En un barrio llamado Los Hoyos

Reproduzco una viñeta de Con una canción cubana en mi corazón, libro (inédito) de Iván Acosta.

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En un barrio llamado Los Hoyos, en la ciudad de Santiago de Cuba, apenas unos meses antes de que el mundo se estremeciera con la primera bomba atómica, mi abuela Mercedes se vio obligada a concentrar sus energías en algo mucho más inmediato: el nacimiento de su nieto Iván Mariano. Fue en sus manos que vine al mundo aquel 17 de noviembre de 1943.  Los viejos mambises, veteranos del ejército que libró la Guerra de Independencia, solían decir que Santiago era el lugar de Cuba “donde tiembla la tierra y los hombres se quedan parados”. El mito perdura. Desde que tuve uso de razón crecí oyendo el repiquetear de los tambores. Al doblar de mi casa, en el entronque de las calles San Antonio y Moncada, mismito enfrente de la vieja casona de Cacha, mi otra abuela, se reunía a ensayar La Carabalí, un tradicional grupo folclórico compuesto por hombres y mujeres, descendientes directos de esclavos africanos. Yo tendría ocho años cuando Porfirio, el director de La Carabalí, me dejó tocar por primera vez un maracón, instrumento parecido al chekeré que a mí, en aquel entonces, me parecía algo gigantesco. En Los Hoyos se originó la conga más famosa de Cuba. La Conga de Los Hoyos atraía a miles de personas en época de carnaval, gente local y de toda Cuba que venía a Santiago a arrollar detrás de los cuarenta percusionistas de la Conga cuyo toque de tambores de origen africanos se oía por varios kilómetros a la redonda. Los artesanos del pueblo hacían aquellos tambores, con maderas del monte y cuero de chivo, y en cada cuadra también se confeccionaban los espectaculares trajes que llevaban los miembros de la comparsa. Al frente de la comparsa y montado en un hermoso caballo blanco, iba un hombre de piel muy oscura, con una inmensa corona rudimentaria sobre la cabeza. De sus hombros se desplegaba una esplendorosa capa de seda con la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba.

Yo recuerdo todo aquello como si hubiera sido ayer. Aquella larguísima capa llegaba hasta las patas traseras del animal, y estaba magistralmente bordada de lentejuelas y bombillitos de colores. Con orgullo, el jinete guiaba la conga mientras soplaba su brillante y ruidosa cornetica china. Detrás de él, una marea de gente, hombres y mujeres, de todas las edades, razas, clases e ideas políticas, le daba la vuelta a Santiago arrollando, chancleteando y cantando, como poseída por el contagioso ritmo de aquella música, o por los efectos del ron, del mofuco y del pru oriental.

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Exhibición personal de Alejandro López

17 Frost Alejandro L El artista cubano mostrará parte de su más reciente trabajo gráfico que forma parte de su proyecto “Habana en Alta y Baja FIDELidad”.

Además de esta obra gráfica, López presentará un performance en vivo que lleva como título “Bacalao sin Pan”, y en el cual estará acompañado por el baterista Alex García y el guitarrista Javier Hernández Millares. El performance hará uso de una proyección de video a escala escénica.

La recepción de inauguración de esta muestra tendrá lugar el sábado 3 de octubre, de 6:00 a 10:00 pm. Además de lo ya anunciado, las agrupaciones musicales Afromantra y Sine Parade tocarán durante la inauguración.

“17 Frost Art Space” está ubicado en 17 Frost Street, Williamsburg, Brooklyn.

Para más información sobre “Habana en Alta y Baja FIDELidad”, consulte la página web de Alejandro López.

Si desea recibir un documento (en inglés) en formato PDF con más detalles sobre la exhibición, escriba a info@alejlopez.com.

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Epitafio urgente para Cintio Vitier

¿Quién falleció esta mañana?
¿A quién espera el Averno?
¿Al señor que en su cuaderno
de notas, allá en La Habana,
ejercitaba la sana
maña de la poesía?
¿O al creyente que creía
en la sentencia de muerte
y en la república inerte,
trémula, sola y vacía?

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Acuse de recibo

cheerful-monkey

Acabo de recibir en mi correo un enlace a este perfecto ejemplo de cómo jugar con la cadena sin meterse con el mono.

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Gorki en NYU

Las fotos que siguen son cortesía de Jorge I. Domínguez, en cuyo blog pueden leer una excelente crónica de la presentación de Gorki en NYU.

