La cosa en sí

Lo lindo de esta república de letras y erratas —que algunos llaman la blogosfera cubana— es que no deja de regalarnos sorpresas. Hoy mismo, en medio de la estela que ha dejado la visita de Yoani Sánchez a Nueva York, y los aliados y enemigos que le han mostrado la bilis o la sonrisa, el escritor Emilio Ichikawa comenta en su blog las motivaciones de unos y otros.

A modo de colofón, Ichikawa pone sobre la mesa una sospecha suya que data de los días en que un grupo de cubanos de todas las latitudes nos lanzáramos a promover la campaña #OZT: Yo acuso al gobierno cubano, que exigía la liberación incondicional de todos los presos políticos en la isla y que recibiera el apoyo de notables figuras de la izquierda internacional que hasta entonces jamás se habían pronunciado en contra de la dictadura dinástica y gerontocrática de los hermanos Castro. (A propósito de #OZT, en su presentación en CUNY, el ensayista Ernesto Hernández Busto mencionó y puso en contexto el hecho de que entonces hubiéramos logrado recabar más de 53 mil firmas: cuando la fatua que pedía la cabeza de Salman Rushdie por sus Versos satánicos, 12 mil firmantes dieron su apoyo público al escritor).

Ichikawa confiesa que por aquellos días de la campaña expuso al escritor Enrique del Risco «la opinión de que los profesores José (sic) Salcedo y Alexis Romay eran dos jóvenes con premura por hacerse un nombre que usaban la causa política como vector de ese interés profesional». Del Risco, que además de buen escritor es buen amigo, negó la hipótesis «exponiendo una lista de méritos intelectuales de Salcedo y Romay, cuya obra al parecer» Ichikawa desconocía.

Antes de poner el parche en el descosido, aclaro que conozco la obra de Ichikawa, desde que nos incluyeran a los dos en una antología poética publicada en Madrid en 1996. He leído al menos uno de sus libros e incontables ensayos suyos. (Por cierto, no es inédita esta situación: hace unos años, una editorial, para cuyo premio literario mi primera novela quedara finalista, me llamó desconocido. En su momento, le respondí a nombre de Nadie, aquel ardid que usara Ulises en la cueva de Polifemo).

Quiero corregir un par de imprecisiones de Ichikawa. La primera es obvia, pero no baladí. El nombre de Salcedo es Jorge, no José. La segunda: en lo que a mí respecta, no soy profesor. Me gano la vida en la industria editorial. No sé cómo será en los Everglades, pero en Nueva York, no solo uno no puede hacerse un nombre producto de su activismo en pro de la democracia en Cuba —y, por consiguiente, en contra del régimen de La Habana—, sino que este compromiso es considerado “una mancha en el expediente”. Cierra puertas en lugar de abrirlas. Esto es aplicable tanto al ámbito académico como al mundo editorial.

Luego de poner estos puntos sobre esas íes, quiero agradecer públicamente a Enrique del Risco por la defensa de mi integridad moral que hiciera (y jamás mencionara). Lo lindo de esta república de letras y erratas —que algunos llaman la blogosfera cubana— es que no deja de regalarnos certezas.

Acerca de Alexis Romay

Pienso, luego escribo.
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4 respuestas a La cosa en sí

  1. Anónimo dijo:

    Y para corregirle otra a Ichikawa, es “del Risco” no “de Risco”.

  2. Anónimo dijo:

    Absoluta y rotundamente cierto! En esta area el ser anticomunista “no es cool”. Tus meritos son tuyos y no regalados. Me encanta como dices que no sabes como es en “los everglades”. Great answer!

  3. Anónimo dijo:

    Acabo de leer el articulo de Ichikawa. En el dice que la unica opinion honesta sobre la visita de Yoani Sanchez fue la que dio una tal Dra. Alfonso. Lo unico que le falto a esta Dra. fue decirle a Yoani agente de la CIA. Su opinion fue sucia, desacreditadora y baja como la de todos los comunistas. Este Sr. Ichikawa donde esta viviendo?

  4. C dijo:

    Sobre Ichikawa mis recuerdos van directo a la decepcion: era yo estudiante de Filosofia entre los anos 1992-1997 y entusiasmada por regresar a la universidad y con la suerte de tener amigos inteligentes que leian libros dificiles… encontre a un profesor queriendo hacer un grupo de tertulias y analisis filosofico-sociologico donde hablar del postmodernismo y demases. Cual no seria mi asombro al darme cuenta de su capacidad para excluir a todo aquel que no le pareciera “inteligente, de solo acercarse a las chicas para enredarlas y decir en una conversacion de hombres que mejor dejar a las mujeres de lado porque siempre hacian perder el tiempo, de utilizar esas discusiones con alumnos en sus clases a manera de argumentos propios… Mayor fue mi decepcion cuando durante los seis meses que fue profesor del tercer ano de Filosofia venir a clases sin nada preparado, no discutir las lecturas con los alumnos y encontrarlo burlandose de sus alumnos con otros alumnos: porque bueno estos no estaban a la altura de reflexion filosofica que muy a menudo tenian la profundidad y el peso de un spot light de una discoteca… es por eso que cualquier cosa que venga de su mano, me produce una profunda desconfianza del hombre cabeza de raton…

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