A mí tu comandante no me engaña,
pero el Mico Mandante me atormenta.
Por eso me escapé de la tormenta:
desde Miami, miro su patraña.
Si somos de algún buitre las dos alas
―como diría un boricua trasnochado―,
mi futuro es igual a tu pasado.
«Cambio mi petróleo por tus balas»,
―dice el Mico Mandante al Enfermizo.
«Y mándame doctores y enfermeras
que cuiden de mis tripas y mi aliento.
Tú, sigue construyendo el paraíso,
pleno de represión y jineteras.
Yo seguiré enviándote el sustento».








