Archivo de la categoría: Viajes

Performance: Diversionismo ideológico

This slideshow requires JavaScript.


Lugar: Londres
Fecha: 18 de mayo de 2009
Concepto: Alexis Romay
Tesis: La bolsa en la mano (con dos o tres productos capitalistas) y las ideas subversivas del intérprete le confieren a este performance un indeseable contenido ideológico, según los rigorosos parámetros que dicta la política cultural del régimen cubano.

¡Viva el diversionismo ideológico!

***
Por menos de lo que cuesta un café, Diversionismo ideológico está disponible en las siguientes librerías:
Amazon.com (Kindle)
Barnes & Noble (Nook)

Bajichupa: edición deluxe

Novias de todos los países, ¡enteraos!

20120311-224011.jpg

(Prototipo visto durante una passeggiata nocturna en Miracle Mile).

Oda al GPS

20120216-085611.jpg

Por culpa del GPS,
en Dallas metí la pata:
con una graciosa errata,
puse al mundo de revés.
Con humor (y con estrés),
con un suspiro profundo
y sin perder un segundo,
doblamos por una rampa:
nos perdimos en la pampa
como quien va al fin del mundo.

Silvio Rodríguez dice “basta y echa a andar”

(Ecuador Press). Quito, 27 de diciembre

20111228-094938.jpg

Luego de décadas de ofrecer su apoyo constante e incondicional al régimen de los hermanos Castro, el controvertido cantautor cubano Silvio Rodríguez ha roto públicamente con el gobierno que le «dio razón de ser». La ruptura pisa los talones a su reciente descontento respecto al derecho de los cubanos a entrar y salir de su país sin necesitar el visto bueno del gobierno de la isla.

Su malestar con el régimen cubano salió a flote en la capital ecuatoriana, durante el concierto que cerraba su “Gira por la otra América”. Fue a raíz del estreno de “El ciego” —considerada por los conocedores de su obra como una continuación de “El necio”, canción insignia del trovador, que dedicara en la década de los noventa al mismísimo Fidel Castro—, cuando Rodríguez tuvo que interrumpir la guitarra para recitar el estribillo, casi entre lágrimas:

El sueño se volvió mil pesadillas.
Los muertos en el mar mueren de olvido.
Que nadie me perdone lo vivido.
Mi Alicia se quedó sin maravillas.

«El sueño que añora mi canción», comentó el juglar durante la entrevista posterior al concierto, «fue la promesa malograda de la revolución. Ya le he dedicado casi cinco décadas, cantándole las loas, cual si fuera su bardo oficial. Y lo he hecho como un soldado de la palabra, con el orgullo del deber cumplido. Pero cada vez se hace más difícil defender lo indefendible. La reciente negativa oficial a emprender la reforma migratoria tan anhelada por el pueblo ha sido la gota que colmó la copa. Hoy Silvio Rodríguez ha dicho basta y ha echado a andar. Ese estribillo, que hace alusión a los balseros, es un anuncio de lo que vendrá. Componer la oda a todos los que han perecido en el intento de fuga de la isla es mi tarea pendiente».

El cantante se negó a confirmar si sus palabras deberían ser interpretadas como una deserción política. Tampoco confirmó ni negó si regresaría a la «isla-cárcel», como se refirió a su tierra natal a lo largo de la noche.

«Antes de marcharme, quiero que conste que Amaury Pérez, además de que nunca fue trovador, siempre fue un chivato», dijo, antes de dar por terminada la rueda de prensa, aunque ningún periodista supo a ciencia cierta de quién estaba hablando y el cantautor —que desapareció como si se lo hubiera tragado un rabo de nube— no se molestó en aclararlo.

***
Actualización de las 10:35 pm del miércoles, 28 de diciembre

Estimados lectores de Belascoaín y Neptuno: ¡Feliz día de los inocentes!

El “ministerio del turismo” y el “arte culinario” en Cuba

20110917-105043.jpg

Si te encuentras en La Habana
y te gusta el buen comer,
no te vayas a perder
una delicia cubana
(¡mejor que la mejorana!).
No es pollo, cerdo, ni pato,
pero prueba el nuevo plato
que te abrirá el apetito
(y así alimentas el mito):
el elogio del chivato.

