Retrato cubista de una isla

La foto ha sido publicada en El País. Y supongo que todos los que la ven se quedan azorados con el elefante que, con pincel de brocha fina, se retrata a sí mismo o a alguno de sus congéneres. A mí también me saltan a la vista las dotes artísticas del paquidermo. Qué pulso, qué trazo, qué definición en la línea que apenas se interrumpe. Pero, ay, el punto de fuga en el que se pierde mi mirada es la cadena que le rodea el pescuezo al animal. Al margen de la evidencia, el elefante se percibe libre: la cadena no aparece reflejada en el retrato.

Esta no es una foto de Cuba, no. Pero me la recuerda inmensamente.

El pueblo cubano —ese pueblo “culto y libre de analfabetismo” del que tanto se jacta el régimen de la isla; ese pueblo al que enseñaron a leer para luego prohibirle los libros; ese pueblo que se debate entre el acto de repudio a los activistas de derechos humanos y la larga cola ante la embajada de cualquier país; ese pueblo que, muy a pesar de lo que reza su himno, vive “en afrenta y oprobio sumido”— es, entre otras tantas cosas, un animal encadenado que, en sus ratos de ocio, se hace el autorretrato.

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Despedida cariñosa a Mauricio Vicent, corresponsal de El País en Cuba

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Mauricio, qué desperdicio
de tinta y palabrería,
comedor de catibía,
te creías vitalicio
escudado en tu ejercicio
y en tu actitud vil y necia
—más vieja que Roma y Grecia—
de apañar a dictadores:
Cuba paga a los traidores,
pero también los desprecia.

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Barba por parroquias (retrato de dictador tropical)

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Érase un loco a una barba pegado.
Érase un dictador febril y añejo.
Su barba imberbe —gris, cual su cortejo—
diole fama de orate consumado.

Érase un barbudo al poder atado.
Su barba, sus fusiles y su dedo
—el índice— causaban odio y miedo.
Érase un mal abuelo trasnochado

haciendo trasnochar a los durmientes
al esconder jabón, pasta de dientes
y todos los productos del mercado.

Su barba en la televisión se exhibe
y añoran los que habitan el Caribe
meterlo en un sarcófago, afeitado.

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Megalomanía (o lo que es lo mismo: filosofía y cemento)

Reproduzco nota de mi amigo Rafael López Ramos, artista visual, escritor y artífice de Los lirios del jardín.

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Estimados amigos,

Me complace presentarles la primera edición limitada de mi obra Megalomanía, una de las pocas obras de los años 80 cuyo original pude rescatar, gracias a la ayuda de un amigo canadiense en el año 2000. Esta consiste de un album filatélico cuyas páginas fui llenando con recortes de titulares del diario Granma, (órgano oficial del PCC y el periódico de mayor circulación nacional en Cuba), en irónico análisis del estilo triunfalista y fuera de la realidad que caracteriza al periodismo oficialista en la isla.

La edición de estas 3 primeras imágenes de la serie es realizada por el estudio de Néstor Arenas con toda la calidad y garantías de conservación requeridas. Pueden ver las imágenes adjuntas y su ficha técnica es como sigue:

Rafael López-Ramos, Megalomanía, 1989-2011, impresión digital sobre cartulina, 24 x 16 pulgadas
(edición limitada de 50 ejemplares + 1 prueba de artista, numerados y firmados)

1- Megalomanía, pág. 16 – $ 100.00
2- Megalomanía, pág. 18 – $ 100.00
3- Megalomanía, pág. 19 – $ 100.00

Muchas gracias a todos.
Un abrazo,

Rafael

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Lo que Dayron Robles le quiso decir a Liu Xiang mientras corrían

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No te adelantes, mi chino,
que en los ciento diez con valla
te voy a dar tubo y raya,
o, con golpe clandestino,
te dejaré en el camino.
(Si el manotazo se nota,
me van quitar la cuota).
Tú te quitas, yo me pongo.
¡Songo le dio a Borondongo!
No me gusta la derrota.

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Retrato del “General-Presidente”

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Aquí ves al General
con su sombrero de guano,
su desdén por el cubano,
posando cual mayoral,
personificando el mal,
con su nieto favorito
con cara de huevo frito,
su heredero predilecto
que es tan pobre de intelecto
como su abuelo maldito.

