El “modelo chino”

Inspirado en una caricatura de Tejuca y unas rimas de Salcedo, escribo unas líneas.
***

Raúl piensa seriamente
hurtar el modelo chino
—que andando se hace camino—,
y lo que diga la gente
del longevo combatiente
y su fuero y desatino
a Raúl le da un comino,
que para algo es “Presidente”.
Raúl sueña con “la China”
y la pasión lo domina.

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Te doy una canción con mis dos manos, con las mismas de matar

Poco antes del cierre y secuestro de su blog ―aunque no necesariamente en ese orden―, los entrañables Mickeys de Miami revivieron un episodio tristemente célebre del deporte profesional: la muerte del boxeador cubano Benny “Kid” Paret a manos de Emile Griffith. La historia es conocida: días antes de la pelea, durante el pesaje, Paret había ―supuestamente― hecho comentarios despectivos sobre las preferencias sexuales de su contrincante. Una línea que ―según la opinión pública de la época y del propio Griffith― no debía haber cruzado. Ya en el ring, el americano se dejó llevar por la ira y el duelo ―desde sus inicios y quizá sin que los contrincantes lo supieran― estuvo marcado por el signo de la muerte.

Décadas después, a raíz de su salida del armario, Griffith declararía: «Yo maté a un hombre y la mayoría de las personas lo entiende y me perdona. Sin embargo, yo amo a un hombre y eso para muchas personas es imperdonable».

La semana pasada comentaba este episodio con César Reynel Aguilera, quien además de ser un excelente escritor es aficionado al boxeo. Esta combinación ―uso la palabrita a sabiendas― se evidencia a lo largo de su novela, R.U.Y., sobre todo en el fragmento que transcribo a continuación.