Enrique del Risco

Gorki en NYU (2)

Gorki en NYU

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Muerte de un murciano en La Habana (fragmento)

Muerte de un murciano en La Habana 1Mi querida Teresa Dovalpage está de cumpleañera. Lo celebro, en la distancia, publicando un fragmento de su Muerte de un murciano en La Habana, desopilante novela que resultara finalista al prestigioso Premio Herralde.

***

El avión de Iberia se detuvo con un estrepitoso estornudo de sus motores. Los pasajeros dejaron escapar el suspiro de alivio que hasta los trotamundos más traqueteados sueltan cuando termina de una buena vez la operación de aterrizaje. La voz de la aeromoza anunció que se podían desabrochar los cinturones de seguridad. Un español joven, de carita bermeja e imberbe y pelo azafranado, comentó en voz alta:

—Los cinturones de castidad, guapa, que el noventa por ciento de los tíos venimos a Cuba a follar.

Su compañero de asiento le lanzó una mirada de desprecio. Se llamaba Pío Ponce de León y era natural de Murcia. Tendría unos sesenta años bien vividos y aspecto simpático, con su pelo canoso y su barbita cuidada. Hay vejetes con caras de sátiros y de camajanes, pero aquel señor tenía tal tipo de patriarca viejotestamentero que se podía adornar un altar barroco con él. Se daba un aire al Retrato de Juan Martínez Montañés pintado por Velázquez, aunque sin bigotazos.

Al fin abandonaron la cabina, olorosa a goma de mascar, a café y a alientos acumulados durante nueve horas de viaje contra las manecillas del reloj. Pío, cargando su maleta de cuero y arreglándose la solapa, salió a la claridad de la tarde cubana. El aire tibio y húmedo lo envolvió como una secreción vaginal.

—Hala, ahora ¡a luchar con la burocracia! —comentó el rubio de los cinturones de castidad—. Veréis que llegamos a la Aduana y nos tienen tres horas de plantón.
—Para al final decirnos que debemos pagar un impuesto extra si queremos que nos dejen entrar —añadió otro pasajero.

Pío se les adelantó. Había oído suficiente sobre la falta de seriedad de los cubanos, pero contaba con que al menos uno de los subgerentes de Águila y Compañía, la empresa que venía a dirigir, estuviera esperándolo. En Madrid le advirtieron varias almas caritativas que evitase por todos los medios tomar un taxi en el aeropuerto de La Habana.

Su llegada coincidió, por malandanzas del azar, con la de un vuelo de Miami. Pío pasó cincuenta minutos en la fila de Aduana haciendo una sarta de comentarios mentales, soeces los más, sobre la isla cuyo suelo pisaba por primera vez.

Afuera lo esperaban no uno, sino dos subgerentes. Porque en Cuba, cuando hay que ir a buscar a alguien al aeropuerto, todo el mundo se pega. A ver si se le pega algo. Incluso van los que no tienen necesidades apremiantes, como es el caso de quienes trabajan para corporaciones extranjeras y cobran siquiera una miajita en dólares.

Iván Claro y José Trinquete, empleados cubanos de Águila y Compañía, observaban desde la sala de espera a los pasajeros que salían de las oficinas de Aduana con aire de sonámbulos.

—Hay que tratar bien al tipango —comentaba Trinquete—, para que, si nota algo que no cuadre, no vaya a dar el chivatazo. Los mexicanos dicen que no se le va una con la contabilidad.

—No cojas lucha. Aquí descontabilizamos hasta a Einstein resucitado.

Una extranjera alta con un short cortísimo y una mochila enorme pasó junto a ellos. Iván Claro silbó admirativo y se quedó mirándola. La mujer le soltó una barbaridad en su idioma.

—Cuidado, mi hermano —le advirtió Trinquete con aire de cosmopolita—. ¿Tú no sabes que eso allá fuera se llama acoso sexual y es un delito?
—¿Qué acoso ni ocho cuartos? Ésa viene a Cuba buscando tranca, como todas las extranjeras. Con la fama que tenemos los Latin lovers… Es que la muy sanguangua no se dio cuenta de que le estaba dando la bienvenida.
—Por cierto, debimos haber traído una pancarta: A Pío, de la rama cubana de Águila y Compañía. Y muy especialmente, de Iván Claro y de José Trinquete.
—No seas tan lamepatas, tú.

 
Pío caminaba apresurado tras una mujer, pasajera del vuelo floridense, cuyas enormes posaderas se movían con la regularidad de un metrónomo bajo su falda a cuadros amarillos y blancos. El español había visto traseros grandes en su vida pero aquél era otra cosa. Superlativo. Colosal.

