudadana Yoani” toma la ONU

Yoani Sánchez en la ONU

Por María C. Werlau

Llegó a través de la entrada de visitantes luego de pasar los controles de seguridad. Cuando empujó la puerta giratoria y entró al vestíbulo, parada ahí a solas, la saludé con una formalidad pretendida: “Bienvenida a las Naciones Unidas”. La recepción estaba repleta de estudiantes del proyecto Model UN. A unos pasos se encontraba el comité extraoficial de bienvenida: Tuyet Nguyen, corresponsal de una agencia alemana de noticias, quien había venido para escoltarnos a nombre de la Asociación de Corresponsales de las Naciones Unidas (UNCA), junto a tres invitados. Dos medios de prensa filmaron su entrada; nadie se dio por enterado.

Venía con atraso pues había ido a una entrevista de último minuto a CNN, así que yo estaba ansiosa de apresurar los próximos pasos. Recibimos los pases en la garita de información: ella usó su pasaporte cubano y fue fotografiada como cualquier otro visitante. Caminamos a paso rápido escaleras abajo y a través del estacionamiento del sótano al edificio de la biblioteca donde están las oficinas de la UNCA mientras dura la renovación del edificio principal. Mientras nos apresurábamos y cruzábamos varios controles de seguridad, le dije que el gobierno cubano había bloqueado nuestro plan y que tendríamos que improvisar. Acordamos que no importaba; ella estaba en la ONU e iba hablar de un modo u otro. Solo unos minutos antes, había leído en mi teléfono acerca de que la perreta había sido al más alto nivel: el embajador de Cuba ante la ONU había tramitado una protesta oficial que le pedía al secretario general de la ONU que cancelara el “grave ataque”.

Cuba tiene una gran influencia en la ONU, con una de las más largas y activas delegaciones. China, Rusia, Irán y otros de esa calaña son sus más fuertes aliados, y además ejerce una gran influencia sobre otros gobiernos, muchos de los cuales acogen para su beneficio misiones médicas cubanas o comparten simpatías “revolucionarias”, mientras que otros prefieren evitarse problemas. Los diplomáticos cubanos conocen a la perfección la burocracia y las reglas de la ONU. El cambio de sala de conferencia era la menor de mis preocupaciones. En cualquier momento, temía, nos podían detener en un control de seguridad para escoltarnos fuera del recinto, o nos podían atacar los matones-diplomáticos del gobierno cubano. Estas cosas han pasado en la ONU en Nueva York y Ginebra.

La conferencia de prensa había sido planificada semanas atrás para que tuviera lugar en el auditorio de la biblioteca Dag Hammarskjold, un local grande y elegante con los equipos de audio necesarios. Pero, el día antes, el contacto de UNCA mencionó “ciertos problemas”. El auditorio no estaría disponible y no tendríamos el equipo para la interpretación simultánea. Me imaginé que había una gran presión. Por suerte, ya con varias batallas en la ONU a mis espaldas, había pedido que mantuvieran este evento fuera del calendario oficial de Yoani hasta que la invitación hubiera sido enviada. Sería más difícil desmantelar un evento anunciado a los miembros de la UNCA, con 200 corresponsales en todo el mundo.

El gobierno cubano se había quejado de que la UNCA estaba siendo “manipulada por intereses espurios”, pero la verdad es mucho menos siniestra. Represento a un pequeño grupo de derechos humanos, con los más escasos recursos; la mayor parte de nuestro trabajo es voluntario. Como estaba familiarizada con la UNCA, sabía que acoge conferencias de prensa con fuentes de interés noticioso y que tiene la libertad de decidir a quién invitar. Así que cuando les pregunté si estarían interesados en acoger a Yoani Sánchez, respondieron inmediatamente que sí, supuse que porque ella es una bloguera y periodista de fama mundial. Una vez que se acordaron los detalles, contacté a la persona que estaba a cargo del calendario de Yoani (un amigo común que había ofrecido voluntariamente sus servicios). Una vez que habíamos acordado la hora, envié a la UNCA su biografía. Luego, contraté a una intérprete. Todo había sido simple y transparente.

