Notas a propósito de “Music Freedom Day”

1
Hoy, 3 de marzo de un año bisiesto, se conmemora Music Freedom Day, una efeméride dedicada a la música que ha pasado por el tamiz de la censura en cualquier parte del orbe. Y, como ya es natural, en Cuba acontece otro día más, sin grandes penas ni glorias y sin mencionar ni de pasada a quienes por motivos ajenos a su voluntad tuvieron que irse con su música a otra parte.

Miento descaradamente. Hay un ejemplo, tangencial y oportunista, que sirve de excepción de una regla de por sí bien torcida. Gracias a Tania Quintero y Penúltimos días, me llega la siguiente noticia: hoy los medios de prensa cubanos (sic) anunciaron que Ela O’Farrill, la estigmatizada autora de “Adiós, felicidad” ―aquella infeliz canción que interpretara, entre otros y como ninguno, el gran Bola de Nieve―, ha regresado a la isla para formar parte de la próxima producción musical de Omara Portuondo ―cantante exquisita que tiene en su haber una voz única y plañidera, un refinado gusto por el filin y el muy mal hábito de firmar declaraciones de apoyo a la dictadura cubana―.

En la década de los sesenta, la canción de marras fue presa de la jauría más ortodoxa que la acusó de contrarrevolucionaria por declarar abiertamente que (la autora) jamás había conocido la dicha, pecado inconfesable en la tierra donde todo lo que no es prohibido es obligatorio. (La felicidad cae en la segunda categoría).

2
El inventario de compositores e intérpretes contraindicados por los galenos de la censura oficial goza de una salud envidiable; cambia y crece constantemente. Quien hoy es excomulgado, mañana puede recibir una dádiva. Quién ayer perteneció al grupo de los favorecidos, sin saberlo (o quererlo), hoy puede encontrarse al otro lado de la raya.

En Cuba, querida Celia, la vida no es un carnaval. Es una veleta.

3
No deja de picarme una curiosidad que peca de inocente: ¿quién está a cargo de componer la lista de los renegados? ¿Cómo llega el edicto al común de los mortales? ¿Es la censura hereditaria? ¿Acaso, como las alergias, pasa de generación en generación? No conozco a nadie que haya visto ese panfleto aciago que dicta quién sí y quién no. Tampoco recuerdo que, durante mi infancia y adolescencia, en mi casa nadie prohibiera nunca escuchar a X o Y. Sin embargo, todos sabíamos a qué atenernos.

4
¿Cuánto de autocensura encierra dicha lista? ¿Cuánto colaboramos los no censores en la diseminación de ese mar de prohibiciones? Siempre he sido de la opinión de que es igual hablar con alguien desde un teléfono cuya línea está tomada que hablar con alguien desde un teléfono pensando que la línea está tomada.

En el segundo de los casos, le ahorramos tiempo y trabajo al censor.

5
«La memoria prepara su sorpresa». El verso es de Lezama Lima. Mi memoria tiene lagunas que intento (re)llenar en este blog. Entre ellas, rescato un episodio: a finales de los ochenta (o principios de los noventa; ya advertí que no recuerdo), en medio de una etapa al campo, a un alumno le descubrieron una hoja con la letra manuscrita del éxito del momento: “Ya viene llegando”, de Willy Chirino. Cómo llegó el papel a manos del inquisidor general sigue siendo un misterio. Lo que recuerdo, vagamente, es que el que tenía el sartén por el mango ―un coronel que años más tarde pasaría a engrosar el inmenso inventario de suicidas cubanos― reunió al campamento en vilo para aleccionarnos sobre los peligros de la penetración ideológica de la que éramos, ay, pobres criaturas, objeto. Luego de despotricar contra Chirino, desde un podio improvisado a último minuto, quiso poner un ejemplo de lo nocivo de dicha canción. Y leyó la primera estrofa.

