Precaverse del olvido

Luis Manuel García Méndez, Madrid

Entrevista con el escritor Alexis Romay, presidente de Archivo Cuba, cuyo proyecto Verdad y Memoria documenta las muertes y desapariciones provocadas por la revolución cubana.

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Entrevistamos a Alexis Romay, master por The City University of New York, autor de la novela Salidas de emergencia y del poemario Los culpables, y presidente de la mesa de Archivo Cuba, cuyo proyecto Verdad y Memoria “documenta las muertes y desapariciones provocadas por la revolución cubana y estudia temas de transición relativos a memoria, verdad y justicia”. El sitio web añade que “se busca propiciar que los cubanos logren sus plenos derechos, fomentar una cultura de respecto a la vida y honrar la memoria de los que han pagado con sus vidas”.

¿Cómo surge Archivo Cuba y su proyecto Verdad y Memoria y cómo tú te vinculas al mismo?

[Continúe leyendo la entrevista en el diario digital Cubaencuentro].

De opositores y otras alimañas

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Lo primero que hacen los tiranos es deshumanizar a sus enemigos. Al hacerlo, dan carta blanca para que los traten como bestias. La lógica de este acto es tan sencilla como macabra: no es lo mismo darle palos en la vía publica, a plena luz del día, a una mujer —como hicieran las turbas castristas en repetidas ocasiones a la difunta Laura Pollán; véase foto que encabeza este post— que aplastar a una alimaña ya convenientemente despojada de su humanidad.

Gaddafi llamaba “ratas” a sus opositores. Fidel Castro los llama “gusanos”. Su sobrina, Mariela Castro Espín, los llama “parásitos despreciables”.

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Bienvenida a @CastroEspinM

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Hoy Mariela Castro Espín
se sumó a la ciber-guerra,
pero el internet la aterra
¡de un confín a otro confín!
Ella esperaba un sinfín
de adeptos y seguidores,
chivatos y trovadores:
¡los soldados de la infanta!
Pero solo se agiganta
la lista de detractores.

Para visitantes primerizos

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Aquí se documenta el descalabro,
el caos, la miseria tremebunda
—de cuerpo y de alma—, la herida profunda
que deja en Cuba el régimen macabro

que es ducho en apagar el candelabro
la luz tan necesaria que no abunda—,
gestor de la porra nauseabunda,
hermano del escombro y del escabro,

demiurgo de la infamia repetida,
experto en difamar a los ausentes,
Saturno que devora a sus ahijados,

instigador del pánico a la vida,
depredador mortal de disidentes…
Ya quedan advertidos e invitados.

***
(Foto: Santos Rodríguez).

Apaga la tele…

Apaga la tele. Consulta el diccionario.

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H/T: Ariel FL en Facebook.

Postal de cumpleaños a activista de derechos humanos

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Esta dama es de cuidado.
Tiene carisma y espuela
y en su blog, Chez Isabella,
aprendes que en el Vedado
—ese barrio destrozado
por el odio delirante
y la estulticia imperante…—
se reprime con fiereza
a gente con entereza
por orden del Comandante.

Tracey Eaton entrevista a Laura Pollán

Tracey Eaton entrevista a Laura Pollán, cortesía de Tracey Eaton en Vimeo.

Represión en Cuba: Damnatio memoriae

Acabo de recibir el siguiente mensaje de texto de fuente querida y fidedigna. La noticia corrobora que al castrismo no le basta con matar a sus detractores. También necesita injuriarlos después de muertos.

Seguridad del estado detiene violentamente a Katia Sonia Martin, Aime Cabrales, Elizabeth Kawooya, Abdel Rodriguez, Hans Delgado, Juan Manuel Lara y rompe ramo de flores para Laura Pollán.

Wendy Guerra y la censura en Cuba

En entrevista concedida a los lectores de El País, Wendy Guerra —quizá sin quererlo y por omisión— da una contundente muestra de la censura en Cuba. Reproduzco el fragmento:

Pregunta: Soy cubano y vivo ahora en España, me gusta mucho como escribes y te sigo desde hace tiempo. Son dos las preguntas que tengo para ti. ¿Has sentido censura dentro de Cuba por tu manera libre de pensar?, la segunda: ¿crees que ha habido avances en la percepción positiva sobre la homosexualidad en la sociedad cubana?

Respuesta: Deseo que la naturaleza de nuestra sexualidad ocurra desde el deseo, sin intermediarios sociales, pero yo soy hija de una mujer que no se disculpaba por sentir, que nunca pidió permiso para desear.

La etiqueta

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No me pongas la etiqueta
de derecha ni de izquierda.
La etiqueta me recuerda
que en esa Habana indiscreta
y al ritmo de la trompeta,
para meterla en casilla,
el Villano de la Villa
etiquetó a todo el mundo
y en fracciones de segundo
le partió la siquitrilla.

Antídoto contra la añoranza

No necesito una cura contra la nostalgia. Pero, claro, podría encontrarme ante un caso extremo. Digamos que un día me levanto echando de menos la esquina que nombra este blog, los amigos y parientes que no sé si vuelva a ver, el olor de mar —ahora tan distante—, o el suelo que alguna vez pisaron estas plantas. Antes de que se instale la morriña, me queda la opción de mirar esta foto hasta la nausea.

