Apuntes sobre el viaje presidencial a Cuba

PanfilObama

En la mañana del domingo, cuando vi en Facebook que el Presidente Obama había hablado con el célebre Pánfilo, pensé que se trataba de un chiste de mal gusto. Luego, me enteré de que el video había sido publicado y difundido por la embajada de Estados Unidos en Cuba. Así que hice clic y, en efecto, ahí estaban el líder del mundo libre y su interlocutor cubano, intercambiando comentarios superfluos con una familiaridad que me hizo sentir incómodo. En un momento, “Pánfilo” le ofreció a Obama su casa para que se quedara con su familia, e incluso le dijo en qué lado de la cama debería dormir “Michelle”. Ah, ¡esa famosa hospitalidad cubana! Durante una parte notable de la conversación, “Pánfilo” tuteó al presidente de los Estados Unidos. Quizá fuese un desliz, pero no es fortuito que el tono informal haya aparecido precisamente cuando le dijo a Obama cómo debía empacar, para evitar demoras en el aeropuerto. No es secreto que el imperativo suena mucho más marcial si se le ordena a un “tú” en lugar de a un “usted”.

En esos tres minutos y medio del clip, el modus operandi de ambos gobiernos se hizo obvio. Obama quería demostrar desde el comienzo que su intención era hablar con el pueblo cubano. Quería que los cubanos supieran que él sabe lo que hay, y para ello adornó su conversación con par de localismos que nunca fueron pensados para ser puestos en boca de un jefe de estado, sin importar el swing del susodicho. Por otra parte, el gobierno cubano se aseguró de poner al teléfono a alguien que conoce los límites exactos de lo políticamente permisible. “Pánfilo”, también conocido como Luis Silva, tiene un programa en la misma televisión que controla —faltaría más— el estado. Mientras Obama, en persona, habla desde la verdadera Oficina Oval, su contraparte cubana es un actor, en un (pobremente diseñado) estudio; su personaje, enmascarado tras un maquillaje risible, pretende ser alguien varias décadas mayor (y semi-decrépito), enviando de paso la señal de que el único modo de hacer crítica social moderada es bajo el manto protector de la senectud, confirmando, ya que estamos, aquello de que Cuba es país para viejos. No es superficial que el bufón no hable en su nombre ni se represente a sí mismo. De hecho, es una triste realidad que este “Pánfilo” carente de gracia sea “el humorista más popular cubano”. Pero eso es materia de otro ensayo.

Mientras miraba el sketch, me preguntaba en voz alta quién asesora a Obama en el tema Cuba. Si verdaderamente quería hablar con el pueblo, con un Pánfilo, había uno que lo podía haber puesto al día: el negro cubano que, en 2009, fue encarcelado por el régimen de los hermanos Castro por aparecer borracho en un video de YouTube, gritando lo que muchos cubanos no se atreven a decir sobrios: que en Cuba «lo que hace falta es jama». Ni siquiera libertad, ¡comida! Aun así, su minuto y 21 segundos de fama le valieron una condena a dos años de prisión.

***

El lunes, durante la conferencia de prensa conjunta con Castro el Joven, el Presidente Obama volvió a dejar claras sus intenciones: «Le dije al Presidente (sic) Castro que tenemos que seguir adelante y no mirar atrás». Por muy inspirador que eso suene, no mirar atrás después de 57 años de dictadura es ingenuo e irresponsable. No podemos avanzar al futuro barriendo el pasado bajo la alfombra. Cuba necesita una comisión de Verdad, Memoria y Justicia que documente y reconozca las muertes y desapariciones motivadas por la violencia política.

El Presidente Obama había dicho que no pondría un pie en la isla mientras no mejoraran las condiciones de los derechos humanos. Sin embargo, la represión política ha aumentado desde diciembre de 2014, cuando se anunciara el deshielo entre los dos países. Solo en la primera quincena de marzo de 2016 hubo 526 arrestos por motivos políticos en la isla. No mencionar a las Damas de Blanco durante su estancia en Cuba, o la represión a la que estas se enfrentan cada domingo durante sus caminatas pacíficas que buscan llamar la atención sobre las violaciones a los derechos humanos por parte del régimen no es solo un error craso sino una omisión moralmente objetable. Luego de décadas de totalitarismo, los cubanos necesitan solidaridad activa, no clichés. A esta hora no valen sutilezas. Lo que necesitamos son palabras y acciones concretas.

El Presidente Obama, claramente ocupado en hacer historia, debería entender que la historia también está hecha de imágenes. Mal que nos pese, la historia del siglo XXI también está hecha de memes. Y nos ha regalado uno para enmarcar: al final de su histórica conferencia de prensa, Obama, todo un diplomático, se acercó a Castro, le estrechó la mano derecha e intentó poner la izquierda sobre el hombro que por lo general tiene las estrellas del general uniformado. Castro, en un gesto que envidiaría cualquier maestro de Aikido, le quitó la mano y la levantó, dejándola colgada en una posición bastante poco señorial. Este momento, que podría parecer trivial, capta la verdadera dinámica de poder subyacente en el intercambio. En el culebrón del tócame-no-me-toques, Castro sale con ventaja.

***

Debemos desamericanizar el problema cubano. No es razonable pedirle al Presidente Obama que lleve la democracia a la isla. No es su tarea. Cubano al fin, era la mía, y me escapé de la isla. Es la tarea de toda la población cubana, y algunos de sus ciudadanos se escapan, otros se quedan silentes, otros demandan sus derechos, y otros se suman a la turba castrista en su violación diaria a los derechos humanos y acosan y dan palizas a los activistas de la sociedad civil. No espero que Obama lleve la democracia a Cuba, pero me descorazona que haya llevado a su familia en un viaje de vacaciones a una isla en la que la represión es el pan cotidiano, como si se tratara de un parque temático. Lo triste es que ¡en realidad se trata de un parque temático! ¿En que otro lugar vas a ver un santuario a esa Guerra Fría que se niega a terminar? ¿En que otro lugar te vas a encontrar unas ruinas tan bellas? ¿En que otro lugar puedes soñar despierto con la pobreza ajena y ser considerado un progre? ¿Acaso no viste las fotos del New York Times sobre la visita de Obama a la isla? La ciudad se estará cayendo en pedazos, pero no me vayas a negar que esa luz es única.

Nuestro problema, por supuesto, es este artículo. Mientras lo escribo, manifestantes pacíficos cubanos son violentamente arrestados en todo el país, limitando así su libertad de movimiento y asociación, a la vez que su visibilidad antes, durante y, con toda seguridad, después de la breve aparición de Obama en mi tierra natal. El problema es que cada texto escrito sobre la gira del presidente de Estados Unidos por la Habana Vieja, o cada mención de que se haya comido en un restaurante privado la ración mensual de carne de cualquier cubano de a pie es una distracción del verdadero problema de Cuba, que no es precisamente su relación con su vecino del norte, sino su falta de libertades producto de una tiranía dinástica.

Las siempre crecientes legiones de cubanólogos y, sobre todo, el tiempo dirán si el viaje de Obama a la isla fue una soberana metida de pata o una obra maestra. Pero hasta tanto no me demuestren lo contrario, seguiré evocando aquel notable dictum de Dr. Martin Luther King Jr.: «Al final, no recordaremos las palabras de nuestros enemigos sino el silencio de nuestros amigos».

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Alexis Romay
Washington, DC

PD: El original de este texto, en inglés, fue publicado en NBC News.

Acerca de Alexis Romay

Pienso, luego escribo.
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Una respuesta a Apuntes sobre el viaje presidencial a Cuba

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