El mensaje

Si estás leyendo esto es solo porque gracias a los blogs, Twitter, Facebook, Google + (y llena el espacio en blanco con tu red social predilecta), todo el mundo y su tía ha pasado de consumidor a generador de contenido. No solo podemos elegir, basados en nuestros prejuicios y preferencias, de dónde vienen las noticias que alimentan nuestras opiniones y hacen que nuestra brújula moral siga apuntando al norte. También nos hemos convertido en proveedores de contenido, y lo lanzamos a los cuatro vientos para mejorar al mundo, ay, con nuestros pensamientos iluminados. Aun así, cuando la red de redes no basta, la gente saca su(s) mensaje(s) a la calle y se pasea con caracteres japoneses, chinos, coreanos, citas de El Libro o de sus escritores favoritos y cualquier idea concebida a medias en forma de tatuaje, ya sea en el vientre, el cuello, los tobillos, los hombros, los antebrazos…

Si nos bombardean constantemente con información es debido a la infinita necesidad de mantenerse relevantes y en nuestra mente tan innata a ambos humanos y corporaciones.

Ahí tenemos los “Snapple real facts” (cosas verídicas [presentadas por Snapple]) en el interior de las tapas de las ubicuas botellas de té helado en las que podemos aprender la velocidad del saque más rápido en tenis, la cantidad de veces que podemos doblar un papel hasta que ya no es posible volver a doblarlo, o el número de horas que puede volar un buitre sin batir las alas. La lista es de suma y sigue.

El día en que acepté la oferta de trabajo de la compañía que me emplea, lo celebramos con comida china. Como lo pide el rital, al final de la cena abrí mi galletita de la fortuna. Decía: “Your income will increase”, que traducido mal y pronto al español quedaría: “Tus ingresos aumentarán”. Nos reímos largo y tendido.

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Nos hemos acostumbrado —ese “nosotros” implícito te incluye— a leer lugares comunes en las galletitas de la fortuna, mientras esperamos el instante de abrir la esencial y más precisa de todas: “Estás leyendo una galletita de la fortuna”. Pero ha llegado un nuevo bailador al guateque que promete mantenernos en el filo de la navaja: Halls —el artífice de las pastillas para la garganta cuyas ventas probablemente se disparan en invierno— ha subido la parada. Ha incluido unas “palabras para levantar la moral” en cada uno de esos caramelos con sabor a miel y eucalipto.

Me molestó al principio. Pero creo que aprenderé a vivir con esta iniciativa. Después de todo, “Go get it!” no es una mala manera de comenzar el día. ¿Cómo se dice eso en el español de Iker Casillas? Supongo que así: ¡A por ello! Pero yo lo escucho en cubano: ¡ponte las pilas!, ¡pártele el brazo!, ¡métele mano, compadre!

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Acerca de Alexis Romay

Pienso, luego escribo.
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Una respuesta a El mensaje

  1. Mary Yamro dijo:

    Muy acertado comentario

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