Apenas siendo un niño allá en la Antilla,
mi padre me vistió de marinero,
tuve que navegar noventa millas
y comenzar mi vida de extranjero.

Fe de erratas: donde escribí leyó, sería más justo poner tarareó. Mortal al fin, el militar conocía y había sucumbido al ritmo pegajoso, la letra picante y la desviación ideológica de que nos acusaba y que destilaba por los cuatro costados el son de Chirino.

Desde las filas del público, todo un campamento a sotto voce le siguió la rima.

6
Esto de la música cautiva me hace pensar en dos campos análogos: las letras y las artes visuales. Al de las letras prometo regresar en notas futuras. Respecto al otro: evoco una exposición a mediados de los noventa, en una galería de la periferia habanera. Dicha expo incluía un lienzo que mostraba ―con perdón de la imagen manida― una bandera cubana que se hundía en el mar. Los censores prohibieron la obra. La directora de la galería, en un inútil intento por razonar con las paredes, les dijo que la mala idea provenía de sus mentes. Los censores eran los malpensados. La bandera no estaba al lado de una flecha que indicara que iba hacia abajo. Según ella, la insignia ―cual Excalibur o fénix ultra patriótico― bien podía estar emergiendo de las aguas.

El resultado es obvio. El lienzo no fue expuesto.

7
Si tomamos como punto de partida el concepto de Music Freedom Day, deberíamos hacer campaña por la creación de un día del escritor, otro dedicado a las artes visuales, otro a las artes escénicas… De hecho, en el caso cubano debería existir un día para todas y cada una de las disciplinas ―de las bellas artes, las ciencias, los servicios, etc.― donde se homenajeara a quienes han sido censurados por motivos políticos o ideológicos. Dicha lista de efemérides incluiría los siguientes días festivos: del agrónomo libre, del ingeniero naval libre, del físico nuclear libre, del meteorólogo libre, del diseñador industrial libre, del doctor en ciencias médicas libre, del educador libre…

Temo que será necesario conmemorar dos efemérides en una misma fecha. Y, aún así, sospecho que con 365 jornadas por año no daremos abasto.

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Paranoia I

Unos nudillos se acercan a tu puerta.
Los miedos se alternan.
El hambre amiga proclama su delirio.

Cada palabra es una patria clandestina,
una mentira átona, uniforme,
un vicio innecesario que redunda.

Se escucha un disparo.
Amanece.

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La tilde y la coma

Un cubano más libre.
Un cubano más, libre.
Un cubano, mas libre.

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Raúl en el cielo con diamantes

Unos dicen que prefiere el whisky, otros alegan que el vodka… Lo cierto es que al Heredero en Jefe©, al parecer, le gusta empinar el codo. Además de las evidencias de su primera y temprana curda presidencial, en este video, publicado por Fantomas, aparecen varios motivos para la risa (o el llanto). También se entrevén ciertas claves que revelan la relación distante —en inglés diría awkwardness— que existe entre los mandatarios de Cubazuela. En medio de un mar de chistes forzados, lenguaje tropeloso (del Heredero) y aplausos de un público cautivo —lugar común nunca mejor usado—, la pareja de comediantes nos deleita con sus improvisaciones.

En tanto su hermano mayor ha mostrado cierto interés por la tecnología, el Castro II de este video recuerda un poco al chimpancé que le acaban de enseñar una computadora: le pega a las teclas, salta de emoción, se rasca la cabeza, chilla. Suelta frases que no estarían fuera de lugar en boca de cualquier orate del montón. Entre ellas, destaco una: “Te estoy localizando aquí, por un televisor…”.

Me permito especular respecto a la amistad que se profesan mutuamente estos señores: baste escuchar el saludo de Raúl, que trata de “usted” al venezolano. Éste, con su don natural para la payasada, le regala un par de abrazos en nombre del hermano pueblo bolivariano y hace que el Heredero caiga pronto en terreno de tuteos y se desplaye. Es digna de notar la risa condescendiente de Chávez mientras Raúl intenta localizar el área desde la que se transmite “Aló, Presidente”, valiéndose de la ubicación de unas vacas blancas que pastan como telón de fondo.

