Dos Ríos

Transcribo un soneto de Néstor Díaz de Villegas.
***


Dos Ríos dividió sangre cubana
de un solo manantial inagotable:
una corriente es clara y navegable,
la otra es oscura, peligrosa y vana.

Dos patrias tengo yo: irreconciliable
con mi dolor es la sonrisa arcana
—una sombra vestida de jarana—
de Cuba y de la noche inescrutable.

Territorio de sacrificios dobles
—un pantéon por dos dioses disputado—
entre las palmas reales y los robles.

Tumba es la cuna que nos ha tocado,
hijos bastardos de tus fines nobles:
poeta ecuestre, padre derrotado.

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Marquito El Lechero

Transcribo un fragmento de R.U.Y., de César Reynel Aguilera.
***
Era más fácil bronquear en el barrio. Los pececitos míos nadie los toca, la playita es mía y de mis socios, el que se meta con ellos se tiene que fajar conmigo. Hasta que apareció Marquito El Lechero. Déjame sacar la cuenta, sí, fue a finales de tercer grado; y dale con los nombres, Bro, imagínate lo que te dé la gana, el tipo era hijo del lechero, o era más blanco que el uniforme de los lecheros, o se robaba los litros de leche de las puertas de las casas. Asume la historia que más te convenga y déjame en paz con eso de los nombres.

El caso es que me estaba bañando en la playita y llegó el Mao corriendo a decirme que Marquito El Lechero le estaba quitando la cubeta a Bettina. A correr Ruy por el diente de perro, allí estaban, en el canalito con fondo de gravilla que está a la altura de calle Catorce. Bettina jalando por un lado y el bandido por el otro. Figúrate, me sentí el salvador de la amada en peligro, le grité que dejara el abuso, el mira-fondo era mío y no me daba la gana de prestárselo. Me desperté en la casa. Lo único que recuerdo es Marquito saliendo del agua y corriendo como un lince para arriba de mí. Después me contaron que me empujó por el pecho y caí de cabezas contra una piedra. Me llevaron para el hospital y estuve en observación la noche entera. Hipólito callado, Yeya peleando y Padrino explicándome las ventajas de aprender a cuidar la distancia.

A la semana regresó la noticia, Marquito El Lechero se estaba bañando en la playita de calle Doce, y estaba cantando “Vikingo, Vikingo, Ruycito no se baña los domingos”. Para allá fui a gritarle que esa vez iba a tener menos suerte. Yo en el aspaviento y el tipo rondándome con una piedra en la mano, hasta que me puso de frente al sol y, búmbata. Qué clase de pedrada me echó por el güiro, no la vi venir, el Ruy para la clínica de los becarios a que le cocieran la cabeza. Hipólito sin decir ni esta boca es mía, Yeya que había ido a hablar con la familia de ese niño y le dijeron que yo era el que lo buscaba, Padrino filosofando, cualquier cosa puede ser un arma, hay que estar atento al contrario, un emperador romano esperó a que el sol estuviera frente al enemigo para atacar.

En eso me pasé aquellas vacaciones. A donde va el Ruy. A fajarse con Marquito El Lechero. De donde viene el Ruy. De fajarse con Marquito El Lechero. Quién ganó. Marquito, no ves que el Ruy está llorando. Piedra, palo, puños, diente de perro, asfalto, cemento y tierra, de todo comí. Hasta en el agua me ganó. Se hizo el ahogado, y cuando saqué la cabeza salió detrás de mí y me dio una leña que lo que te cuente es poco. Yeya pidiéndome que dejara eso, siempre hay alguien más fuerte. El viejo no decía ni pío, y Padrino enseñándome a boxear, la guardia, sube la guardia, cierra los codos, no dobles la muñeca, el golpe regresa por donde salió, es como si tuvieras un tubo delante de los puños, Ruyci, por ahí sale el golpe y por ahí regresa, cuando golpeas los nudillos tienen que rotar, tienes que hacer un cuarto de giro con el antebrazo, eso te da fuerza en la pegada y te protege de las lesiones, no te vayas pa’lante, si pierdes el equilibrio te matan, la guardia, Ruycito, la guardia, eso es, uno, dos, y, un-dos. Tú sabes lo que pasa, que estás muy relajado, te pasas el día en la nadadera y eso te quita velocidad, tienes que hacer planchas, saltar la cuerda, claro, pa’ que los músculos se tensen y mejoren los reflejos. La gente salta la cuerda, los boxeadores la pasan por debajo de su salto. Estás avisando el golpe, mueves el brazo pa’ arriba y pa’ abajo antes de tirar, eso avisa al contrario, el factor sorpresa es muy importante, eso es, sin avisar, o mejor, mueves un puño y lanzas el otro, la finta, eso se llama finta, y el que la aprende siempre tiene ventaja. Oye Hipólito, este niño es un león tusa’o, me lo voy a llevar pa’l Palo Caga’o, a cujearlo un poco. Allá me iba con Padrino pa’ uno de los peores barrios de la Habana, llegaba y escogía uno de mi tamaño. Ruycito, perdiste, pero peleaste mejor, te vi más rápido. Creo que estás listo para el Lechero ese.

