Donde dije digo, digo Diego

Muy a mi pesar, al hablar del foro en Madrid y el espectador airado, combiné dos anécdotas en una. María Werlau me corrige: quien la acusó de mentir no fue un miembro del público, sino (lo que es aún más triste) un panelista. Cosas veredes, Sancho.

A los lectores y a María, ofrezco mis más sinceras disculpas por tergiversar los hechos.

En palabras de Werlau:

Querido Alexis:

Para ser preciso, te sugiero corregir la anécdota. [Tu descripción] se trata de un evento que se suscitó a propósito del foro en Madrid en marzo del 2007. Fue un debate televisivo en CNN Plus que sostuve con Manuel Martín Medem, autor del libro Fidel, ¿Por qué no me enseñaste cómo se vive sin ti?, reciente corresponsal de televisión española en Cuba durante cuatro años. Éramos los invitados de un conocido programa cuyo anfitrión es el destacado periodista español José María Calleja. Medem no pudo más que alegar, al tratarse el tema de las víctimas, de que eran puras mentiras.

Por cierto, entre otras cosas, veo en el internet en entrevistas que ha condedido Medem que él sostiene que Cuba no es una dictadura comparada con los regímenes militares que gobernaron en Latinoamérica el siglo pasado, calificó a Osvaldo Payá de mercenario, y se refiere a la FNCA [Fundación Nacional Cubano Americana] como “mafia terrorista de Miami”.

Para tu información, fue un intercambio muy cívico (el mismo Calleja luego me dijo que era el debate más sobrio que había visto sobre temática cubana). Luego, invité a Medem a acompañarme a Madrid en el carro que me llevaba de regreso a la ciudad contratado por el canal. Le dije que para qué utilizar dos carros y así podíamos conversar. Tuvimos una conversación cordial y aproveché para entregarle material sobre el proyecto y contarle más sobre las víctimas. Le pedí que me avisara qué le parecía. Nunca más supe de él. Me parece que traté de llamarlo por teléfono antes de irme de Madrid y no di con él. Así que si sigue insistiendo en que es mentira, al menos ya no puede afirmarlo con la conciencia limpia.

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A propósito de “Tribuna Barcelona”

Esta escena de los amantes del castrismo (allende los mares) defendiendo lo inexcusable me recuerda una anécdota que me contara no hace mucho María Werlau, directora del antes mencionado Archivo Cuba.

El año pasado, Werlau participó en calidad de panelista en un foro sobre la situación en la isla. Dicho foro tuvo lugar en Madrid. Luego de que Werlau expusiera con fechas y datos precisos y constatables un muestrario de las víctimas del régimen cubano, uno de los amanuenses de la dictadura, desde el público, le gritó: «Eso es mentira».

El grito sumado a la caterva de insultos ―por parte del espectador― es significativo. Expone, como pocas cosas, el modus operandi de los seguidores del régimen: ante la incontestable evidencia, agreden.

Viví un episodio similar a raíz del traspaso de poderes que tuvo lugar a finales de febrero en la monarquía cubana: en una mini feria de libros, un colega de la industria osó pedirme mi opinión sobre el Heredero en Jefe©. Cuando le dije que si Pinochet o Franco o cualquier otro dictador pasara el poder a su hermano en The New York Times habría una avalancha de editoriales en su contra, una cadena de infartos masivos o ambas, mi interlocutor contestó que no podía comparar a Fidel con Pinochet, pues este último era un «dictador malo». Lo dijo con esas palabras. Luego de preguntarle si creía que el mandatario cubano era un “dictador bueno” y pedirle que me explicara dónde radicaba la diferencia entre dictaduras buenas y malas ―habida cuenta de que con los 49 años que detentó el poder en Cuba, Castro había casi triplicado el número de víctimas y la permanencia en el poder de su homólogo chileno―, el castrista light me dijo que habíamos ido a la feria del libro a hacer negocios, no a discutir de política.

Estos ejemplos muestran la férrea voluntad de no escuchar que se gastan quienes prefieren creer en aquella utopía que les vendieron a precio de saldo a principios de los sesenta. Es duro para ellos, después de tantas décadas, admitir que les dieron gato por liebre. A nadie le gusta que le pinchen el globo, aunque sea un globo tinto en sangre.

