Óleo de Narciso con nasobuco (III)

La cabeza cercenada

que rodará por la mesa

—que soñó salir ilesa

de otra sangrienta jornada,

la cabeza ilusionada

del cerdo que detestamos

(de más de cien kilogramos)—,

por sus años de servicio,

en gesto de sacrificio,

aquí la ofrendan sus amos.

Acerca de Alexis Romay

Pienso, luego escribo.
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