A propósito del Día de Acción de Gracias

Quiero expresar mi agradecimiento a los organizadores de la campaña por la libertad de Pánfilo. El primer gran placer que descubro, cuando empiezo a escribir, es que no sé quiénes son; y es probable que ese haya sido el único acto de disciplina durante la misma: mantener bien bajo el perfil, evitar líderes y huir de los protagonismos.

Pánfilo estaba primero; parecían decir los organizadores.

Los cubanos de adentro deben, siempre, estar primeros.

De los que están afuera los tres nombres que conozco, Jorge, Alexis y Enrique me llegaron más por comunicaciones personales indirectas que por las intenciones públicas de sus dueños. Tuvo que pasar un buen tiempo para que esos nombres se asociaran a la libertad de Pánfilo. El resto de los organizadores y participantes en la campaña —miles de personas—, todavía hoy no sé quiénes son, y probablemente a ellos poco les importe que alguien lo sepa.

De todas formas quiero hacerles llegar mi agradecimiento, aunque sea un poco tarde. Si esperé para hacerlo es porque sentí que la saga de Pánfilo no había terminado.

Los últimos acontecimientos indican en ese sentido. Parece que esa libertad que para muchos fue, en aquel momento, la salida de una prisión injusta, para Juan Carlos es hoy algo más —o algo menos— que pasar una reja. Es salir de una vez y por todas de la gran cárcel, es seguir volando bajo los influjos del etanol, tener dinero, o decirles a los tiranos que lo encarcelaron dos o tres verdades que millones de cubanos no nos atreveríamos a decir, en Cuba, ni bajo la peor de nuestras borracheras.

Pánfilo insiste en recordarnos que la libertad tiene más caras que un diamante. Para unos es el derecho a mal vivir en una celda con paredes de agua, para otros es luchar dentro de unos límites tan opresivos que convierten cualquier lucha en una empresa quijotesca, para la gran mayoría, sin embargo, es el derecho al silencio, a la evasión asistida, o al sueño de un cambio por el que no están dispuestos, como no estuvimos nosotros, a sacrificarse.

Es difícil saber si esa insistencia de Pánfilo es obra de sus propios deseos o el resultado de los manejos de gente inescrupulosa. Habrá que esperar. Yo, mientras tanto, me levanto cada mañana con la esperanza de verlo en Miami y no en una cárcel. Porque si irse de Cuba es una de las caras de su libertad, entonces que así sea. Pero también creo que, mientras tanto, es válido darles las gracias a todos los que participaron en la campaña por su primera liberación. Agradecerles algo que va más allá del resultado, algo que rebasa, con creces, y por importante que eso haya sido, la salida de Juan Carlos de la cárcel: La campaña “Jama y Libertad” es el primer acto genuinamente democrático en los últimos cincuenta años de la historia de Cuba. Esa campaña es la única, hasta donde yo recuerdo, que ha logrado unir a miles de cubanos sin mencionar la palabra unidad.

Parece exagerado y merece una explicación.

Son muchas las campañas que el exilio cubano ha organizado en su larga lucha contra la tiranía. Todas ellas extraordinariamente meritorias —con independencia de los resultados que hayan podido obtener—, pero todas marcadas por el signo, por la necesidad, de ser organizadas de arriba hacia abajo y por la insistencia de buscar, desde el mismo inicio, el apoyo de figuras importantes dentro de los cubanos y en la comunidad internacional. Los organizadores de esas campañas no tuvieron, en aquellos años, otra opción. El desarrollo de las comunicaciones no permitía, como podemos hoy, alcanzar a tantas personas al mismo tiempo y, mucho menos, hacerlo sin sufrir el efecto desvirtuador de los agentes y simpatizantes del castrismo, que enseguida se daban a la tarea de descarrilar —con todo el poder económico y la infraestructura de “inteligencia” que los asistía— las intenciones de los exiliados.