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El mensaje

Si estás leyendo esto es solo porque gracias a los blogs, Twitter, Facebook, Google + (y llena el espacio en blanco con tu red social predilecta), todo el mundo y su tía ha pasado de consumidor a generador de contenido. No solo podemos elegir, basados en nuestros prejuicios y preferencias, de dónde vienen las noticias que alimentan nuestras opiniones y hacen que nuestra brújula moral siga apuntando al norte. También nos hemos convertido en proveedores de contenido, y lo lanzamos a los cuatro vientos para mejorar al mundo, ay, con nuestros pensamientos iluminados. Aun así, cuando la red de redes no basta, la gente saca su(s) mensaje(s) a la calle y se pasea con caracteres japoneses, chinos, coreanos, citas de El Libro o de sus escritores favoritos y cualquier idea concebida a medias en forma de tatuaje, ya sea en el vientre, el cuello, los tobillos, los hombros, los antebrazos…

Si nos bombardean constantemente con información es debido a la infinita necesidad de mantenerse relevantes y en nuestra mente tan innata a ambos humanos y corporaciones.

Ahí tenemos los “Snapple real facts” (cosas verídicas [presentadas por Snapple]) en el interior de las tapas de las ubicuas botellas de té helado en las que podemos aprender la velocidad del saque más rápido en tenis, la cantidad de veces que podemos doblar un papel hasta que ya no es posible volver a doblarlo, o el número de horas que puede volar un buitre sin batir las alas. La lista es de suma y sigue.

El día en que acepté la oferta de trabajo de la compañía que me emplea, lo celebramos con comida china. Como lo pide el rital, al final de la cena abrí mi galletita de la fortuna. Decía: “Your income will increase”, que traducido mal y pronto al español quedaría: “Tus ingresos aumentarán”. Nos reímos largo y tendido.

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Nos hemos acostumbrado —ese “nosotros” implícito te incluye— a leer lugares comunes en las galletitas de la fortuna, mientras esperamos el instante de abrir la esencial y más precisa de todas: “Estás leyendo una galletita de la fortuna”. Pero ha llegado un nuevo bailador al guateque que promete mantenernos en el filo de la navaja: Halls —el artífice de las pastillas para la garganta cuyas ventas probablemente se disparan en invierno— ha subido la parada. Ha incluido unas “palabras para levantar la moral” en cada uno de esos caramelos con sabor a miel y eucalipto.

Me molestó al principio. Pero creo que aprenderé a vivir con esta iniciativa. Después de todo, “Go get it!” no es una mala manera de comenzar el día. ¿Cómo se dice eso en el español de Iker Casillas? Supongo que así: ¡A por ello! Pero yo lo escucho en cubano: ¡ponte las pilas!, ¡pártele el brazo!, ¡métele mano, compadre!

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Desliz racista en “El País” mientras critica desliz racista en “Vogue”

El diario español El País, luego de comentar una nota con tono racista publicada en la web de la edición italiana de Vogue, se refiere al baloncestista negro Lebron James como un “jugador —de color— de la NBA”.

No relean el párrafo anterior. Escribí “negro”. Ah, el énfasis en “de color” es mío.

Aquí el pantallazo:

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Mourinho y el ojo del ciclón

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Mourinho que no se mete
con nadie, que es tan callado,
con vileza fue atacado
y se vio envuelto en un brete
al que hoy dan hilo y carrete
Juana, su hermana y andoba,
en la calle y en la alcoba…
Mourinho vive sin miedo:
no temió jamás su dedo
al ojo de Vilanova.

***
(Foto: El País).

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Adonis o el papelazo (un corto de acción en La Habana)

Se acaba de cumplir un sueño de toda la vida: uno de mis guiones fue llevado a las cámaras… ¡y en La Habana! Algún envidioso cuestionará qué vino primero, si el huevo o la gallina, pero no quiero perder tiempo en nimiedades.

El corto dura menos de treinta segundos. Aquí les dejo el libreto, seguido del clip. Recomiendo leer primero y ver el video después. Aunque supongo que también puede funcionar a la inversa.

