Esperando por el difunto Fidel

Teresa Dovalpage recoge V premio de novela cortaMi querida Teresa Dovalpage está causando revuelo por la madre patria. Y no en balde. Ha regresado a Málaga, tierra de sus ancestros ―que sospecho fueron, con toda probabilidad, salerosos―, a recibir el quinto Premio de Novela Corta de Rincón de la Victoria, por su manuscrito El difunto Fidel. (¡Dios te oiga, Teresa!).

Las notas de prensa coinciden en que «el jurado ha calificado El difunto Fidel como una obra con una fina ironía y un tratamiento muy elaborado del vocabulario, y en la que además, se aprecia un lenguaje muy rico con modismos cubanos». A esto sumo lo que ya dije: El difunto Fidel no permite pausas ni da tregua. Ya que estamos, el título es un guiño al lector pues la obra no trata de Fidel Castro, sino de Philip Carballo, un exiliado cubano, que se proclama “luchador por la libertad”, es dueño de una exitosa compañía de bienes raíces y, después de su muerte, en sucesivas sesiones con una espiritista pelirroja y sandunguera, revela que había sido dirigente en Cuba, que su compañía estaba a un paso de la quiebra y que, para colmo de males, su verdadero nombre era Fidel.

El difunto Fidel ―qué dicha escribir esa frase― es una de esas grandes  novelas breves que se da el lujo de tutear a Pedro Páramo o El viejo y el mar (por poner par de ejemplos emblemáticos), con la ventaja añadida de que goza de un humor y una picardía innata que ya quisieran Hemingway o Rulfo en sus mejores días. Ya vendrá alguien a tildarme de exagerado y le diré ―como le dijeran a San Agustín―: “tolle, legge!”, que quiere decir, nada más y nada menos: “¡toma, lee!”.

Y ya que invito a la lectura, los dejo con un fragmento de “Hasta que el mortage nos separe”, pieza teatral de Dovalpage que sirvió de (pre)texto a la novela de marras (y de la que este blog ya tuvo el privilegio de adelantar un fragmento).

No añado más —para no arruinar las sorpresas (que son muchas)—, excepto lo obvio: recomiendo este desopilante libro con muchísimo entusiasmo.

¡Buen provecho!

***

“Hasta que el mortage nos separe”

Escena III

A la izquierda del escenario hay una bandera cubana. Estamos en La Habana, en la oficina de Fidel Carballo, administrador de una empresa de la industria alimenticia. Fidel está sentado en una butaca y tiene a su lado un volumen de El Capital, de Marx. Un trabajador joven ha venido a protestar ante su jefe por una penalización que considera inmerecida.

A la derecha hay una bandera canadiense. Una periodista con su grabadora en la mano entrevista a Philip. Estamos en el aeropuerto el día de su llegada a Canadá, donde acaba de pedir asilo político con su mujer y su hija.

La acción ocurre en dos planos temporales diferentes, pero los diálogos se desarrollarán simultáneamente. Philip/ Fidel, en medio de las dos banderas, se inclinará a un lado o al otro según con quien esté hablando.

Periodista: Bienvenido, señor Carballo. Welcome to Gander! Últimamente parece que cada dos semanas tenemos a un nuevo refugiado cubano aquí. ¿Me permite hacerle una breve entrevista?

Philip: Claro, claro.

Periodista: ¿Qué lo ha impulsado a pedir asilo político?

Philip: Bueno, el deseo de ofrecerle una vida mejor a mi familia. Y… y de vivir en libertad. Porque a mí me gusta mucho la libertad, ¿comprendes? Yo detesto las injusticias y el totalitarismo.

Trabajador: Compañero administrador, yo no estoy de acuerdo con la
sanción que usted me puso por tardanzas injustificadas. ¿Cómo voy a llegar a tiempo al trabajo si las guaguas están perdidas? Mire, esta mañana llegué a la parada de la ruta treinta a las seis y media, y a las siete y cuarenta no había pasado ni una sola guagua. Por eso…

Fidel (alzando acusador el dedo índice): Sí, por eso llegaste tarde otra vez, aunque te acabábamos de sancionar por ese problema. ¡Y todavía tienes la caradura de venir con reclamaciones!

Periodista: ¿Cómo consiguió salir de la isla?

Philip: Muchacha, eso fue una odisea espacial… (Le toca un brazo, muy confianzudo. La periodista se sorprende de esta excesiva familiaridad y se aparta, incómoda). Dificilísimo. Para empezar, por poquito me meten preso antes de subir al avión.

Trabajador: Pero, ¿qué culpa tengo yo de que no haya transporte? Que sancionen a los chóferes, que cuando al fin pasa la guagua se llevan la parada y lo dejan a uno embarcao allí.

Fidel: Los chóferes no tienen nada que ver con nuestra empresa y tú lo sabes. Déjate de irte por la tangente. La revolución se encuentra en una etapa difícil, compañerito, y hay que sacrificarse. ¿Acaso me has visto a mí llegar tarde algún día?

