Apuntes sobre el viaje presidencial a Cuba

PanfilObama

En la mañana del domingo, cuando vi en Facebook que el Presidente Obama había hablado con el célebre Pánfilo, pensé que se trataba de un chiste de mal gusto. Luego, me enteré de que el video había sido publicado y difundido por la embajada de Estados Unidos en Cuba. Así que hice clic y, en efecto, ahí estaban el líder del mundo libre y su interlocutor cubano, intercambiando comentarios superfluos con una familiaridad que me hizo sentir incómodo. En un momento, “Pánfilo” le ofreció a Obama su casa para que se quedara con su familia, e incluso le dijo en qué lado de la cama debería dormir “Michelle”. Ah, ¡esa famosa hospitalidad cubana! Durante una parte notable de la conversación, “Pánfilo” tuteó al presidente de los Estados Unidos. Quizá fuese un desliz, pero no es fortuito que el tono informal haya aparecido precisamente cuando le dijo a Obama cómo debía empacar, para evitar demoras en el aeropuerto. No es secreto que el imperativo suena mucho más marcial si se le ordena a un “tú” en lugar de a un “usted”.

En esos tres minutos y medio del clip, el modus operandi de ambos gobiernos se hizo obvio. Obama quería demostrar desde el comienzo que su intención era hablar con el pueblo cubano. Quería que los cubanos supieran que él sabe lo que hay, y para ello adornó su conversación con par de localismos que nunca fueron pensados para ser puestos en boca de un jefe de estado, sin importar el swing del susodicho. Por otra parte, el gobierno cubano se aseguró de poner al teléfono a alguien que conoce los límites exactos de lo políticamente permisible. “Pánfilo”, también conocido como Luis Silva, tiene un programa en la misma televisión que controla —faltaría más— el estado. Mientras Obama, en persona, habla desde la verdadera Oficina Oval, su contraparte cubana es un actor, en un (pobremente diseñado) estudio; su personaje, enmascarado tras un maquillaje risible, pretende ser alguien varias décadas mayor (y semi-decrépito), enviando de paso la señal de que el único modo de hacer crítica social moderada es bajo el manto protector de la senectud, confirmando, ya que estamos, aquello de que Cuba es país para viejos. No es superficial que el bufón no hable en su nombre ni se represente a sí mismo. De hecho, es una triste realidad que este “Pánfilo” carente de gracia sea “el humorista más popular cubano”. Pero eso es materia de otro ensayo.

Mientras miraba el sketch, me preguntaba en voz alta quién asesora a Obama en el tema Cuba. Si verdaderamente quería hablar con el pueblo, con un Pánfilo, había uno que lo podía haber puesto al día: el negro cubano que, en 2009, fue encarcelado por el régimen de los hermanos Castro por aparecer borracho en un video de YouTube, gritando lo que muchos cubanos no se atreven a decir sobrios: que en Cuba «lo que hace falta es jama». Ni siquiera libertad, ¡comida! Aun así, su minuto y 21 segundos de fama le valieron una condena a dos años de prisión.

***

El lunes, durante la conferencia de prensa conjunta con Castro el Joven, el Presidente Obama volvió a dejar claras sus intenciones: «Le dije al Presidente (sic) Castro que tenemos que seguir adelante y no mirar atrás». Por muy inspirador que eso suene, no mirar atrás después de 57 años de dictadura es ingenuo e irresponsable. No podemos avanzar al futuro barriendo el pasado bajo la alfombra. Cuba necesita una comisión de Verdad, Memoria y Justicia que documente y reconozca las muertes y desapariciones motivadas por la violencia política.

El Presidente Obama había dicho que no pondría un pie en la isla mientras no mejoraran las condiciones de los derechos humanos. Sin embargo, la represión política ha aumentado desde diciembre de 2014, cuando se anunciara el deshielo entre los dos países. Solo en la primera quincena de marzo de 2016 hubo 526 arrestos por motivos políticos en la isla. No mencionar a las Damas de Blanco durante su estancia en Cuba, o la represión a la que estas se enfrentan cada domingo durante sus caminatas pacíficas que buscan llamar la atención sobre las violaciones a los derechos humanos por parte del régimen no es solo un error craso sino una omisión moralmente objetable. Luego de décadas de totalitarismo, los cubanos necesitan solidaridad activa, no clichés. A esta hora no valen sutilezas. Lo que necesitamos son palabras y acciones concretas.

El Presidente Obama, claramente ocupado en hacer historia, debería entender que la historia también está hecha de imágenes. Mal que nos pese, la historia del siglo XXI también está hecha de memes. Y nos ha regalado uno para enmarcar: al final de su histórica conferencia de prensa, Obama, todo un diplomático, se acercó a Castro, le estrechó la mano derecha e intentó poner la izquierda sobre el hombro que por lo general tiene las estrellas del general uniformado. Castro, en un gesto que envidiaría cualquier maestro de Aikido, le quitó la mano y la levantó, dejándola colgada en una posición bastante poco señorial. Este momento, que podría parecer trivial, capta la verdadera dinámica de poder subyacente en el intercambio. En el culebrón del tócame-no-me-toques, Castro sale con ventaja.