***

Adonis o el papelazo

Locación: esquina habanera, preferiblemente la de Belascoaín y Neptuno. Cae la tarde.

Personajes:

Adonis: mulato, alto, de musculatura pronunciada y ojos claros mirados a trasluz, viste de blanco, camiseta ajustada y jeans. Su hombro derecho deja ver un tatuaje.

Julián: negro, alto, corpulento, lleva gorra blanca de medio lado, pantalones cortos y pulóver a rayas.

Adonis está parado en la esquina, con los brazos cruzados a la espalda, contemplando el panorama.

Julián (entrando a escena): Asere, ¿dónde venden ron aquí?

Adonis (sin inmutarse): ¿Ron? No, mi hermano, aquí no venden ron ni pinga, asere. Aquí no venden na’ de eso, compadre. ¿Oíste?

Julián, que no se espera la respuesta, sigue su camino.

Adonis mira con el rabo del ojo. Ve que Julián siguió andando y vuelve a la cantaleta.

Adonis: ¿Qué ron de qué pinga? Aquí no hay que buscar ron. (Sale de escena. En el fondo se ve a Julian alejarse de la acción. Adonis regresa a escena con un vaso de plástico y bebe. Continúa hablando. Mientras más se aleja Julián, más se envalentona Adonis, hasta el punto en que le da la espalda por completo). ¿Pinga ron de qué? ¡Ron esta pinga! ¿Qué pinga e’?

En el fondo del encuadre, el lenguaje corporal de Julián indica que está cambiando de parecer. Hasta que no lo piensa más. Se detiene. Vuelve sobre sus pasos. Adonis está de espaldas. Julián se acomoda la manga derecha del pulóver, que no hay que perder el estilo. Toma una carrerita de impulso. Al llegar a Adonis, le pega la bofetada del siglo. Adonis se desploma.

Risas de voz en off.

Fin.

***
Sin otro particular, les dejo Adonis o el papelazo:

¡Gracias a los actores!

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Esta tarde, en Radio Martí

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Hoy, a las 4:30 p.m. —hora de Miami, de Nueva York y de La Habana—, el escritor Michel Suárez me entrevistará para el programa
PERIODISMO PUNTO COM, que transmite Radio Martí, de lunes a viernes.

Tan pronto me envíen el clip de la entrevista, lo colgaré por acá, para los cuatro gatos que no pudieron escucharlo en vivo.

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Ah, esas palmeras murmurantes

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“La patria se reconcilia
con todos sus emigrados”,
dicen estos, inspirados
y pensando en la familia,
en el sueño y la vigilia.
Lo dicen en Guerrillero,
diario del Compañero
que los lanzó mar allende…
pues el regreso depende
del humor del carcelero.

***

(Foto: Santos Rodríguez).

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Papeles son papeles

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Una carta que envió
el aprendiz de asesino
al homicida argentino,
¡tremendo revuelo armó!
Formaron un titingó
por un tema no zanjado…
Queda visto y comprobado,
por fortuna y por desgracia,
que la vil gerontocracia
vive y muere en el pasado.

***

(Foto: Movimiento Hulahop, en Flickr).

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Paquito D’Rivera: Si tu teléfono no suena, ¡soy yo!