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La nausea es instantánea.

Repaso los rostros de las víctimas —esas mujeres que defienden la libertad de expresarse y asociarse— y contengo una arcada ante los puños que las asfixian.

Solo entonces recuerdo que la distancia entre patria y paria es una errata.

***
(Foto: EFE/Alejandro Ernesto).

Oda a la fuerza paramilitar cubana

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Aquí está la federada,
hija de la sumisión,
cumpliendo con su misión
para el mes y la jornada.
Se suma a la barricada
más pronto de lo que piensas
y con sus garras inmensas
sale a matar (no a morir).
Le fascina reprimir
a mujeres indefensas.

***
(Foto: Un cubano en Canarias).

Cuba en cuarenta y cinco minutos

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Hace un par de días, mi amiga Mónica Lavosky me invitó a visitar sus clases de español avanzado en el preuniversitario —liceo, secundaria, colegio, instituto, high school, para los no cubanos— de nuestra comunidad ubicada en las afueras de Nueva York. Esta semana el tema de la clase era Cuba y a la profesora le pareció atinado invitar a un escritor que había vivido en carne propia ese macabro experimento que es el castrismo, máxime cuando se trataba de un escritor local.

Hay un axioma “revolucionario” que aplico constantemente en contra de la maquinaria propagandística de los hermanos Castro. Lo escuché por primera vez quizá pronunciado por el dueño de los micrófonos, o tal vez de boca de algún militante de la Unión de Jóvenes Comunistas en su inútil empeño de convertirme a su Causa —la causa de la delación y de la infamia, pero Causa al fin—. El origen no importa. Lo que cuenta es el contenido: “se combate en todos los frentes”. De tal suerte —ya lo he dicho en otras ocasiones—, siempre que tengo la oportunidad de contrarrestar la propaganda del régimen, acepto gustosamente la invitación. Así que, ni corto ni perezoso, me aparecí en la escuela.

Es bien difícil, cuando no imposible, analizar a fondo el drama cubano en cuarenta y cinco minutos de una clase para estudiantes de una lengua extranjera, por muy avanzado que sea su dominio del idioma en cuestión. Pero sí da tiempo a presentar una vista panorámica del pueblo y del régimen que lo subyuga desde hace más de medio siglo.

La charla fue amena, gracias a un rango de preguntas amplio y diverso que abarcó desde lo personal —«¿qué dejé en la isla?»— hasta lo más general —cuestiones concernientes al presente y futuro de Cuba—. Traté de responder con humor —que para contar la verdad no hay que ser pesado—, pero sin trivializar el sufrimiento de un país en el que los derechos de sus habitantes han sido convertidos en privilegios.

Rescato, de todo el intercambio, dos respuestas. Alguien me preguntó cómo me había ido de la isla. «Nadando; todavía me duele el hombro», dije, y el aula entera estalló en una carcajada. Acto seguido, aclaré la imprecisión. «Uno se va de un país que respeta la entrada y salida de sus ciudadanos. De un régimen que viola ese derecho, uno no se va, uno se escapa. «¿Tiene familia en la isla?», fue la segunda interrogante. Hay dos maneras de contestarla. Para la primera variante, basta con un monosílabo. La segunda versión puede ser un poco más descriptiva e impactante. En vista de que estábamos en una clase de español avanzado y uno de los objetivos de mi presencia era precisamente que escucharan a un cubanoparlante, opté por esta última.

Como dicen que una imagen vale más que mil palabras, me lancé a construir una imagen, con menos de mil palabras. Les pedí que visualizaran una naranja: dulce, jugosa, compacta, de un naranja —valga la redundancia— intenso. «Pongamos que esa naranja es Cuba», acoté. Luego les pedí que visualizaran un cuchillo grande y filoso, de esos que son usados para cortar la carne cruda. «El cuchillo es Fidel Castro», dije y corté la naranja imaginaria que un momento antes había sostenido en mi mano izquierda. «Eso es lo que nos queda luego de cincuenta años de dictadura: una nación dividida por la geografía y la política». La metáfora —ya sé, bastante simple— caló.

Eran las 9:40 de la mañana cuando culminó mi visita. Mónica me acompañó hasta la entrada —en este caso salida— de la escuela. Nos dimos las gracias mutuamente, nos despedimos y salí rumbo a mi trabajo —¿cómo decía aquella frasecita revolucionaria?, ¡ah, sí!— con la satisfacción del deber cumplido.

***
(Foto: Santos Rodríguez).

Doce años

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Hoy cumplo doce años de vida en Estados Unidos: doce años de no mirar sobre el hombro, de acostarme sin hambre, de despertarme sin miedo.

Cuidadito, compay gallo

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—Hoy que el día pasa lento
y anda flojo de noticia,
aquí te va una primicia
que tiene su condimento.
—¿Es sobre un hecho violento?
Dime, que yo alquilo palco.
Me pongo perfume y talco…
—¿Quieres que vaya al detalle?
A aquel gallo de mi calle
le metieron un desfalco.

***
(Foto: Pablo Cantón).