***

Debemos desamericanizar el problema cubano. No es razonable pedirle al Presidente Obama que lleve la democracia a la isla. No es su tarea. Cubano al fin, era la mía, y me escapé de la isla. Es la tarea de toda la población cubana, y algunos de sus ciudadanos se escapan, otros se quedan silentes, otros demandan sus derechos, y otros se suman a la turba castrista en su violación diaria a los derechos humanos y acosan y dan palizas a los activistas de la sociedad civil. No espero que Obama lleve la democracia a Cuba, pero me descorazona que haya llevado a su familia en un viaje de vacaciones a una isla en la que la represión es el pan cotidiano, como si se tratara de un parque temático. Lo triste es que ¡en realidad se trata de un parque temático! ¿En que otro lugar vas a ver un santuario a esa Guerra Fría que se niega a terminar? ¿En que otro lugar te vas a encontrar unas ruinas tan bellas? ¿En que otro lugar puedes soñar despierto con la pobreza ajena y ser considerado un progre? ¿Acaso no viste las fotos del New York Times sobre la visita de Obama a la isla? La ciudad se estará cayendo en pedazos, pero no me vayas a negar que esa luz es única.

Nuestro problema, por supuesto, es este artículo. Mientras lo escribo, manifestantes pacíficos cubanos son violentamente arrestados en todo el país, limitando así su libertad de movimiento y asociación, a la vez que su visibilidad antes, durante y, con toda seguridad, después de la breve aparición de Obama en mi tierra natal. El problema es que cada texto escrito sobre la gira del presidente de Estados Unidos por la Habana Vieja, o cada mención de que se haya comido en un restaurante privado la ración mensual de carne de cualquier cubano de a pie es una distracción del verdadero problema de Cuba, que no es precisamente su relación con su vecino del norte, sino su falta de libertades producto de una tiranía dinástica.

Las siempre crecientes legiones de cubanólogos y, sobre todo, el tiempo dirán si el viaje de Obama a la isla fue una soberana metida de pata o una obra maestra. Pero hasta tanto no me demuestren lo contrario, seguiré evocando aquel notable dictum de Dr. Martin Luther King Jr.: «Al final, no recordaremos las palabras de nuestros enemigos sino el silencio de nuestros amigos».

*
Alexis Romay
Washington, DC

PD: El original de este texto, en inglés, fue publicado en NBC News.

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Del meprobamato y otros demonios

20110211-103620.jpg A propósito de la inocentada de ayer, les dejo algunos apuntes y enlaces.

Lo primero: es tradición en la prensa española gastarle alguna broma a la audiencia en el Día de los inocentes. Lo que quiere decir que esto, que es una bitácora de notas al vuelo, se presta para la gracia y, por tanto, me permite, una vez al año, difuminar esa línea que separa a la ficción de la realidad.  

Lo segundo: no fueron pocos los amigos, conocidos y lectores de este blog que se creyeron el texto. Y cualquiera los entiende. No es difícil imaginar a Miguel Barnet —presidente de honor de la sociedad de perros chihuahua de la isla (y de aquella otra institución canina: la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba)— soltar declaraciones de esta calaña. Y es mucho menos difícil para quienes hayan visto el video de su presentación que incluí en el post. Pues, de hecho, las dice. En el minuto 4:03, Geandy Pavón lo pone en aprietos con una pregunta en donde tilda de mayoral al otrora biógrafo de cimarrones. La vergonzosa respuesta de Barnet (minuto 4:47) se refiere a los disidentes cubanos en estos términos: “esos señores no son representativos de esa cultura de la cual yo estoy hablando”. O para decirlo mal y pronto: no son su maletín. En su respuesta a mi pregunta (minuto 5:06), se expresa (es un decir) con palabras que parafraseé en el post. Termina así: “mi conciencia está muy tranquila”. Por desgracia, el video no incluye la frase célebre de aquella noche de 2011, que vino inmediatamente después de aquello de la conciencia: “yo no tomo meprobamato”. No importa. La tengo en la memoria. Y es poco probable que quien haya estado en la audiencia del Bildner Center la haya olvidado. La desfachatez, lamentablemente, también es memorable.

Por último: las inocentadas que he echado a rodar por estos lares han tenido un tema común: el castrismo y lo perjudicial que es ese régimen para la salud. Tiendo a enfocarme en intelectuales orgánicos, nuevos modos de la infamia (una cerveza revolucionaria, un app para chivatos) o miembros de la estirpe de Lina Ruz. Confieso que hacer la mímica de la verborrea de Mariela Castro, Silvio Rodríguez o Miguel Barnet es todo un desafío. Pero me he dado banquete en el proceso.

Aquí pueden (re)leer las inocentadas de años previos.

En 2008: la exclusiva que anunciaba que Mariela Castro Espín había pedido asilo político en España.

En 2009: La razón del tocororo, una crónica de la presentación, en uno de los salones de la Biblioteca Nacional “José Martí”, de un poemario hasta entonces inédito del “General-Presidente”.

En 2010, me pasé con ficha.

