Los nuevos revolucionarios

Los aldeanos y Silvito “el libre” andan de visita por las fértiles tierras del norte. Y, ya que vienen a cantar, también han hecho declaraciones a la prensa.

Quería escribir al respecto. Pero Enrisco me lo ha quitado de la boca.

La diferencia entre el texto de mi amigo y el que no escribí es que ha dicho lo justo y lo preciso en dos párrafos y temo —verbo del día— que a mí se me habría enredado un poco la pita.

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Pasos para poner en libertad a un preso político

1- Abrir las rejas y sacar de la celda al inocente injustamente encarcelado.
2- Emitir una disculpa pública en la que se declare la inocencia del excarcelado.
3- Cambiar el código penal que permite y facilita el encarcelamiento por motivos ideológicos.
4- Resarcir al inocente por los daños ocasionados.

Lo demás es humo y espejos.

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Lágrimas blancas


Moratinos llora y llora
lágrimas de cocodrilo.
Se va a desbordar el Nilo.
¡Por fin le llegó la hora!
Solícito y sin demora,
esconde la dentadura
(camino a su sepultura).
Tierno llantén nos regala.
De su histrionismo hace gala:
«¡Adiós, Poder, Dictadura!».

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Retrato y despedida alegre a Moratinos

Un hijo de la gran perra,
señor de baja calaña,
un ministro que en España
por Castro se va a la guerra.
Uno que falla y que yerra
en el asunto cubano
y que le pasa la mano
a aquella cruel dictadura.
¡Hasta siempre, caradura!
¡Que se te pudra el banano!

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Despedida alegre a Moratinos

A éste se le fue la guagua,
se le fue el tren y hasta el barco
al otro lado del charco.
¡Se le fue hasta la piragua!
¡Llévatelo, viento de agua!
Cederista y pionero,
del régimen, fiel vocero,
genuflexo y obediente,
alérgico al disidente,
tracatán de Zapatero.

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Eso que llaman “sabor cubano”

El Boris sacó otro disco:
viene con conga nocturna,
con su serenata diurna,
con una pizca de pisco.
Para enderezar al bizco,
para que te dé la cuenta
(hoy, que amenaza tormenta).
Para que lo baile el cojo
y acabe con el mal de ojo…
¡Cómpralo, que está a la venta!

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Ceros a la izquierda

La expresión «cero a la izquierda» es un axioma que indica que cuando dicho número ocupa esa posición, no cuenta. Acabo de trasladar esta verdad a la vida cotidiana y he comprobado que ahí también mantiene la nulidad del original.

La ecuación es simple: las víctimas del comunismo parecen carecer de valor. Como figuran a la izquierda, simplemente no cuentan. Ya sé que esto no es nuevo. Se ha escrito sobre el asunto largo y tendido. De todos los testimonios, me quedo con Koba, el temible: La risa y los veinte millones, ese ajuste de cuentas que Martin Amis le hizo a su padre y a los intelectuales de Occidente que optaron por cerrar los ojos ante la evidencia y romper lanzas por el estalinismo.

«Los veinte millones» del subtítulo de Amis aluden a las víctimas del Hombre de Acero —seudónimo, dicho sea de paso, mal escogido, que el acero es un metal noble y Joseph Stalin carecía de nobleza; fue duro como el acero, sí, pero no tuvo su maleabilidad—. «La risa» en la portada del libro representa la «levedad del tema», la «carencia de peso» de estos muertos, el hecho de que la gente aun se permite bromear con este tópico macabro. 20 millones. Todo un chiste. (De hecho, Casa del libro vende Koba, el temible: La risa de los veinte millones, en un abracadabra que hace que sean los muertos quienes sueltan la carcajada).

Pero no es esto una reseña de Koba…, texto que, por demás, recomiendo a diestra y siniestra (con énfasis en la última). Decía que el afán de trivializar los horrores del comunismo está vivo y goza de una salud de atleta. Para no ir lejos (me queda a cuatro o cinco paradas de metro), en Manhattan hay un sitio de tertulias en donde los escritores que jamás han vivido el totalitarismo en carne propia van a leer fragmentos de sus libros e ignorar lo que los otros leen. El lugar de marras lleva por nombre —atiéndase a la ironía que no es tal— «KGB Bar». O sea, la policía política de la difunta URSS —la misma que se ocupó de aportar los muertos rescatados por Amis en su libro, la encargada de sembrar el Terror; terror que habría de alcanzar incluso a sus directores caídos en desgracia (consecutivamente)—, el mismo órgano que se enfrascaba en reprimir a la población —y, no con menos saña, a los intelectuales—, al cruzar el Atlántico se transmuta en patrón de las artes y las letras. (Aunque prefiero la sutileza, voy a hacer un hincapié: a nadie se le ocurriría abrir un «Gestapo Bar» en Nueva York. Éste, al igual que KGB Bar, estaría protegido por la Primera Enmienda, pero sería considerado de mal gusto. Y estaría permanentemente vacío).

