El palacio de la memoria (VII)

A los cinco años, en una Habana que sólo existe en mi memoria…

Aquella abuela paterna

—que no me reconoció

 por mi raza y propició

mi animadversión eterna,

mi condena sempiterna

y esta décima tardía

que evoca su hipocresía,

ese racismo enfermizo

y su odio a mi pelo rizo—

nunca fue familia mía. 

Acerca de Alexis Romay

Pienso, luego escribo.
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