Esquina de Doce y Primera. Marquito, tu madre; y me dieron una leña que pa’ qué. Cualquier cosa que inventara me la estaba esperando. Como si hubiera nacido sabiendo. Padrino me regañaba, lo dejaste que se te pegara, tú no te das cuenta que a los puños ya no puede contigo, y entonces que es lo que hace, se te pega, y tú lo dejas, eso no es cuerpo a cuerpo, eso es maraña callejera. Te atrabancó contra la reja del hogar de ancianas y por poco te mata. Hasta las Siervas de San José salieron a ver la leña que te estaban dando. Lo dejas que se te pegue, y después no te deja vivir, te agarra y te mete los dedos en todas partes, ten cuida’o, Ruycito, ten cuida’o, mira que yo no quiero ser abuelo.

Pobrecito yo. Tenía la autoestima por el piso. Los socios casi ni me saludaban, y yo andaba convencido de que era porque no podía ganarle a Marquito. Pero después supe que era por otra cosa. Habían perdido el bichero. Se lo pidieron a Yeya prestado y se les perdió. El Mao se fue para lo hondo y se le cayó, por más que intentó bajar a buscarlo no pudo llegarle. Fueron a buscar a Hipólito y cuando regresaron ya no estaba, o confundieron el lugar, el caso es que evitaban decírmelo, a lo mejor con la esperanza de que el viejo les hiciera otro. Pero yo no lo sabía. Coño, y llegó Marquito con el bichero en la mano, y le grité ladrón, y él a explicarme que se lo había encontrado en el mar, sabía que era mío y venía a devolvérmelo. De nuevo le escupí el ladrón y volvió a darme una pela de antología. Me fui para la casa llorando, al rato llegaron los socios a explicarme que era verdad lo que decía Marquito, ellos habían perdido el bichero y les daba pena decírmelo. Hipólito abrió la boca, me pidió que me vistiera de limpio, teníamos que salir. Me llevó hasta calle Diez, buscó a Marquito en su casa y me hizo pedirle disculpas por haberle dicho ladrón. El socio me tendió la mano y se disculpó por haberse metido con Bettina. Quién se acordaba de eso, a partir de ese día fuimos buenos socios.

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Enrevesamientos III

Algunas definiciones —y sus equivalentes vernáculos— según Max.

– Aunque el primate hembra cubra sus desnudeces con ricas telas del Lejano Oriente, como tal primate ha de quedar.
(Aunque se vista de seda, la mona, mona se queda).

– Si tu órgano visual no capta una mala impresión, tu bomba sanguínea no se altera.
(Ojos que no ven, corazón que no siente).

– Cuando observes gustoso y complaciente como el ácaro taladra tu dermis, te harás insensible a la comezón y en caso de que el escozor exista, éste no te perturbará en lo más mínimo.
(Sarna con gusto no pica y si pica no mortifica).

– Podrás cubrir tu cuerpo con ropaje religioso, pero eso no indica que estés dedicado a ritos y sacrificios en el monasterio.
(El hábito no hace al monje).

– A través de su cavidad bucal, encuentra el fin de sus días el pelágico ser.
(Por la boca muere el pez).

– Disfruta, diviértete, con los eslabones enlazados entre sí, pero… ¡nunca con el primate!
(Juega con la cadena, pero no con el mono).

– Expulsaste el excremento con tal falta de tino que se derramó fuera del bacín.
(Te cagaste fuera del tibor).