El efecto más negativo de esa forma de hacer campañas fue, y es todavía hoy, para algunos, el reforzamiento de esa idea tan castrista de que los cambios, para que puedan ocurrir, tienen que venir desde arriba, desde los líderes, los artistas, los escritores, la élite, etc.

La campaña “Jama y Libertad” llegó, entonces, para destruir cincuenta años —¿o medio milenio?— de una forma de pensar que tiene en Fidel Castro a uno de sus más altos exponentes. Las personas que la iniciaron, lejos de apostarle a sus nombres, invocar una causa reconocida o buscar a toda costa el apoyo de los famosos, lo que hicieron fue abrir un espacio, crear un foro al que cada cual pudo asomarse a pensar si era válido salir en defensa de Juan Carlos, o no, si era mejor utilizar esos recursos, que muchos imaginaban como limitados, para defender a otros que tienen más méritos o más antigüedad en su lucha contra la tiranía.

Si miramos la campaña ahora, retrospectivamente, veremos que sus inicios estuvieron plagados de dudas, incertidumbres, titubeos, denuncias, malas interpretaciones, vaivenes caóticos y un montón de otras cosas que definen el funcionamiento perfecto de cualquier democracia. Poco a poco, el milagro de una vida sin líderes empezó a materializarse ante nuestros ojos, el espacio creció, llegaron más, se sumaron músicos, programadores, caricaturistas, y algo que es casi un milagro, gente, mucha gente lanzando sus inteligencias al ruedo para descubrir que aquella escasez inicial de recursos se iba convirtiendo en una lista de excesos, en una superproducción que empezó a organizarse en un instrumento, en una maquinaria capaz no ya de liberar a Pánfilo, sino, quizás, a Cuba.

Confieso que en medio de la alegría por la liberación de Juan Carlos sentí una pizca de frustración. Unos días más, unas semanas más, y el nacimiento de esa poderosa maquinaria, la realidad de su existencia, habría sido insoslayable. Hoy Pánfilo vuelve a ser noticia, yo sonrío y espero que el castrismo no cometa el error de volver a encarcelarlo. Si lo hace terminará descubriendo algo que Yoani acaba de demostrar con su entrevista a Barack Obama: Los líderes del siglo XXI serán aquellos que aprendan a abrir espacios, no a cerrarlos, aquellos que alcancen a convertirse en servidores públicos capaces de acoger y potenciar las inteligencias de sus conciudadanos, aunque en ocasiones los resultados no sean los que ellos esperan, o los méritos no caigan sobre sus cabezas. Sólo esos lograrán sobrevivir en la política y terminarán, como un subproducto, atrayendo el interés de los “poderosos”. El exilio cubano cuenta con gente así. Si algo demuestra la campaña “Jama y Libertad” es que fuera de Cuba también existen personas capaces de entender y utilizar ese nuevo paradigma que definirá la política del futuro. Para todos ellos, mi agradecimiento.

César Reynel Aguilera
Montreal

Acerca de Alexis Romay

Pienso, luego escribo.
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5 respuestas a A propósito del Día de Acción de Gracias

  1. Aguilera,

    Así es. Y yo también doy gracias a los organizadores de la campaña y el poder haber contribuido a ella, en lo que está a mi alcance.

    Gracias por este sabio post.

  2. Barbarito dijo:

    Gracias a ti, de todo corazón; y a la gente que como tu cree que un futuro mejor es posible para Cuba.

  3. Miguel dijo:

    Excelente artículo… Es la gran potenciación que nos brindan las nuevas tecnologías lo que nos ha abierto a lo anteriormente impensable, el tener capacidad de convocación. El tener medios de comunicación que nos permitan enfrentar efectivamente la experimentada, hábil y poderosa maquinaria propagandística del régimen ha sido una bendición por la cual debemos, sin lugar a dudas, dar gracias en este día.

  4. César Reynel Aguilera dijo:

    Gracias a ustedes, y ojalá Páfilo logre ser libre… con responsabilidad.

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