Esquina con primavera rota (VIII)

La catedral dormida y solitaria,
los parques que ya nunca visitamos,
la inmediatez del mar y sus reclamos,
la sed de sol, la fuga necesaria,

las tardes absolutas y brillantes
y aquella sensación de desconcierto
ante la imagen movida del puerto
las tribunas y los altoparlantes,

los barrios marginales y desnudos,
la soledad de cualquier condenado
por los verdugos de nuestra ignorancia

y el pretexto del filo en los escudos:

los recuerdos hoy se han encabritado
con el olor sereno de la infancia.

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Cumplió Guantánamo plan de acopio de café

La cosecha de café de la provincia oriental aparece en primera plana del diario Granma, hoy, 20 de enero de 2008, día de la toma presidencial de Barack H. Obama.

Oyentes y dolientes: huelgan los comentarios.

H/T: Penúltimos días.

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Crónica deportiva cubana

Transcribo un texto de Ángel Savón.

***

Castro I logra el bronce; Oro para Ramsés II

En la cita olímpica mundial de tiranos y dictadores con más tiempo en el poder nuestro representante Castro I logró una valiosa medalla de bronce
fruto del entrenamiento y el esfuerzo dando “jan” a su empobrecido pueblo— por su marca de 50 años flat, rompiendo el récord latinoamericano de 31 al dominicano Rafaelito Trujillo, vigente desde 1961.

(Castro I sube al podio a recibir su medalla).

La medalla de plata correspondió a Luisito Catorce –que se reafirmó como monarca europeo–, por sus 54 años jodiéndole la vida a los demás. Al conocer de su triunfo, recorrió la pista saludando al público con pasos de ballet y soltando plumas al viento.

(Luisito Catorce, medalla de plata olímpica).

Como se esperaba, el oro para Ramsés II, por sus 66 años haciendo guerras e hijos, además de lanzar disidentes a los cocodrilos del Nilo. Su gran mérito se refuerza teniendo en cuenta que en su tiempo (1250 A.C) el promedio de vida era de 10 años, y alcanzó a vivir 90 para lograr su record mundial. Esto reafirma la tesis que el Poder Absoluto, además de corromper absolutamente, nos hace vivir una larga y sabrosona vida.

(Ramsés II, ganador absoluto).

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Rimas para festejar el Suceso

Si está vivo, que se muera.
Si está muerto, que se joda.
Que lo celebre el rapsoda.
Que ría la jinetera.
Que se forme el salpafuera.
Que lo cante el cirujano.
Que la muerte del tirano
es motivo de festejo.
Que sea polvo y pellejo:
¡patrimonio del gusano!

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La esperanza y la expectativa


La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, hace declaraciones respecto a la dictadura cubana. Se puede decir más alto, pero no más claro.

H/T: Encuentro en la red.

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Ramonerías

Para que empiecen el fin de semana con el pie derecho y una sonrisa de oreja a oreja, aquí les dejo enlace a la más reciente columna de Ramón Fernández-Larrea en MSN Latino, así como una auto entrevista que se hace el escritor y de la cual transcribo un botón de muestra:

«Mis padres querían tener un hijo. Yo también quería tener padres. Al final nos pusimos de acuerdo (…)».

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Estampas habaneras (XIII)

El Parque Trillo
Teresa Dovalpage

Dicen que se llama Quintín Banderas y en efecto, hay una estatua de éste en el centro del parque. Pero lo más sobresaliente del lugar son la ceiba, junto a la cual la gente deja ofrendas amarradas con lazos rojos; las farolas pintadas de verde botella y el fantasma de aquel Pato Macho al que liquidaron allí, según una vieja canción que le gustaba tararear a mi abuela:

“Por culpa de la chaucha
mataron a Pato Macho.
Dicen que estaba en el parque
jugando con los muchachos”.

Su espíritu, de guayabera y zapatos de dos tonos, suele pasearse por entre los árboles, según los vecinos. Preferiblemente por la esquina que da a Aramburu.

Yo nunca me lo tropecé. Pero eso sí, en una casa frente al Parque Trillo tuve mi primer encuentro con un representante en la tierra (así se decía él) de los orishas. Era un santero a quien llamaban hermano Miguelito y que me sirvió, detalles más, detalles menos, de modelo para mi personaje Teófilo. Lo visité una tarde, instigada por una amiga del barrio que juraba que Miguelito era lo máximo —le había hecho regresar un novio desaparecido gracias a un atadito de pendejos con miel—. Otro día hablaré de esto.

El hermano Miguelito —en camiseta rosada, con argollas de oro en las orejas antes de que se usara que los hombres las lucieran y un short de florecitas— nos recibió amabilísimo: “Luz y progreso, hermanas. Adelante”.