La frase célebre del día: “El Che era un daltónico musical”. La dijo Raúl. Marquen la fecha. No tardará en admitir que el darling de Hollywood era un miope político, o un sordo de cañón en temas de economía. Otro detalle: una vez que Raúl se sale completamente del libreto y desmitifica las dotes del Che como cantante, Chávez suelta una risita y para no ser menos dice que “el Che cantaba peor que todos nosotros”. Acto seguido, deja caer el clásico: “No te quiero quitar mucho tiempo…”. Y le quita cordel al beodo. Teme que se ahorque. Repite una arenga sobre el apoyo de Venezuela a la revolución cubana y al soltar su “Patria, Socialismo o Muerte”, Raúl a duras penas controla el hipo y responde “…o Muerte”.

Nosotros, los curados de espanto, gritamos a coro: ¡valga la redundancia!

Alexis Romay

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“El súper” regresa a Miami

Huelgan los comentarios. ¡Vayan a verla!
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Intelectual de izquierda del Upper West Side

La ceremonia de entrega de los premios Oscar® y el Gran Teatro designado con el eufemismo “Parlamento cubano” ―teatro, por cierto, que ostenta los mejores efectos especiales del mundo: el Palacio de las Convenciones de La Habana cuenta con el aplauso más unánime y estéreo de que se tenga noticia― me recuerdan otra instancia donde el universo del espectáculo estadounidense y las figuras de la política cubana encuentran feliz maridaje. Hablo, como debe resultar obvio, del subconsciente de ciertas criaturas que abundan en tierras del norte. Me refiero a la gente que a principios de la década del sesenta se enamoró al unísono de Bob Dylan y Fidel Castro y desde entonces no se ha detenido a pensar en más nada. En honor a esos entrañables especímenes, desempolvo un soneto:

Se fumó Hojas de hierba del gigante,
bebió a Camus, a Sartre y su dilema,
oyó de Castro y le escribió un poema:
lo comparó con David, el rey errante.

No supo de Padilla, ni de Arenas.
La guitarra de Dylan lo hipnotiza.
De la hierba del parque, la ceniza
le da el tour de La Habana y sus morenas.

Fiel guardián de una idea que no conoce,
organiza coloquios «pro-cubanos»
y es su izquierda tan diestra como sabia.

Nunca podrá ubicar Calzada y Doce.
Nos repite el epíteto: «gusanos».
No le importa más nada: vive en Babia.

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Nota del Archivo Cuba

Reproduzco un comunicado de prensa de mi amiga y colega María Werlau, Presidente de la Junta Directiva y Directora Ejecutiva del Archivo Cuba.

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LOS CRÍMENES DE LESA HUMANIDAD DE RAÚL CASTRO
25 de febrero del 2008.

Summit, New Jersey. La Asamblea Nacional cubana ha nombrado Presidente de Cuba al Ministro de Defensa, Raúl Castro. Por su rol de segundo de una dictadura por más de 49 años, llega al cargo siendo directamente responsable de crímenes de lesa humanidad perpetrados contra miles de personas en Cuba y alrededor del mundo.

