En un viaje de visita de la junta militar por el Caribe insular, abrió esa boca maldita el sátrapa —el sibarita, el de la panza gigante, el delfín del Comandante— y dejó claro en inglés que no sabe decir “yes” y no hay pueblo que lo aguante.
*** Nota bene: Desde el 30 de noviembre de 2020, he publicado a diario en Belascoaín y Neptuno. Te invito a leer la décima de este día hace exactamente un año. Si sientes que me repito, recuerda que más se repite la realidad cubana.
Díaz Canel —la fachada de la junta militar que no para de arrestar a una Cuba ilusionada— nos quiso dar la estocada, quiso clavar el puñal que le entregó el General, pero el pueblo malherido no votó por el partido de ese infierno terrenal.
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Todavía no me he sentado a ver un juego de este torneo que Amnistía Internacional ha nombrado “La Copa Mundial de la vergüenza”, producto del amargo sabor que me deja que se celebre en Catar. Tampoco esperaba mucho de la FIFA, esa organización más putrefacta que una fruta podrida. Pero hay que admitir que aquí se les fue la musa a otro nivel.
Por otra parte, entiendo a quienes miran los partidos. Que la barbarie del régimen catarí —su misoginia, su homofobia, su desprecio por los trabajadores que dejaron la salud o la vida en la construcción de esos estadios— y la corrupción de la FIFA no son culpa ni de los fanáticos del jogo bonito ni de los jugadores que tanto se han esforzado para quedarse con la copa al final de la contienda.
De hecho, ayer —excepcionalmente, durante nuestra hora de almuerzo—, acompañé a una amiga y colega española a sufrir el tiempo extra y el cobro de los penaltis entre España y Marruecos. Aquello fue un calvario. Para ella. Y para mí, que la tristeza es contagiosa. Y me recordó —cosa que comencé a olvidar a principios de la pandemia— lo mucho que todavía me gusta el fútbol.
Como dice el bolero: fue hermoso mientras duró. No creo que me enganche al Mundial a estas alturas. Pero si lo estás viendo y sientes un ápice de solidaridad con los grupos cuyos derechos son violados por ese régimen, te invito a que, por cada partido que veas, compartas en las redes alguna campaña, artículo o reportaje que ayude a visibilizar y proteger los derechos de las comunidades vulneradas en ese país.
Por lo demás, te deseo que este evento te traiga un sinfín de alegrías, y que gane tu equipo.
Díaz Canel, el pelele de la junta militar, con su turba fue a «votar». Ay, que nadie lo consuele. Quedó como Chacumbele, mas fue muerte espiritual. Ya le dirá al General que dicta en ese partido que nos ha impuesto el olvido que la farsa salió mal.
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Díaz Canel está triste. ¿Qué tendrá Díaz Canel? Esa ausencia de Fidel —aquel tumor, aquel quiste— dio lugar a su despiste el día que fue a “votar” por la junta militar. Se olvidó de la boleta, los muertos en la cuneta, los hundidos en el mar…
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Crónica de una panza inflamada o de una farsa anunciada. ¿O son una las dos? Como #Cuba y la noche.
Díaz-Canel, en portada del Granma, junto a Raúl —luego del viaje a Estambul, luego de su trasnochada por Rusia, con la camada de Putin, el asesino—, quiso obligarte, el cretino, a “votar” por el olvido, por un único partido y por el mismo destino.
*** Nota bene: Desde el 30 de noviembre de 2020, he publicado a diario en Belascoaín y Neptuno. Te invito a leer la décima de este día hace exactamente un año. Si sientes que me repito, recuerda que más se repite la realidad cubana.
Díaz Canel, el payaso de la junta militar, un buen día fue a «votar» por el hambre y el fracaso, por el terror y el atraso, por el pueblo malnutrido, por ese gran sinsentido que azota a la población con más fuerza que un ciclón, por un único partido.
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Se le olvidó la boleta a Díaz-Canel. ¡Da igual! Si ese proceso, al final, ni a sí mismo se respeta. Sin soltar la metralleta, los gendarmes del olvido, que han matado y reprimido, se jactaban de “votar” por la junta militar, por un único partido.
*** Nota bene: Desde el 30 de noviembre de 2020, he publicado a diario en Belascoaín y Neptuno. Te invito a leer el inventario de este día hace exactamente un año. Si sientes que me repito, recuerda que más se repite la realidad cubana.
Quiero darle seguimiento a la farsa electoral que convocó el General y que aplaudió su esperpento. Recordemos el momento —que no olvidará el poeta— cuando el de la metralleta de la junta militar hizo ademán de “votar”, pero olvidó la boleta.#Cuba 🇨🇺 #SOSCuba 🇨🇺 #PatriaYVida 🇨🇺 pic.twitter.com/a899XuGEp4
Jonathan Torres Farrat y Bárbara Farrat Guillén (foto: Justicia 11J)
Esos juicios tan kafkianos que meten al pueblo preso y son copia de El proceso que aterra a los ciudadanos –ay, millones de cubanos–, ya no pueden ocultar que la junta militar hoy vive sus estertores. La turba de represores ya no sabe qué inventar.
