Ataque a Penúltimos días

Transcribo un mensaje de Ernesto Hernández Busto:
Estimados colegas:
Entre ayer y hoy Penúltimos días ha sido víctima de un ataque informático. Les anexo la explicación que me han dado en el servicio técnico del servidor. Como no creo que pueda volver a estar online en un plazo breve, les ruego avisen a los lectores que compartimos de tan incómoda situación.

Saludos y gracias, E.
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Poema visual

Dos
patrias
tengo
yo:
Cuba
y
la

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Estampas habaneras (XII)

El Caballero y yo
Teresa Dovalpage

Hoy se me había ocurrido hablar sobre la librería de L y 27. Era una de mis preferidas porque tenía más variedad (relativa, se entiende) que la que queda en esa esquina que por un lado da al Habana Libre y por otro al Coppelia. Como desde niña yo era ya comelibros, guardaba urracamente el dinero que me daban en casa para comprarme algo que leer los sábados, cuando mis padres me llevaban a tomar helados. Supongo que a ellos les enorgullecía el encontrarme tan aplicadita, pero a la vez, mi comportamiento fortalecía la opinión de bicho raro que se habían formado de mí.

Bueno, ésta era la idea original del post, pero me llegó otra. Pues ¿cómo estar escribiendo sobre las esquinas habaneras y no mencionar a un personaje que frecuentó tantísimas de ellas? Qué va, eso es imperdonable. Así que aquí les traigo una anécdota sobre José María López Lledín, el Caballero de París.

De éste corrían un montón de historias: que si su familia se ahogó durante el naufragio del Valbanera, que si lo acusaron injustamente de robo y en la cárcel perdió la razón… Que si era gallego, que si era de Oviedo. En fin. Mis primeros recuerdos de él son olfativos: el pobre Caballero no olía bien, acto disculpable si se tiene en cuenta que carecía de hogar y que no mantenía estrechos vínculos con el agua y con los jabones. Se sentaba en quicios o en el suelo, envuelto en una capa oscura. Hablaba solo. Y yo, que nunca he sido muy valiente, le tenía terror.

Solía encontrarlo en los portales de la iglesia del Carmen, en Infanta, durante los mencionados paseos familiares a la recherche del helado. Una de aquellas tardes, venciendo la mieditis, me acerqué a él y le di (no sé por qué, fue un impulso instantáneo) un peso de los que guardaba para mi provisión bibliófila. El Caballero lo aceptó y me regaló una pluma adornada con hilitos de estambre.

Lo tomé como aviso de lo alto. Naturalmente, el destino me quería decir con tan extraño mensajero que yo debía ser escritora. ¡Si estaba más claro que el agua…! Aquella tarde pasé con gran prosopopeya delante de la librería y anuncié a mis padres que ya no necesitaba comprar más libros, pues pensaba escribirlos yo.

Mucho más tarde supe que el Caballero regalaba plumas a casi todo el mundo. Pero en aquel momento me hizo sentir una chica especial. Predestinada para las palabras.

El Caballero murió en 1985 en el hospital psiquiátrico de Mazorra. Ojalá que descanse en paz, haciendo plumas mágicas en el otro mundo. O quién sabe si escribiendo con ellas, ¿no?

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Pesadilla de canadienses en Cuba

Una lectora a quien conozco personalmente y que prefiere el anonimato —hago hincapié en este detalle para que no parezca que estoy corriendo la bola de un fantasma— me ha dejado un comentario respecto a una pareja de canadienses que fue la semana pasada a vacacionar a Cuba y se las vio negras. Transcribo su mensaje y pregunto: ¿alguien tiene más noticias al respecto?

Por Cuba sufro todos los días, lloro el dolor de la gente de donde crecí, vivo desmintiendo el romanticismo en el que viven los cubanos, pero nada cambia y esa es la mayor tristeza. No veo como mejorará. Y lo peor es que vivo en un lugar donde tengo que ver en la televisión comerciales promocionando turismo a Cuba como si fuera lo más lindo. Pero lentamente los canadienses ingenuos ven la realidad. Hace una semana pasó que una pareja se creyó el comercial y se fue a Cuba de vacaciones, la muchacha estaba embarazada, se fue a parto prematuro pero, como todos conocemos el estado de los hospitales, el bebé no sobrevivió. Lo peor es que el gobierno no les quiere devolver el bebé para que lo regresen a Canadá y se han tenido que regresar a Cuba a que se lo devuelvan. Supongo que cederán ya que no pueden dañar la fuente número uno de turismo: Canadá.
Lila

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Octavilla para circular en La Habana

¡Cinco décadas de mierda!
Cincuenta años de lo mismo:
hambre, miedo y triunfalismo.
¡Somos relojes de cuerda!
Y aunque a veces no concuerda
la utopía con la vida
miserable y carcomida
que llevamos a diario,
¡que viva el aniversario
de la gesta genocida!
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Telemadrid reporta: Cincuenta años de revolución cubana

Huelgan los comentarios. La realidad habla por sí sola.