Como miembro del Consejo de Estado, Raúl Castro lleva años firmando sentencias de muerte contra opositores y disidentes. Pero su carrera de asesino tiene larga data, comenzando en 1956, cuando mató a un compañero durante su exilio en México. Durante la lucha guerrillera en las montañas, ejecutó a desertores y delatores. A comienzos del gobierno revolucionario, estando a cargo de la provincia de Oriente, hizo matar a cientos de hombres. En un solo día, el 12 de enero de 1959, ordenó fusilar sin juicio previo a 72 hombres en Santiago de Cuba. Durante toda la noche y entrado el día siguiente hizo llevar a sucesivos grupos de hombres a la Loma de San Juan, donde fueron fusilados frente a trincheras recién cavadas. Se cuenta que Raúl dio varios tiros de gracia con regocijo. Al concluir la masacre, un tractor echó tierra sobre las fosas comunes. Entre las víctimas estaba el policía Benito Cortés, ciudadano americano nacido en Puerto Rico y padre de cinco hijos. En 1966, para ocultar evidencias del crimen, Raúl hizo exhumar los cadáveres, forrarlos en concreto y tirarlos a lo profundo del mar en la Fosa de Battle.

Archivo Cuba tiene documentación sobre decenas de asesinatos, incluyendo de niños, en intentos de salida de Cuba de los cuales Raúl Castro es el principal responsable. Su Fuerza Aérea llevó a cabo la Masacre del Río Canímar del 6 de julio de 1980, que dejó al menos 56 muertos. Se estima que muchos más civiles desarmados han sufrido semejante suerte a manos de unidades especiales de las Fuerzas Aéreas dedicadas a buscar balsas con refugiados para hundirlas. Así como muchos otros, el 19 de enero de 1994, los jóvenes Iskander Maleras y Luis Ángel Valverde fueron asesinados por tropas guardafronteras cubanas con órdenes directas de Raúl Castro de disparar a matar al que intentara asilarse en la Base Naval Estadounidense de Guantánamo de los Estados Unidos. La hazaña fue premiada con medallas y promociones.

En su cargo de Ministro de Defensa, Raúl Castro ha sido responsable de crímenes de guerra dentro y fuera de Cuba. Durante el alzamiento campesino de los años sesenta, sus fuerzas armadas prendieron fuego y ejecutaron sin juicio a cientos de prisioneros. Durante la invasión de Bahía de Cochinos, cinco prisioneros fueron fusilados poco después de su captura y nueve murieron asfixiados dentro de un camión sellado. Durante todo su mandato, jóvenes en el servicio militar obligatorio han sido fusilados o asesinados por disentir o querer desertar, tal como Francisco Fernández Galván, fusilado el 20 de abril del 1979. El saldo de víctimas se multiplica geográficamente y en el tiempo con las incursiones militares de Cuba en Latinoamérica, África y el Medio Oriente. Los ataques intencionales a poblados de civiles en Angola forman parte del legado.

El hecho de que se promoviera a Raúl Castro en el aniversario de uno de los crímenes más notables encierra un significado especial. El 24 de febrero de 1996, a la vez que se detenía a numerosos opositores pacíficos en la isla, ordenó que MIGs cubanos derribaran en espacio aéreo internacional a dos avionetas civiles en misión humanitaria del grupo “Hermanos al Rescate”. Murieron tres ciudadanos americanos y un joven que había sido rescatado años atrás por el mismo grupo. La Organización de la Aviación Civil en Montreal condenó el sanguinario acto y una Corte Superior de los Estados Unidos encontró al gobierno cubano culpable de un crimen premeditado. Para más información sobre las víctimas de la Revolución Cubana, visite: www.ArchivoCuba.org

Contacte a: María C. Werlau
Tel. 973.701-0520
Info@CubaArchive.org

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Premios “Lo Nuestro”

Esta noche, con la celebración de la octogésima ceremonia de entrega de los premios Oscar®, la Academia habrá demostrado una vez más su increíble falta de imaginación, así como la inflexibilidad que rige el proceso de selección de candidatos al panteón hollywoodense. ¿Qué entienden por «actuar» los miembros de este jurado? ¿Y qué requisitos debe cumplir un largometraje para figurar entre los contendientes al Gran Premio? La respuesta es simple: la película debe haber llegado a las pantallas de cine de Estados Unidos antes de cierta fecha y, respecto a los actores, optan por las interpretaciones más convincentes. Pongamos por ejemplo los nombres que se barajan para la categoría de mejor actor en un rol protagónico: Daniel Day Lewis, Johnny Depp, George Clooney, Viggo Mortensen y Tommy Lee Jones. Otros cinco señores se disputan la codiciada estatuilla al mejor actor de reparto. No es baladí señalar que ninguno de los nominados en el nicho de mejor actor secundario es Raúl Castro.