En 2011: las declaraciones de Silvio Rodríguez a raíz de un concierto en Quito en el que rompía con el régimen cubano.

En 2012: un “app” creado por la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI) para facilitar a los represores y chivatos cubanos la delación y otras infamias.

En 2013: el lanzamiento al mercado de Comecandela, la cerveza de los revolucionarios.

En 2014: la “decisión” de Mariela Castro de cambiar su orientación sexual, a tono con los cambios que no acaban de llegar.

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Miguel Barnet en Manhattan: Yo no tomo meprobamato

Screen Shot 2015-12-27 at 11.29.12 PMAnte una veintena de emigrantes económicos cubanos, se presentó en Manhattan, en la noche de ayer, el más reciente libro de memorias de Miguel Barnet. Yo no tomo meprobamato, publicado por Ediciones Unión, incluye un extenso y detallado prólogo de Nancy Morejón y un elogio en contraportada de la cubanóloga Tibisay Lucena. El libro consta de una vistosa portada con una foto que Alex Castro le tomara al autor frente a su botiquín habanero y recoge, en sus poco más de cuatrocientas páginas, las reflexiones del autor de Biografía de un cimarrón sobre su relación con la cosa política.

En la breve charla neoyorquina, Barnet habló sobre los motivos que le llevaron a incurrir en este género “a pesar de que todavía me siento como un jovencito”. “Hace unos años”, dijo, “durante mi presentación en el Bildner Center de la universidad pública de Nueva York, un miembro de la audiencia me preguntó cómo coexistían en mí el escritor con la persona que se dedicaba a apoyar sentencias de muerte dictadas por el ‘régimen cubano’. El susodicho se refería al ‘Mensaje desde La Habana para amigos que están lejos’, aquella carta que Amaury Pérez Vidal, yo y un grupo de intelectuales cubanos firmamos con gran entusiasmo en 2003, a raíz del arresto y fusilamiento de aquellos muchachos que quisieron llevarse una lancha para venir a este país. Le aclaré que mi apoyo era a la revolución, no a las penas de muerte. Y dije que mi conciencia estaba muy tranquila, que no tenía necesidad de tomar meprobamato. Al que preguntó no le hizo gracia, pero los que estaban en primera fila se rieron (también soltó una sonora carcajada un señor al fondo, de traje y con bigote). La verdad es que me gustó tanto mi respuesta —tan histriónica, toda una boutade—, que se me metió entre pecho y espalda que en alguna ocasión tendría que retomarla para hablar de mi apoyo incondicional a los líderes de la revolución cubana. Porque lo cierto es que mi respuesta va más allá de aquel incidente. Por ejemplo, si mañana me preguntan por la llamada ‘sistemática represión’ contra las Damas de Blanco: lo mismo. Si me preguntan por esos cubanos que andan dando tumbos por Centroamérica: lo mismo. Esos señores no son representativos de la cultura de la cual yo estoy hablando. Para citar una expresión muy de moda entre la juventud (que todo lo sabe): ese no es mi maletín. Entonces, mi libro (y de ahí su título) es una manera de invitar a los amigos de Cuba a mantener la calma, que, como dijera Julio Iglesias, la vida sigue igual”.

Yo no tomo meprobamato ya ha sido incluido en el programa de estudios de varias universidades estadounidenses. El libro será presentado por el autor, el próximo 28 de enero, en la Casa Natal de José Martí, con motivo del aniversario del natalicio del apóstol.

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Actualización de las 10:50 PM

Estimados lectores de Belascoaín y Neptuno: ¡feliz Día de los inocentes!

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Justicia poética

Con_GCI Cuando te enfrascas en una búsqueda activa de la justicia poética, es posible que la encuentres en lugares insospechados. La biblioteca pública de Montclair me invitó a escribir un ensayo sobre la importancia de las bibliotecas públicas durante la semana de libros prohibidos, un proyecto auspiciado por la Asociación de Bibliotecas de Estados Unidos (ALA, por sus siglas en inglés) que destaca libros censurados y la importancia del acceso libre a la información. A mí, que nací y crecí en Cuba, esa hermosa isla que bajo la dura batuta de los hermanos Castro ha prohibido libros durante 56 años. ¡Y todavía lo sigue haciendo no con poco entusiasmo!

Las bibliotecas no me eran útiles en lo absoluto en mi tierra natal. La mayoría de los autores y libros que quería leer no estaban en sus catálogos. O figuraban ahí, pero me podrían haber metido en problemas por el simple hecho de hacer la pesquisa. Encabezaba la lista de los prohibidos el James Joyce cubano: Guillermo Cabrera Infante. Cabrera Infante —exiliado desde 1965 hasta su muerte en 2005— solía jactarse de que en un país donde la gente no tenía qué comer, los lectores estuvieran dispuestos a cambiar hasta tres latas de leche condensada por uno de sus libros. La combinación mágica de tener esas tres preciosas latas y conocer a una persona dispuesta a hacer el canje nunca se materializó para mí, lo que significa que a la larga lista de agravios que no les perdono a los Castro hay que agregar este: no haber leído a Cabrera Infante en Cuba, ese país que tanto amó y que recreó con tanta gracia y profundidad en su obra. Cuando logré escapar, ya de adulto, en 1999, una de las primeras cosas que hice con mi recién ganada autonomía fue buscar sus libros.