Segunda parte.

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Candela en Miami

Transcribo un texto de Loreta Sánchez-Araujo, MA.
***
Conocí a Teresa Doval cuando a ella se le ocurrió estudiar cibernética en La Colina de la universidad de La Habana, lo cual siempre me pareció un disparate porque estaba claro que lo suyo eran las letras. Luego coincidimos en un taller literario que dirigía Osmande Lescayllers, que ahora me entero que está en Galicia y dándoselas de opositor. ¿Me dijiste…? Pero este post es sobre Teresita y no el francófilo. Después ella fue a parar a la facultad de lenguas y se convirtió en Tessy.

Desde el tiempo de los talleres me di cuenta de que Teresa tenía madera de escritora. Comprobé que no andaba errada cuando leí su novela Posesas de La Habana, que traza la tragediosa vida de tres mujeres y una niña en el medio de un apagón. Me hizo reír y llorar pues parece estar basada en su propia familia aunque con exageraciones. “Licencias literarias” dice ella.

No he conseguido todavía Muerte de un murciano en La Habana, novela que quedó finalista del premio Herralde en 2006, pero sí su libro de cuentos ¡Por culpa de Candela!. Y me llama la atención la presencia de Miami en este libro aunque su autora, que yo sepa, no ha pasado aquí más que unos pocos días.

La chica de “Cubanoteca”, una india zapoteca adoptada por exiliados cubanos, vive en Miami hasta que viaja a México y la detienen como illegal alien en la frontera. La estudiante de “Literatura femenina” (título demasiado insípido y casi pedante para un cuento tan bueno) conoce en Miami a un cubano apodado el Zángano, al que devuelve a la misma ciudad por impotente y tarreador. La niña de “Si a tu ventana llega una paloma” prefiere ir a La Habana en lugar de Miami, a buscar a su padre el ñángara. A Miami se va la marielita de “El tiempo hacia atrás”. Pienso que en el fondo Tessy debe estar penando por domiciliarse en esta ciudad.

Recomiendo el libro. También lo hace desde la contraportada Roberto Ampuero, autor chileno creador del detective Cayetano Brulé, quien compara a la autora con Cabrera Infante. Quizá se le fue un poco la mano en el elogio, pero los cuentos están bien escritos, divertidísimos la mayor parte, y se leen de una sentada. Ahora falta que la Dovalpage (¿de dónde habrá sacado esa page del apellido?) venga a Miami y escriba una novela sobre la ciudad.

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Pascual Serrano mete la pata y recapacita

Cuba es una dictadura.
¡Perdón! ¡Una dictablanda!
(Peor la pasan en Luanda).
Pregunténselo a Padura

o al ministro de cultura
(que no sabe lo que escribe).
A la islita del Caribe
que está desecha en pedazos
le envío un millón de abrazos…
Y en Haití, ¡qué mal se vive!
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Escena en la Tribuna Antiimperialista (fragmento)

¡A festejar los cincuenta!
¡Pelo suelto y carretera!
Y en el pecho una bandera
(la de verdad, la que cuenta,
¡la de la milla noventa!)
y el despelote en su punto
y el pueblo, en la rumba, junto
y el pan y el circo, ¡adelante!
¡Que se muera el Comandante!
¡Que viva Fidel (difunto)!
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De la transmutación del ave nacional en pájaro de mal agüero

Comandante-Tocororo
que habitas en la campiña
con tu barba ya lampiña
y tu falta de decoro,
no desoigas este coro
que improviso en la distancia
en repudio a tu arrogancia
y a tu estela sanguinaria
(más letal que la malaria,
peor que la nigromancia).
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Opiniones diversas recogidas al azar durante la comparecencia de Raúl Castro en el “Parlamento” cubano

