Fricciones

A sugerencia de mi amiga QF, leí en El País sobre la polémica que se ha desatado en la tierra de Piazzola y Lionel Messi debido a que una «diputada oficialista presentará un proyecto de ley para repatriar a Argentina los restos del escritor Jorge Luis Borges». Estaba a punto de escribir una repulsa en contra de dicho proyecto de ley y en apoyo a la viuda del escritor, María Kodama, cuando me vino a la mente ese regalo que es “El poema de los dones”, cuyos versos memoricé hace años en un vuelo trasatlántico y todavía recito con entusiasmo de chiquillo. Este desmedido amor por la parodia —que es, ya se sabe, una suerte de homenaje y me viene de leer a uno de los creadores de Isidro Parodi— me impulsó a modificar el primer verso del poema y luego el segundo y luego el tercero y así, sucesivamente, respetando rima, métrica y estructura del texto original. Quiero creer que al autor de “Pierre Menard, autor del Quijote” le habría hecho gracia este guiño.

Lectoras y lectores: tened la bondad de circular este texto entre argentinos y no tanto (como es mi caso). Si algún alma caritativa se lo hace llegar a la señora Kodama, le quedaré eternamente agradecido.

***
Los senderos que se bifurcan

Que alguien rebaje a lágrima y reproche
esta demostración de la osadía
de alguna diputada en su porfía
que quiere perturbar la larga noche

de Borges que descansa entre otros sueños:
sueña con que el sepulcro le transgreden
—¿sus huesos reclamados por qué dueños?—,
con el infierno de quienes se exceden,

con albas que le aguardan, con el día
de torpe exhumación, de torpes ritos
basados en sus arduos manuscritos.
(¿En balde soñó con Alejandría?).

A Buenos Aires (cual fábula ciega)
secuestran su osamenta. Qué trajines:
fatigarán sus restos mil confines:
Odisea argentina (¿acaso griega?).

Enciclopedias, atlas, el Oriente
y el Occidente, siglos, dinastías,
símbolos, cosmos y cosmogonías
nos dejó escritos, ¿pero inútilmente?

Ya no hay reposo. La penumbra hueca
explora reinventando lo preciso.
Él, que se figuraba el Paraíso
como fantasma en una biblioteca.

Algo, que ciertamente no se nombra
(y aquí no he de nombrar), rige estas cosas;
otro fue repatriado en las borrosas
tardes, sin muchos libros y con sombra.

Al errar por las lentas galerías
ha de sentir su paso confinado:
acaso es otro muerto que ya ha dado
los mismos pasos en los mismos días.

¿Cuál de los dos inspira este poema
de un yo plural y de una sola sombra?
¿Qué importan Aladino ni su alfombra
si es indiviso y uno el anatema?

Demiurgo o Borges, mira este querido
mundo que se deforma y que se apaga
en una burocracia vil y vaga
que se parece al sueño y al olvido.

***
Alexis Romay
Nueva Jersey, 11 de febrero de 2009

Acerca de Alexis Romay

Pienso, luego escribo.
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