
No hay domingo sin pelota,
no hay camello sin joroba,
no hay correo sin arroba,
no hay ni leche ni compota
en aquella isla remota
de la que me escapé un día,
harto de la policía,
del hambre y la represión,
porque esa Revolución
es el sueño de una arpía.
***
Compatriota: Hoy, como cada domingo, voy a jugar y a practicar el deporte nacional. (Hablar mierda, se entiende). Lo hago en estos predios, en tierra ajena, porque no pude hacerlo en Cuba. No pude hacerlo en Cuba porque ni yo ni ninguno de los miembros de la comunidad exiliada que juega conmigo queríamos ser como el Che. Ni asmáticos ni asesinos. ¡Patria y vida!
Posdata: Dedico esta décima a Rubén Mendoza —artífice de la Liga; el demiurgo es Enrique Del Risco—. En estos años de amistad, Rubén me ha dado muchas cosas; entre ellas, el pie forzado de esta espinela.