– Escaparé con tal premura que mis zapatos deportivos de goma arderán hasta consumirse.
(Voy quemando el tenis).

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Estampas habaneras

Por más que lo he intentado, no he podido convencer a Teresa Dovalpage de que abra un blog. Pero salí ganando. De ahora en adelante, Dovalpage escribirá —para deleite de los lectores de Belascoaín y Neptuno— una columna, que de mutuo acuerdo hemos nombrado “Estampas habaneras”. La frecuencia será semanal. Quedan advertidos: cada viernes, en esta esquina virtual, un flashazo de La Habana.

***
La Habana de noche

Teresa Dovalpage

Vista desde lo alto, La Habana se abre como una mujer o como un libro. Las calles parecen más limpias, los caminos más claros, y el sol como un perfume o como un halo. Ese sol que lo pinta todo de un blanco ardiente, que le saca brillo a la vida cuando lo ves tras la ventanilla del avión o la vidriera de una tienda o de un restaurante, con el aire acondicionado metiéndose en tus poros. Ese sol, que cuando lo tomas en la playa te pone del color que siempre quisiste tener, y que es un lujo allá en tu tierra.

Pero resulta que aquí, cuando tienes que caminar diez cuadras bajo ese mismo sol, cuando no miras a La Habana desde lo alto, sino desde abajo, bien abajo, desde las calles sucias, con los camellos corriendo delante de la gente, o la gente corriendo detrás de los camellos, quién sabe, sin un sitio donde tomar medio vaso de agua y cuidándote de las bicicletas, con hambre, con sed, con peste (peste a sol), entonces el libro se aplasta de golpe entre tus manos y la mujer, sudorosa, te patea. La Habana se te cierra, se te comprime y hasta miedo te da.

Eso cuando es de día. Porque de noche es diferente. De noche, los quinqués fantasmean detrás de las ventanas, hasta que empiezan a agonizar por la falta de alcohol. La oscuridad te empuja si sales a la calle, te hace caer en los baches, avisa a los ladrones de que vienes y pone piedras y vidrios rotos debajo de tus pies.

La Habana de noche es la ciudad de los sueños dormidos, aunque quienes los sueñen estén despiertos. Cuando no te puedes dormir por el calor y los mosquitos, y ya se han agotado todos los temas de conversación, los chistes y las quejas, entonces no queda más remedio que soñar, con los ojos abiertos o cerrados o a medio abrir. Nos llevamos los sueños a la cama y con ellos amanecemos al otro día, al buche de café aguado y frío y a la cola del pan.

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Alicia Alonso declara, a propósito del ballet “Che”, que estrenará el Ballet Nacional de Cuba

Un ballet al Comandante
será difícil, sangriento,
como su espíritu cruento
de matón itinerante.
Un ballet espeluznante,
un ballet infame y fuerte,
un ballet de gracia inerte,
un ballet sin virtuosismo
que será más de lo mismo:
ballet sin patria y con muerte.
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Boceto para cuatro estaciones

Al principio fuimos curiosos y paganos.
Rastreamos en cada catedral
en busca de un tumulto de estatuas pretenciosas,
sacerdotes como momias de sangre congelada,
peregrinos dispersos entre la sed y la abundancia.

El segundo estadio fue salvaje.
Vivimos dentro de los zorros, el mar, las codornices.
Llegamos a tiempo para descubrir los juguetes,
las sábanas manchadas de semen y mujer fantasma,
las bifurcaciones de caminos y los pactos destrozados.

Aunque evitamos descendencia propia
nos llenaron de sobrinos erectos como menhires
(ángeles caídos, supimos más tarde).

Aprendimos a eyacular y a descender
de las colinas prohibidas. Nos impusieron
el ritual del nudo en la corbata
y la servilleta abierta en el regazo.

Esta muerte es producto del exceso.
Cualquier danza fértil
ayudará a profanar nuestro letargo.