La conferencia de prensa sería en la “Plaza de UNCA”, que está dentro del área provisional asignada a los periodistas durante la renovación. Para mi desaliento, al llegar comprobaríamos que se trataba de un espacio abierto en medio de un pasillo rodeado de oficinas. Al lado de una impresora enorme, habían puesto una mesita con tres sillas pequeñas apiñadas detrás. A un costado, otra mesita tenía algunos refrigerios. Al centro no había más de diez sillas. Casi todos los presentes tuvieron que permanecer de pie en el pasillo y en las oficinas adyacentes. Nos miramos desconcertadas, así que les indique a Yoani y la intérprete que tomaran asiento, dejando la tercera silla para el anfitrión de UNCA. Aunque yo había sido designada como moderadora, me hice a un lado: no había espacio ni necesidad de otra persona. Luego de haberla visto en días anteriores en Nueva York y Washington, sabía que todo lo que necesitábamos era dejar que Yoani hablara.

Varios camarógrafos y corresponsales de agencias de noticias de diversos países estaban presentes. El periodista italiano Stefano Vaccara me explicó que no hacía falta ninguna nota biográfica pues todos sabían quién era ella, así que procedió a hacer una muy amable presentación de la invitada. Yoani compartió sus impresiones sin valerse de notas, como es usual; con voz fuerte a pesar de la falta de micrófono (desafortunadamente, no ocurrió lo mismo con la intérprete). Orlando Luis Pardo Lazo, el bloguero/fotógrafo cubano que viaja con ella, Mary Jo Porter, la ingeniera radicada en Seattle que creó un servicio de traductores voluntarios para apoyar a los blogueros cubanos y yo nos sentamos en el piso. No había espacio en ninguna otra parte.

Yoani comenzó diciendo que estaba orgullosa de que su primera vez en la ONU fuera con “mis colegas periodistas”. Aunque aclaró que venía como una ciudadana y bromeó acerca de estar adaptada a trabajar en espacios reducidos, brilló por todo lo alto. Pidió a las Naciones Unidas que apoyaran los derechos humanos en Cuba y declaró que ya era hora de que la institución “saliera de su letargo y reconociera al gobierno cubano como una dictadura”. Aseveró: “Cuba no es un gobierno ni un partido político ni mucho menos el feudo de un hombre”. Además, pidió apoyo de la ONU para exigir una investigación internacional sobre la sospechosa muerte del disidente cubano Oswaldo Payá. (Véase el minuto 3:30 de este video).

Durante el conversatorio, el corresponsal de la agencia cubana Prensa Latina hizo dos preguntas. No fue una sorpresa que ambas estuvieran en la lista de “40 preguntas a Yoani” con la que los simpatizantes del régimen cubano la han perseguido a dondequiera que va. Sonaba bastante tonto y debe haberlo sabido pues le temblaban las manos. Ella las respondió rápido y con aplomo. Cuando terminó, grabó una breve entrevista con The New York Times, y salió apresuradamente rumbo al aeropuerto con destino a la fase siguiente de su viaje. Salimos del edificio aliviados de no encontrar manifestantes castristas en la calle.

Es notable que una pequeña y modesta bloguera de 37 años haya tomado la sede de las Naciones Unidas en defensa de los derechos fundamentales valiéndose solo de su determinación y de la fuerza de su palabra. La equilibrada y elocuente “personita”, como se llama a sí misma, hizo que una poderosa dictadura militar de más de cinco décadas saliera corriendo asustada a prevenir que hablara. La noticia corrió el mundo rápidamente, pero no solo lo concerniente a su mensaje sino la maliciosa voluntad de detenerlo. Esta anécdota capta lo agotado de un régimen cuyas tácticas se han vuelto fútiles ante la fuerza de una rebelión pacífica que no podrá ser detenida.