Con mis dieciocho años de niña bitonga, yo no tenía problema alguno pendiente de resolución. Pero como me parecía desairado no decir algo con enjundia le puse una carita muy compungida, apenas nos quedamos solos, y le dije que tenía que ayudarme a encaminar mi vida.

Miguelito recomendó un trabajo viramundo. Ello consistía en llevarle un gallo, una botella de ron, una pucha de flores blancas y no me acuerdo qué otras cosas más. Luego tiró unos pedazos de corteza de coco en el suelo, los observó y me dijo:

—Veo viaje en tu futuro, hermana. Por ahí van los tiros. Viaje y matrimonio pa’ ti.

Tendrían que pasar once abriles para que las palabras de Miguelito se materializaran, pero aquella tarde, cuando salimos al sol y a la bulla perenne del Parque Trillo, le dije a mi socita:

—No te preocupes, que cuando me vaya yo te mando a buscar.

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Réquiem por la décimoquinta letra (…), una consonante nasal palatal

Transcribo un texto de Miguel Correa Mujica.
***
Esta manana, mientras comía una cana en una canada al sur de Vinales, un nandú panameno y unas aranas danaron el mono a una nina de cinco anos. La nina que no era nona dijo «¡Cono! Yo tengo mi mono tenido de anil». Una senora, nata y de pequeno tamano, y un ná
nigo que pasaba, al ver que la nina tenía ya con cinco anos, tina, le regalaron carinosamente dos pinas.

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Réquiem por la décimoquinta letra (…), una consonante nasal palatal

Transcribo un texto de Miguel Correa Mujica.
***
Esta manana, mientras comía una cana en una canada al sur de Vinales, un nandú panameno y unas aranas danaron el mono a una nina de cinco anos. La nina que no era nona dijo «¡Cono! Yo tengo mi mono tenido de anil». Una senora, nata y de pequeno tamano, y un ná
nigo que pasaba, al ver que la nina tenía ya con cinco anos, tina, le regalaron carinosamente dos pinas.

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La noticia

Los rumores de la muerte de Fidel Castro crecen y crecen y el público expectante —no hay que olvidar que el castrismo ha sido un espectáculo largo y sin interrupciones, un show que no por aburrido y predecible ha dejado de ser sangriento— se cuestiona la veracidad del murmullo ensordecedor y se pregunta para cuándo la próxima puesta en escena, la caída del telón, el season finale, la despedida histriónica de la Gran Diva. Todos —tanto en la isla, como en sus múltiples provincias del exilio— siempre hemos querido un palco desde el cual contemplar —y lanzarle la póstuma trompetilla— al féretro. ¡Y ya casi se nos presenta la oportunidad! ¡Qué emoción! «Showtime! Señoras y señores. Ladies and gentlemen. Muy buenas noches, damas y caballeros, tengan todos ustedes». (Cabrera Infante dixit).

Admito que hasta ahora he sido escéptico y he tirado a relajo lo relativo a la muerte de ese señor que a golpe de pistola y porrazo se hizo con el destino de mi tierra y la llevó a su más deplorable estado, pero hoy se me dificulta mucho no hacerme eco de la sospecha de que el cadáver ya se descompone. ¿En qué me baso?, preguntarán los incrédulos. Quisiera responder: «en la intuición», pero el razonamiento tiene más de lógica que de vaticinio: Castro I ha manipulado a su antojo la opinión pública internacional —ya, por fin, por desgracia, podemos decir que— durante medio siglo. (Tal es así que los chistosos aún especulan que si Napoleón hubiera tenido los órganos de prensa del dictador cubano, nadie se habría enterado de su derrota en Waterloo).

Pocas veces se manifestaron tan cabalmente sus dotes de titiritero como en la llamada Primavera Negra de 2003, fecha en que el régimen de La Habana desató una razzia en contra de la oposición pacífica cubana. En horas de la madrugada del 18 de marzo, mientras caían las primeras bombas en Iraq, a lo largo y estrecho de la isla, 79 disidentes fueron arrestados bajo cargos que —de no ser por las injustas condenas que conllevaron y que actualmente aún cumple la mayoría— serían considerados risibles por cualquier persona con dos dedos de frente. En aquella ocasión, Castro usó el incipiente conflicto bélico como cortina de humo tras la cual ocultar sus desmanes. Pero el hombre no siempre se esconde tras la noticia. A veces —por desgracia, casi siempre— prefiere el primer plano.

