Estampas habaneras (XXIV)

La Plaza de la Catedral en dos tiempos
(Segunda parte)
Teresa Dovalpage

En su segunda época —la de los años noventa, post-dolarización—, el kitsch alcanzó niveles estratosféricos en la benemérita Plaza. Las tardes sabatinas se inundaron de cocodrilos de papier maché, monitos construidos con la mitad de un coco seco y horribles acuarelas, tropicalmente típicas. La bisutería plástica cedió ante el avance guerrillero de la imagen del Che. Ésta se adueñó heroicamente de pulóveres, gorras, sellos, llaveros, ceniceros y hasta monedas, las mismas que el susodicho soñó con abolir cuando era presidente del Banco Nacional. Y luego digan que la historia no tiene sentido del humor.

En este tiempo árido, las calabacitas plásticas se desaparecieron de la Plaza y las vegetales de los agromercados. El Patio, la Bodeguita del Medio, La Torre de Marfil y todos los restaurantes situados alrededor de la Catedral y en barrios adyacentes se dolarizaron y se extranjerizaron a alta velocidad. Con la moneda nacional no se compraba ni un café aguado por aquellos contornos. Y para usar la dura, había que recurrir a los sobornos. Con rima y todo, sí.

Los hijos de la Europa socialista le dejaron vía libre a españoles, italianos, canadienses y hasta a algún que otro americano. Pero los nuevos visitantes sí se interesaban en los nativos. Y los nativos —¡cómo no!— vaya si se interesaban también en ellos. La Plaza dio cobijo a un quid pro quo de dólares y ron; dólares y langostas; dólares y parafernalia che-guevariana; dólares y negritas baratas —muñequitas de trapo, so malpensados.

A estos turistas, igual que a los otros, la mole de la Catedral los observaba estoica, con un aburrimiento grave, emparedado en gris…
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Foto:

Roberto Machado.

Acerca de Alexis Romay

Pienso, luego escribo.
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8 respuestas a Estampas habaneras (XXIV)

  1. Odette Alonso dijo:

    Ahhhh, ok, muñequitas de trapo… Que las otras, baratas no son.

  2. Rosa dijo:

    Como las muñequitas que vendía Maricari cuando se topó con el Murciano!

    Pues así sigue más o menos. Mas bien menos, porque cada vez persiguen más a los vendedores. Ahora quizás vendan “lo último” de Miami…

  3. Grettel J. Singer dijo:

    teresa,
    ya yo no vivía en cuba en los años noventa, así que estas historias me desvelan esa cuba que no conocí.

    nosotros teníamos un títere de la calabacita que era una belleza, pero no nos dejaban ni tocarlo para que no se estropeara.
    besos

  4. Anonymous dijo:

    Tere, me gusta esa perspectiva de la Catedral observando el devenir de la vida diaria cubana. Nunca me la representé así, pero lo que debe haber visto!! Seguramente me vio sonar, en la segunda etapa de la que hablas -cambiada la composición de turistas y nativos- unos silbatos de barro que mi hermano hacía y yo vendía junto a una amiga en esos predios. Uno de esos sábados nos enteramos que a nuestro amigo José Manuel, un policía acababa de romperle la nariz en la Plaza de Armas… Estampas cotidianas, infiernillos que tejieron(y tejen) la vida de tantos… Gracias por tu exposición clarísima de los hechos.
    nota: me dio gracia lo de las muñecas negras. Todo un detalle.
    Cristina

  5. Teresa Dovalpage dijo:

    ¡Gracias por los comentarios! No sé si seguirán todavía vendiendo las negritas placeñas, la verdad. Y sí, Rosie, esas mismiticas, jajajá,, gracias por acordarte. Grettel, un títere de la calabacita, qué cute. Yo tuve una que se colgaba en la pared pero un día el clavo que la sostenía se desprendió y se hizo polvo la pobre. Cristina, la pastora (Mercy) hacía también silbatos de barro, aquí tengo todavía uno que ella me mandó con una amiga. Gracias a todas por pasar por aquí…

  6. Anonymous dijo:

    Tengo muñequitas, calabacitas, etc. son mis amigos cubanos que me las traen, en los noventa hacía mucho tiempo ya, de mi partida.

    Saludos
    F.C.

  7. Laura Perez Garcia dijo:

    Querida Tere, antes de todo te agradesco mucho por tus libros.
    Gracias por estas estampas habaneras, me encanta el tono ironico y estoico de la mirada de la catedral. Me recuerda todas esas fotos en negro y blanco, en donde solo habia sol y campanas en el patio ahora parque turistico. Lo peor es que la ultima ves que fui a Cuba me lleve un llavero del Che y dos o tres postales technicolor de la revolucion kitsch.
    Me pregunto que vera esa catedral en los años que vienen y cuantas calabacitas se venderan.
    Besos
    Laura

  8. BARBARITO dijo:

    …pues yo desde que descubrí estas “Estampas habaneras” de La Te ¡¡me he vuelto adicto!! Claro que lo tengo fácil, ya soy adicto a TODA lectura de Teresa Dovalpage desde hace rato.
    Saludos.

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