Una crónica desprejuiciada

épica

a la clase de 2014

“Se mueve tan rápido porque estamos jugando en inglés”, pensé mientras perseguía a Alex T. de un lado a otro de la cancha de baloncesto durante el partido entre la clase de los seniors y el claustro. “Estoy seguro de que si estuviéramos jugando en español, yo tendría ventaja”. Esta y otras ideas similares se habían instalado en mi mente, dándome y quitándome la esperanza, en lo que constituía el primer partido de baloncesto de mi vida adulta. Me había quedado sin aire en el minuto siete. Jugábamos un partido de un único tiempo de 25 minutos. Había entrado a jugar en el minuto seis.

Es fácil sobresalir en aquello en lo que uno es bueno. Por eso es importante aprender a salir de la zona de comodidad de cada quien. Más allá de lengua y literatura, quería enseñarles a mis estudiantes esa lección básica. Así que, por aquello de predicar con el ejemplo, en lugar de darles un sermón, decidí enfrentarlos en la cancha de basket, deporte en el que soy notoriamente malo. De tal suerte, me puse mi camiseta de fútbol, para recordarles que no estaba en mi elemento. Y salté al tablado a hacer el ridículo.

“Mis colegas saben lo que están haciendo”, era todo cuanto se me ocurría mientras miraba la fluidez con la que cubrían la cancha, con un entendimiento profundo de las posiciones que ocupaban y los ajustes que tenían que hacer basándose en la posesión del balón. Y entonces llegó lo insólito: intercepté un pase y, por primera vez en décadas, me vi con el cuero naranja en las manos. Todos los planetas se alinearon, el tiempo se detuvo, se podía escuchar el vuelo de las moscas y varios lugares comunes más, y ahí estaba yo, en medio del terreno, dribleando hacia el infinito, que me quedaba a unos pasos.

A estas alturas, es probable que hayan escuchado sobre la canasta de tres puntos que cambió el curso del juego. Hasta ese momento, el marcador estaba 20-22, a favor de los alumnos. Hay un documental de HBO que recrea la jugada. Lo pueden encontrar en Netflix.

Cito a Bob Costas: “A unos pasos de la línea de tres puntos, Profe hizo lo impensable. Se detuvo, dejando que dos de los jugadores contrarios ocuparan posiciones defensivas dentro del área de dos puntos. Y ahí, sin ton ni son, sin técnica ni estilo que lo respaldara, tiró la pelota como quien se despide de una carga pesada. Tenía una idea general de hacia dónde debía lanzar la pelota. Y el resto lo hizo la providencia o los dioses de varios panteones juntos. Y Profe celebró como si le hubiera metido un gol al Manchester United durante la final de la Liga de Campeones en Old Trafford”.

Costas mezcla los deportes, pero no exagera. Celebré como se celebran los goles marcados en el descuento. (Por lo visto, en el baloncesto los festejos no tienden a ser tan efusivos. Después de todo, no es lo mismo un marcador final que termine 1-0 que uno que termine 99-97. Pero no me iba a poner a pensar en esos detalles). Luego de la canasta, decidí, en el acto, retirarme de mi carrera de basquetbolista en el instante justo en que había llegado a la cima de mis habilidades. Así que salí de la cancha diciendo: “ya hice lo mío, que alguien entre por mí”. Tres minutos más tarde, terminaba el juego 29-28 a nuestro favor.

Sin ánimo de alardear, pero además de retórica y basketball, también les enseñé a mis estudiantes que todo lo que va delante del pero no cuenta.

Y ya anuncié públicamente que no tengo intención de lanzar otra pelota de baloncesto. Hasta el juego contra los seniors del año próximo.

***

(Foto: cortesía de B. Parlin).

Acerca de Alexis Romay

Pienso, luego escribo.
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3 respuestas a Una crónica desprejuiciada

  1. Maria C Ingelmo dijo:

    Bravo Maestro!!!

  2. gisefdez dijo:

    Pasa pagina y ponte para el futbol!, que dices de lo de ayer?

  3. Alexis Romay dijo:

    ¡Gracias, María!

    Giselle: si supieras que me quedé dormido al final del partido. Lo de Brasil ya es soporífero. Y es una pena. Me gustaría que ganaran (y bien) la copa en casa. Fíjate que aún no se han recuperado del Maracanazo. Y eso fue en el 50.

    En otro orden de cosas, ya que comienzo las vacaciones, voy a caer por acá más a menudo. Pero no sé si deba reincidir sobre el Mundial. Con la excelente cobertura que le está dando Enrisco, queda poco por comentar.

    Abrazos,
    A

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