***

Eso fue lo que pasó. Salieron a matarse. Ya se conocían bien y perdieron poco tiempo para meterse en el tercer ring. El réferi fue Ruby Goldstein, un buen hombre que se estaba recuperando de un infarto, y del que se dice que esa noche tuvo su peor actuación. Padrino no cree en eso, Padrino jura que es verdad que al Nano le gustaba hacerse el que estaba en malas condiciones, se hacía el muerto pa’ ver el entierro que le hacían, cuando el contrario se acercaba a prenderle la última velita el Nano lo clavaba en la lona, eso es verdad, y también es verdad que el bueno de Goldstein lo sabía. Pero eso poco importa, lo que importa es que esos dos salieron a preguntar quién merecía vivir. Porque hay cosas que no se dicen, porque hay cosas que no se hacen; y si las decimos, o las hacemos, entonces tenemos que aprender a cargar con ellas por la vida, a menos que tengamos el valor de preguntar el veredicto de los que mandan. Eso es algo que nunca van a entender los que gritan en las gradas, eso es algo que nunca van a entender los que lloran entre cuerdas de guitarras. Esos dos no se subieron allá arriba por nada ni por nadie que no fueran ellos mismos y sus asuntos pendientes con la vida. Ahora hablamos de la culpa, hablamos de la civilización, ahora decimos que estas cosas deben evitarse, que deben ser prohibidas y olvidadas, ahora queremos creer que se puede vivir sin el concurso de los guerreros, sin la compañía de los que saben mirar de frente a la muerte, de los que corren hacia el humo y el polvo, hacia la sangre y la furia, siempre en contra de la multitud. Decimos que son bobos, imbéciles, retrasados mentales que terminaron haciendo esas cosas porque no pudieron hacer otras. Pero de tanto en tanto, y de vez en vez, los dioses nos recuerdan que la civilización es el sueño de los bárbaros; y para que no lo olvidemos nos mandan un asesino a la puerta de la casa, un violador al próximo callejón, un degenerado que nos levanta sobre sus hombros para tirarnos al vacío o a las olas del mar. Ese día rezamos por un guerrero, ese día nos quedamos en una sola pieza y descubrimos el valor de un simple movimiento de nuestros brazos, ese día, coño, ese día cambiaríamos cada uno de nuestros dólares por ser capaces de tirarle un golpe a la muerte que nos corroe las entrañas. Eso fue lo que hizo Benny Kid Paret, le apostó al peso de sus palabras y salió a cumplirlas con la fuerza de sus puños. El Nano aguantó durante cinco rounds el ataque feroz de Emile Griffith, en el sexto salió a combatir sangrando por la nariz y con una herida en la ceja derecha, se estaban dando palo a palo, pero en un momento el Nano empezó a dominar, sus combinaciones empezaron a llegar con más fuerza y certeza, tiraba y tiraba con la secuencia de una ametralladora y la precisión de un francotirador, hasta que logró atrabancar a míster Griffí con una combinación que pudo haber sido mortal, pero no lo fue. Porque Padrino no se cansa de repetir que en el tercer ring las cosas suceden más despacio de lo que nadie puede imaginar, en el tercer ring los golpes se dosifican y el tiempo alcanza para echar un párrafo con la muerte, la dama se acerca melosa con su propuesta “ahora es cuando es, soy yo, o eres nada”. Y el fajador le dice que ni ella ni la madre que la parió. Que va a ser un nocao de quince segundos, los suficientes para que míster Griffí se levante y acepte las disculpas de su vencedor, o la solicitud de que traiga al marido, lo mismo da en un mundo donde no hay vencedores ni vencidos, culpables ni pecadores. Así fue la derecha que envió a Emile Griffith a la lona, la puntilla que lo clavó por ocho segundos que debieron ser quince. Pero estaban en New York, y la muerte rondaba entre las cuerdas, y el público gritaba por su ídolo, y los dioses jugaban con el tiempo. Al conteo de ocho sonó la campana, siete más le hicieron falta a míster Griffí para recuperarse. En el próximo round el Nano volvió a machacar a su contrincante, pero las cosas empezaron a cambiar, la muerte desviaba los golpes; se colgaba de los brazos del Nano y le hablaba de la leña que Gene Fullmer le había dado unos meses antes, la muerte le hacía guiños al neoyorquino y le decía que no se preocupara, Patroclo y Aquiles habían apostado por él. Así llegaron al doce, y los brazos de Emile Griffith se convirtieron en guadañas. El Nano iba retrocediendo y tropezó, fue a dar contra las cuerdas y uno de sus puños se enredó. Griffith se adelantó como un tigre y sin darle tiempo para sacar el brazo enredado lo trituró sin piedad, lo molió al ritmo de las tres sílabas que no se dicen, el brazo siguió enredado entre las cuerdas, y el bueno de Goldstein nada hizo, ¿qué iba a hacer? Si no estaban ni allí. Sus ojos vieron algo que ya estaba escrito. El Nano recibiendo golpes a mansalva, el Nano con la cabeza rebotando contra el poste de la esquina, y la muerte diciendo “ahora es cuando es, soy yo, o eres nada”. Y míster Griffí quiso ser algo más que un peleador, y el público no quiso que parara, y el réferi tampoco pudo hacerlo. Sólo dos compartían el mismo ring, uno ya estaba muerto.

―Con las zapatillas puestas.

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Aquí se construye un edificio de microbrigada

En vista de que la revolución cubana nació muerta ―aquel sangriento 26 de julio―, en Salcedo Diario le damos santo sepulcro de la mejor de las maneras: con un cadáver exquisito. Armamos el muñeco como sigue: un verso, Salcedo, otro, yo.
***
Este 26, ¡todos a la vaquería!

26 no, una sola, ésta es tu deuda:
la leche prometida no aparece,
la leche programada crece y crece
con tanta mala leche que me endeuda.

Láctea es la fe con que las masas leudas
en láctea perorata que envilece,
lácteas las reces, ¡pero no aparece
ni una res! ¡Ni los feudos me enfeudas!

Mamando marabú encontré a mi novia,
mis primas van por leche a los hoteles
y ordeñan puercos hasta la mañana.

Supera de una vez la lactofobia.
Las vacas rojinegras son peleles.
¡Que por fin llueva leche en Centro Habana!

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26 de Julio: Imágenes del Gran Circo

Hoy van a festejar otra victoria
los huérfanos de todas las batallas,
los ciegos por afán con sus medallas,
los necios con sus gritos y su euforia,

los hijos de los hijos de la tierra,
los muertos convencidos y sonrientes,
la ira del campeón de los valientes,
los crédulos y su botín de guerra.