Al margen de eso, debemos seguir insistiendo en mostrar la naturaleza despótica del régimen en cuanta oportunidad se presente, aunque esté más que demostrado que no se le puede dar la verdad a quien no sabe qué hacer con ella.

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Crónica de un evento anunciado

Ayer, en horas de la tarde y como parte de las actividades del Festival de Cine de La Habana en Nueva York, fue presentada en New York University (NYU) la mejor lograda obra de ficción de Estela Bravo. Este largometraje de fantasía parcial y desbordante se titula Fidel. Su contenido se podría resumir de la siguiente manera: “documental” donde la manipulación reina y la objetividad brilla por su ausencia.

Mi amiga y colega María Werlau, directora del Archivo Cuba, asistió a la presentación de Fidel. Desde aquí le agradezco la gentileza de compartir esta crónica del evento con los lectores de Belascoaín y Neptuno:

La sala estaba abarrotada y no había donde sentarse cuando llegué. Había sillas y gente parada hasta en los pasillos y la entrada. Por suerte, me colé por una esquinita de atrás. Me cogió bastante tráfico en el túnel para entrar a la ciudad, así que llegué cuando Estela Bravo estaba terminando de hablar antes de comenzar la proyección del documental. No sé qué dijo aparte de que fue a última hora que se decidió incluir una sección más larga sobre los logros de Fidel en África.

La película dura 90 minutos y debería titularse A Fidel Love Fest. Está muy bien filmada, con mucho pietaje original e histórico, mucho de Fidel en cámara en sus momentos más carismáticos, aparte de cuanto líder, intelectual y multitud dentro y fuera de Cuba que aparece adorándolo. El libreto está muy bien hecho para confundir al que no conoce la historia y presentar al líder en su infinita brillantez, avocado al bienestar de su pueblo, a la defensa de la revolución contra el imperio y los que se fueron. Por supuesto, cualquier viso de algo negativo es culpa del bloqueo, la CIA, etc., no sólo en Cuba sino en el Chile de Allende, etc. Hasta el Papa es usado para avalar a Fidel y denunciar el bloqueo. Hay algunos errores crasos (por ejemplo: los 20 000 muertos de Batista), pero éstos son pocos. Lo que sí hay es una enorme y consistente manipulación, y muy bien hecha, de hechos históricos que van desde la Sierra hasta el presente, así como la total omisión de cualquier cosa que pudiera presentar a Fidel en menos que luminosa brillantez, incluyendo la represión, los crímenes del régimen, el descalabro económico, y demás. El público parecía en su inmensa mayoría gran simpatizante de Fidel y algunos aplaudían enérgicamente durante la proyección. Ya para los últimos treinta minutos, miraba mi reloj con ansiedad, creía que no podría soportar más, me dio hasta dolor de pecho.

Al final, salí rápido y dejé unos volantes que hablan de la represión y las víctimas [ver volante aquí] en una mesa donde habían puesto panfletos sobre el Festival y salí a la acera, para interceptar al público que salía. Repartí los volantes a todos los que pasaron y vi que casi todos se iban leyéndolos. Algunos ya los traían de adentro, tomados de la mesa donde los dejé, así que al parecer los organizadores no se dieron cuenta de que eran un “outside job”. Cuando vi pasar al admirador más vociferante de Fidel, quien estaba cerca mío durante la proyección y aplaudía más que nadie, le dije: «Ah, vi que le gustó mucho la película, entonces por favor tome uno de estos volantes». Cuando lo leyó empezó a insultarme y me gritaba mientras se alejaba, pero no me viré y seguí con los volantes. Nadie más fue grosero conmigo.

Cuando se me terminaron los volantes, regresé al salón, donde quedaba alguna gente y me presenté a la mujer que dirige el festival, Carole Rosenberg, la presidenta del Friends of the Ludwig Foundation of Cuba. Comenzamos a charlar cordialmente y me contó cómo comenzaron con el proyecto de la Ludwig Foundation. Me explicó que su interés primordial era el arte, no la política, a lo cual le respondí que eso es prácticamente imposible, especialmente con respecto a Cuba. Luego cuando quedaba muy poca gente, vino a nuestro encuentro Estela Bravo y me saludó, dándome las gracias por haber asistido. De manera respetuosa, le dije que encontraba su película completamente parcializada y que me había causado mucho sufrimiento verla, pues no dudaba que Fidel tiene simpatizantes, tal como lo presentó, pero él también había y ha causado enorme sufrimiento y descalabro, lo que no figura en ninguna parte del documental, como tampoco aparecen opiniones divergentes sobre él. Entonces se viró y me presentó al marido —un argentino que escribió el libreto— y me dijo que le reclamara a él. Les dije que además también había encontrado algunos errores históricos puntuales, tales como aseverar que Batista había dejado 20,000 muertos. Bravo me dijo que en Argentina hay discrepancia sobre los números de las víctimas y después de un breve intercambio sobre esto, se fueron.

