El sueño de la (sin)razón

1

Durante mi vida en Cuba ―y sobre todo en la nefasta década del noventa―, yo era una máquina de soñar. (También era una máquina de escribir sonetos, pero eso lo contaré más adelante). Cuando me refiero a mi cuantiosa producción onírica en la isla, no hablo de la socorrida válvula de escape que constituye soñar despierto, esa tabla del náufrago cubano que es pasatiempo común y necesario en cualquier sociedad amordazada. Me refiero al sueño como «acto de representarse en la fantasía de alguien, mientras duerme, sucesos o imágenes»; ese mismo sueño que ha hecho a tantas mentes lúcidas perder el ídem en busca de su definición mayor.
En Cuba, mis sueños tenían una cualidad exótica, incluso naíf. Algo traficaban entre sí: todos padecían una imaginación desbordante, que, por lo general, trascendía los límites de la limitada isla. Parafraseo a Cristina García: sí, soñaba en cubano, pero con otras tierras.
Las pesadillas también hacían lo suyo. Como casi todo lo que acontece en Cuba, éstas eran increíblemente mundanas y circunstanciales: en época de exámenes, me hacían suspender; si tenía algún problema en el trabajo, éste me perseguía a la cama y se las agenciaba para destrozar la paz de mi letargo… Y cosas por el estilo.
Ahora que lo pienso, no recuerdo haber tenido una pesadilla recurrente.
2
Borges, en un ciclo de conferencias impartidas en el teatro Coliseo de Buenos Aires ―que quedó recogido en Siete noches―, define la pesadilla como una yegua nocturna. Entre varias hipótesis respecto a la etimología de la palabra ―y el concepto mismo de pesadilla―, confiesa que «hay algo terrible en lo de “yegua de la noche”». La imagen se la sugiere el vocablo inglés nightmare, que está compuesto por una conjunción de las dos palabras (night: noche; mare: yegua) que forman la encabritada y febril pesadilla borgiana.
3
Acá sueño poco. O, al menos, no lo hago con la frecuencia de hace una década. Y la pesadilla ―aquella que consideraba mi fiel, personal e intransferible yegua de la noche― fue una, que se repitió hasta el infinito en mis primeros cinco años de vida en el revuelto y brutal. La primera vez que le comenté a un amigo mi sistemática “pesadilla de exilio”, éste me respondió que no era inusual que tuviera esa pesadilla. Al parecer, también había montado la misma yegua. Y, lo que era peor, conocía a varios compatriotas que también despertaban en la madrugada producto de similares sobresaltos.
He aquí que la dichosa yegua me visitaba con dos monturas. (1) En mitad de la noche, saltaba de la cama ―como la horrible canción de Alfredito Rodríguez: empapado de sudor― y con la aún más horrible sensación de que estaba despertando en Cuba. O (2) soñaba que, desoyendo a mi esposa y el sentido común, iba a la isla a visitar a familiares, amigos y recuerdos. Y cuando quería montarme en el tren de las 3:10 para Yuma, las autoridades cubanas no me lo permitían. Esta última versión de la pesadilla era doblemente frustrante, por el hecho de que entraba mansamente y por voluntad propia a la jaula grande y se la ponía en bandeja de plata a los siempre entusiastas cancerberos.
Han pasado varios años desde la última vez que me visitó la susodicha. No la echo de menos, pero recuerdo no con poca gratitud el alivio que sentía al comprobar que ―ya despierto― eran de Nueva York las luces que veía a través de la ventana.
4
¿Cuántos en el exilio comparten mi pesadilla? ¿Qué intervalos y posibles versiones tiene? ¿Cuándo se manifiesta? ¿Cuándo dejó de aparecer?
5
¿Esta pesadilla es posible para quienes viven en la isla? ¿Alguien ha despertado en Cuba luego de haber soñado que está en Cuba? ¿Existe algo peor en materia de sueños malogrados? Acaso el homólogo a mi pesadilla de exilio: soñar (en Cuba) que solicitas visa (a cualquier país) y te la niegan.
6
Pueden decir que soy un (mal) soñador. Pero no soy el único.

Acerca de Alexis Romay

Pienso, luego escribo.
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3 respuestas a El sueño de la (sin)razón

  1. Anonymous dijo:

    El Aleph, como dijo el bardo perfumado de Avon,
    Estamos hechos de la misma materia que las pesadillas y nuestra pequeña vida termina suzzznando como una yegua nocturna!.

    Das R

  2. evelio dijo:

    Creo que no hay un cubano en el exilio que no haya experimentado esa horrible pesadilla.Lo peor,como dices,es el despertar en Cuba y sobre todo en esta Cuba de ahora,donde el Caballo le acaba de ceder el poder a su hermana la Yegua.

  3. bustrófedon dijo:

    Das R: polvo seremos, mas polvo soñoliento.

    Evelio: ¿quién nos iba a decir que después de sobrevivir la vida casi porcina de la isla nos iban a acosar pesadillas hípicas?

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