No necesito una cura contra la nostalgia. Pero, claro, podría encontrarme ante un caso extremo. Digamos que un día me levanto echando de menos la esquina que nombra este blog, los amigos y parientes que no sé si vuelva a ver, el olor de mar —ahora tan distante—, o el suelo que alguna vez pisaron estas plantas. Antes de que se instale la morriña, me queda la opción de mirar esta foto hasta la nausea.
La nausea es instantánea.
Repaso los rostros de las víctimas —esas mujeres que defienden la libertad de expresarse y asociarse— y contengo una arcada ante los puños que las asfixian.
Solo entonces recuerdo que la distancia entre patria y paria es una errata.
***
(Foto: EFE/Alejandro Ernesto).






Es triste acabar añorando una errata.
Me gustaMe gusta
Pingback: Para visitantes primerizos | Belascoaín y Neptuno