
Un pescado y un refresco
—¡un refresco y una claria!—
y una panza partidaria…
Ese régimen dantesco,
maquiavélico y goyesco
está tentando a su suerte.
No veas tú en lo que invierte:
y algo de la pesquería
al que gritó “patria o muerte”.

Un pescado y un refresco
—¡un refresco y una claria!—
y una panza partidaria…
Ese régimen dantesco,
maquiavélico y goyesco
está tentando a su suerte.
No veas tú en lo que invierte:
y algo de la pesquería
al que gritó “patria o muerte”.

que diera Díaz Canel
sanitaria y con urgencia
y silenciar el clamor
de un pueblo y toda su gente—,
***
[Ilustración: Armando Tejuca].

El servilismo, estudiantes,
crea adicción (como el crack)
por eso bailan, campantes,
piensan que al ser obedientes,
sus amos —los dirigentes—,
mientras la pandemia cunde
y hasta la isla en peso se hunde,

La dictadura: ese punto
a diario con la mentira.
cuando el poder se acumula
en un hombre, en una idea,
cuando el terror señorea
y la libertad es nula.
***
[Ilustración: Armando Tejuca].

Si tienes miedo al gobierno
si no hay nada en tus despensas
ni en verano ni en invierno,
si el pavor a lo moderno
si la vida es cara y dura
no vives en democracia:
***
[Ilustración: Armando Tejuca].

Aquí están los macheteros
de la música cubana
cuya infamia cotidiana
visible en los noticieros
en los que estos pendencieros
que ataca al pueblo cubano—
desafinan sus razones
y aplauden los apagones
con el machete en la mano.

en las calles de La Habana.
Esa miseria cubana
de la que somos testigos
nos ha secado, como higos,
entristece, parte el alma.
Nos roba el sueño y la calma.
Nos llena de descontento
ver el constante tormento
de dónde crece la palma.

—tan patética, afeitada,
con la frente bien sudada
y su cara de asesino
que le regaló el destino
y que la máscara oculta—
con esa visita insulta
al pueblo hambriento y maltrecho,
y vemos colgar del techo
a un cerdo de edad adulta.

que el primer plano nos muestra
es la cabeza siniestra
que dio orden de zafarrancho
de combate y, en el gancho,
esa víctima porcina
que irá a dar a la cocina
un aroma ya olvidado
nos recuerda que el Estado
secuestra, mata, asesina.

languidece en primer plano.
(A su lado está un cubano
que sueña con un ajiaco
y más viandas en su saco).
Tiene la frente sudada.
La naturaleza muerta
nos muestra al fondo una puerta
y una cabeza colgada.

ha perdido el buen semblante,
con la mirada distante
como hundida en un pantano,
en el mismo que el cubano
lleva décadas hundido
que dio orden de zafarrancho
y la cabeza en el gancho
también pronto será olvido.

La cabeza cercenada
que rodará por la mesa
—que soñó salir ilesa
de otra sangrienta jornada,
la cabeza ilusionada
(de más de cien kilogramos)—,
por sus años de servicio,
en gesto de sacrificio,
aquí la ofrendan sus amos.

Aquí posa por acuerdo
de sus jefes la cabeza
—que carece de entereza:
los ojos muertos del cerdo
(el derecho y el izquierdo),
las orejas coloradas,
frente y mejillas sudadas
y el ubicuo nasobuco
que protege al seboruco—

En la foto se divisa
una cabeza de cerdo
el que te clava el puñal,
el delfín del general—;
también se ve a un dependiente
que le muestra a su cliente
la testa de un animal.

Es un singao, ya he dicho,
el que reprime a tu hermano;
es un singao el tirano
que se aferra por capricho
al poder; el susodicho
sale a la calle arropado
por sus matones, confiado
de que el terror le acompaña
y disfruta su patraña
con las bestias a su lado.
***
Cartel: Ricky Castillo