Hablé un poco más con la presidenta de la Ludwig Foundation, quien sentía mucho alivio de que no le hubieran hecho un piquete y siguió muy cordial. Le dije que mi objeción al documental no se trata de política, sino que va más allá a un asunto de derechos humanos fundamentales. Le pregunté si pondrían películas hechas desde la perspectiva de cubanos en el exilio y me dijo que sí, pero que nunca se las habían presentado. Creo que se deberían buscar varias películas sobre Cuba para presentarlas para el próximo festival.

Por cierto, me confirmó que Bravo y su marido viven en Cuba hace años. No he podido encontrar quién financió la película Fidel y los otros documentales que hace Bravo sobre Cuba y los oprimidos de América Latina. No dudaría que fuera el estado cubano, ya que al menos éste es pura propaganda a favor del régimen. Si alguien sabe algo concreto sobre esto, favor de escribirme a info@CubaArchive.org.

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Diario de Campaña de José Martí (V)

13.―Viene Abraham Leyva, con Silvestre cargado de carne de puerco, de cañas, de buniatos, del pollo que manda la Niña. Fernando ha ido a buscar el práctico.―Abraham, Rosario al cuello. Alarma; y preparamos, al venir Abraham, a trancos. Seguía Silvestre con la carga; a las 11. De mañana nos habíamos mudado a la vera del río, crecido a la noche, con estruendo de piedras que parecía tiros. ―Vendrá practico. Almorzamos. Se va Silvestre. Viene José a la una con su yegua. Seguiremos con él.―Silbidos y relinchos: saltamos: apuntamos: sin Abraham.―Y Blas.―Por una conversación de Blas supo Ruenes que habíamos llegado, y manda a ver, a unírsenos. Decidimos ir a encontrar a Ruenes al Sao del Nejesial.―Saldremos por la mañana. Cojo hojas secas, para mi cama.―Asamos buniatos.

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El regreso del Chacal

1
Hace cuestión de un año, un artículo de The New York Times sobre José Conde suscitó una nota en Penúltimos días, así como un hostil intercambio de comentarios entre al menos un par de lectores de dicho blog.

A decir verdad, la canción de José Conde y Ola Fresca ―cuyo video clip aparece en el enlace a la nota de PD― no se me antojó nada del otro mundo; esto es: ni tan buena como para ameritar una mención en el NYT, ni tan mala como para merecer el despecho o el olvido. Así que me olvidé del asunto.

2
La semana pasada, una amiga me regaló Café cubano, un disco del sello Putumayo Records. (A los melómanos: lo he buscado en todas partes, pero aún no ha salido a la venta; ni siquiera está anunciado en la página web de la disquera). La carátula deja mucho que desear: presenta esa imagen bucólica que a ratos se tiene de la isla. Sólo faltan el taparrabo, el taburete y la tacita de café para convoyar el título del álbum.

Con esos truenos, pospuse el momento de sentarme a escuchar el CD… hasta que por fin anoche decidí meterle mano. Las notas de apertura de la primera canción me recordaron un poco a “Marc Ribot y los cubanos postizos”: una mezcla agraciada de tambores con guitarras, algo que Habana Abierta define ―y ejecuta― con gracia inimitable: el rock and roll con timba. Pero cuando después del segundo compás entró la letra, ésta me hizo soltar lo que estaba haciendo y prestarle atención a lo que cantaba José Conde:

Obligaron a ponerte
en histórica altura,
promovieron tu bravura
al mundo entero con tu muerte.

Aquí se quedó tu cara
en camisetas y postales…
No dicen todas las verdades
del Chacal de la Cabaña.