Hoy quieren empezar el festín pronto,
gozar el carnaval hasta la aurora…
El júbilo se extingue poco a poco.

«¿Victoria sobre qué?», pregunta el tonto.
Dice el líder: «Victoria abrumadora».
«Victoria indiscutible», aplaude el loco.

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De cómo Dr. Seuss predijo los penúltimos días de Fidel Castro

Traducción literal:
Y hoy el gran Yertle,
ese maravilloso ser,
es el rey del lodo.
Es todo cuanto puede ver.

Traducción al cubano:
Y hoy Fidel el marrano,
ese insólito ser,
se revuelca en el fango.
¿Qué otra cosa va a hacer?

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Avispero revuelto

Salcedo sigue haciendo de las suyas. Acaba de colgar en su blog unos versos a Antonio Guerrero, uno de los espías castristas de la tristemente célebre “Red Avispa”. Por acá, con gratitud y entusiasmo de chiquillo, le sigo la rima:

Antonio Guerrero lucha
contra el pueblo anti-castrista;
le teme a San Juan Bautista
y al bugarrón de la ducha.
Antonio Guerrero intenta
desde su celda de espía
aprender mercadería:
pondrá sus cuadros en venta.
Antonio, ilustre chivato,
tienes cárcel para rato.

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Cuando lo cóncavo es convexo

Hoy, en mi trayecto al trabajo y a merced de las inclemencias del tiempo y la carretera, sintonicé mi estación de Jazz favorita justo en el momento en que Don Braden interpretaba “Speedball”, del álbum Gentle Storm. “Gentle Storm”, traducido mal y pronto al castellano, quedaría como «tormenta “gentil”, “suave”».

Este gentil contrasentido me trajo a la mente el quizá más tierno de todos los disparates que escuché en mis días en la isla. La frase es atribuida —como tantas otras— a ese inolvidable exegeta del castrismo y la mala idea que es Pedro Ross —por entonces ya a cargo de la gubernamental CTC (Central de Trabajadores de Cuba)—. La joya prosaica del susodicho rezaba:

«El periodo especial ni nos perjudica ni nos favorece. ¡Todo lo contrario!».

Recordar tamaña burrada me hizo reír, derramar café en el asiento del pasajero y salir a la caza del oxímoron perfecto. El tráfico y la lluvia me dieron la excusa; Cuba me dio los (pre)textos:

– inteligencia militar
– ministerio de cultura
– pensamiento crítico
– revolución cubana
– permiso de salida
– premio literario
– héroe nacional

Como siempre, se aceptan sugerencias.

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Listado (ampliado) de contrasentidos
Jorge Salcedo:
– moneda nacional
– los derechos humanos que defendemos
– picadillo de soya
– higiene sexual
– Cubavisión
– Machado Ventura
– reflexiones del compañero Fidel

César Reynel Aguilera:
– órgano oficial

F.C.:
– trabajo voluntario

Constancio Baraguá (alias Cuco):
– batalla de ideas
– primer secretario
– dictadura del proletariado
– poder popular
– ministerio del azúcar,
– ministerio de agricultura,
– ministerio de la pesca,
– comandante en jefe

N:
– quedó bonita la actividad

– 31 y más pa’lante
– en el marco de esta actividad
– croqueta al plato
– oso prudencio

Bustro:
– juventud rebelde
– revolucionario honesto
– intelectual orgánico
– crítica constructiva
– nuevo vedado
– almuerzo escolar
– canción protesta
– moral revolucionaria
– periodo especial
– libreta de abastecimiento
– discurso breve
– dignidad socialista
– futuro prometedor
– derechos ciudadanos
– consejo de ayuda mutua económica
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Chiquita Blues

Transcribo —con su venia y en exclusiva— una nota que me envió Paquito D’Rivera. A quienes vivan en Connecticut: no se pierdan el concierto.

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Dice el Paq Man:

Aunque aún no he terminado de escribirla completa, “Chiquita Blues” —inspirada en la graciosa biografía novelada del escritor cubano Antonio Orlando Rodríguez— tendrá su estreno oficial en el festival de Jazz de Litchfield, Connecticut, el próximo 1ro de agosto.

