Hágase la luz

Para conmemorar el primer aniversario de la muerte de Orlando Zapata Tamayo, anoche hicimos una vigilia frente a la Misión de Cuba ante la ONU que consistió en darle un baño de luz a la fachada del edificio de aquel régimen de sombras.

Antes de proyectar nuestras linternas contra el muro sordo, cuando los funcionarios de la dictadura comenzaban a percatarse de nuestra presencia, mientras las cámaras instaladas en la pared tomaban nota de nuestro santo y seña y dentro del recinto quienes se ocupaban de apretar la tecla para iniciar la grabación se escondían de la luz intentando cerrar las persianas, un cantor recitó el Salmo 133, que ensalza la fraternidad:

Canción de las subidas. De David.

¡Oh, qué bueno, qué dulce
habitar los hermanos todos juntos!

Como un ungüento fino en la cabeza,
que baja por la barba,
que baja por la barba de Aarón,
hasta la orla de sus vestiduras.

Como el rocío del Hermón que baja
por las alturas de Sión;
allí Yahvé la bendición dispensa,
la vida para siempre.

Y entonces se hizo la luz.

Acerca de Alexis Romay

Pienso, luego escribo.
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