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Comunicado del Consejo Nacional de las Artes Plásticas

Aniquilar galerías
se ha convertido en un arte
y tiene un portaestandarte:
Rafael de la Osa Díaz.
¿Quién ha hablado de osadías?
Hablamos de servilismo,
del más tierno oportunismo
tan rampante en nuestra tierra.
¡Vivan los hijos de perra
y el marxismo leninismo!
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Retrato de escritores en ciernes

Te daré mi manuscrito
y tú me darás el tuyo.
Leeremos con embullo.
Diremos: «—¡Qué bien escrito!».
«—Gana el Nobel, facilito».
«—Yo no respeto ese premio».
«—No me atrae ningún gremio».
«—Soy un escritor asceta».
«—Mi público: la gaveta».
«—Seré maldito y abstemio».
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José Franco en Paris (que es una fiesta)

Reproduzco una invitación que extiende Zoé Valdés, para los dichosos que pernocten en la Ciudad Luz… Luego no digan que no les avisé con tiempo.

***
Hola, amigos, el pintor cubano José Franco expone en París, en la galería Les Vergers del Arte [14 rue du Perche, 75003 Paris – 01 42 72 00 42 – 06 67 28 23 01], con la coordinación de Lunáticas-Productions y de ZV Lunáticas, editorial de Zoé Valdés. El vernissage es el [jueves] 30 de octubre [a partir de las 6:30 p.m.].

Gracias,
Zoé Valdés

Las ediciones ZV Lunáticas son a cuenta del editor.

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La diplomacia cubana visita al hermano pueblo de…

Pérez Roque está de gira
se ha posado en tierra azteca
como mosca en la manteca,
como imbécil que delira.
¿Su equipaje? La mentira.
Su misión: inflar el globo,
darle a la píldora adobo
y al mal tiempo mala cara.
A ver quién se lo dispara.
¿Éste piensa que uno es bobo?
***
Y dice Jorge Salcedo:
¿Quién se dispara a Pérez Roque?
Los hermanos mexicanos,
los hermanos argentinos,
los borbones, Moratinos,
los Correa, los coreanos.
Cocaleros bolivianos,
iraníes, rusos, chinos,
cardenales, adivinos,
sabandijas, simbabuenses,
sátrapas liliputenses
y socotrocos andinos.

Te prometo el mundo entero
para el primero de enero.
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Compendio de publicaciones cubanas, recientes e históricas

A la izquierda (y en orden alfabético) figuran los nombres reales de algunas publicaciones oficialistas cubanas. A la derecha: los nombres que deberían tener, en aras de reflejar más fidedignamente su contenido.

Se aceptan colaboraciones.

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Adelante – Retirada
Ahora – ¿Hasta cuándo?
Bohemia – Abulia

Calibán – Caníbal
Cine Cubano – ¿Cine cubano?
Cuba Debate – Cuba asiente

El Caimán Barbudo – La lagartija sin cola
El Habanero – El santiaguero
Granma – Grandpa
Guerrillero – En la luchita
Invasor Digital – Hacker
Juventud Rebelde – Senectud taimada
La Demajagua – La demorona
La Jiribilla – El sapingo
Opciones – Él
Pionero – Chivato
Revista Opina – Revista
Aplaude
Revolución y Cultura – Revolución: ¿Y Cultura?
Somos Jóvenes – Peinamos canas
Temas – Timos
Trabajadores – Ociosos
Tribuna de La Habana – Letrina de La Habana
Vanguardia – ¿Quién es el último?
Venceremos – Vamos tirando

***
Y dice Zoé Valdés:

La Jiribilla – La Zancadilla
Cine Cubano – Cine Rumano

***
Y dice N:

Juventud Rebelde – Generación prostática
Granma – ¡Un ratón, abuelita, un ratón!
Somos Jóvenes – Pacotilleros
Revista Zun Zun – Cubito de Ave


***
Y dice Jorge Salcedo:

Adelante – Un paso al frente
Ahora – Ahorita
Bohemia – ¡Se acabó!
Calibán – Cannabis
Cine Cubano – Cinemanteca
Cuba Debate – NeoComm.com
El Caimán Barbudo – Los endemoniados
El Habanero – El Templete
Granma – Barquito de Papel
Guerrillero – Jinetero
Invasor Digital – Dial-up Siempre
Juventud Rebelde – Los Cinco
La Jiribilla – Ladilla
Opciones – Cero
Pionero – Chivatito
Revista Opina – Atrévete
Revolución y Cultura – La Raspadura
Somos Jóvenes – Jineteros (No confundir con Guerrillero)
Temas – Tomas
Trabajadores – Asalariados
Tribuna de La Habana – Tribunales de La Cabaña
Vanguardia – Chivatón
Venceremos – Veremos
***
Y dice Teresa Dovalpage:

Mar y pesca – Tilapia y gracias
Opina – Como nosotros o cállate
Semanario Palante – Semanario Patrás
***
Y dice heleno:

Clave – Clava
Plural – Singular
Casa de las Américas – Cacería en América
Revista del Vigía – Revistas de usurería
Temas – Tomas
Criterios – Cretinos
Resonancias – Reverencias
Videncia – Vergüenza
Vitral – Vítrea
Encuentro – Encuérate
La Habana Elegante – La Habana Humillante
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Y dice Eduardo Frías Etayo:

Granma – Titanic
Revolución y Cultura – Enemigos íntimos
Revista Opina – Se Permuta
Temas – Temes
Zunzún – El Gallo De-Morón
Juventud Técnica – Paleolítica
Alma Mater – Huérfanos
Tablas – Flojas
***
Y dice Tirofijo:

Tablas – Jaque mate

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Secuencia en blanco y negro


Jamming session con César Reynel Aguilera.
Foto: © Jennifer Grossman.

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Las muñecas rebeldes de Eve Gil

Transcribo un texto de Teresa Dovalpage, quien desde hoy tiene su etiqueta en este blog.
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La ambivalente sexualidad de Moramay, una chica de trece años que sueña con ser escritora para “hacer felices a mis lectores como mis autores preferidos me hacían a mí”, según confiesa, es uno de los temas más sobresalientes, y sin duda polémicos de Réquiem por una muñeca rota. Claro, no va a faltar el moralista que ponga el grito en el cielo (mientras coloca ocultamente su manita en sitios más privados) al leer las escenas de amor y exploración de cuerpos entre Moramay y su amiga Vanessa… La relación, lúbrica y lubricada, entre la gordita Moramay, poseedora de una fastuosa colección de muñecas Barbie, y la despampanante Vanessa, comienza el primer día de clases en un autobús escolar y sólo termina cuando se les desploma sobre las cabezas, convertida en lluvia de barro, la nube de ilusiones de su adolescencia.

Al paso que la amistad entre ellas se estrecha, se nos van revelando las pequeñas y grandes tragedias ocultas en la vida de estas aparentemente felices chicas fresa del México contemporáneo. Con un padre que aparece y desaparece con pasmosa facilidad, adorador del cine y de las “escuelas del otro mundo” y con una madre-súper mujer dedicada completamente a él y lectora de Vanidades, Moramay sospecha que un misterio se cierne sobre su vida familiar. Pero no se apresura a averiguarlo… hasta que el mismo le salta fieramente al rostro hacia el final.

Por otro lado, la preciosa y codiciada Vanessa (una Lolita azteca, vaya) retoño de de un libidinoso cubano productor de telenovelas y una española ex bailadora de flamenco que duerme encuera y se refocila con gatos, guarda también un secreto oculto entre las entretelas de su infancia. Esta colección de misterios, revelados sólo en el momento preciso, son piezas clave para entender el comportamiento de las protagonistas. Y no es hasta que los ponemos todos en su sitio, como en un bien armado puzzle, que se comprenden los móviles de las acciones de estas “muñecas” que no se avienen con la idea de servir sólo de decoración.

Las subtramas tienen también resonancias sáficas. Entre ellas está la protagonizada por la tía Lú, campeona de softball que ofrece serenatas de mariachis a su pareja, y la relación (de fatal cierre) entre Lupita y Dunia. El final nos deja, pidiéndole prestado un título a la poeta y escritora cubana Odette Alonso, “con la boca abierta”. Y también con algunas interrogantes. ¿Quiénes son aquí “las muñecas” y quién las rompe? ¿Hay alguna posibilidad de que alguien las componga o de que ellas mismas guarden, oculta entre sus entrañas de anti-Barbies, la capacidad de recoger del suelo sus pedazos rotos, ponerlos en su sitio y echar a andar?

Eve Gil, laureada autora de Hombres necios (ganadora de La Gran Novela Sonorense en 1993), El suplicio de Adán, Cenotafio de Beatriz (RD Editores, Sevilla, España, 2005) y la obra de teatro Electra masacrada (1994) no nos ofrece las respuestas a estas interrogantes. Pero vaya si nos pone a pensar.

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Chentinflas

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Chentinflas

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