Escribir sobre la importancia de las bibliotecas públicas es, por supuesto, escribir sobre la importancia de la lengua y la libertad de expresar ideas en sociedad sin temor a represalias. Las palabras tienen un peso definitivo en mi isla. Lo sabe bien el artista y grafitero Danilo Maldonado Machado, alias El Sexto, quien acaba de pasar diez meses en prisión sin juicio bajo la acusación de “desacato agravado”. Amnistía Internacional lo consideró prisionero de conciencia. La razón del arresto: haber escrito las palabras “Fidel” y “Raúl” en los lomos de dos cerdos. El Sexto iba a soltar los animales en La Habana como parte de un performance. Pero fue detenido antes de que el performance tuviera lugar.

En una redada nocturna en marzo de 2003, el régimen cubano arrestó a un grupo de 75 activistas de derechos humanos, bibliotecarios y periodistas independientes, acusándolos de crímenes contra la soberanía nacional. Los cargos contra los bibliotecarios estaban relacionados con su voluntad de poner a disposición del público libros que habían sido prohibidos por la maquinaria castrista. Las condenas a los bibliotecarios independientes, la única fuente de acceso a libros prohibidos en la isla, oscilaron entre seis y 28 años. Por esos días, ALA no mostró ninguna solidaridad con sus colegas cubanos, optando por tomar partido con las bibliotecas gubernamentales. La posición institucional de las bibliotecas cubanas apoyaba la narrativa oficialista de que los ciudadanos privados (de su libertad) que abrían sus casas para prestar libros prohibidos eran agentes de la CIA.

Aunque la decisión fue controversial entre su membresía, ALA no ha cambiado públicamente su posición desde entonces. Si la libertad de expresión es un derecho fundamental en los Estados Unidos, ¿por qué esto no es aplicable a Cuba?

Aprovecho esta oportunidad para invitar a la Asociación de Bibliotecas de Estados Unidos a corregir su decisión con respecto a los bibliotecarios independientes cubanos. Al hacerlo, ALA continuará actuando en defensa de la importancia del acceso libre a la información y dará una muestra tardía de justicia poética.

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El original de este texto fue publicado, en inglés, en la edición de Montclair Times del 10 de diciembre de 2015.

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Haiku 109: Variaciones sobre un tema invernal

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Lluvia en el techo
de lata de mi infancia:
hoy eres nieve.

¿Qué es el mal tiempo:
la indómita ventisca
o la nostalgia?

Cae la nieve
y un piano desafina
en la distancia.

Nieva sin pausa.
Es marzo, y yo esperando
la primavera.

Con la tormenta,
algún sendero ignoto
se ha revelado.

Danzan los pinos
al ritmo de la nieve
desaforada.

Nieva y añoro
el bullicio incesante
de La Florida.

La nieve irrita.
Peor es el castrismo
y sus desmanes.

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La apertura cubana en el Nuevo Herald

La apertura cubana (maqueta)Entiéndase que cuando hablo de “la apertura cubana”, me refiero, obviamente, a la única visible: mi novela. (Sobre la farsa del deshielo, ya he comentado antes). Pero a lo que iba: el escritor y dibujante argentino Hernán Vera Álvarez ha reseñado mi libro para la página de Artes y Letras de el Nuevo Herald.

Aquí publico —no necesariamente en ese orden— la reseña y mi gratitud a Vera Álvarez.

Alexis Romay: la voz cubana
HERNÁN VERA ALVAREZ * ESPECIAL/EL NUEVO HERALD

James Joyce lo hizo con Dublín, Jorge Luis Borges con Buenos Aires, y Guillermo Cabrera Infante con La Habana: construir una ciudad dorada desde la distancia que da la adultez. En Tres tristes tigres la metrópoli cubana es un territorio mítico, puerto cosmopolita, entrada y salida de aventureros, artistas, criminales. Hay un contrabando de ideas que se celebra. La apertura cubana, de Alexis Romay, también edifica un vínculo muy íntimo con su ciudad.

La novela comienza de una manera vertiginosa, en sintonía con la claridad de su prosa: un avión de línea es secuestrado y desviado hacia la Isla. Es el año 1996. Las autoridades someten a interrogatorio a una mujer —padre cubano, madre norteamericana—. La transcripción de esa confesión escurridiza –a la mujer se le antoja decir lo que quiere– se mezcla con las entradas de un diario de una muchacha habanera de nombre La Camilita durante la década de los ’80.

Aunque La apertura cubana sea literatura, en el modo que es un obra escrita para sostenerse en el papel, es una novela oral. “Esto no es nada comparado con lo que vas a escuchar”, uno de los epígrafes del trabajo, tomado de Las mil y una noches, señala las coordenadas de lectura. Así, en un momento de las letras que se tiende a escribir en un español estándar, la lengua popular es un recurso que utiliza el autor para mover cómodamente los destinos de los personajes.