La canción que interpreta Ola Fresca es un buen ejemplo de cómo arar con útiles mellados o cómo construir sobre los escombros. Conde modificó la letra y la melodía de la plañidera “Hasta siempre, Comandante” ―que compusiera e interpretara hasta el hastío Carlos Puebla― lo suficiente como para hacer que la nueva canción se disfrute y lo ponga a bailar a uno por sus propios méritos, pero no demasiado como para que ésta perdiera vínculo con el lamento guevariano de Charly People.

Hay un inconveniente: “El Chacal” sólo puede ser apreciado a plenitud por un grupo selecto: quienes vivieron en la isla desde finales de los sesenta hasta quienes la habitan estos días. Hoy ―por poner un ejemplo fresquito―, se la tarareaba a unos compatriotas que ―por haberse fugado de la jaula grande hace varias décadas―, desconocían el original de Puebla y, aunque les gustó la idea, no captaron las varias vueltas de tuerca que presupone el tema de Conde. En ese aspecto, “El Chacal” recuerda al proverbial árbol que se cae en medio del monte: si no hay alguien por los alrededores que se entere, ¿se cayó en realidad? (Aclaro que no intento hacer leña del árbol caído).

No es difícil encontrar sátira en la música popular cubana. Sin embargo, una buena parodia cuesta tiempo y talento. El resto del álbum depara muy gratas sorpresas, entre las que se cuentan “Ay, mi vidita”, de Pedro Luis Ferrer, “Morenita”, de La Orquesta Mágica de La Habana y “Fue una de mambo”, de Kelvis Ochoa. Pero si recomiendo que se tomen un buchito de este Café cubano, es para que no se pierdan las venturas y desventuras del Chacal de la Cabaña.

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Diario de Campaña de José Martí (IV)

12.―A las 3 nos decidimos a llamar. Blas, Gonzalo , y la Niña. José Gabriel, vivo, va a llamar a Silvestre.―Silvestre dispuesto.―Por derechos, muy cargados, salimos a buscar a Mesón, al Tacre (Záguere). En el monte claro esperamos, desde las 9, hasta las 2.―Convenzo a Silvestre a que nos lleve a Imía.―Seguimos por el cauce del Tacre.―Decide el General escribir a Fernando Leyva, y va Silvestre. Nos metemos en la cueva, campamento antiguo, bajo un farallón, a la derecha del río. Dormimos―hojas secas―. Marcos derriba: Silvestre me trae hojas.

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Diario de Campaña de José Martí (III)

11.―bote. Salimos a las 11. Pasamos (4) rozando a Maisí, y vemos la farola. Yo en el puente. A las 7½, oscuridad. Movimiento a bordo. Capitán conmovido. Bajan el bote. Llueve grueso al arrancar. Rumbamos mal. Ideas diversas y revueltas en el bote. Más chubasco. El timón se pierde. Fijamos rumbo. Llevo el remo de proa. Salas rema seguido. Paquito Borrero y el General ayudan de popa. Nos ceñimos los revólveres. Rumbo al abra. La luna asoma, roja, bajo una nube. Arribamos a una playa de piedras, La Playita (al pie de Cajobabo). Me quedo en el bote el último vaciándolo. Salto. Dicha grande. Viramos el bote, y el garrafón de agua. Bebemos málaga. Arriba por piedras, espinas y cenegal. Oímos ruido, y preparamos, cerca de una talanquera. Ladeando un sitio, llegamos a una casa. Dormimos cerca, por el suelo.
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Tour de Force

Un excelente post de Manuel Sosa —titulado “Barniz sobre la UNEAC y otros apuntes georgianos”— me empujó a escribirle este soneto a la inmemorial Alicia Alonso. A Sosa: gracias por el pie forzado.

Tour de Force

Longeva bailarina ensimismada
por su propia figura pizpireta,
cuando en el aire lanza una pirueta
se va en blanco. (La pobre, no ve nada).

Su silueta se pierde en la memoria
de esa nación chillona y paranoica.
Alicia —desde la Era Mesozoica—
entra bailando al aro de la Historia.

La chusma diligente la reclama
—con eso sueña el pobre cisne ciego—.
Venerable a sus años infinitos,

martiriza al chofer y a la mucama,
deja a su partenaire fuera del juego…
que no está el horno para pastelitos.

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Dicotomía habanera

Transcribo un fragmento de R.U.Y., de César Reynel Aguilera.

***
Consuelo fue la embajadora entre dos mundos; al principio sola, y después con la ayuda de Bettina, empezó a borrar la última barrera, clase o estrato que seguía en pie: la que separaba a los “guapos” de los “pepillos”.