La fondillona había tenido que pagar un sobrepeso de quinientos dólares en la Aduana y empujaba trabajosamente un carrito con cuatro maletas llenas hasta los topes. Al doblar una esquina, las ruedas delanteras del carrito tropezaron con un desnivel del suelo. La mujer no se fue de boca contra los mosaicos sucios porque Pío se apresuró a sostenerla.

—¡Ay, carijo! ¡Gracias! Si no es por usted, me destarro.

Pío iba a seguir su camino cuando notó que algo redondo se desprendía de aquel trasero exuberante. Se le acercó y dejó escapar un grito:
—¡Señora, una cabeza!

Una cabeza, sí. Con pelo largo y rojo, como aureolada de sangre. El murciano se quedó inmóvil, sin atreverse a tocarla. Rápida, la fondillona la recogió y la embutió en una maleta.

—Oiga, no se asuste. Es una peluca que le traigo a mi hermana. Me la escondí en el blúmer para que los aduaneros no me hicieran pagarla al doble de lo que vale y saliera más caro el collar que el perro. Usted está buscando la salida, ¿verdad? —agregó, al notar el susto que no se le borraba a Pío de la cara—. Venga conmigo, que yo vengo todos los años y sé hasta dónde el jején puso el huevo en este aeropuerto José Martí.

—¡Ahí viene! —saltó Trinquete—. Ya le toca el turno… Ya le van a estampar el pasaporte. Oye, qué avejentado luce. Cuando lo conocí en la junta de Cancún era otra cosa. Hasta se está quedando calvo.
—Los años no pasan por gusto, compadre. Al que no le cae el  pelo, se le cae el palo.
—Pero fíjate en el traje. Un Armani legítimo.
—Coñó.

Los brazos de los subgerentes cayeron sobre Pío como tentáculos amistosos, estorbándole la respiración. Los dos lo palmeaban eufóricos, hablándole al mismo tiempo y sin darle un segundo para contestar:

—¿No se acuerda de mí, Pío? Soy José Trinquete, hombre. Secretario de ventas. Nos conocimos en la convención de Cancún, en el noventa y seis.
—Y yo soy Iván Claro, para servirle.
—Lo invito a cenar a La Divina Pastora, el mejor restaurante de La Habana, en cuanto salgamos de aquí. Picadillo, arroz, frijoles negros, cervecitas Hatuey… A lo cubano, eh.
—¿Me permite cargarle la maleta?
—Pero usted está igualito, mi amigo. ¡Los años no lo tocan!

El coche de la empresa, un Nissan gris, se deslizaba por La Rampa. Al pasar por el parquecito de la calle 23, donde se ponen los artesanos a vender artefactos de subido color local, Pío asomó la cabeza por la ventanilla —el aire acondicionado no funcionaba— y preguntó:

—¿Y aquí qué hay? ¿Una feria?
—Más o menos. La gente se para ahí todos los sábados a vender porquerías: peinetas de carey, cocos pintados, camisetas con la cara del Che, negritas…
—¿Negritas? —se asombró el murciano—. ¿Chicas… de color?

Los cubiches soltaron la carcajada:

—No, mi socio —lo ilustró Trinquete, campechano—. Muñequitas. De trapo, ¿entiendes?
—Las de carne y hueso tienes que ir a buscarlas por el Malecón —puntualizó Iván Claro.
—A cincuenta la noche —agregó Trinquete—. Pero te puedo llamar a unas muchachitas ahí, de absoluta confianza y que te hacen de todo. Yo conozco a una mulata tetona que baila en Tropicana y que…

Pío hizo una mueca de disgusto.

—Gracias, pero no es necesario —contestó con la mayor sequedad posible—. Y si no os es molestia, prefiero que me dejéis en el hotel. Estoy demasiado cansado para ir a cenar, ¿vale?

Siguieron viajando en silencio.

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El Águila ha aterrizado: crónica de la presentación de Gorki en NYU

—¿Por dónde andas?
—Estoy a par de cuadras.
—Te espero a la entrada.

Al otro lado del teléfono estaba mi amigo Enrique del Risco —quien organizó la presentación de Gorki Águila en la Universidad de New York (NYU)—, la entrada era el King Juan Carlos I Center y yo iba tarde. Eran las siete de la noche y el tráfico neoyorquino, otra vez, me había jugado una mala pasada. A las cinco de la tarde, el propio Enrique me había llamado para preguntarme si podía llevar el amplificador de mi guitarra. «Oká», le respondí y salí como un bólido.