Trabajador: Pero usted tiene un Lada.

Fidel: Deja ver si para el próximo trimestre te otorgan una bicicleta. Ahora, para eso necesitas acumular méritos laborales. Y los méritos hay que ganárselos a pulso. Por ejemplo, estando aquí, al pie del cañón, a las ocho de la mañana. Si tienes que venir caminando, pues te levantas un poco más temprano y te mandas a pie para acá.

Trabajador: ¿Usted no sabe que yo vivo en Marianao? Caminar de mi casa hasta aquí lleva casi dos horas, como no me ponga un cohete en las nalgas. Y además, que voy a llegar más cansado que un perro y sin fuerzas pa’ trabajar ni un carijo.

Fidel: Chico, ¿qué manera de hablar es ésa? ¿Dónde están tus principios proletarios? Esto no se concibe.

Periodista: Esto no se concibe. ¿Cómo es posible que quisieran prenderlo a usted?

Philip: Ah, muy sencillo. Porque me metí en un grupo defensor de derechos
humanos y tú sabes que eso allá es candela viva.

Periodista (confusa): ¿Candela?

Trabajador: ¡Candela con escopeta pa’ los principios! Mire, si hay que venir a pie, mejor me bota de una vez, porque bastante flaco que está uno pa’ tanto ejercicio por gusto.

Fidel: Este momento histórico es coyuntural y hay que estar a su altura. (A la periodista, como Philip): Candela significa que hay peligro grave, mi amor.

Periodista: Pero usted viajaba representando al gobierno de su país, ¿verdad?

Philip (evasivo): Representando, no… No confundas. Yo era… bueno, tenía un carguito ahí, nada de importancia, en la industria alimenticia. Pero como protestaba por los problemas que había, y sobre todo por el abuso con los obreros, que ni transporte tenían para ir a trabajar, me dieron este viajecito. Fue para callarme la boca. Para que no siguiera en la oposición, ¿comprendes?

Periodista: Entonces, ¿usted se considera opositor al gobierno de Castro?

Philip: Desde luego, sí, me considero súper opositor.

Periodista: ¿Cómo se las arregló para conservar su puesto de dirigente?

Philip: Es muy largo de explicar, muy complejo.

Periodista: Hable, hable sin cortapisas. Canadá es un país libre y se puede expresar sin temor alguno.

Philip (buscando una salida rápida): Es que no quiero comprometer a otras personas que quedaron allá en la isla.

Periodista: No tiene que mencionar nombres.

Philip: Vamos a pasar a otro asunto.

Trabajador: Vamos a pasar a otro asunto. ¿Y de la merienda qué?

Fidel: Ya eso se lo comuniqué a los compañeros en la asamblea sindical de la semana pasada… donde tú no estuviste tampoco, por cierto. La venta de los panes con croqueta en la merienda está suspendida hasta nuevo aviso. Es decir, hasta que llegue a puerto un barco vietnamita que trae carne enlatada para preparar las croquetas.

Trabajador: ¿Y el barco ya salió de Viet Nam o está todavía construyéndose en los astilleros Ho Chi Minh?

Periodista (insistente): No comprendo su reticencia, señor Carballo. Si usted pertenecía a la oposición, ¿cómo le permitieron viajar con toda su familia y con destino a China nada menos?

Fidel/ Philip (a los dos): ¿Saben qué? Vamos a dejar las preguntas indiscretas y el relajo para otro momento. ¡Se acabó la conversación!

(Philip/ Fidel sale con paso marcial, dejando con un palmo de narices a la periodista y al trabajador. A juicio del director, aquí puede escucharse una marcha militar).

Acerca de Alexis Romay

Pienso, luego escribo.
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5 respuestas a Esperando por el difunto Fidel

  1. alina brouwer dijo:

    enhorabuena tere…que alegria ver a los amigos triunfando..
    a.b.

  2. Güicho dijo:

    Felicitaciones, Tere!

    Coño, 9000 na’ ma’? Chica, pero son andaluces o gallegos? 😉

    Saludos!

  3. mayda dijo:

    Teresita nos hace reir y pensar, gracias por el fragmento.

  4. Barbarito dijo:

    ¡¡Enhorabuena por el Premio a nuestra ESCRITORA!!
    Se merece este premio y muchos más. Tiempo al tiempo…
    Lo supe desde el primer día en que la leí: Ya forma parte de la Historia de las Letras cubanas.

    (Con permiso, me llevo el comentario de Alexis a la “Biblioteca cubana de Barbarito”).
    Gracias.

  5. Teresa dijo:

    Hola!
    Muchas, muchas gracias Alexis, Alina, Mayda, Guicho y Barbarito!! Caballeros, con las incidencias del viaje hay pa escribir otro libro, jajaja…AHora estoy en Madrid y loca por llegar a mi rancho, escribire con calma desde alla pero queria agradecerles sus comentarios y a Bustro la promocion,
    abrazos matritenses…

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