Sueño fresco

Transcribo un texto de César Reynel Aguilera.
***
Llego nuevo al aula y me miran. Es una escuela de niños-bien. Lo sé por las paredes y los pupitres de caoba, por las chaquetas verdes con escudos en el pecho y un lema en latín que ahora olvidé. El profesor me presenta. Voy a sentarme y el gracioso de la clase quiere reírse de mí: Estábamos discutiendo la relación de Hemingway con las metáforas. Quizás tú puedas alumbrarnos.

Hay dos risitas y un mar de piernas extendidas. Hay quietud de caderas sobre el borde de los asientos, brazos dejados caer, manos cercanas al suelo y espaldas hundidas. Tres filas al Norte está sentada una muchacha con un pelo muy negro cortado al cerquillo. Tiene unas piernas largas y unos pechos que humedecen bocas. Se parece a Uma Thurman. Me mira y me quiere explicar —como si dejara de pintarse las uñas para decírmelo— que el gracioso de la clase es muy aburrido. No le hagas caso, vive en un closet con puertas de cristal. Dejo caer el nombre y me dispongo a echar con la cara.
Ernest le huía a los tropos como el anzuelo a la roca. Hablo y cada una de mis palabras reordena el aula. Quiso convertir el periodismo en arte. Los pupitres se deslizan como bloques de hielo. Y terminó escribiendo un himno al pragmatismo anglosajón. El alumno que estaba en primera fila ahora me mira desde lo alto de una pared. ¿Cerró Hemingway, con su aversión a las imágenes, las ventanas que pudieron haber alumbrado los secretos de su virilidad? La muchacha de las piernas largas sigue donde estaba. Hay quien dice que puso carnadas para ahuyentar sirenas y terminó pescando zapatos infantiles. Ahora se muestra desnuda y el resto de la clase la mira desde el techo. Los más nobles creen que el viejo Papa soñó convertir el río en gota. Me ignora sentada en el borde de su cama. Porque, ya sabemos, hay una intención de lágrima en cada tropo. Su espalda recostada contra una columna de madera, los pechos firmes y las rodillas flexionadas. Un deseo de atrapar la realidad en una perla de agua. Ajena a mis ojos mientras yo cincelo su imagen en una piedra muy dura. Eso pudo haber descubierto ese americano loco: desde una distancia adecuada, digamos, desde los confines de esta galaxia —o desde el borde de eso que llamamos historia de la literatura—, la Corriente del Golfo o la Obra de un escritor son charcos que no piden anclas. Se ven, si acaso, como pequeñas metáforas de la inmensidad.

Termino de esculpir y la muchacha queda grabada en el fresco de una pirámide. Esa escuela me aburre. Quiero despertar. Jenny duerme a mi lado. La beso y abre los ojos. Me gusta el sabor de su boca. Su aliento es casi veinte años más joven que el mío. Le cuento el sueño y empieza a llover. Se deja abrazar. La cubro y mientras juega con mi cuello me susurra que le gusta eso del anzuelo en la roca… y Uma.

___

Acerca de Alexis Romay

Pienso, luego escribo.
Esta entrada fue publicada en Libros y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

7 respuestas a Sueño fresco

  1. Teresa Dovalpage dijo:

    ¡Oye, qué cool está eso, chico! Me gustó la lluviosa frontera entre realidad y sueño. ¿Pertenece también a RUY o es un texto aparte?
    ¡Feliz Día de Dar Gracias a todos!

  2. Anonymous dijo:

    No Tere, nada que ver con RUY. Es un sueño que soñé así. Lo único que le puse extra fue lo de Uma al final (!los hombres y sus fantasmas!).

    Muchas gracias, y felicidades en el día de las gracias dadas.

    CRA

  3. Güicho dijo:

    Ese texto fluye como smooth jazz.

    Ahora, lo que no entendí fue la pintura de Jennifer. ¿El tipo de la hernia yace sobre una sirena?

  4. Anonymous dijo:

    Bello, bello, bello y tan suave…

    ¡Feliz Día de Dar Gracias por todo lo bueno que tenemos!

    Saludos a los poetas y escritores.

    F.C.

  5. Anonymous dijo:

    Ay Dios mio, que erotismo hermoso!

  6. Anonymous dijo:

    Güicho,
    El buen sexo es un arte de borrar anatomías. La comunión barre los límites de las caricias. Los amantes se funden. Desaparecen las piernas. Hay una mezcla de susurros con maldades. Sobran los brazos. El ruego del inicio —“Detén mi existencia”— se ahoga en el deseo de nunca despertar. Pero sí, una de las posibles interpretaciones de ese cuadro es una sirena aplastada.
    Y de hernia nada, ese es uno de los tres varicoceles.
    Saludos
    Saludos
    CRA

  7. Güicho dijo:

    Vale la aclaración, César. Ya sé lo que aplastó a la sirena.
    Saludos²

Comenta, que es gratis

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s