Fidel Castro, Frei Betto y las manifestaciones seniles

Castro-Betto_GranmaUna imagen vale mil palabras. Pero esa nueva foto de Fidel Castro y Frei Betto vale mucho más. Aquí aparecen otra vez los dos ilusionistas, sentados, frente a frente, rememorando los viejos tiempos en los que aquel le explicaba a este un arroz con mango que mezclaba marxismo y teología de la liberación.

Han pasado décadas desde que el dictador cubano posara para la portada de su libro Fidel y la religión envuelto en la marcialidad del uniforme verde olivo. Ahora se reencuentra con su interlocutor de antaño enfundado en un chándal y un pulóver blanco que viste por fuera del pantalón tan gris como sus días.

Si hago énfasis en detalles de la foto que podrían parecer superfluos es porque en esa última gran batalla que lidia el castrismo —en el terreno de la imagen— no hay casualidades. Mucho ha tenido que sopesar el grupo de apoyo del comandante para que esta imagen llegue a la retina de los simples mortales que la han visto: ahora que, muerto en vida, se discute y cuestiona el legado de Fidel Castro, sus edecanes hacen todo lo posible por humanizar al monstruo. Lejos queda el superhombre de proyección viril, el guerrero que saltaba de un tanque (quizá con la inestimable ayuda de Photoshop), el matón que vociferaba insultos desde una tribuna… Por estos días, su departamento de marketing se enfrasca en vendernos un nuevo producto: esta imagen de andar por casa de un abuelito casi benévolo. La foto, supuestamente cándida, lo muestra en una escena íntima, conversando con un amigo de toda la vida, ¡con las rodillas entrelazadas!

Como mismo esta ecuación Castro-Betto tiene variables —la edad y el deterioro físico de ambos, el tránsito del atuendo militar al plan pijama del anfitrión—, también presenta una constante nada desdeñable: en esta ocasión, como siempre, son los labios de Castro los que se mueven: él es quien dicta; Betto, una vez más, escucha. (No olviden la lección más elemental del castrismo: solo Fidel tiene la palabra).

La nota oficial no precisa de qué hablaron, pero comenta que tocaron el tema de “manifestaciones juveniles”. Precisamente cuando en Venezuela el estudiantado ha salido a la calle a reclamar sus derechos, mientras Maduro reprime a los manifestantes como buen aprendiz de la escuela cubana de la barbarie.

Más sabe Castro por diablo que por viejo. Es cuando menos irónico que esa encarnación de la senilidad en la que se ha convertido el déspota cubano insista por enésima ocasión en dictar cátedra sobre los procederes de la juventud.

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[Foto: Granma].

Acerca de Alexis Romay

Pienso, luego escribo.
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