De Belascoaín y Neptuno a Harlem, pasando por El Yuma: un debate cubano

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Luego de leer mi crónica del coloquio “LGBT Lives in Contemporary Cuba”, Ted Henken —catedrático norteamericano y titular del blog El Yumaafirma que lo entendí mal o no lo quise entender, refiriéndose a una pregunta que hizo a los panelistas en los minutos finales del encuentro. Al margen del malentendido, un par de párrafos más abajo me cita, dándome la razón: «o estás con CENESEX, o no existes». O sea, que coincidimos en algo.

Henken dice apreciar mi “sentido de matices y complejidades”, y sin proponérselo me invita a recurrir al mismo. No existir no tiene el peso específico que le di en mi texto. Escribí: «(…) Mariela les había recitado [a los LBGT del área metropolitana] el credo que resume sus Palabras a los homosexuales: “Dentro del CENESEX, todo; contra el CENESEX, nada”». Para quienes no conozcan la referencia: cuando menciono el credo de la infanta, remito a los lectores a las, ay, terribles Palabras a los intelectuales de su tío: «Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada». El paralelo es abrumador. Del mismo modo que Fidel Castro dictó férrea política cultural en aquella tarde aciaga de 1961, su sobrina ha marcado los márgenes de lo permisible para la comunidad LGBT de la isla, minoría que lidera y a la que, hasta donde se tiene noticia, no pertenece. Hago esta aclaración pues no existir en un estado totalitario puede ser hasta deseable cuando la otra opción es existir en contra del estado.

Según Henken, tampoco entendí o quise entender a Jafari Allen, “experto en temas LGBT”. Allen no solo es experto en el tema, sino que además es catedrático. Y es autor de un libro que Henken no ha leído. También tenemos esto último en común Henken y yo, aunque él lo cita de la contra portada. De Allen no cuestioné sus dotes catedráticas, sino la pertinencia de su participación en dicho panel. Este conversatorio era el antídoto a la gira de Mariela Castro por la Biblioteca Pública de Nueva York, en la que se dedicó a promover lo mucho que el gobierno de su familia hace por la comunidad en cuestión. Yo había ido a Harlem para escuchar a activistas y LGBT cubanos hablar sobre sus experiencias, sobre lo que habían vivido en carne propia y en la ajena, las de sus parejas y allegados. ¿Qué pintaba ahí un señor que nunca ha ido a las oficinas de inmigración de la isla a pedir un permiso de salida? Esto viene a cuento pues Allen jamás se refirió a su posición privilegiada como extranjero en aquel país en donde el cubano es el lobo del cubano. En algún momento mencionó que había ido a recoger a unos amigos cubanos a una estación de policía. Lo dijo con naturalidad, como quien cuenta que fue a recoger a unos amigos al cine o a la playa. Pero esos amigos de Allen no estaban de visita en la estación policial, sino que, con toda probabilidad, habían caído en una de las tantas redadas que con cierta frecuencia se llevan a cabo de San Antonio a Maisí, cumpliendo órdenes del General-Presidente, padre de Mariela Castro, para más señas.

Henken alega que no lo entendí pues afirmé y sostengo que su pregunta estaba fuera de lugar. Dice que no le di el beneficio de la duda porque cuando pidió a los ponentes que compararan la homofobia en Cuba con la homofobia en Miami yo entendí que había pedido que compararan la homofobia —entendida como política de estado— en Cuba con la homofobia —que puedan profesar ciertos individuos— en Miami. Es cierto que mi incomodidad con su pregunta tiene ese origen, pues deduje que al equiparar a la rosa con el puerco espín la intención era demostrar que ambos tienen espinas. Su pregunta convertía este modus operandi del régimen en una cuestión sociocultural. Si no era ese el objetivo de Henken, desde aquí le pido que perdone mi interpretación errónea.

Pero mi reparo va mucho más lejos. Como pudo apreciarse durante todo el coloquio en el cartel que lo anunciaba en la pantalla de fondo, el título de este encuentro era —traducido mal y pronto— “Vidas LGBT en la Cuba contemporánea”. La mención de Miami en ese contexto es traída por los pelos. Y eso lo sabíamos todos los presentes. Todos menos uno.

Espero que Henken me entienda.

Espero que Henken entienda.

Acerca de Alexis Romay

Pienso, luego escribo.
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3 respuestas a De Belascoaín y Neptuno a Harlem, pasando por El Yuma: un debate cubano

  1. Ted Henken dijo:

    Te entiendo perfectamente. Y gracias por la respuesta prometida. Pero donde quiera que estén cubanos hay un pedazo de Cuba. Por suerte este pedazo no esta bajo el mando de uno solo partido ni de una sola familia. 

  2. gf dijo:

    yo antes de leerte, ya te había entendido…

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