El invierno del patriarca

Ahora que algunos lo daban por muerto, Castro I se ha visto forzado a dar otra prueba de vida, lo mismo al corresponsal de El País que a sus súbditos (los de Castro). Quizá lo hizo con la esperanza de comprarle unos meses más al trono de sangre que —cual personaje de Shakespeare o Mifune— creara hace medio siglo y que a estas alturas boquea como pez fuera del agua.

El estilo mesiánico que estrenara a finales de los cincuenta —cuyos pináculos, a mi juicio, lo constituyen los doce hombres que en un momento conformaron su ejército y la dichosa paloma blanca que se le posó al hombro— regresa por fin a cerrar el círculo perfecto. Como las imágenes de la Virgen que a ratos se insinúan en tortillas de maíz, puentes derruidos, pizzas, cicatrices y demás lugares insólitos, la figura de Castro ha entrado al terreno de lo fantasmagórico. Cada nuevo acto de presencia es ostentado al público cual milagro. Sus apariciones son apariciones.

En esta ocasión, para justificar su comparecencia ante el lente que no perdona, el Innombrable mandó llamar al golpista venezolano. Chávez, que sabe cumplir órdenes, se montó en un avión (que petróleo le sobra), salió rumbo a la isla y allá, frente a las cámaras, en un descampado, se reunió con los hermanos a hablar de temas dizque trascendentales.

“Dizque”, pues en el video Castro I aparece gesticulando (erráticamente, todo sea dicho), pero ya ni siquiera se atreven a incluir el sonido. A estos efectos, el locutor Randy Alonso se ocupa de resumir lo hablado en el monólogo tripartito. Randy —que, dicho sea de paso, es un divertidísimo adjetivo en inglés— usa palabras que quieren transmitir la energía de los interlocutores y la convicción de lo pactado. Entre estos compañeros no se afirma. Se reafirma. Y Randy lo constata. Y lo reconstata.

Al margen de las reafirmaciones, en este video de la que podríamos denominar La Etapa Silente de Castro I sólo se puede apreciar a un anciano ya demacrado que gesticula y se mueve de forma inconexa. Se mesa la barba. Se barba la mesa.

Del encuentro, las autoridades cubanas sólo se dignaron a reproducir la voz de Chávez, cuando se despide, con saludo militar ahogado en un mar de pleitesías.

Y es así que el hombre que durante 49 años se apropió de los micrófonos en la isla y reprimió cualquier voz que no replicara lo que dictaba la suya tiene que conformarse con dos escasos minutos —y sus míseros quince segundos, de contra— para demostrar, a duras penas, que aún vive.

Acerca de Alexis Romay

Pienso, luego escribo.
Esta entrada fue publicada en Cubazuela, El Innombrable, La muerte de Narciso, Tecnología. Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a El invierno del patriarca

  1. Anonymous dijo:

    Cuando pienso que en mis años cubanos me obligaron a oir sus discursos de ocho horas y ahora se contenta de dos minutos de «comedie silente»…
    No somos nada.
    Saludos
    F.C.

    Me gusta

  2. Anonymous dijo:

    No solo nos obligaron a oir los discursos sino que si no te lo sabias, te podian negar la entrada en la Universidad como me sucedio a mi, que teniendo una buena puntuacion en la entrevista politica me suspendieron y tuve que esperar 5 anos y estudiar en el curso dirigido porque no pude memorizar el discurso del susodicho. Son muchas las cuentas que tiene pendiente con mi generacion.

    Me gusta

  3. Isis dijo:

    Magistral, querido Bustro. Qué gran dicha leerte.

    Me gusta

  4. Anonymous dijo:

    Aquellos discursos eran un ruido más de mi entorno. Nunca pudo tiranizar mi mente…

    Me gusta

Comenta, que es gratis

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s