Óleo de Narciso con pedrusco (III)

Ante esa piedra horrorosa
que marca el sitio preciso
en donde yace el occiso
que puso mala la cosa,
—¡donde cagó la tiñosa!—,
se posa el nuevo tirano,
pone en la roca la mano
y rememora el ayer.
Tiembla. Entiende que va a ser
patrimonio del gusano.

Acerca de Alexis Romay

Pienso, luego escribo.
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