El Primero de Mayo y yo: una cronología

(Dedicado a Joan Antoni Guerrero Vall, que inspiró este texto).
***

Aunque nací en La Habana, entre los cinco y los doce años viví en el centro y el oriente del país. Por esos páramos distantes ―Camagüey, Holguín y Santiago de Cuba― y con tantos tumbos que di de una provincia a otra, no recuerdo las tristemente célebres “marchas del pueblo combatiente” a las que con toda seguridad me deben haber arrastrado en la infancia. No las recuerdo no sólo porque la memoria prepara su sorpresa ―que diría Lezama―, sino porque lo que más resalta de aquellos años son los cubos de agua que tenía que cargar hasta el quinto piso de un edificio tan feo como anodino, las batallas campales con mosquitos que parecían entrenarse para las olimpiadas, lo pegajoso del cantío en el acento de mis vecinos ―acento que erradiqué al mes de regresar a La Habana, so pena de que me persiguiera por el resto de mis días el, por entonces, tan indeseado mote de “guajiro”― o mi maestra de segundo grado, que era una dulzura de mujer que contrastaba con la ya rampante, contante y sonante chabacanería revolucionaria que se estaba comiendo a la nación como una gangrena.

La primaria la terminé en el Vedado. Al margen de los matutinos “patrióticos” que nos encasquetaban a diario, no recuerdo que nos llevaran a la otrora plaza cívica ―ya transformada, hasta nuevo aviso, en Plaza de la Revolución―, pero, si no lo hacían, supongo que fuera por cuestiones de transporte y en aras de evitar responsabilizarse con la chiquillada en su trayecto de ida y vuelta a otro municipio. La secundaria la cursé en una escuela en Nuevo Vedado, a un brinco del lugar dónde el antipático barbudo daba sus arengas interminables. Supongo ―la memoria es muy vaga y no es por conveniencia― que me tienen que haber arrastrado a las marchas del Primero de Mayo en los grados séptimo y octavo. De ellas, recuerdo a duras penas los desmayos de la gente producto de aquel sol inmisericorde que nos azotaba sin dar tregua lo mismo a alumnos que a profesores, sin importar raza, estatura, color de los ojos, preferencia sexual. En noveno grado, aquella tarde aciaga me fugué de la escuela y no asistí a la marcha. Eso sí lo recuerdo muy nítidamente pues fue una decisión propia. (¿Quizá he olvidado las otras porque decidían por mí?). Lo cierto es que un par de socios y yo nos quedamos escondidos en nuestro edificio. Por aquellos días aprendíamos a fumar, así que mientras el pueblo gritaba enardecido, nosotros echábamos humo hasta por las orejas. Al día siguiente en la escuela nos mirábamos como los cómplices de un crimen que saben que los han descubierto. Sin embargo, no pasó nada. Nadie nos regañó ni trajo a colación nuestra ausencia al acto “político-ideológico”.

Durante el preuniversitario ―en las Escuelas Militares Camilo Cienfuegos; ya sé, ¡tremenda mancha en el expediente!―, recuerdo que una vez nos llevaron a todos los estudiantes a un acto de índole política. No fue en la Plaza. Pero no recuerdo dónde aconteció. (Respecto a la mancha: por no adherirme a la vida castrense, me expulsaron, en ese orden, de los “Camilitos” de Capdevila y del Cotorro. En una de las actas, escribieron que yo era “una deshonra al uniforme militar”. Sobra decir que es uno de los mejores cumplidos que he recibido en mi vida).

No fui a ningún acto político durante la universidad. Como estudiaba en la facultad de arte del Instituto Superior Pedagógico “Enrique José Varona” y mis amigos y yo andábamos en plan enfant terrible, quizá nos dieron por incorregibles y jamás nos dijeron ni esta boca es mía. Tampoco fui a ningún acto político luego de graduarme. (En Centro Habana, no sé ahora, pero por aquel entonces, nadie se aparecía en tu puerta a decirte que tenías que ir a la Plaza).

El último contacto que tuve con la dichosa marcha del Primero de Mayo fue el 30 de abril de 1999. Esa noche había asistido a un concierto ―de algún trovador contestatario, que por alguna razón había conseguido que le dieran la sala Avellaneda de dicha institución. Era Pedro Luis Ferrer o Carlos Varela (quien por entonces posaba y pasaba de contestatario), o alguien por el estilo. A la salida del concierto, y de la nada, un grupo de ciclistas ―todos varones, con muchachas en la parrilla― ataviados de pulóveres blancos con frases e imágenes que aludían directamente a la organización que los patrocinaba ―la Ujotacé: Unión de Jóvenes Comunistas― nos pasaron rozando a la velocidad que les permitían sus trastes chinos. Iban soltando unas tiras de papel que resultaron ser pancartas. La curiosidad me dominó. Recogí una. Recordar el letrero aún me da risa: “Ni el gato en casa, todos a la Plaza”.

El día siguiente, cogí mi bicicleta y me fui con una amiga a las playas del Este. (Si hoy lee esta nota, desde aquí le mando un fuerte abrazo). No llegamos lejos con el sol de mayo. En realidad, sólo cruzamos el túnel de la Bahía y nos dimos varios chapuzones con el dienteperro de testigo. Pasamos una tarde espléndida. No había un alma a nuestro alrededor.

Cinco meses más tarde me fugaría de la jaula grande que es la pequeña isla de Cuba. Desde entonces no he puesto pie en ella.

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Acerca de Alexis Romay

Pienso, luego escribo.
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2 respuestas a El Primero de Mayo y yo: una cronología

  1. Güicho dijo:

    Guajiro, gusano y apátrida. Colega. Por cierto, hasta ahora no he visto a nadie con movilidad interprovincial -o, mejor, internacional- en la infancia que de grande sea completamente imbécil.

    En los 80 fui a dos marchas. En ninguna llegué a un tercio del recorrido. En la primera ligué a María Eugenia. En la segunda, a Rosmerys. Y no se lo agradecí nunca al insepulto.

  2. Ernesto dijo:

    Todos los cubanos que estamos fuera siempre nos quejamos de algo ,pero hermano usted es digno de lastima respeto tu opnion sobre las marchas pero no sera que quieres coger galones ahora , a lo mejor ni en tu cuadra te conocian ,y si recorrias tanto lugares era porque tus padres tenian algun cargo en el Govierno analiza bien tu memoria no sea que te acuerdes de otro cartel como el que recogiste en la marcha pero con la siguiente frase Ni el gato me conoce en mi pais .

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