Solo cinco horas después de la conferencia de prensa, una búsqueda en Google revelaba cuatro páginas de enlaces a cables de prensa en todo el mundo (contando solo los medios de prensa en español). Todos los cables destacaban las tácticas de matonismo del gobierno cubano. El régimen, de hecho, había generado el gancho noticioso, poniéndose a sí mismo en ridículo ¡y permitiendo a Yoani que brillara más!

Mientras resumía el evento con Carmen Rodríguez, miembro de UNCA por Radio Martí, ella recordó las palabras de José Martí: “una idea justa desde el fondo de una cueva puede más que un ejército”. En la ONU, Yoani le dio un giro singular: “Si tuviéramos este encuentro al fondo de un elevador, tendríamos más libertad que en Cuba”. De principio a fin, su incursión por la ONU no pudo haber sido más perfecta ni más poética.

***

María Werlau es Directora Ejecutiva de Archivo Cuba, una organización sin fines de lucro radicada en Nueva Jersey.

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Una omisión y una disculpa

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Una fuente amiga me ha hecho notar que en mi crónica de la visita de Yoani Sánchez a la gran manzana obvié mencionar al Centro Cultural Cubano de Nueva York como uno de los organizadores del panel que tuvo lugar en CUNY para tratar el tema de la blogosfera y la sociedad civil en Cuba.

Ya enmendé el párrafo de marras en la crónica, pero como a un agravio público no le vale una excusa en privado, aprovecho estas líneas para ofrecerles a los miembros del Centro Cubano Cubano mis disculpas por la omisión.

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La cosa en sí

Lo lindo de esta república de letras y erratas —que algunos llaman la blogosfera cubana— es que no deja de regalarnos sorpresas. Hoy mismo, en medio de la estela que ha dejado la visita de Yoani Sánchez a Nueva York, y los aliados y enemigos que le han mostrado la bilis o la sonrisa, el escritor Emilio Ichikawa comenta en su blog las motivaciones de unos y otros.

A modo de colofón, Ichikawa pone sobre la mesa una sospecha suya que data de los días en que un grupo de cubanos de todas las latitudes nos lanzáramos a promover la campaña #OZT: Yo acuso al gobierno cubano, que exigía la liberación incondicional de todos los presos políticos en la isla y que recibiera el apoyo de notables figuras de la izquierda internacional que hasta entonces jamás se habían pronunciado en contra de la dictadura dinástica y gerontocrática de los hermanos Castro. (A propósito de #OZT, en su presentación en CUNY, el ensayista Ernesto Hernández Busto mencionó y puso en contexto el hecho de que entonces hubiéramos logrado recabar más de 53 mil firmas: cuando la fatua que pedía la cabeza de Salman Rushdie por sus Versos satánicos, 12 mil firmantes dieron su apoyo público al escritor).

Ichikawa confiesa que por aquellos días de la campaña expuso al escritor Enrique del Risco «la opinión de que los profesores José (sic) Salcedo y Alexis Romay eran dos jóvenes con premura por hacerse un nombre que usaban la causa política como vector de ese interés profesional». Del Risco, que además de buen escritor es buen amigo, negó la hipótesis «exponiendo una lista de méritos intelectuales de Salcedo y Romay, cuya obra al parecer» Ichikawa desconocía.

Antes de poner el parche en el descosido, aclaro que conozco la obra de Ichikawa, desde que nos incluyeran a los dos en una antología poética publicada en Madrid en 1996. He leído al menos uno de sus libros e incontables ensayos suyos. (Por cierto, no es inédita esta situación: hace unos años, una editorial, para cuyo premio literario mi primera novela quedara finalista, me llamó desconocido. En su momento, le respondí a nombre de Nadie, aquel ardid que usara Ulises en la cueva de Polifemo).

Quiero corregir un par de imprecisiones de Ichikawa. La primera es obvia, pero no baladí. El nombre de Salcedo es Jorge, no José. La segunda: en lo que a mí respecta, no soy profesor. Me gano la vida en la industria editorial. No sé cómo será en los Everglades, pero en Nueva York, no solo uno no puede hacerse un nombre producto de su activismo en pro de la democracia en Cuba —y, por consiguiente, en contra del régimen de La Habana—, sino que este compromiso es considerado “una mancha en el expediente”. Cierra puertas en lugar de abrirlas. Esto es aplicable tanto al ámbito académico como al mundo editorial.