*** Nota bene: Desde el 30 de noviembre de 2020, he publicado a diario en Belascoaín y Neptuno. Te invito a leer la décima de este día hace exactamente un año. Si sientes que me repito, recuerda que más se repite la realidad cubana.
Ya que estamos: Bárbara Farrat Guillén fue citada para testificar contra su hijo, Jonathan Torres Farrat, uno de los menores procesados en los juicios que se llevan a cabo por estos días. A la madre no le comunicaron su derecho a no testificar contra su hijo, según lo establecido en el Artículo 255.1 de la Ley del Proceso Penal de ese régimen que no respeta ni sus propias leyes. A madre e hijo y a quienes salieron a protestar —por sus derechos, que son los míos—, aquí les envío mi solidaridad.
Jonathan Torres Farrat y Bárbara Farrat Guillén (foto: Justicia 11J)
Esos juicios criminales —que organiza el General que controla el tribunal (o, más bien, los tribunales) y hasta a los corresponsales, ay, de la prensa extranjera, que ha sido fiel compañera de la junta militar— los hacen para aterrar a una Isla que desespera.
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Ya que estamos: Bárbara Farrat Guillén fue citada para testificar contra su hijo, Jonathan Torres Farrat, uno de los menores procesados en los juicios que se llevan a cabo por estos días. A la madre no le comunicaron su derecho a no testificar contra su hijo, según lo establecido en el Artículo 255.1 de la Ley del Proceso Penal de ese régimen que no respeta ni sus propias leyes. A madre e hijo y a quienes salieron a protestar —por sus derechos, que son los míos—, aquí les envío mi solidaridad.
Mira esa panza de Díaz Canel, mientras en Cuba no hay comida.
Quiero darle seguimiento a la farsa electoral que convocó el General y que aplaudió su esperpento. Recordemos el momento —que no olvidará el poeta— cuando el de la metralleta de la junta militar hizo ademán de “votar”, pero olvidó la boleta.
*** Nota bene: Desde el 30 de noviembre de 2020, he publicado a diario en Belascoaín y Neptuno. Te invito a leer la décima de este día hace exactamente un año. Si sientes que me repito, recuerda que más se repite la realidad cubana.
Jonathan Torres Farrat y Bárbara Farrat Guillén (foto: Justicia 11J)
Esos juicios y esa espera ante una farsa anunciada dejan a Cuba enlutada por una turba cuatrera. Pero ¿y la prensa extranjera no les dará cobertura? El ministro de cultura pronto saldrá a celebrar a esa junta militar. Cuba es una dictadura.
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Ya que estamos: Bárbara Farrat Guillén fue citada para testificar contra su hijo, Jonathan Torres Farrat, uno de los menores procesados en los juicios que se llevan a cabo por estos días. A la madre no le comunicaron su derecho a no testificar contra su hijo, según lo establecido en el Artículo 255.1 de la Ley del Proceso Penal de ese régimen que no respeta ni sus propias leyes. A madre e hijo y a quienes salieron a protestar —por sus derechos, que son los míos—, aquí les envío mi solidaridad.
Jonathan Torres Farrat y Bárbara Farrat Guillén (foto: Justicia 11J)
Esos juicios tan dantescos —que la junta militar hoy se apura en celebrar, sin meriendas ni refrescos y con sus jueces grotescos que conocen de antemano la sentencia que el tirano les dictó, como escarmiento, con su proceder violento— son contra el pueblo cubano.
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Ya que estamos: Bárbara Farrat Guillén fue citada para testificar contra su hijo, Jonathan Torres Farrat, uno de los menores procesados en los juicios que se llevan a cabo por estos días. A la madre no le comunicaron su derecho a no testificar contra su hijo, según lo establecido en el Artículo 255.1 de la Ley del Proceso Penal de ese régimen que no respeta ni sus propias leyes. A madre e hijo y a quienes salieron a protestar —por sus derechos, que son los míos—, aquí les envío mi solidaridad.
Jonathan Torres Farrat y Bárbara Farrat Guillén (foto: Justicia 11J)
Esos juicios vergonzosos de la junta militar que reincide en obligar a madres, tías, esposos y a los vecinos chismosos a delatar y a mentir son parte del malvivir que avergüenza a la nación. ¿Qué es esa Revolución? ¡El arte de reprimir!
*** Nota bene: Desde el 30 de noviembre de 2020, he publicado a diario en Belascoaín y Neptuno. Te invito a leer la décima de este día hace exactamente un año. Si sientes que me repito, recuerda que más se repite la realidad cubana.
Ya que estamos: Bárbara Farrat Guillén fue citada para testificar contra su hijo, Jonathan Torres Farrat, uno de los menores procesados en los juicios que se llevan a cabo por estos días. A la madre no le comunicaron su derecho a no testificar contra su hijo, según lo establecido en el Artículo 255.1 de la Ley del Proceso Penal de ese régimen que no respeta ni sus propias leyes. A madre e hijo y a quienes salieron a protestar —por sus derechos, que son los míos—, aquí les envío mi solidaridad.