Y aquí un detalle para nada menor: Romay tiene una sensibilidad para captar la voz de las mujeres, pero también lo que se esconde detrás de ella: la sutileza de la psique femenina. Tamaña empresa, sin duda, la de Alexis, ya que tantos autores han resbalado en esa intención provocando una serie de lugares comunes irresistibles. Hay ejemplos distintos, sin embargo, como los de Manuel Puig, Tomás Eloy Martínez o Antonio Orlando Rodríguez.

“¿Quieres que te haga el cuento de la buena pipa? Me alegra que no lo quieras escuchar, porque te tengo uno mejor y más macabro y que comienza así: la primera (y espero que la última) vez que esta que viste y calza durmió entre rejas, en una estación de policía, fue el sábado de la semana pasada. Eso de dormir es una artimaña narrativa, Esporádico. No pude pegar un ojo en toda la noche”, escribe La Camilita en una entrada del 1 de febrero de 1987.

Si La apertura cubana es ante todo una novela de la lengua, esa seña particular se hace evidente al contraponer las voces de las protagonistas. En la declaración de la mujer secuestrada, escuchamos: “Sí, mi madre participó como voluntaria de las brigadas Venceremos, y trabajó en un par de provincias e igual número de campamentos, pero a mí no me incrimine con sus creencias ideológicas —debería decir religiosas, que la ideología es una religión, como otra cualquiera— que yo no tengo nada que ver con eso: recuerde que su aventura cubana ocurrió en 1969, cuando yo todavía no había nacido”.

Los dos discursos, a la vez, gravitan en lo íntimo y en lo general en la realidad del régimen cubano: la represión, las fiestas salvajes, las charlas a la medianoche, el rock argentino, el ajedrez, el vino, humo de rebeldía. Más allá de las palabras —y en ellas— el lector se preguntará cómo esas dos vidas aparentemente distantes, finalmente, pueden unirse. Bajo la escritura de Alexis Romay el enigma seduce, como Scheherazade al lector.

@HVeraAlvarez

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El reencuentro

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a A. E.

Me fuiste a despedir al aeropuerto.
«Sospecho que te fugas», me dijiste.
Para variar, hicimos aquel chiste
repetido al final de algún concierto.

Pasó el tiempo y pasó por el mar muerto.
(El Caribe fue un cementerio triste).
Dijiste que vendrías, y viniste
(con pasaje de vuelta a aquel desierto).

Hoy vengo a recibirte en tierra extraña
(extraña para ti, pero ya mía):
mis laberintos son tus laberintos.

Hablamos del olvido, esa patraña.
Olvidamos hablar de ideología.
Somos los mismos. Somos tan distintos.

***
[Ilustración: Garrincha].

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Prueba de vida: Fidel Castro escribe una décima a Alexis Romay

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Por medio de la presente,
quiero pedirte, bloguero,
que no sigas dando cuero
a mi imagen penitente.
Aunque mi cuerpo esté ausente,
no permiten que me extinga
mis tres camisas de guinga,
mis notas, en prosa y verso,
que explican el universo,
los yogas y la moringa.

Enero 13 de 2014
3 y 40 p. m.

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Haiku 108: Vista del amanecer sin el trópico

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Cae la nieve.
En Cuba me estaría
jamando un cable.

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¿Quién va a decirle al muerto que está muerto?

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¿Quién va a decirle al muerto que está muerto?
¿Quién va a arriesgarse a darle la primicia?
¿Quién se apunta a llevarle la noticia?
(Más fácil es nadar en el desierto).

¿Quién le dirá: «se te acabó el concierto»;
«estás como la industria alimenticia»;
«se esfuma tu presencia vitalicia»;
«el Más Allá anda en busca de un experto»?

Dicen que el muerto en vida (o muerto en muerte),
se resiste con fuerza a la evidencia:
su estado es un reflejo del Estado.

Un linaje terrible, un cuerpo inerte,
un pueblo que ha perdido la paciencia,
una estela de muertos: su legado.

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Cuba: el breve espacio en que ni eres ni estás

Alexis_Romay_Aldea La primera vez que me incluyeron en una antología de poesía fue en el verano de 1997. Por aquellos días, vivía en Cuba y el libro había sido publicado en España. Hasta ese momento, solo había aparecido en oscuras revistas literarias, leídas únicamente por los familiares más cercanos de los editores y tres o cuatro gatos. Este libro luego sería crucial en mis futuros planes de escaparme de la isla, pero entonces no podía imaginarme cómo. Sólo estaba loco de contento de ver mi nombre y mi poema entre las cubiertas de una bella edición en tapa rústica.

Cuando el libro llegó a mis manos en Cuba, vino convoyado de una nota que listaba los ocho poetas cubanos que habían sido incluidos en ese increíblemente internacional caleidoscopio del verso. Yo había contado nueve en el índice, pero no le presté mucha atención a la falta de destreza matemática del funcionario cultural que había escrito la carta con el error tipográfico.