Bueno, ¿y a qué se debe este arranque?, se pregunta el lector que llega al blog luego de escribir «comunismo» en su buscador de Google. La razón es sencilla. Hace unas horas, dejé mi escritorio y salí a dar un paseo por las calles de Jersey City. La zona de Exchange Place es preciosa, así que, como acostumbro, le hice la visita. En esas, pasé por el monumento que conmemora la masacre de Katyń, en la que más de 15.000 ciudadanos polacos (entre ellos oficiales y soldados que habían depuesto las armas) fueron ejecutados por el ejército soviético durante la primavera de 1940.

Dicho monumento —que algún colega ha tildado de «dramático» y «de mal gusto» (el monumento; la masacre no le pareció ni lo uno ni lo otro)—, muestra a un oficial polaco, con varias condecoraciones en la solapa, amordazado, con las manos, atadas, a la espalda. Una bayoneta le rompe el pecho. El resto del fusil cuelga de su espalda, donde mismo lo dejó clavado su homólogo ruso luego de darle la estocada traicionera.

La imagen es sobrecogedora, mucho más que un paciente anestesiado sobre la mesa de operaciones. Sin embargo, no lo suficiente como para arruinarle el almuerzo a quienes frecuentan el área.

Entiendo que no todo el mundo tiene tiempo ni energía para condolerse con la desgracia ajena. Pero hoy la desfachatez rompió marcas nacionales. En el pedestal del monumento, a los pies del hombre atravesado por arma larga, tres jóvenes comensales hablaban animadamente, sin dejar de comer. (Me cuesta imaginar esta escena ante, digamos, un monumento que conmemore el Holocausto).

Los transeúntes pasaban sin inmutarse. Yo me detuve, tomé foto —un retrato de la indolencia— y regresé al trabajo pensando en el peso específico de ciertos muertos y cómo éste aumenta o disminuye según la ideología que los fulmina, convencido de que el oficial polaco —como las víctimas de Stalin— era el cero a la izquierda que da título a estos apuntes.

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Voces cubanas en el Segundo evento de bloggers latinoamericanos de Montreal

Tengo el gusto de compartir con los lectores de Belascoaín y Neptuno la invitación para el Segundo evento de bloggers latinoamericanos de Montreal organizado por Latinarte y el Grupo de estudios e investigaciones sobre la comunicación internacional e intercultural de l’Université du Québec à Montréal del Departamento de comunicación social y pública.

En esta edición, junto a otros panelistas quebequenses, participarán virtualmente
Yoani Sánchez y otros miembros de la plataforma Voces cubanas.

Los temas que se abordarán serán: blogs, arte y cultura; blogs y política; blogs, inmigración e integración.

La cita es hoy, lunes 27 de septiembre de 2010, de 5:00-8:00 pm.

Para estimular el debate, el evento será transmitido en directo por Internet. En el horario señalado podrán enviar preguntas relacionadas con los temas del evento, dirigidas tanto a los asistentes quebequenses como a los bloggers cubanos, a través de Ci Canada.

Les pido por favor que divulguen estas informaciones entre sus conocidos, a través de las redes.

Gracias de antemano.

Noticia del evento en el sitio de l’UQÀM.

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La hora de la verdad

Otro mini-film, estilo Bombay: La hora de la verdad.

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Retrato del Incontinente

Al saberse irrelevante,
opta por abrir la boca,
mas lo que este señor toca,
se escurre por el tragante:
Oh, Rey Midas, Comandante.
Quiere escribir. Reflexiona.
Mil cuartillas emborrona,
pero le aguarda el fracaso.
Su proyecto: un papelazo.
El modelo no funciona.

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Sobre los nuevos trabajos por cuenta propia

Los productores de pienso
están pensando en el modo
de salir por fin del lodo,
del estercolero inmenso
que es aquel país propenso
a la represión chambona,
a engalanar a la mona
(que aunque la vistan de seda,
la mona, mona se queda):
El modelo no funciona.

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La tarea

A este pobre alumno no le faltaron motivos para no hacer la tarea. Pero ni así se libra del rollo.

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La epifanía

El pueblo cubano tiene, por fin, su epifanía.

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Una escena de trapicheo en Cuba

La acción acontece a unas cuadras del Parque Maceo.

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Tres confesiones

El loco se quita (o se pone) el maquillaje y se confiesa.

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