Luego de poner estos puntos sobre esas íes, quiero agradecer públicamente a Enrique del Risco por la defensa de mi integridad moral que hiciera (y jamás mencionara). Lo lindo de esta república de letras y erratas —que algunos llaman la blogosfera cubana— es que no deja de regalarnos certezas.

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Oda al espiritismo bolivariano

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Hoy vamos a celebrar
un congreso espiritista
y marxista-leninista
para juntos convocar
a esa figura sin par
que va a librarnos del mal.
Ya nos llega la señal.
¡Su espíritu está presente!
Por fin “Aló, Presidente”
se filma en el plano astral.

***
[Ilustracion: Garrincha].

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Haiku 71: Retrato de candidato presidencial bolivariano

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¿Cuándo Maduro
dejará de esconderse
tras su bigote?

***
[Ilustración: Omar Santana].

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Conferencia de prensa de Yoani Sánchez en la ONU (video)

Yoani Sánchez en la ONU

Hace un par de días, en mi crónica de la visita de Yoani Sánchez a Nueva York, mencioné que había asistido a su conferencia de prensa en la ONU, y dejé caer que había filmado con mi teléfono. Ahora es que por fin he podido subir los videos a Youtube. De los cuatro que tomé, les adelanto tres. El que falta se resiste a que lo suba, pero espero solucionar el problema pronto.

La presentación estuvo a cargo del periodista italiano Stefano Vaccara, editor de America Oggi, quien, luego del boicot de la delegación de Castro ante la ONU y el desplante de la ONU, en nombre de la asociación de corresponsales de las Naciones Unidas, dio una cálida bienvenida a Yoani Sánchez. Vaccara habla a sus colegas en inglés, así que recomiendo a los lectores que no dominen la lengua que salten al minuto 5:23 del primer clip, que es cuando comienza Sánchez.

Perdonen de antemano los saltos de cámara.

Yoani Sánchez en la ONU (1/4).

Yoani Sánchez en la ONU (2/4)

Yoani Sánchez en la ONU (4/4)

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Yoani Sánchez en Nueva York: visita y apuntes

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Una semana después de la visita de Yoani Sánchez a Nueva York —de la que he sido testigo privilegiado y, en menor medida, partícipe—, me apuro a dejar por escrito algunas impresiones que no quiero confiar a mi capacidad de memorioso. Primero, quiero nombrar ese estado alterado de la conciencia (cubana) que se desató con el ciclo de conferencias. Pero ya la dramaturga y actriz Carmen Peláez se me adelantó el viernes pasado acuñando un término en inglés (que yo traduje y eché a rodar por las redes): Cubasm. Sí, fue un cubasmo colectivo.

Varios amigos y parientes me han pedido que les cuente esta experiencia. Pero resulta que de las charlas y presentaciones de Sánchez en la gran manzana se ha escrito con bastante tino y no menor frecuencia. Así que antes de sugerir algunos textos, abro un paréntesis para advertir que voy a darles a estas líneas un toque más personal. Aquí no cabrá aquello de que no lo dijiste por modestia, por no hablar de ti mismo. Perdónenme. Cierro el paréntesis, y recomiendo las notas que ha publicado Enrique del Risco en su blog (aquí, aquí, aquí, aquí, aquí y aquí), así como un excelente ensayo de Gerardo Muñoz que resume el tono del debate intelectual y la naturaleza de los temas tratados desde una perspectiva académica y que, sin embargo, se deja leer muy bien. El sin embargo de la oración anterior es intencional. Tengo mis reparos con el acercamiento académico a la cosa cubana pues entre la epistemología y el cloruro de sodio, los catedráticos a veces olvidan que se habla de vidas concretas, de seres humanos, no de ratones de laboratorio.