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En abril del año 1977, con Jimmy Carter en la Casa Blanca, procedente de los Estados Unidos el crucero Daphne, de gira por el Caribe, tocó puerto en La Habana. La prensa nacional, que solo habla de los supuestos logros del castrismo no publicó ni una letra del arribo de aquel barco enorme que traía a bordo, por primera vez desde 1959, un distinguido e impresionante grupo de músicos y periodistas norteamericanos. Años más tarde, mi amigo Arnold Jay Smith me contó que hasta Ry Cooder, quien sería productor del famoso “Buena Vista Social Club” venía con él a bordo. Yo me enteré porque Arturo Sandoval, que casualmente pasaba por allí, reconoció a Dizzy Gillespie saliendo del buque, lo convenció de que se montara con él en su destartalado Opel de los cincuenta y, después de pasearlo por las ruinas de aquella ciudad otrora vibrante y hermosa como pocas, se lo llevó para mi casa en Marianao, al extremo oeste del pueblo. Yo no estaba, así que me dejaron una nota en “Spanglish” escrita sobre una bolsa de papel, pegada a la puerta y firmada por el autor de “A Night in Tunisia”. Cuando llegué, por supuesto que no entendía nada, hasta que un oficial del Ministerio del Interior se personó en casa y ordenándome agarrar mi instrumento y montarme en su automóvil militar, sin más explicaciones me llevó a toda carrera al hotel Habana Libre (antiguo Hilton), donde me esperaba la sorpresa de mi vida; un session con algunos de los músicos que yo más había admirado desde mi niñez. Entre ellos: Stan Getz, Earl “Fatha” Hines, Rudy Rutheford, Rodney Jones, David Amram, Jon Ore, Mickey Rocker, Joan Brackeen, Ron McClure, y por supuesto Dizzy Gillespie, quien durante unos minutos que estuvimos charlando en una de las mesas, lo primero que me pregunta es: “¿Tú conoces a James Moody?”, y sin darme tiempo a contestar agregó: “Es la persona más dulce que existe en el mundo… ¡Y chistoso también!”. Una sonrisa tierna y traviesa a la vez se dibujó en los labios del legendario trompetista al mencionar a su amigo y compañero de tantos años. Obviamente el autor de “Moody’s Mood for Love” tenía un significado muy especial para él, que había tenido a su lado los más emblemáticos saxofonistas de la historia del Jazz, desde Coleman Hawkins, Don Byas y Charlie Parker hasta Sonny Rollins, Jimmy Heath, Phil Woods, Sonny Stitt y John Coltrane.

Aquel encuentro en mi país de origen marcó el inicio de una larga y fructífera relación, y una de las cosas que más agradezco a Dizzy fue la oportunidad de conocer y trabajar extensivamente con James Moody, un músico de primera línea, cuya mejor virtud fue nunca pensarlo dos veces para preguntar qué estaba haciendo mal, para así mejorarlo y ser de utilidad para el conjunto. Su deseo de superación era en él una característica poco común en artistas admirados y de larga y exitosa carrera. Su preocupación por tocar afinado, ampliar sus conocimientos armónicos, leer correctamente y frasear parejo con los demás es poco frecuente en un ambiente plagado de “superestrellas”, cuyos egos parecen estar por encima de la palabra “team-work”, y muchos parecen desconocer el término “unísono”.

Moody tuvo también una suerte muy merecida al encontrar a Linda, una mujer extraordinaria que supo cuidarlo hasta el final, entenderlo y sobretodo ser una buena amiga de sus muchos amigos, que llegamos a quererla tanto como lo quisimos a él mismo. Ella queda entre nosotros como parte integral del valioso legado musical y humano que él nos deja.

Acerca de su fino sentido del humor, Moody hacía gala de él, sobre todo en los momentos más críticos. Una vez, recuerdo que en medio de una gira europea, habíamos tenido un disgusto con uno de los músicos, que era muy problemático. Aunque no hay que entrar en detalles, la cosa se puso muy fea y hubo que deshacerse del revoltoso, que salió de allí como perro que tumbó la olla. La mala vibra salió a flote y la tensión se podía cortar con una tijera. Entonces Moody rompió el silencio recitando tragicómicamente mientras señalaba en la dirección por donde el hombre había salido: “Óyeme bien lo que te voy a decir, pendejo: si tu teléfono NO suena, ¡soy yo! ¿Ok?”.

Dizzy tenía razón: James Moody era muy chistoso también; y estoy seguro que él agradecería ser recordado con una sonrisa en los labios, tal y como era él.

Paquito D’Rivera
New York, Navidad del 2010

***
(Foto: Geandy Pavón).

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En el lar de la memoria

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a Teresa Dovalpage, que me dio el pie forzado; a Lucila Bejarano, que no la olvido

En el lar de la memoria
habita esta tía mía.
Ella, que no poseía
otra cosa que su historia,
vive por siempre en la gloria
—en la gloria nebulosa,
arbitraria y azarosa—
que el recuerdo le depara.
La evoco, y vuelve su cara:
jovial, amable, jocosa.

***

(Foto: Santos Rodríguez).

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