Convencido de la muerte de Fidel Castro, sólo me queda especular sobre cuándo se hará pública, oh, la madre de todas las noticias. Ya cumplido el sueño de irse a la tumba habiendo sobrevivido al cincuentenario de su arribo al poder, no habrá que llamar a expertos en numerología ni a ningún avezado politólogo para que nos expliquen que sólo existe una fecha posible para anunciar que —agotado el socialismo que preconizaba su redundante lema— al dictador no le quedó más remedio que optar por la muerte. Se equivocan quienes subestiman los delirios de grandeza del susodicho. Él se sabe el ombligo del mundo. Y para demostrarlo, hará todo lo posible por robarle cámara al primer presidente negro que llega a la Oficina Oval de la Casa Blanca. ¡Qué es eso de un negro en primera plana! (Con lo racista que siempre ha sido el Comandante). El día en que todos los diarios del mundo deberán dedicar su portada a la inauguración presidencial de Barack H. Obama, Fidel Castro —su osamenta— querrá competir con este acontecimiento.

Que lo compre quien no lo conozca, Comandante. Desde mi modesto blog, anticipando su movida, le boicoteo la sorpresa.
***
Alexis Romay
Nueva Jersey
Publicado en Cuba, El Innombrable, La muerte de Narciso, Prensa | 13 comentarios

¡Somos un mismo pueblo!

Reproduzco un texto que Ángel Savón —uno de los lectores habituales de Belascoaín y Neptuno— me envió, precedido por la siguiente nota:

Estimado Alexis:

Hace días presentaste un post con la foto de la celebración en el malecón de La Habana del cincuentenario de la revolución. Se me ocurrió que podemos demostrar que el “pueblo de allá” es “igual al de aquí” —salvando las diferencias materiales— casi sin texto, sólo con evidencia fotográfica.
***

Nadie trate de dividir al pueblo cubano de las dos orillas. Somos uno, iguales, con la misma cultura, la misma educación, los mismos deseos.


En la tribuna antiimperialista del malecón, celebrando el 50 Aniversario del triunfo de la revolución.


En la tribuna anticastrista de la Calle 8. Celebrando la supuesta muerte del tirano.

Publicado en Cuba, El Innombrable, Exilio, Insilio, La muerte de Narciso | 3 comentarios

Dos cuentos de Teresa Dovalpage

Aquí y aquí. ¡Buen provecho!

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Hugo Chávez siente nostalgia por el Fantasma en Jefe

«Sé que el Fidel impaciente
que recorría las calles,
las llanuras y los valles
—¡y que asustaba a la gente!—
tan solo existe en mi mente
(que es la mente del idiota,
que convierte la derrota
en un logro inalcanzable).
¡Adiós, espectro innombrable!
¡Ya no darás más la nota!».

____
Imagen: obra de Eugenio Merino.

Publicado en Cuba, Cubazuela, Heredero en Jefe©, La muerte de Narciso, Una décima (a)parte | 2 comentarios

El Che que le gusta a Steven Soderbergh

En entrevista concedida al diario Le Figaro, el director norteamericano declara:
À la Cabana, à La Havane, le Che devient un bureaucrate qui signe des arrêts de mort. Ce personnage-là ne m’intéresse pas.

En [la prisión de] La Cabaña, en La Habana, el Che se convirtió en un burócrata que firmaba sentencias de muerte. Ese personaje no me interesa.

Publicado en Che(aldad), Cuba, Séptimo arte | 4 comentarios

Injusticias en la(s) ciudad(es) del sol

El viernes salimos a cenar con los padres de mi ahijada, quienes a su vez habían invitado a una pareja de sudafricanos. El rapor con los recién conocidos fue instantáneo, como también lo fue mi constatación de que en casi una década de vida en Estados Unidos nunca se me había presentado la oportunidad de intercambiar largo y tendido con nativos del país que acuñó el término “apartheid”, concepto que alcanzó su nefasto esplendor en mi tierra natal.

El tema Cuba hizo su entrada antes del plato fuerte. Con pincel de brocha gorda les dibujé la macabra realidad de la isla. Los sudafricanos no salían de su sorpresa. Aquello de que a la población cubana no le estaba permitido tener negocios propios o entrar a hoteles, establecimientos, playas y lugares destinados exclusivamente al turismo extranjero les era penosamente familiar. Casi no podían dar crédito a lo que les contaba. ¿Cómo era posible que tal cosa pasara en Cuba y que ellos nunca hubieran escuchado nada al respecto?

Mi respuesta, no por baladí es menos cierta: porque en Sudáfrica, en su momento, un grupo que se autodenominó United Artists Against Apartheid (artistas unidos contra el apartheid) hizo pública su condena y determinó no cantar en la Ciudad del Sol mientras estuviera en pie el régimen imperante. Sin embargo, en Cuba, con iguales restricciones al pueblo, Ry Cooder se las agenció para enlatar la nostalgia por la miseria ajena.

Ay, ¿cuándo alguno de estos seres que antaño cantaban contra la injusticia se dignará a condenar el apartheid que aun subsiste en la ciudad de las columnas?

Publicado en Cuba, Música, Represión | 3 comentarios