En su ensayo, Muñoz tuvo la delicadeza —que agradezco— de mencionar como uno de los momentos más memorables del panel celebrado en la mañana del sábado una intervención mía desde el público. Mi pregunta ya estaba flotando en el aire desde el día anterior, en una variante cercana y en palabras de Del Risco. Si mi amigo había indagado por la responsabilidad de la academia norteamericana en la construcción del mito fidelista, yo preguntaba qué tenía que pasar para que esa academia cómplice despertara del encantamiento y viera la realidad cubana por lo que es, no por lo que cuenta —la imagen que sigue es de Orlando Luis Pardo Lazo— la ficción de Estado.

Mi pregunta, como todas las que se hicieron, iba precedida de una breve introducción. Aproveché para dar las gracias a Coco Fusco y a Ted Henken, artífices del encuentro, y a New York University y The New School por traer a tierras neoyorquinas un debate sobre el presente y el futuro de la isla que por el momento no puede tener lugar en la Cuba totalitaria, pues los panelistas ya habrían sido arrestados. Desde la audiencia, una compañera —que par de horas más tarde participaría en el acto de repudio a Yoani Sánchez— me gritó: «Eso es ridículo». Le dije: «Lo sé, pero este es mi minuto para ser ridículo, así que tenga la bondad de callarse». Hubo carcajada general, aplausos, y yo tuve oportunidad de regalarle una reverencia a mis congéneres y una sonrisa a la vieja bruja.

Una hora más tarde, me tocó sentarme al lado de Yoani Sánchez para servirle de intérprete. Ya el viernes, Sánchez me había cautivado con la fluidez de su oratoria: había hilvanado una presentación de 24 minutos sin valerse de una muletilla, sin consultar un cuaderno de apuntes, sin perder el hilo temático, sin trastabillar; tenía la sensación de estar en presencia de una concertista que, instrumento en mano, ejecutaba un solo de casi media hora sin repetir ni desafinar una nota. Y que esto no suene a fanatismo, que de lo único que soy hincha es de un equipo de fútbol.

José Martí, ese alpinista, decía que subir montañas hermana hombres. Yo añadiría que recibir actos de repudio también. Si antes de que la turba castrista reventara el coloquio —con la consabida y folclórica rabieta— mi cariño, admiración y respeto por Yoani Sánchez eran grandes, en ese instante se consolidaron. Me llamó mucho la atención su ecuanimidad cuando comenzaron los gritos en su contra. Claro, ella ha visto y vivido cosas peores en la isla. De ahí que cuando el castrismo mostraba su cara fea —el pobre, la única que tiene— yo le dijera a nuestra visitante ilustre que ya que una minoría la estaba injuriando me iba a tomar la libertad de darle un abrazo, que era también el abrazo de la mayoría del público que coreaba su nombre. Conversando de cualquier cosa, pasamos el resto del acto de repudio como quien mira llover, con la ventaja de que desde el proscenio estábamos a salvo del torrente de la violencia castrista, ese rubro de exportación tan empleado por la dinastía que le negó a la bloguer veinte veces el derecho de salir de su país.

El domingo también fue día de paneles, pero no llegué al de la sesión matutina, ahorrándome así el espectáculo de los amantes de dictaduras ajenas que volvieron a soltar espuma por la boca. En la tarde, un norteamericano a quien el vocablo idiota le quedaría grande rompió el protocolo de preguntas y respuestas para pedir que le explicaran de dónde salían los fondos para mantener la plataforma que alberga y traduce a varios idiomas al blog Generacion Y y a otros tantos. Sánchez dijo que prefería que esa pregunta la respondiera la encargada de ese proyecto. MJ Porter, ingeniera de transporte y quien ha redefinido el trabajo voluntario, tomó el micrófono, se presentó desde la audiencia y dijo lo que muchos sabemos: las traducciones las hace o las coordina ella, con una red de colaboradores a quienes jamás se les ha pagado un centavo y que lo hacen por amor al arte. (Me consta. Soy parte de esa red, como lo es mi amigo Ernesto Ariel Suárez, quien viajó desde Kansas City para ser intérprete de Yoani Sánchez en el panel de marras). Cuando Porter concluyó, llegó el aplauso del respetable y el abrazo de este hombre dichoso, que estaba sentado junto a ella.