Luego de entregarle el equipo, di un par de vueltas a la manzana buscando dónde dejar el carro. Sin éxito ni novedad en el frente, opté por jugarme la multa y lo estacioné justo delante de la institución y bajo un cartel que prohibía hacer paradas temporales, sin excusa ni pretexto. (Quiso la alineación de ciertos planetas que los policías optaran por dejármela pasar).

No me pregunten qué tal quedó la charla. Supongo que bien. (Durante el resto de la velada tuve sobradas ocasiones de comprobar lo buen conversador que es Gorki). Entré al auditorio en el momento en que el líder de Porno Para Ricardo terminaba de ajustar el sonido del amplificador que Enrique le entregara minutos antes. En la encrucijada de tomar fotos o grabar el mini concierto, me fui por esta última. Gorki tocó dos canciones, pero sólo me dio tiempo a grabar la segunda, “El General”, cuyo estribillo coreamos gustosamente desde el público:

“Raúl, Raúl, tira los tanques.
Raúl, Raúl, ¡para que el pueblo se levante!”.

Hablando de público: me agradó muchísimo ver tantas caras nuevas y otras tantas conocidas y comprobar la diversidad de estratos representados en la audiencia. Había pintores, músicos —en mi grabación se escucha una broma que hace el inigualable Paquito D’Rivera—, escritores, estudiantes universitarios, bloggers, doctores —desde una patóloga hasta varios catedráticos en literatura—, periodistas, ejecutivos de medios de comunicación y de empresas financieras, locutores de radio y radioescuchas, ex frikis y frikis de toda la vida, camareros y camareras, una ganadora del premio Pulitzer, actores y actrices, ex presos políticos, emigrantes económicos, jóvenes, medios tiempos, señoras y señores de cierta edad, gente que peinaba canas y gente que aun no se ha dado la primera afeitada, blancos, colorcitos cartucho, negros… ¡todo mezclado!

Al concluir “El General”, Gorki firmó autógrafos mientras los discos y pulóveres de PPR se vendían y agotaban más rápido que el alcohol en casa del borracho. Compré par de CDs —no se embullen que el segundo es para N. B., que cumplió años la semana pasada—. (Por cierto, en lo que esperaba a que el Porno Punk me garabateara algo en la carátula de su “Disco Rojo Desteñido” —y para mi absoluta alegría—, se me acercaron varios asiduos de Belascoaín y Neptuno y tiramos una charlita breve y con swing. Fin del comercial).

Gorki Águila en NYUPasó el tiempo y pasó Águila a un salón aparte para ser entrevistado por dos periodistas. Al rato, nos sumaríamos a la entrevista —que entonces devino conversatorio abierto— Geandy Pavón, Enrique del Risco, Juan C. García, Ada Baisre y el mismo que viste y calza.

De ahí, este piquete de cuidado salió a cenar a un restaurante que recomiendo con gran entusiasmo, no sólo por llamarse “Cuba”, sino porque la comida es deliciosa; el ambiente, ideal; el trato, inigualable. (Si se deciden a ir, pregunten por Sergio y díganle que van de parte mía).

Después de hablar de lo humano y lo divino y luego de haber comido y bebido como los dioses sugieren, ronco, agotado, con la barriga llena y el corazón contento, me despedí de Gorki como si nos conociéramos de toda la vida; como si tuviera la certeza de que ésta fue sólo la primera de muchas veladas por venir.

***

Y ahora, para pecar de buena gente, les dejo mi grabación de “El General”.

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Sectarismo democrático

Granma, el Órgano Oficial
anunciando propaganda,
y el Partido es una banda
sin principios ni moral.
En Montreal lo regalan
frente a las puertas del Metro
unos tipejos tan retro
que ni lo dientes se lavan.
Y gritan los muy canallas:
¡El diario de Fidel!
¡Hoy damos junto con él
cuatro copias de Atalaya!

***

César Reynel Aguilera
Montreal

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Los usos del Granma

granma

Queda visto que el periódico Granma no sólo sirve para que uno se limpie salva sea la parte. También puede ser usado como forro de libreta… o de baño.

H/T: El Guamá.

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El insomnio y el hallazgo

Medio dormido, mientras leo noticias aquí, allá y acullá se me ocurre darle una repasada al Granma, ese bodrio incomparable que, sin quererlo, tantos aportes ha hecho al humor patrio y la idiotez global. (Una amiga —asidua de este blog— me dice que no entra en ninguna página del gobierno cubano ya no sólo para cuidarse la bilis, sino para evitar que le cuenten la visita en sus estadísticas. Y la entiendo y apoyo. Pero es de madrugada y me vence el morbo). El resultado es previsible: echando un vistazo rápido a sus titulares me entero de que la Cumbre del G-20 es mala; que el presidente chipriota está feliz de pisar la isla caribeña; que el Heredero en Jefe© condecora al mandatario vietnamita…

A pesar de que a primera vista no doy con ningún tópico que me invite a soltar una décima o tirar la cosa a relajo con unos endecasílabos, sobrevivo al festival de bostezos y —oh, dicha— encuentro lo que andaba buscando… que, ya que estamos, ¡si es perro me muerde! Pero si lo tenías en las narices, compadre.