“Chiquita Blues” es una pieza muy alegre, combinación de la armonía típica del “twelve bar Blues” americano y la estructura rítmica de contradanza cubana, de la época que le tocó vivir a la liliputiense. Será lindo estrenarla en ese festival de Litchfield que es un evento trascendente.

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Salcedo Diario y Bustro Esporádico


Para dar fe de que Salcedo viene chapeando bajito, transcribo una décima suya a un señor de infeliz memoria. Y aprovecho para añadirle una coda.

Dice Salcedo:

“Eliades Acosta Matos, Secretario de Cultura del Comité Central del PCC, ha sido liberado de su cargo”, anuncia PD en exclusiva.

Eliades Acosta Matos,
un hombre de pensamiento
oficial, de gran talento
policial, marxista innato,
reformador del castrato
en castrismo, bailador
social, buen historiador
de historias, crítico impar,
se va a Madrid a salvar
los logros del logrador.

***
Y mi coda:

Eliades Acosta Matos
a España enfila su vela:
a apostar en la quiniela
y beber vinos baratos.
Hastiado de malos ratos
de la jauría se aleja
y hasta de la Habana Vieja
y sus hermanos chivatos.
Que me engañes bien, chaleco.
que tu manga tiene un hueco.

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Salcedonia

La siguiente noticia me aligera la carga en medio de un día de por sí triste: Jorge Salcedo estrena blog. Y yo me tomo el descarado atrevimiento de transcribir su nota de bienvenida a sus lectores e invito a los míos a frecuentar Salcedo Diario y apoyar al vate en su intento kamikaze de colgar “un poema cada día, todos los días, por un año”.

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Dice Salcedo:

Hace algo menos de un mes, comencé a comentar en sonetos y décimas las noticias del día y los temas propuestos en los blogs que frecuento. El ritmo de mis comentarios ha ido creciendo a diario, y con él, la sospecha de que tanto verso puede resultar un estorbo para los blogeros y sus lectores. Con esta sospecha en mente y el firme o dudoso propósito de versificar cada día, todos los días, por un año, he abierto Salcedo Diario. Aquí quedarán recogidas mis cubanerías poéticas, solo para quienes decidan, voluntariamente, someterse a su lectura. (…) Mi única promesa es un poema diario, todos los días, por un año. O perecer en el intento.

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Cuando un amigo se va

Con profundo pesar, transmito la noticia del fallecimiento de María “Cuca” Pino tras una larga y penosa batalla contra el cáncer. Nuestra amistad nació a principios de este siglo, cuando nos conocimos gracias al Archivo Cuba —un imprescindible proyecto que está documentando el costo en vidas del proceso político-histórico conocido como la Revolución Cubana; este empeño es capitaneado por su hija, María Werlau—.

Cuca fue fundadora del Archivo Cuba, así como del capítulo de M.A.R. Por Cuba (Mothers Against Repression) en Puerto Rico y directora de dicha organización. La última vez que la vi en vida fue hace cuestión de cuatro meses, cuando nos reunimos en su casa para una reunión ordinaria de la Junta de Directores del Archivo Cuba. Hasta entonces, mi estima y admiración por Cuca eran muy altas, pero verla —en medio de su batalla contra la terrible enfermedad— librar otra batalla que le era igual de importante —por la memoria, verdad y justicia de las víctimas del totalitarismo cubano— me hizo tener una idea mucho más cabal de su grandeza.

Cuca nos deja en desconsuelo a quienes tuvimos la dicha y la suerte de conocerla. A su hija, mi querida María Werlau, sus nietos, familiares y amigos, les extiendo mi más sentido pésame.

En paz descanse, María “Cuca” Pino .

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Señor de las palabras (perdidas)

(a Jesús Díaz)

Descubrió los anillos del ofidio,
las barbas del caimán que no merece,
las siglas de una tierra que padece
la censura, la diáspora, el exilio,

las tormentas de nieve, los consejos,
las úlceras de sol en la azotea,
la crítica, el olvido de la aldea,
la distancia, el encuentro y sus reflejos.

Todo lo tuvo: el mar, el aire, el puerto,
un destierro tardío y coherente
y ese verbo afilado a flor de boca.

En La Habana aseguran que anda muerto.
En Madrid, se pasea entre la gente.
Es arena, agua, fuego, lluvia, roca.