La oración anterior puede resultar traída por los pelos. Pero no lo es. Néstor Díaz de Villegas cierta vez confesó una dolencia común: sufre de pancastrismo, y sospecha que no es el único ―entre cubanos― que ve al longevo dictador hasta en la sopa. Y lleva razón. ¿Cómo no sentir a Castro ―o, en este caso, su ausencia― en la disputa de esta noche por la estatuilla al mejor actor en rol protagónico? Desde su temprano inicio en las tablas ―durante “La Violencia”, en Colombia, 1948―, Fidel Castro ha interpretado con éxito inigualable ―de crítica y taquilla― los disímiles roles de pandillero, agitador político, asaltante a cuarteles (o, lo que es lo mismo, golpista), abogado que asume su propia defensa ―inspirado en el personaje idealista de James Stewart en Mr. Smith Goes to Washington―, expedicionario, jefe guerrillero, campeón de los desvalidos, líder carismático que pregunta a grito pelado: «¿Elecciones, para qué?», estadista, peón en una posible guerra nuclear, meteorólogo… La lista es larga y conocida. Por estos días, mermadas ya sus cualidades histriónicas, tiene que conformarse con interpretar el papel de abuelito benévolo que en su delirio se cree atleta o periodista ―por eso el chándal y las reflexiones― y que necesita llevar su nombre impreso en la chaqueta Adidas, so pena de que su público no lo reconozca.

Hoy, en una Habana cada vez más uniforme, Fidel Castro ha logrado mantener su liderazgo en el Partido Comunista, pero ―producto de su renuncia al cargo― no fue ratificado como Presidente del Consejo de Estado; tarea que recaerá en el joven Raúl.

Pero su gran derrota del día ―que es la nuestra― será no recibir la estatuilla dorada de manos de la Academia.

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Estreno

1.
Hace poco más de un año ―a raíz del pavoneo también llamado Pavonato―, escribí un artículo sobre las ya gastadas técnicas de distracción de las que se ha valido y se vale el régimen cubano para dorar la píldora. Entonces consideré iniciar un blog desde el cual comentaría no los grandes temas del castrismo ―que comentaristas no les faltan― sino las distracciones que éste genera: sus nimiedades, esos pequeños detalles que a veces pasan desapercibidos, pero que ―cual moléculas de ADN― llevan en sí la esencia totalitaria del gobierno de la isla. Sin embargo, la falta de tiempo, la liga de fútbol española, el ajedrez y otras excusas que no vienen a cuento me impidieron saltar a la blogosfera cubana.

La falta de tiempo, la liga de fútbol española, el ajedrez y el resto de las hierbas aromáticas mantienen su asedio, pero la desfachatez de Alarcón al responder a los estudiantes de la UCI, el inminente traspaso de poderes en la isla, los rumores de la fuga a Chile de cierto trovador ex parlamentario y el renovado entusiasmo del Reflexionista en Jefe (que confiesa que no puede estar diez días sin escribir) me han devuelto la invitación a meter la cuchara en tan desabrido ajiaco.

2.
En su introducción a Al norte del infierno ―novela ejemplar de Miguel Correa Mujica―, Reinaldo Arenas define el exilio como un espacio donde «somos como sombras proyectadas por un cuerpo, ay, y por un alma, que se quedaron allá, varados (quizás para siempre) a una esquina, una playa, a un pinar…».

Belascoaín y Neptuno fue mi última dirección en La Habana. En este blog intentaré recuperar esa esquina y el resto de los lugares (y amigos) antaño perdidos.

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