Dos de los poetas incluidos en la antología trabajaban en instituciones culturales en sus respectivos pueblos. Eso explica por qué, para enero de 1998, habíamos coordinado una suerte de gira que nos llevaría al oriente del país a leer y dar conferencias en un festival de música y poesía. Nos pasearon por la ciudad como la reencarnación del mesías. La otrora tranquila ciudad de Guantánamo cobró vida con actividades culturales por espacio de una semana. Y ya que muchos de nosotros veníamos de La Habana, la capital, el hecho de andar por las calles de una de las poblaciones más empobrecidas de la isla nos daba cierto estatus de estrellas de rock. En cuestión de días, nuestros poemas fueron musicalizados. Nos llevaron a una estación de televisión local para leer poesía —repito, leer poesía— ante las cámaras. Me recuerdo parado, sin saber muy bien qué hacer, al lado de un trovador que había puesto música a mi poema, mientras yo murmuraba la letra que de algún modo, con sus acordes, ganaba y perdía significados. Hay un video de este programa. De todo corazón espero que nunca llegue a YouTube.

***

En 1999, me pude escapar de la isla, y comencé mi nueva vida. Me lancé a escribir ficción desde el minuto en que toqué suelo norteamericano. Luego de haberme liberado de la mordaza de la censura gubernamental y del efecto paralizador del miedo, escribí mi primera novela, Salidas de emergencia, con relativa facilidad, particularmente para alguien que nunca había experimentado el salto a las turbias aguas de la prosa.

En 2001, conocí a la novena poeta de la antología. Se había escapado a España justo antes de la publicación del libro. Ella y su esposo devinieron colegas, amigos, familia, mon semblable, mon frère.

Juntos desciframos el misterio de su omisión durante la gira poética que había constituido nuestros quince minutos de fama. No fue tan difícil dar con el código: ella se había ido. Se había escapado. Había traicionado al país. Según las instituciones culturales, ya ella no era cubana. La condición exiliada la había vuelto invisible.

Fue borrada de la vida pública. Su obra ya no sería patrimonio de la nación. La gran ironía de todo esto es que su poema era un cuestionamiento nostálgico de esa decisión. «¿Es que hice bien en salir de Cuba (…)?», se preguntaba en verso. Para el momento en que nos conocimos, ya sabíamos la respuesta.

***

Hace un año, me descubrí diciendo que soy originalmente de Cuba. ¿Cuándo inserté el adverbio en esa declaración? Yo solía ser de Cuba. Ahora provengo de esa isla. Una década y media de asimilación en los Estados Unidos ha convertido mi pasado en mi origen.

Hace casi 10 años, al comienzo de mi primer trabajo editorial en New York, conocí a Leslie. Tenemos muchas cosas en común, pero destaco nombre y lugar de nacimiento. Éramos y aún somos un combo peculiar: dos cubanos con nombres tradicionalmente percibidos como femeninos en este país. Nos hicimos amigos de inmediato. Él había nacido en Cuba, pero había crecido en Boston, adonde arribó con sus padres a la tierna edad de tres años.

Nuestra amistad era complementaria en muchos sentidos: habíamos vivido la Guerra Fría desde lados opuestos de la Cortina de Azúcar, así que podíamos comparar notas. El inglés era su lengua natal; el español, la mía. Por tanto, nos corregíamos mutuamente cuando destrozábamos nuestro segundo idioma. Leslie fue crucial en mi aprendizaje de muchas expresiones de la lengua vernácula norteamericana, mientras yo le pasaba frases que no encontrarían un lugar apropiado en medio de una cena familiar. También traducíamos contextos culturales, y descargábamos con la melodía estilo Hendrix de su guitarra combinada con mis sincopados ritmos afrocubanos. Era una asociación perfecta.

Una tarde, antes de salir del trabajo, el azar me puso a hablar con su supervisora. Yo tenía un acento difícil de identificar. (Cuando mis interlocutores adivinaban, el resultado era un variopinto inventario de patrias potenciales: Israel, Marruecos, Perú… La lista suma y sigue). Así que, su jefa tuvo que preguntar. Cuando respondí que era de mi malhadada isla caribeña, la mujer se puso eufórica.

Comenzó a hacerme las preguntas que los bienintencionados habitantes de la Costa del Este les hacen a los cimarrones cubanos. Algunas de esas preguntas, por cierto, no pueden desprenderse de un aroma colonialista, racista incluso. Lo mismo es aplicable a la frase: “quiero ir a Cuba antes de que Castro muera”. Pero ese es otro tema. (Quedan invitados a leer mis libros, o mi blog, si quieren que me expanda).

Antes de que nuestra conversación se tirara en picado hacia la política, le mencioné que si estaba tan interesada en mi isla natal siempre que quisiera podría hablar con mi amigo, quien, de hecho, trabajaba con ella. Él se había mantenido silente durante el intercambio, parado justo al lado de nosotros. Yo quería enmendar la exclusión.

Lo miró de arriba abajo. Él había crecido cerca de Fenway Park. Era probablemente fanático de los Red Sox. Era blanco. No tenía en su frente un anuncio neón que lo identificaba como El Otro.

—Bueno —dijo—. Él no es un cubano de verdad.