He aquí el hallazgo: ¡el Granma tiene anunciantes!

Son tres, como las gracias; tres, como las furias.

En un país medianamente normal, con libertad de prensa y de empresa, esto no debería levantar revuelo. Pero que el Órgano Oficial del Partido Comunista de Cuba acepte publicidad capitalista… ¡es un poema!

Granma 1En cabecera, la editorial Ocean Sur. Este anunciante va y pasa, dado que publica y disemina al sur y al norte del río Bravo la sarta de tonterías escritas por Che Guevara, Fidel Castro, Hugo Chávez, Evo Morales… (Detalle a tener en cuenta: aunque la sede de la editorial está en México, la empresa tiene filial en los Estados Unidos).

Granma 2Y ahora viene lo bueno. Abajo, en la columna de la izquierda —ja, ¡la izquierda!—, figuran dos patrocinadores que ni en la peor de sus pesadillas el Granma pudo haber concebido: Finauto International, empresa que —sin juego de palabras— distribuye KIA en Cuba. (La marca KIA viene siendo como el Moskovich del capitalismo).

Y, un peldaño debajo de los que venden automóviles, el Caribbean Diving Center anuncia a los cuatro vientos, ahí, en la portada del Granma, que tiene “precios muy atractivos”…

Y entonces se me quita el desvelo. Y me voy a dormir con una sonrisa de oreja a oreja.

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Presentación de Gorki Águila en Nueva York

discorojoUna invitacion  de última hora para que vayan y la difundan:

Gorki Águila, líder de la banda cubana de punk rock Porno para Ricardo presentará su nuevo disco “Rojo desteñido” este miércoles 30 de septiembre a las 6:30 pm en el auditorium del King Juan Carlos I Center de la New York University (NYU). La dirección: 53 Washington Square South, NY.

H/T: Enrisco.

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Si es Guamá tiene que ser bueno

TRABAJODEDORES-11

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Invocación a la Diosa de la Victoria

Juanes

En la Plaza, en la tribuna,
por una paz más compacta,
tan bonita y tan abstracta
como la distante luna.
Por desgracia (o por fortuna),
de política prefiero
no me pregunten. No quiero
buscarme ningún problema.
Para repetir el lema:
¡Viva Nike, caballero!

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Cucú Diamantes: notas para una posible biografía

Cucu Diamantes (foto de Javier Galeano - AP)

Alta, blanca y muy delgada,
participó en la Gran Carpa
(aunque no toca ni el arpa
ni la guitarra ni nada).
Con su aura desangelada,
se presentó en la tarima
sin saber nada de rima,
de melodía o cadencias.
Desafinó incongruencias
haciéndose la de Lima.

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Jama y Libertad solicita firmas

panfilo-bannerEstimados amigos:

Hoy queremos promover la firma de la carta por todos los medios posibles. Sólo por hoy, les pedimos hacerlo una prioridad. No asuman que alguien más va a hacerlo. Tenemos algo más de 1900 firmas, pero estimamos que podemos llegar a 3000 si lo promovemos bien. Hace una o dos horas publicamos el texto que aparece más abajo en Jama y Libertad y nuestros respectivos blogs y hemos hecho envíos masivos de este mismo mensaje por correo. Si tienen otra idea de cómo promover las firmas, no tienen que consultarla: ¡ejecútenla! No tenemos mucho tiempo. 

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La multiplicación de las firmas

A partir de mañana comenzamos a entregar una copia de la carta por la libertad de Pánfilo a los promotores del concierto de Juanes en La Habana. Nuestra intención no es protestar ni reclamar nada de los músicos que han tomado la decisión de promover la paz en Cuba, sino recordarles, en términos civilizados y cordiales, por qué no la hay. Vamos a incluir todas las firmas recibidas hasta pocas horas antes de la entrega. Si no la has firmado aún, por favor ¡hazlo ahora! Y ayúdanos en los foros, en los blogs, con tus contactos y allegados. Que todo aquel que esté a favor de la liberación de Pánfilo y por la libertad de expresión en Cuba, firme hoy: http://www.firmasjamaylibertad.com/Firmas.php.

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