En la noche del domingo hubo fiesta en casa amiga. Ahí aproveché para regalarle a Yoani un CD de Boris Larramendi, un libro de Paquito D’Rivera y otro mío. Al final de la velada, me despedí de la huésped de honor como si ya no nos fuéramos a ver de nuevo durante su periplo. Pero el lunes, al llegar al trabajo, pedí un día de vacaciones para estar en el panel del jueves que la incluiría, junto a Del Risco, Pardo Lazo y Ernesto Hernández Busto, con Geandy Pavón tras el lente, tomando fotos y filmando a su antojo. Llegué a esa presentación con el tiempo justo para que ofrecieran mis servicios de intérprete para un pequeño grupo de angloparlantes. Les traduje simultáneamente las ponencias de los cuatro blogueros, así como las respuestas que estos dieron a la audiencia. Luego me enteré de que dos de mis oyentes provenían de una organización no gubernamental y sin fines de lucro que promueve los derechos humanos. (Por cierto, ese panel fue coordinado por el Centro Cultural Cubano y Walfrido Dorta. Mi entrada al recinto —sin reservación previa— se la debo a Dorta y a mi querida Axana Álvarez. A ambos, desde estos confines de Nueva Jersey, ¡gracias!). Al concluir el panel, me volví a despedir de la premio Ortega y Gasset como si no nos fuéramos a ver más.

Una amiga, cuya identidad no revelo para no comprometerla, me había hablado de la posibilidad de asistir a la conferencia de prensa de Yoani Sánchez en las Naciones Unidas. Yo había respondido que por supuesto, pero no me lo creería hasta estar parado en el lobby del recinto. Una vez adentro, me enteré de que la delegación de Castro ante la ONU estaba boicoteando la conferencia de prensa de Sánchez. Pero me alivió escuchar que esta se daría ya fuera en el elevador. Quiso la justicia poética que la asociación de corresponsales en la ONU sacara la cara por su colega cubana y la invitara a un improvisado salón de conferencias a compartir impresiones con la gente del gremio. Entre los periodistas presentes, destaco y saludo a Stefano Vaccara, editor de America Oggi, quien le dio una calurosa acogida, fue moderador de la charla y le ha dedicado hoy una columna en su diario.

Al llegar al espacio reducido en el que transcurriría el intercambio, recordé que Prensa Latina —ese vocero del castrismo, experto en pasar papa por malanga— tiene personal acreditado en la ONU. Di un vistazo rápido entre los presentes y le comenté a la periodista Karen Caballero: «Ya sé quién es el del aparato». «¿Cómo lo sabes?», preguntó. «La infamia tiene rostro», dije, aunque bien pude haber dicho: «se le ve en la cara». El tipo nos sacaría de dudas minutos después al preguntarle a la invitada su opinión sobre Posada Carriles. Con esa gracia y naturalidad que no hay que tomar por sentadas, Sánchez contestó que ella está contra todo tipo de violencia: desde la que pone un explosivo en un hotel hasta la que asalta un cuartel en plena madrugada. El representante del castrismo volvió a su estado natural, la sombra, y me cuenta una amiga que el susodicho pasó el resto de la charla con un visible temblor en las manos. Esto puede ser mito o realidad. En ambos casos, suena prometedor.

Al concluir el evento, filmado por las cámaras del New York Times y Tele Martí y mi teléfono, Yoani Sánchez tuvo que salir a la carrera rumbo a su próximo compromiso, su próximo periplo. Con la premura, me quedé con ganas de darle otro abrazo, así que aquí se lo envío, mediante esta blogosfera que propició su viaje y que nos acorta la distancia.

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[Foto: Frank Zimmerman].

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