Las apariencias no engañan

Mi poemario Los culpables tiene en portada una pieza del artista plástico cubano José A. Vincench. Vincench reside en la isla y desde 2005 ha incorporado en su obra algunas imágenes icónicas de la Primavera Negra, que el régimen cubano, por motivos obvios, no quiere que salgan a la luz.

Recomiendo que visiten la página del artista y se detengan en una serie titulada “Abstracto parece pero no es”; en la misma encontrarán los rostros de varios prisioneros políticos, al igual que imágenes de desfiles de las Damas de Blanco por la Quinta Avenida y frente a la iglesia de Santa Rita, punto de partida de muchas de las caminatas de las activistas de derechos humanos.

La obra que seleccioné para ilustrar este texto (y la portada de mi libro) se titula “Lo que te puedo decir con Rachel Whiteread, lo que la historia no te ha contado” (2007). La escogí para la carátula no sólo porque me era agradable a la vista, ni porque estuviera compuesta de un collage de libros, ni porque el rostro que representa tuviera un grandísimo parecido con el de Martí, detalle en el que reparan todos mis amigos cubanos. El motivo principal es que “Lo que te puedo decir…” es una recreación del retrato de un ser humano específico, un prisionero de conciencia cubano, para más detalles. Se trata del rostro del doctor José Luis García Paneque, quien fuera injustamente encarcelado durante la Primavera Negra y a quien, luego de pasar siete años en prisión, hace unos meses el régimen le conmutara la sentencia a cambio del destierro a España.

Además de en la portada del libro, una versión en lienzo de la obra de Vincench está a la entrada de la casa. Es lo primero que la gente ve al cruzar el umbral. Y es lo primero que pregunta: ¿de quién es el retrato? Y ahí mismo cae el tópico “represión en Cuba” y, al concluir la velada, el personal no cubano se va con una idea real del infierno que es aquella isla. Ah, la selección de dicha obra para la portada de Los culpables no es fortuita. El primer ciclo del libro se titula “El proceso” y consta de un poema, compuesto por 23 sonetos, titulado “Esquina con primavera rota”, en alusión, por supuesto, a la tristemente célebre Primavera Negra que lo inspiró. Uno de esos poemas, el XVIII para ser preciso, me ganó la amistad de Ernesto Ariel Suárez, luego de aparecer en “Fe de erratas”, un artículo mío publicado en Encuentro en la red, en mayo de 2003. Quizá para cerrar un ciclo, un lustro y algo más tarde, Los culpables recibió una generosa reseña en el diario de marras, firmada por Jorge Salcedo. (Al margen: coincidí con Suárez y Salcedo —entre otros activistas pro derechos humanos— en el comité organizador de la campaña #OZT: yo acuso al gobierno cubano, que exigía la liberación inmediata e incondicional de todos los prisioneros políticos en la isla. Ambos lectores han devenido amigos entrañables. Y que conste que no sólo en Facebook. Desde aquí, otra vez, los saludo).

Así que, ya saben: en esta ocasión no vale aquello de que no hay que fijarse en las apariencias. Compren o no compren el libro, léanlo o no lo lean, ignórenlo o manténganlo en la mesa de noche, amigos y detractores, tengan la bondad de juzgar a Los culpables también por su portada.

Acerca de Alexis Romay

Pienso, luego escribo.
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2 respuestas a Las apariencias no engañan

  1. ¡Gracias por la mención, Tigre!

  2. Victoria dijo:

    Gracias por mi libro de cabecera.

    tu lectora de hace más vieja

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