Estampas habaneras (XVIII)

Vergüenza en el patio de los laureles
Teresa Dovalpage

Claro que es más agradable hablar de éxitos (sobre todo si son los propios), pero hoy quisiera referirme al lugar donde tuvo lugar mi primer fracaso académico, allá en el corazón de la Colina Universitaria.

Durante todo el pre yo había sido una comelibros (rata de bibliotecas, nerd, abelardita, empollona, etc.). Tenía un promedio altísimo y me creía, ingenuamente, la última Coca Cola del desierto educacional. No me había dado cuenta todavía de la certeza del refrán aquel: en tierra de ciegos, el tuerto es el rey… Por eso a la hora de seleccionar carreras pedí Cibernética Matemática —que sonaba tan chic— aunque lo que en realidad me gustaba eran las letras, como bien dice mi socia Loreta.

Y entré al edificio Felipe Poey, la facultad de Matemáticas. Bella la construcción. Bellas las escaleras limpias y las aulas con pizarras sin huecos. Bello el patio de los laureles, con un aliento tropical que templaba la frialdad de los logaritmos… Lástima que este idílico ateneo se convirtiera en el escenario de mis derrotas.

Porque, señor, aún no llevaba un mes tomando clases cuando me di cuenta de que si había sobresalido tanto en el pre no había sido tanto gracias a méritos auténticos sino por la falta de competencia. Al verme por primera vez rodeada de criaturas diez veces más nerds que quien escribe, me encontré de pronto en la cola de la cadena alimenticia de los abelarditos.

Confieso que nunca entendí el misterio de los números imaginarios (3 + 2i) ni aprendí a demostrar un maldito teorema. Cada vez que escribía al final de un ejercicio c. q. d. (como queda demostrado) me sentía una impostora de primera categoría porque lo único que quedaba demostrado era mi supina ignorancia. Para hacer el triste cuento cortito, diré que al acabarse el primer semestre suspendí álgebra y análisis y si no me pasó lo mismo con geometría fue porque un gordito buena gente, que me tocó por compañero de asiento, me dejó copiar de él. Pero no hay mal que por bien no venga, como diría Pancho el Pirulero. En el próximo post les hablaré de lo que tuvo de positivo mi pérdida de estatus…

Acerca de Alexis Romay

Pienso, luego escribo.
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10 respuestas a Estampas habaneras (XVIII)

  1. Rosa dijo:

    Menos mal que yo me puse a hacer “tin marín de dos …” y me dieron algo de letras, de lo contrario me habría pasado como a tí, no con la matemática, pero si con la química que me encantaba. Así y todo en la universidad tuve que estudiar en serio, ya no era tan fácil el paseo.

  2. Anonymous dijo:

    Teresa:

    A mi me paso lo inverso, fue muy mala estudiante en el Bachillerato, siempre estaba trocada sin embargo cuando comence la carrera mis notas cambiaron de manera considerable y eso que no logre estudiar lo que queria, pero al menos me gradue con dignidad. Espero la nueva historia del fracaso que te llevo al exito. Saludos

    Maria del Carmen

  3. Teresa Dovalpage dijo:

    ¡Gracias,chicas, por sus comentarios! Rosi, pero tú sí sab´pias lo que querpías, te matriculaste en inglés de primera y pata. María del Carmen, yo creo que fui demasiado niña buena en el pre por eso necesité un tiempito (breve, la verdad) de relajo, jejeje

  4. Odette Alonso dijo:

    Gracias a ese fracaso… ¡viniste a dar a la literatura! Bendita sea la experimentación entonces. ¡Nos vemos el jueves! Ehhhhh…

  5. Anonymous dijo:

    Tere.
    Yo escogi Bioquimica para irme a la urbe y descolgarme de la tripa familiar, en el tercer curso fui a una conferencia de Carpentier y me vino la luz, ahora gracias a Dios juego con las palabras.
    Que buenos tiempos de locuras!!!
    Ena

  6. Anonymous dijo:

    Claro Teresita, si lo tuyo es la escritura, los libranos son buenos en letras y pésimos en matemática, busca y veras…

    Saludos
    F.C.

  7. Anonymous dijo:

    Anón imo :
    No fue Bernard Shaw el que dijo algo así: “pongánme delante de una división (o una multiplicacion?) en la pizarra, dénme un paquete de tizas y vengan dentro de 6 horas Encontrarán la solución equivocada?”

    Uno que quería ser físico nuclear y terminó (más o menos) linguista.

  8. Ernesto G. dijo:

    Muy buena la estampa. Saludos de
    alguien que iba a ser médico, terminó siendo maestro, y ahora se cree poeta.

  9. Ernesto G. dijo:

    Muy buena la estampa. Saludos de
    alguien que iba a ser médico, terminó siendo maestro, y ahora se cree poeta.

  10. Anonymous dijo:

    NIña, hacia tiempo que no te leia, me rio cantidad con tus estampas Siempre, cuando alguien orea sus trapos sucios le da consuelo a los demas.
    Loreta

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