Pototo es un guapo de libro; el pelo untado con brillantina, el peinado con una raya lateral y un par de motas sobre las orejas, en cuanto pudo un bigotico y una cadena bañada en oro. El cuello de la camisa es puro almidón y está cubierto con un pañuelo fijado con presillas, las mangas tienen un filo que corta, el único ojal desabrochado deja ver un pecho que estornuda talco. La camisa va por dentro y el pantalón se abrocha a la altura del ombligo; la hebilla del cinto reluce y los genitales hacen un bulto donde empiezan las patas del pantalón, unas patas que tienen que bajar en corte recto o en campana. Los machos no se aprietan las piernas. Las botas relucen como charolina, los cordones van entre sueltos y amarrados, el cuero brilla limpiecito, tinta, betún, alcohol y candela, al que me pise lo mato. Camina de lado para que no te conozcan, mientras menos sombra mejor, un hombro por adelante, el brazo abriendo vereda, otro pañuelo tapando la boca, que no sepan si estoy hablando, que no me huelan el aliento, no quiero intriga, comentarios o vicisitudes. Hombre a todo y amigo de unos cuantos, pero de verdad, por la pura lo juro, porque madre hay una sola y padre es cualquiera. En la playa la trusa tiene que hacer bulto y los erizos se aplastan a pisotones, hombre que se deja pinchar es penco, si las púas hincan entonces hay que bañarse con tenis; y nadar con la cabeza afuera, mirando para los lados con cada brazada, sin hacer mucho alboroto, la espuma es cosa de mujeres. Eso es un guapo, el presidio sin haber estado, el peligro en cualquier esquina, los cataos siempre arriba, la candela provocada a fuerza de evitarla.

Un pepillo es Horacio con el pelo largo y despeinado, la camisa ancha y estrujada, el pantalón por la cadera y las patas en tubito; si es un Jean, mejor, si termina arrastrándose sobre unas zapatillas de marca, perfecto. Un chamaco que no está en nada, un tipo mortal, míralo cómo camina, relajado, parece un esqueleto rumbero, y con la trusa puesta se le ven los pelitos del pubis y la punta de la rabadilla. A la playa se va en chancletas o descalzo, los erizos se tantean, se les pide permiso antes de poner el pie en firme, el que se deja pinchar es un cheo que no sabe encontrar la piedra adecuada para el descanso, el que se baña con zapatos es un abusador que maltrata las olas porque les tiene miedo.

En la esquina Pototo se ríe de Horacio, en la playita es al revés, hasta que los dos aprenden a reírse juntos de Buenavista y de Miramar.

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Diario de Campaña de José Martí (II)

10.―Salimos del Cabo.―Amanecemos en Inagua.―Izamos velas.

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Jamás jamé jamón

Acabo de dar con el último grito de la tecnología: el iJam. A los curiosos: pinchen en “Take the guided tour” para ver el video.

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Orden en el caos

La cita del día corresponde a Carlos Rivero Collado. Y tanto dio el cántaro que me obligó a ir a la fuente. Así que, ni corto ni perezoso, le eché mano al mataburros.

Encontré esta interesante definición en el Diccionario de la Real Academia Española:

«collado. (Del lat. collis, -is, colina, altura).
1. m. Tierra que se levanta como un cerro, menos elevada que el monte.
2. m. Depresión suave por donde se puede pasar fácilmente de un lado a otro de una sierra».

Fiel a su sino, así pasó este señor (ahora compañero) de un lado a otro de la Sierra.

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Diario de Campaña de José Martí (I)

9 Abril.―Lola, jolongo, llorando en el balcón. Nos embarcamos.

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Un rapto de cordura

El más escandaloso secuestro perpetrado en la década del 50 por el grupo armado que hasta estos días gobierna la isla cual si fuera cuartel no fue ―como algunos piensan― la captura de Fangio, aquel astro del timón que llegó a la Habana en febrero de 1958 a participar en el II Gran Premio de Cuba, un año después de haber ganado la primera edición de dicha competencia.

Un lustro antes de que los revolucionarios encañonaran al por entonces corredor más rápido del mundo, ya había tenido lugar el secuestro más significativo de la historia nacional: el de José Julián Martí Pérez. ¿El comando a cargo? Los hermanos Castro y su grupo autodenominado “Generación del Centenario”.