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Listado (ampliado) de cosas que echo de menos de Cuba

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Apuntes emergentes

Mientras viví en La Habana y, sobre todo, a finales de los noventa, yo era una máquina de escribir poesía. O, más específicamente, una máquina de escribir poemas y peomas. (El peoma es un poema tan escandalosamente malo que merece una categoría aparte). Producto de la censura imperante en Cuba, estos poemas y peomas míos de hace una década eran abstractos, simbólicos, de muy difícil lectura… ¡incluso para mí! El hermetismo de la voz poética de entonces respondía al hecho de que, como es sabido, en la isla, para decir “el perro tiene hambre” hay que dar un elegante rodeo y escribir “me gusta mucho tu gato”. Esta peculiaridad hace que La Habana ostente el mayor por ciento de poetas y peotas por centímetro cúbico en el mundo.

Hasta el momento de mi llegada a los Estados Unidos, jamás había escrito ficción. Practicar dicho género en Cuba, para mí, era un desperdicio y un despropósito, pues la forma en que quería exponer y comentar la vida en la isla bajo la omnipresente bota del régimen podría haber acarreado problemas que iban desde la inminente perdida del trabajo (un trabajo miserable, pero trabajo al fin) hasta una posible sentencia por el folclórico delito que allá nombran “diversionismo ideológico”.

En resumen —y esto lo sé hoy, pero no lo sabía entonces (o, peor, no quería saberlo)—: en La Habana yo les temía a mis palabras y las posibles consecuencias que estas me podrían traer. De tal suerte, opté por escribir los antedichos poemas y peomas. Sin embargo, una vez en Nueva York, ya sin mesas redondas, ni CDR, ni Ley Mordaza, la novela se me reveló como el formato apropiado para lo que quería contar.

Todavía hoy me sorprende el entusiasmo y el impulso con que escribí mis Salidas de emergencia. Terminé el primer borrador del manuscrito, que tecleaba en mi tiempo libre —lo que equivale a cualquier momento desde que salí de Cuba—, en cuestión de un año. Escribir la novela no fue la tarea más ardua. La parte engorrosa fue ponerla a dieta: quitarle el colesterol, las malas grasas, las sales, el exceso de agua y el teque, la muela, el panfleto (esas tres grandes obsesiones cubanas). Entre una cosa y otra, la novela perdió unas 50 páginas. Dar con la editorial adecuada para el manuscrito fue una odisea penosa e insólita que quizá merezca otra novela, que prometo no voy a escribir. No es mi intención hacerles el cuento de la buena pipa.

Encabezan Salidas de emergencia dos citas de sendos escritores que militan en bandos opuestos. Esto lo hice con la mejor de las peores intenciones. El primer fragmento lo extraje de un libro de García Márquez, de la época en que todavía era escritor. Esta cita, además de describir a mis personajes, definía mi estado de ánimo al lanzarme a este proyecto. Dice el Nobel: “…y sentía nostalgia de la escuela, del pizarrón y del mapa de un país superpoblado por los excrementos de las moscas”. La segunda cita, de Milan Kundera, comenta sobre el exilio (ese estado natural del cubano) y la imposibilidad (física, emocional) que presupone el retorno a nuestra tierra natal. Dice Kundera: “Quien echa a perder sus despedidas, poco puede esperar de sus regresos”.

Encontré mis salidas de emergencia cuando pisé suelo neoyorquino, en septiembre de 1999. Unos meses después, mis personajes, poco a poco, comenzarían a encontrar las suyas.

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El misterio de la próstata

Me llega la siguiente nota de Jorge Salcedo (quien ya tiene su etiqueta en este blog).

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Como te contaba, Alexis, este año cumplo 40, y a esa edad, ya sabes, pasan cosas, suceden sucesos, algunos no muy fáciles de asimilar. Para superar uno de esos trances, acaecido esta semana, escribí esta décima que comparto contigo y con tus lectores, no sin cierto pudor.
Tu socio,
Salcedo

El misterio de la próstata

El misterio de la próstata
se revela a los cuarenta,
con arte manual y cruenta
y por una vía angosta,
sin derecho a la riposta
se alcanza el conocimiento
(o se pierde, si el momento
lo coge a usted distraído);
no hay perdón y no habrá olvido,
ni hubo calentamiento.

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