Estampas habaneras (XXI)

Concurso en el Capitolio o el salón de los premios perdidos

Teresa Dovalpage

Hoy discutíamos en clase el término “no ficción creativa” y un estudiante dijo que aquello debía ser “contar la vida de uno como uno hubiera querido que fuera y no como fue en realidad”. Me gustó la definición, pero les aseguro que en estas esquinitas he tratado de mantenerme fiel a la realidad, en lo posible, y dejar la creatividad para otros esfuerzos artísticos.

Ahora, no siempre es posible la fidelidad absoluta —y no estoy hablando de pegar tarros, eh—. Me acuerdo, por ejemplo, de un concurso de lecturas literarias en que participé cuando tenía once años, pero por más que lo intento no puedo recordar dónde se llevó a cabo ni en qué consistía exactamente. Sólo tengo para ayudarme esta foto, que me tomaron durante la última fase de la competencia, a nivel nacional.

En fin, lo cuco del asunto es lo que sucedió después del concurso. Fue en nuestra benemérita Academia de Ciencias, lugar seleccionado para la distribución de los premios. Todos llegamos entusiasmadísimos. No es que esperásemos que nos regalaran bicicletas chinas ni robots parlantes, que tan ingenuos no éramos. Pero ya que nos citaban para un sitio así de imponente, imaginábamos que algo bueno nos esperaría allí.

Subimos la escalinata, atravesamos la sala del diamante y el salón de los Pasos Perdidos (donde un gracioso soltó una trompetilla a ver si resonaba bien) y al cabo nos llevaron a un saloncito más modesto donde tendría lugar la ceremonia. Allí aguardaban tres profesores y un enjambre de Makarenkos. Supuse que los premios estarían escondidos debajo del buró porque sobre la pulida superficie de éste no había más que un montón de papelitos.

Después de las felicitaciones y discursos del caso, empezaron a leer nombres. “Doval, Teresa, acérquese a la mesa”. Por poco me caigo del susto, a pesar de la rima. Fui hasta el podio y una Makarenko, sonriendo de oreja a oreja, me entregó un papelito. Debo haberme quedado allí más tiempo del conveniente —en espera de mi regalo, claro— porque la Maka me susurró: “Vamos, muchacha, muévete”, y entre las risas de todos regresé a mi butaca.

En aquel papelito —un diploma impreso en papel de cartucho, o que lo parecía, y con los nombres escritos a pluma— consistía todo el premio. Cuando salí del salón, el pasillo estaba alfombrado de “diplomas,” abandonados allí por el resto de los chasqueados. Hice lo mismo con el mío y me volví, con la cabeza gacha, al salón de los Pasos Perdidos.

Acerca de Alexis Romay

Pienso, luego escribo.
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6 respuestas a Estampas habaneras (XXI)

  1. adalucia dijo:

    Qué linda estás en esa foto, Teresita! Desde niña ya tenías ojitos inteligentes. Lástima lo del premio.

  2. Rosa dijo:

    Así que la pionerita ya era escritora!! Me ha encantado esa foto, con los ojos soñadores que ven más allá. El chasco era lo habitual en esos casos. Pero que bello el capitolio y sus perdidos pasos, premonitorio nombre para un pueblo que perdió el rumbo…

  3. Anonymous dijo:

    Tere, me recordaste un concurso, casi olvidado, que gané en la Biblioteca Nacional, me llevé el primer premio, pensaba que me iban a dar uno de los libros de las Aventuras de los Cincos de Enid Blyton (que ahora, a raiz de los espía presos, recuerdo mucho), pero lo que me dieron fue “Naoh, el Señor de las Cavernas”, de H. Rosny. Tu estampa me enseña que tuve tremenda suerte.

    Saludos

    CRA

  4. Teresa Dovalpage dijo:

    ¡Gracias! Nunca se me ocurrió que tuviera ojos soñadores, pero qué bien 🙂 César, saliste en coche, a mí me gustó mucho la historia de Naoh. Por cierto ¿es el mismo personaje de Los conquistadores del fuego? No sé si estoy medio confundida…

  5. Anonymous dijo:

    El que está confundido soy yo, creo que el libro que me dieron fue Los Conquistadores del fuego, o el León de las Cavernas, ya ni me acuerdo, hace un montón de años de ese asunto.

    Saludos

    CRA

  6. Kerala dijo:

    Tere extrañada de que ya no me escribes, pero chica, me hiciste recordar un concurso similar, espero concretarlo en breve y lo cuelgo. ¿Cuándo vas a regresar a mi tendedera?
    Un abrazo

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