Años después, la Revolución se ocuparía de convertir a José Martí en lema de matutinos escolares, estatua de mármol, busto a la intemperie, panfleto, aeropuerto internacional, sinónimo de uncool… Pero primero era necesario trocar al Apóstol en “Autor Intelectual del asalto al Cuartel Moncada”. La estocada mortal fue asestada hace medio siglo. La herida todavía sangra.

El subsiguiente uso y abuso por parte del régimen del autor de los “Versos sencillos” posibilitó que en la isla ―más allá del cacareado fervor martiano que dizque profesa la masa― una parte considerable de la población rechazara la obra del más grande de los cubanos, por el delito de (libre) asociación con el gobierno que es yunque y es martillo.

Menciono esto pues hoy es una fecha martiana donde las haya: el 9 de abril de 1895, José Martí escribió la primera entrada de su Diario de Campaña.

En los próximos 38 días me tomaré la libertad de reproducir el contenido de dicho Diario en estas páginas. Será mi discreto homenaje. Y una manera de rescatar lo que a todos nos pertenece.

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Para ir haciendo boca

Transcribo un fragmento de R.U.Y., de César Reynel Aguilera.

***
Al cuatro esquina no me dejan jugar, me vieron una vez y ahí mismo decidieron que soy el ampaya, por umpire, Bro, el árbitro. Recojo las apuestas, canto las jugadas y le doy su dinero al que gane. Cinco pesos por jugador, si es un tres contra tres, entonces son a quince pesos las siete entradas. Se juega con un casco, eso es una pelota de tenis que ha perdido la capa protectora, una bola negra con una costura de goma blanca, Puppy le inyecta aire para que camine más, yo tengo que rebotarla un rato contra el pavimento hasta que se caliente, lo que pongo en las manos de los jugadores es un petardo.

Bro, una de las esquinas se convierte en la punta de un rombo, desde ahí se batea la bola y se camina hacia las bases; la esquina que está a la derecha es la primera base, la que está enfrente y en la diagonal es la segunda, y la que está a la izquierda es la tercera, solo se puede batear hacia una de las bandas, casi siempre la que está entre segunda y tercera, la mayoría de los jugadores son derechos. ¿Tú nunca has visto un juego de cuatro esquinas? A las dos de la tarde, cuando la gente huye del calor y las calles están vacías; cuando el pavimento es un espejo negro y los bichitos de candela se esconden bajo las hojas de los laureles. Las camisas colgadas de las ramas de los árboles, los torsos desnudos y sudorosos; play ball, y la pelota flotando sobre la palma de la mano del primer bateador, el brazo como un resorte que se suelta desde bien atrás, el puño cerrado si busca fuerza, la mano abierta si quiere colocación. La bola recibe el impacto y sale como un cohete, rebota contra el asfalto y se desliza, negro sobre negro, como una piedra plana sobre un mar en calma chicha. Es un juego de súper-reflejos, bien jugado es una cosa digna de verse, interceptar esa bola que va saltando sobre la calle es algo que no se puede enseñar, atraparla es un acto de magia. Los buenos jugadores se mueven con un sincronismo increíble, un defensor captura la bola y sabe que en la primera base ya tiene que estar uno de los suyos esperando por su lanzamiento, el bateador sale caminando a ver si llega a la primera base antes que la bola que están lanzando. Ese es mi trabajo, chequear que el bateador no corra, que vaya caminando desde el home plate hasta la primera, mirar cual de los dos llega primero, el hombre o la bola. Ruy, no me digas que eso es quieto. Ruy, no me digas que eso es out. Es lo que yo diga y al carajo el mundo, al que no le guste que se vaya a jugar a otra esquina, en esta mando yo. Okey.

Si la bola se pierde tengo que ir a buscarla, en un juego de profesionales eso pasa pocas veces, pero cuando pasa es una verdadera jodientina, tengo que salir corriendo detrás del petardo, averiguar la trayectoria y adónde fue a parar, si se metió por una ventana la cosa se complica, tengo que asomarme a ver si hay alguien y pedirle, disculpando la molestia, con mucha humildad, que nos devuelva la bola, mil promesas a flor de labio, tendremos más cuidado la próxima vez. Las viejas gritan y pelean, los hombres refunfuñan y las muchachas, bueno, las muchachas se bañan desnudas.

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