Estampas habaneras (XIX)

Y sigo en el patio de los laureles, aunque nadie se duerme sobre ellos
Teresa Dovalpage

En general, los comelibros no suelen ser populares. Y digo en general porque hay sus excepciones. Mi muy querida amiga Hisbel, por ejemplo, tenía notas sobresalientes y nunca le faltó dónde (o con quién) salir los fines de semana. Pero en la mayoría de los casos, tanto aquí como allá como en casa de las quimbambas, y para decirlo en Spanglish, los nerds no somos cool.

Y viceversa. Esto lo comprobé durante mi período cibernético. Curiosamente, a medida que mis notas caían en picada, subía mi… iba decir “mi popularidad”, pero eso suena exagerado. No tan calvo que se le vean los sesos. Digamos que aumentaban mis amistades y mi vida social.

En el preuniversitario, mis pocos amigos solían ser empollones como yo, con sábados vacíos y bibliotecas llenas, o los astrales mencionados en los últimos posts. Yo me consideraba feuchita, con menos sal que un pedazo de brócoli, y me había resignado a no tener un novio jamás. De hecho, uno de los primeros cuentos que escribí se titulaba “Sin tiempo para novios”, algo así como “no quiero las uvas porque están verdes”, vaya.

Pero ya en la universidad no osaba acercarme a los abelarditos, a quienes por otra parte envidiaba terriblemente, así que no me quedó más remedio que apencar con un tipo distinto de estudiantes. Gentes con quienes hasta entonces yo no había querido asociarme… ni ellos asociarse conmigo. Es decir, aquellos a los que un año antes hubiera llamado sin muchos miramientos “esos brutos.” Entre los susodichos encontré un novio (¡el primero!) y con él empecé a ir a fiestas. Fiestas dije, sí. Y a soltarme las trenzas, para usar una perífrasis discreta.

Durante aquel semestre en cibernética no aprendí ni jota de análisis o de álgebra, pero sí saqué dos conclusiones utilísimas. Primera: los “brutos” suelen ser una compañía más divertida que los abelarditos. Segunda: el ostracismo a que son sometidos estos últimos no se debe (al menos no necesariamente) a falta de sal en los mismos. Es cierto que se les envidia, y si quieren estar seguros, pregúntenmelo a mí.

Acerca de Alexis Romay

Pienso, luego escribo.
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7 respuestas a Estampas habaneras (XIX)

  1. Anonymous dijo:

    Lo mas divertido es la curva academica que usaste para llegar a ser una chica cool o el equivalent cubano. Gracias. Un beso y me alegro que nos vimos
    Raisa

  2. Anonymous dijo:

    (mientras te leía recordaba algunos párrafos de isabel allende)mujer, que dicen que la dicha de las feas las bonitas la desean^^^la verdad usted no es na’ fea^^^ a otro perro conese hueso^^^
    búhamente^^^
    saludos, alexi (viví 4 años en la zona)
    m.e.

  3. Anonymous dijo:

    (mientras te leía recordaba algunos párrafos de isabel allende)mujer, que dicen que la dicha de las feas las bonitas la desean^^^la verdad usted no es na’ fea^^^ a otro perro conese hueso^^^
    búhamente^^^
    saludos, alexi (viví 4 años en la zona)
    m.e.

  4. margarita dijo:

    Jajajja, Tere cuanta razon tienes, y eso que no puedes considerarte una nerds fea, imaginate para las que quedamos… un abrazo

  5. Anonymous dijo:

    Tere, me da gracia cada vez que hablas de esa epoca, no te imagino porque no conozco a nadie mas extrovertida y sociable que tu.
    Las fotos de La Feria de Mineria:

    (http://www.facebook.com/album.php?aid=61982&id=781019646&l=48745)

    demuestran tremenda fiestanga.
    Un abrazo amiga, Ena

  6. Rosa dijo:

    Que estampa tan simpática. Chica, yo debí haberme pasado por tu facu para probar la popularidad, que a mi nunca me llegó porque seguí de “abelardita” encantada entre mis libros en la universidad. Pero igual me “defendí” como pude con un novio de los que llamábamos “cafres” – aunque en realidad era más listo que el hambre, sólo que no le gustaba estudiar. Sería por aquello de los polos opuestos …

  7. Teresa Dovalpage dijo:

    ¡Hola! Gracias por los comentarios…Pero sí es cierto que siempre me consideré feuchita, y todavía. Sólo que ahora lo disimulo con la desfachatez, pa algo sirven los años…Rosie, nos debes una historia “del cafre,” que ha de ser divertida,
    cariños

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