Esto fue seguido de un incómodo viaje en elevador y una conclusión inmediata: según nuestra colega, mi amigo no existía. No era lo suficientemente cubano. Era invisible pues le faltaba esa condición cubana.

Durante las últimas cinco décadas y media, la condición cubana ha sido una prerrogativa de la familia Castro. Este linaje dinástico ha decidido quién es y quién no es cubano. Te vas de la isla: estás fuera del juego. Eres disidente: ya no puedes ser patriota. Esto es sal en la herida. Al dolor de tener a un tirano que decida por ti tu origen, tienes que añadirle el insulto de tener que escuchar de un extranjero que no eres suficientemente cubano. O que no eres cubano en absoluto.

Pero ni Castro y sus sensores ni las legiones de condescendientes y sus ideas románticas de mi tierra natal pueden definir quién soy. Soy cubano. Y cimarrón. Y apruebo este mensaje.

***

Alexis Romay
Nueva Jersey

PD: Este texto fue publicado originalmente en inglés en NBC.

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A propósito de Mariela Castro (y el día de los inocentes)

Mariela_Castro_2010_Hamburg A propósito de la inocentada de ayer, aquí les dejo los posts publicados en este blog en el día de los inocentes.

En 2008: la exclusiva que anunciaba que Mariela Castro Espín había pedido asilo político en España.

En 2009: La razón del tocororo, una crónica de la presentación, en uno de los salones de la Biblioteca Nacional “José Martí”, de un poemario hasta entonces inédito del “General-Presidente”.

En 2010, me pasé con ficha.

En 2011: las declaraciones de Silvio Rodríguez a raíz de un concierto en Quito en el que rompía con el régimen cubano.

En 2012: un “app” creado por la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI) para facilitar a los represores y chivatos cubanos la delación y otras infamias.

En 2013: el lanzamiento al mercado de Comecandela, la cerveza de los revolucionarios.

En 2014: la “decisión” de Mariela Castro de cambiar su orientación sexual, a tono con los cambios que no acaban de llegar.

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Mariela Castro anuncia el cambio

Agencias | La Habana | 28 Dic 2014 – 12:01 am. |

Mariela_Castro_2010_Hamburg Luego de varios años en los que ha sido objeto de innumerables críticas producto de presidir el Centro Nacional de Educación Sexual, una institución que representa los intereses de la comunidad LGBT (lesbianas, gays, bisexuales, transexuales), una minoría de la cual no forma parte, Mariela Castro ha anunciado públicamente su resolución de año nuevo: ha decidido que a partir de 2015 será lesbiana, y que no descarta la posibilidad de cambiar de sexo en el futuro. (En ese caso, como se trata de una revolucionaria, la operación y la terapia de reemplazo hormonal serían gratis, recuerda la titular del CENESEX).

Esta “decisión” de cambiar su sexualidad no deja de ser problemática, pues sirve en bandeja de plata el argumento de que la orientación sexual es una elección. A lo que Castro (Mariela, se entiende) responde: “Como resulta obvio, esto no es más que otra campaña mediática del imperialismo y de la mafia cubano americana de Miami. Primero criticaban a mi tío por la falta de opciones. Cinco décadas más tarde, siguen criticando a mi padre con la misma cantaleta. Después de todo ese tiempo rasgándose las vestiduras, vienen a criticarme a mí por nepotismo. Mire usted, ¡nepotismo en Cuba! Y, para colmo, ahora que he tomado esta decisión tan importante, cansada de representar a una comunidad que no me siente suya, me critican precisamente por elegir. Que pongan el huevo. La capacidad de elegir es buena o no, ¿en qué quedamos? Cómo es eso de que critican a mi padre porque no hay elecciones en Cuba y cuando yo elijo mi sexualidad me critican a mí”.

Mariela Castro hizo estas declaraciones en entrevista radial con los editores de Ocean Sur, editorial que publicará en 2015 su libro de memorias La revolución (y la diversidad sexual) en Cuba. En la contraportada de este volumen de 480 páginas que recoge desde sus primeros recuerdos de infancia —que alternan entre sus juegos de muñecas con las sirvientas de la casa hasta los sustos que su hermano, Alejandro Castro Espín, daba a las visitas amenazando con fusilarlas desde la tierna edad de 5 años— hasta su reciente decisión de “jugar para el otro bando”, Castro declara que “sueña con el día en que la diversidad sexual deje de ser una nota parentética en las cubiertas de libros escritos para lavar la cara de regímenes represivos”.

Gracias al deshielo en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, la gira promocional del libro comenzará en la Biblioteca Pública de Nueva York y será financiada con el excedente de los fondos del contribuyente norteamericano destinados al embarazo de la esposa del espía cubano Gerardo Hernández.

La revolución… saldrá a la venta, en edición bilingüe, el 1 de abril de 2015.

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Cuba, la esperanza y el cambio

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El presidente Obama, un hombre que promueve activamente la audacia de la esperanza y que basó sus campañas presidenciales en la idea del cambio, ha combinado los dos conceptos en su acercamiento a Cuba: tiene la esperanza de que Castro cambie. Sin embargo, esa opción no es ni remotamente posible. En 2003, los hermanos Castro añadieron una cláusula a la Constitución que establece que el carácter socialista de la revolución cubana es irrevocable.

