Justicia poética

Con_GCI Cuando te enfrascas en una búsqueda activa de la justicia poética, es posible que la encuentres en lugares insospechados. La biblioteca pública de Montclair me invitó a escribir un ensayo sobre la importancia de las bibliotecas públicas durante la semana de libros prohibidos, un proyecto auspiciado por la Asociación de Bibliotecas de Estados Unidos (ALA, por sus siglas en inglés) que destaca libros censurados y la importancia del acceso libre a la información. A mí, que nací y crecí en Cuba, esa hermosa isla que bajo la dura batuta de los hermanos Castro ha prohibido libros durante 56 años. ¡Y todavía lo sigue haciendo no con poco entusiasmo!

Las bibliotecas no me eran útiles en lo absoluto en mi tierra natal. La mayoría de los autores y libros que quería leer no estaban en sus catálogos. O figuraban ahí, pero me podrían haber metido en problemas por el simple hecho de hacer la pesquisa. Encabezaba la lista de los prohibidos el James Joyce cubano: Guillermo Cabrera Infante. Cabrera Infante —exiliado desde 1965 hasta su muerte en 2005— solía jactarse de que en un país donde la gente no tenía qué comer, los lectores estuvieran dispuestos a cambiar hasta tres latas de leche condensada por uno de sus libros. La combinación mágica de tener esas tres preciosas latas y conocer a una persona dispuesta a hacer el canje nunca se materializó para mí, lo que significa que a la larga lista de agravios que no les perdono a los Castro hay que agregar este: no haber leído a Cabrera Infante en Cuba, ese país que tanto amó y que recreó con tanta gracia y profundidad en su obra. Cuando logré escapar, ya de adulto, en 1999, una de las primeras cosas que hice con mi recién ganada autonomía fue buscar sus libros.

Escribir sobre la importancia de las bibliotecas públicas es, por supuesto, escribir sobre la importancia de la lengua y la libertad de expresar ideas en sociedad sin temor a represalias. Las palabras tienen un peso definitivo en mi isla. Lo sabe bien el artista y grafitero Danilo Maldonado Machado, alias El Sexto, quien acaba de pasar diez meses en prisión sin juicio bajo la acusación de “desacato agravado”. Amnistía Internacional lo consideró prisionero de conciencia. La razón del arresto: haber escrito las palabras “Fidel” y “Raúl” en los lomos de dos cerdos. El Sexto iba a soltar los animales en La Habana como parte de un performance. Pero fue detenido antes de que el performance tuviera lugar.

En una redada nocturna en marzo de 2003, el régimen cubano arrestó a un grupo de 75 activistas de derechos humanos, bibliotecarios y periodistas independientes, acusándolos de crímenes contra la soberanía nacional. Los cargos contra los bibliotecarios estaban relacionados con su voluntad de poner a disposición del público libros que habían sido prohibidos por la maquinaria castrista. Las condenas a los bibliotecarios independientes, la única fuente de acceso a libros prohibidos en la isla, oscilaron entre seis y 28 años. Por esos días, ALA no mostró ninguna solidaridad con sus colegas cubanos, optando por tomar partido con las bibliotecas gubernamentales. La posición institucional de las bibliotecas cubanas apoyaba la narrativa oficialista de que los ciudadanos privados (de su libertad) que abrían sus casas para prestar libros prohibidos eran agentes de la CIA.

Aunque la decisión fue controversial entre su membresía, ALA no ha cambiado públicamente su posición desde entonces. Si la libertad de expresión es un derecho fundamental en los Estados Unidos, ¿por qué esto no es aplicable a Cuba?

Aprovecho esta oportunidad para invitar a la Asociación de Bibliotecas de Estados Unidos a corregir su decisión con respecto a los bibliotecarios independientes cubanos. Al hacerlo, ALA continuará actuando en defensa de la importancia del acceso libre a la información y dará una muestra tardía de justicia poética.

***

El original de este texto fue publicado, en inglés, en la edición de Montclair Times del 10 de diciembre de 2015.

Acerca de Alexis Romay

Pienso, luego escribo.
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2 respuestas a Justicia poética

  1. dovalpage dijo:

    ¡Muy buen post! Espero que te escuchen y que le salgan alas a esta ALA. Un gran recuerdo lo de las latas de leche condensada…¡me ha dado hambre de fanguito! Abrazongo taoseño…

  2. Anónimo dijo:

    Great read Alexis! Increible que ALA no piense que nuestra gente quiere lo que el resto del mundo quiere. Muchas veces me quedo perpleja cuando veo la misma actitud de algunos de mis colegas.

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