
Cimafunk y “El alimento”
vinieron a alimentar
a Nueva York y a cantar,
y yo me quedé contento
(y me quedé sin aliento)
con el baile y la alegría.
Yo sueño que, pronto, un día
haya alimento en mi tierra,
que ha vivido —en pie de guerra—
la hambruna y la tiranía.
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Nota bene: Desde el 30 de noviembre de 2020, he publicado a diario en Belascoaín y Neptuno.