Quienes pensaron que la Guerra Fría terminó y es tiempo de dar un paso adelante, ahí está Raúl Castro para recordarles que no deben olvidar.

Castro y Obama habían acordado anunciar la noticia del nuevo amanecer para las relaciones de Cuba y Estados Unidos simultáneamente, al mediodía del 17 de diciembre, fecha particularmente significativa en el folclor cubano pues celebra a San Lázaro, el santo patrón de los necesitados, el que le da esperanza a la gente.

Obama dio su conferencia de prensa de pie, en una habitación iluminada. Se veía a un hombre joven, durante su segundo mandato presidencial, hablar con naturalidad. Castro, una reliquia de la era Eisenhower, estaba sentado en una cápsula de tiempo de caoba pobremente iluminada. Leyó sus declaraciones de una serie de cuartillas impresas, con el tono impostado de quien da un discurso grandilocuente, el único tono con el que siempre se ha dirigido al pueblo de Cuba.

Obama, Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, compareció vestido de civil. Castro hizo acto de presencia infundado en su uniforme militar, con la retahíla de medallas que se ha otorgado a sí mismo durante décadas (ha sido la máxima figura del ejército cubano desde que él y su hermano tomaran el poder en 1959). Esa opción en la vestimenta fue cuidadosamente considerada.

Raul Castro apareció entre dos fotos en blanco y negro. En una, posa con un compañero de lucha que murió peleando contra el dictador anterior (no Fidel, el que estaba antes). En la otra foto figura con su difunta cónyuge, la mujer más poderosa del último medio siglo en la isla. Por más que el presidente de los Estados Unidos quiera pasar la página, Raúl Castro es un hombre que vive en el pasado.

Pero en caso de que la estética retro no fuera suficiente, Raúl Castro abrió la boca. Estas fueron sus primeras palabras: “Compatriotas, desde mi elección como presidente…”. Ese es el momento exacto en el que la audiencia educada debe comprender que esto es una gran farsa: Raúl Castro nunca ha sido elegido.

El acuerdo de abrir una embajada estadounidense en La Habana fue precedido del mambo del trueque en el que un espía del gobierno norteamericano que cumplía sentencia en Cuba fue canjeado por tres espías cubanos presos en Estados Unidos. (Según se puede ver en el selfie en el que Raúl Castro muestra su recién recibido botín de guerra, los espías cubanos estuvieron bien alimentados durante su cautiverio). Alan Gross, el subcontratista de USAID que perdió más de 100 libras de peso y gran parte de su dentadura en prisión, fue liberado por “cuestiones humanitarias” luego de 5 años de encarcelamiento injusto por entregar computadoras portátiles y teléfonos móviles a la comunidad judía en Cuba.

Además, Obama anunció que quiere reconsiderar la pertenencia de Cuba a la lista de países que patrocinan el terrorismo. Aun así, el mismo día de este intercambio, el largo tentáculo de la represión norcoreana penetró la conciencia colectiva de Estados Unidos al advertirle a Sony Pictures (y su audiencia global) que si la compañía saca la película “The Interview” habrá repercusiones terroristas. Nada ha cambiado desde que en julio de 2013 el barco norcoreano Chong Chong Gang fuera interceptado en aguas panameñas con 240 toneladas de cargamento bélico escondidas bajo sacos de azúcar. El barco y las armas procedían de Cuba, del mismo régimen que puso al mundo al borde de una guerra nuclear a principios de los 60, el mismo régimen al que esta nueva movida intenta apaciguar.

En su discurso inaugural del 20 de enero de 2009, Obama aludió a la dinastía Castro: “Quienes se aferran al poder a través de la corrupción, el engaño y el silenciamiento de la oposición, sepan que están en el lado equivocado de la historia, pero que les extenderemos la mano si están dispuestos a abrir el puño”. Pero el puño castrista sigue tan apretado como siempre.

En la mañana del 20 de diciembre de 2014, la noticia de que un guardacostas cubano había hundido una embarcación que llevaba mujeres y niños comenzó a circular en la prensa en inglés. Hasta el momento, se ha reportado un desaparecido. Esperemos más desplantes al gobierno norteamericano (y al pueblo de Cuba) de la misma fuente.

Hay una parábola que ilustra la malhadada relación entre Obama y Castro. Un hombre ve un escorpión ahogándose en un charco. Considera el resultado de sus acciones, pero decide que está en su naturaleza proteger al animal, así que mete la mano en el agua y lo saca. La naturaleza del alacrán es clavar el aguijón. El hombre reacciona al veneno abriendo la mano, lo que hace que el escorpión caiga al agua. Con las extremidades comenzando a inflamarse y a punto de alucinar, el hombre ve un escorpión ahogándose en un charco. Y siente la imperiosa necesidad de salvar a la criatura.

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Alexis Romay
New Jersey

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Haiku 107: Mínimo común denominador

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La pesadilla:
soñar, de vez en cuando,
que estás en Cuba.

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[Ilustración: Garrincha].

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