La fórmula para escribir un discurso de Fidel Castro

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Existe una fórmula con la que cualquier hijo de vecino puede escribir un discurso para la próxima comparecencia en vivo del Comandante. Aquí la desmenuzo:

– Comenzar el discurso mencionando la brevedad del mismo.
– Disculparse por dicha brevedad. Echarle la culpa a la naturaleza (del monstruo) o, en su defecto, al imperialismo.
– Establecer desde el comienzo la dicotomía David-Goliat. Dejar claro que David no es el pueblo cubano y Goliat no es Castro. Los implicados son Cuba y Estados Unidos. ¡Ojo al detalle!
– Hablar de las pequeñas victorias de la Revolución. Por “pequeñas victorias” entiéndase que la isla aún no se haya hundido. Hacer pausa para aplausos.
– Usar pronombres posesivos a lo largo del discurso para referirse al país. Da igual. Cuando la audiencia escuche “nuestra isla”, sabrá que el Comandante habla en sentido literal, refiriéndose a ese territorio rodeado de agua que su familia se ha apropiado ya por más de medio siglo.
– Aunque no venga al caso, mencionar la Crisis de Octubre y Bahía de Cochinos.
– Despotricar en contra de Israel nunca viene mal. Si se le puede equiparar con el nazismo o, al menos, el apartheid, habrá casa en la playa.
– Bono extra: queda mucho mejor despotricar en contra de Israel, a la par que se despotrica en contra de Estados Unidos, se menciona el intervencionismo cubano (llamándolo “misiones internacionalistas”) en las guerras en África, siempre evitando mencionar el costo en vidas humanas de estas contiendas bélicas.
– Reiterar que la Revolución empezó de cero. En 1959, como todos saben, Cuba era un parqueo.
– Hablar de la nueva lucha que se avecina a nivel nacional, esta vez en contra de los errores, cometidos por ese mismo pueblo al que adoctrinaron “desde cero”.
– Evitar que sea muy obvia esta moraleja: la Revolución destruyó el parqueo.
– Invocar a la humanidad. Mencionar datos demográficos aleatorios. El 97% de las estadísticas tiende a adornar y reforzar los argumentos. La anterior, inventada por mí, es un ejemplo.
– Cuando la audiencia comience a tirar el pestañazo colectivo, deleitar a los durmientes con este párrafo inimitable: «Pueden hacerse decenas de cálculos, hablar de Malthus o del Arca de Noé, basta saber lo que es un gramo y lo que produce una hectárea de cualquier alimento y sacar sus conclusiones».
– Parafrasear, una vez más, a la Biblia, sin mencionar las nefastas consecuencias que han enfrentado quienes no profesan la religión oficial.
– Seleccionar a un millonario con quien el Comandante comparta el honor de figurar en la lista de los más acaudalados que publica Forbes anualmente. Mencionar los caprichos de su colega capitalista y culparlo por los problemas del Tercer Mundo.
– Exaltar las propiedades de la moringa, las habilidades de los yoguis y la expansión del universo, esa fuente inagotable de carne, leche y huevo.
– Anunciar que termina el discurso para cumplir la promesa que hizo, hace unas horas, de ser breve.
– Despedirse mencionando las gestas mambisas y responsabilizar al Apóstol con el asalto al Cuartel Moncada.

***
[Foto: AP / Ismael Franciso].

Acerca de Alexis Romay

Pienso, luego escribo.
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