—¡Hay que actuar con realismo!
—¡Hay que dejarse de brete!
—¡A éste hay que darle un tolete!
—Para salir del abismo…
—¡Y dar paso al consumismo!
—¡Hay que ajustar nuestros sueños!
—¿A él le gustan los trigueños?
—¡Y a celebrar los cincuenta!
—¿Pero éste no se da cuenta?
—¡Habrá que cambiar de dueños!
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Roberto Fernández Retamar alude a la censura en Cuba

Al parecer no existen transcripciones
que cuenten los sucesos del encuentro.
Fue el ojo del ciclón, ¡el epicentro!
De viva voz, muchas intervenciones

se escucharon en dichas reuniones
y aunque sólo se cita lo de «dentro
de la Revolución, todo», me centro
—ya no en las consabidas conclusiones

del Comandante, que marcó la pauta
y estableció lo que era bienvenido
en Palabras a los intelectuales

(y luego censuró hasta el pan de flauta)—,
me centro en este miedo que he sentido
¡desde que fusiló a los generales!

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Estampas habaneras (XI)

La Manzana de Gómez
Teresa Dovalpage

Me doy un salto para salir de Carlos III, porque ya debo tenerlos aburridos de pasearnos por la misma avenida tanto tiempo. Y del brinco que doy, caigo en La Manzana de Gómez, allá en La Habana Vieja. Allí pasé varios años a fines de los setenta, porque la secundaria donde estudié, la ESBUR José Antonio Echeverría y la farmacia donde trabajaba mi madre se encontraban en esa zona.

En La Manzana había una variedad de tiendas y tienditas insignificantes, ya sin vestigios del pasado esplendor que se le atribuye a esta construcción y todavía sin indicios de lo que debe ser ahora, en los tiempos post-dolarización. En algunos lugares he visto que la llaman “conjunto de galerías” así que me imagino que hasta el buche de café lo cobrarán en CUC. De los setenta y principios de los ochenta, recuerdo una tienda en la que vendían ropa sólo a quienes iban de viaje a los países del campo socialista —la venerable abuela de las actuales shoppings, vaya—. Mi madrina, cuando “le dieron” un viajecito a Alemania, se compró un espantoso traje sastre de color pulga que terminó por deshacer y convertir en camisas para su hijo. También había otra tienda de artículos de oficina y productos escolares y me parece recordar una de telas. Todo por la libreta, desde luego. (¿Había también una cafetería? Si alguien me refrescara la memoria…). Los locales, oscuros y desangelados, eran capaces de enfriarle los ánimos al más inveterado consumidor.

La cáscara de La Manzana abarca cuatro calles: Zulueta, Monserrate, San Rafael y Neptuno. Desde las ventanas de la secundaria se veía el Parque Central. Más de una vez, en lugar de atender a clases, me sorprendía mirando hacia los árboles y deseando…volar. En las meriendas comíamos mazarreales y en los baños se aprendía a fumar. Pero al menos, por los ventanales entraban a raudales luz, aire y sol. De la farmacia donde mi madre era la directora técnica tengo recuerdos menos luminosos. Para llegar al dispensario (allí quedaba su oficina) había que subir una escalerilla enroscada sobre sí misma como la de un castillo escocés. Pero esto es tema para otro post, o quizá para unas memorias, pues no es justo que descargue en ustedes mis ya casi olvidados traumas de adolescente.

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Retrato hiperrealista de una isla

Artista: Camila Ramírez Lobón; título: “Si de la sangre”;
serie: Epizootia; año: 2021; publicada en Hypermedia Magazine

La sangre decorando las murallas,
la sangre decorando las vidrieras,
la sangre decorando las pantallas,
la sangre decorando las aceras,

la sangre decorando las funciones,
la sangre decorando los festejos,
la sangre decorando las traiciones,
la sangre decorando los cortejos,

la sangre decorando las camisas,
la sangre decorando los museos,
la sangre decorando los portales,

la sangre decorando las cornisas,
la sangre decorando los trofeos,
la sangre decorando los murales.

***

Nota bene: Este poema aparece en Los culpables, una cuarentena larga de sonetos que escribí a raíz de la Primavera Negra de 2003. Desde el distante New Jersey, demando el cese de la represión contra artistas y activistas y el pueblo en general y que se garantice la libertad de expresión en Cuba.

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Notas al margen de la gloria

A quien pueda interesar:

He decidido tomarme un par de días de descanso de la vorágine del blog. Regresaré con el año nuevo, que traerá similares bríos. Mientras tanto y para despedir el que culmina, les dejo de regalo de fin de año “La gloria eres tú”, magistralmente interpretada por Alina Brouwer.

Ya que estamos, les deseo un feliz y próspero 2009.

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