Paquito D’Rivera: Si tu teléfono no suena, ¡soy yo!

20110801-064235.jpg

En abril del año 1977, con Jimmy Carter en la Casa Blanca, procedente de los Estados Unidos el crucero Daphne, de gira por el Caribe, tocó puerto en La Habana. La prensa nacional, que solo habla de los supuestos logros del castrismo no publicó ni una letra del arribo de aquel barco enorme que traía a bordo, por primera vez desde 1959, un distinguido e impresionante grupo de músicos y periodistas norteamericanos. Años más tarde, mi amigo Arnold Jay Smith me contó que hasta Ry Cooder, quien sería productor del famoso “Buena Vista Social Club” venía con él a bordo. Yo me enteré porque Arturo Sandoval, que casualmente pasaba por allí, reconoció a Dizzy Gillespie saliendo del buque, lo convenció de que se montara con él en su destartalado Opel de los cincuenta y, después de pasearlo por las ruinas de aquella ciudad otrora vibrante y hermosa como pocas, se lo llevó para mi casa en Marianao, al extremo oeste del pueblo. Yo no estaba, así que me dejaron una nota en “Spanglish” escrita sobre una bolsa de papel, pegada a la puerta y firmada por el autor de “A Night in Tunisia”. Cuando llegué, por supuesto que no entendía nada, hasta que un oficial del Ministerio del Interior se personó en casa y ordenándome agarrar mi instrumento y montarme en su automóvil militar, sin más explicaciones me llevó a toda carrera al hotel Habana Libre (antiguo Hilton), donde me esperaba la sorpresa de mi vida; un session con algunos de los músicos que yo más había admirado desde mi niñez. Entre ellos: Stan Getz, Earl “Fatha” Hines, Rudy Rutheford, Rodney Jones, David Amram, Jon Ore, Mickey Rocker, Joan Brackeen, Ron McClure, y por supuesto Dizzy Gillespie, quien durante unos minutos que estuvimos charlando en una de las mesas, lo primero que me pregunta es: “¿Tú conoces a James Moody?”, y sin darme tiempo a contestar agregó: “Es la persona más dulce que existe en el mundo… ¡Y chistoso también!”. Una sonrisa tierna y traviesa a la vez se dibujó en los labios del legendario trompetista al mencionar a su amigo y compañero de tantos años. Obviamente el autor de “Moody’s Mood for Love” tenía un significado muy especial para él, que había tenido a su lado los más emblemáticos saxofonistas de la historia del Jazz, desde Coleman Hawkins, Don Byas y Charlie Parker hasta Sonny Rollins, Jimmy Heath, Phil Woods, Sonny Stitt y John Coltrane.

Aquel encuentro en mi país de origen marcó el inicio de una larga y fructífera relación, y una de las cosas que más agradezco a Dizzy fue la oportunidad de conocer y trabajar extensivamente con James Moody, un músico de primera línea, cuya mejor virtud fue nunca pensarlo dos veces para preguntar qué estaba haciendo mal, para así mejorarlo y ser de utilidad para el conjunto. Su deseo de superación era en él una característica poco común en artistas admirados y de larga y exitosa carrera. Su preocupación por tocar afinado, ampliar sus conocimientos armónicos, leer correctamente y frasear parejo con los demás es poco frecuente en un ambiente plagado de “superestrellas”, cuyos egos parecen estar por encima de la palabra “team-work”, y muchos parecen desconocer el término “unísono”.

Moody tuvo también una suerte muy merecida al encontrar a Linda, una mujer extraordinaria que supo cuidarlo hasta el final, entenderlo y sobretodo ser una buena amiga de sus muchos amigos, que llegamos a quererla tanto como lo quisimos a él mismo. Ella queda entre nosotros como parte integral del valioso legado musical y humano que él nos deja.

Acerca de su fino sentido del humor, Moody hacía gala de él, sobre todo en los momentos más críticos. Una vez, recuerdo que en medio de una gira europea, habíamos tenido un disgusto con uno de los músicos, que era muy problemático. Aunque no hay que entrar en detalles, la cosa se puso muy fea y hubo que deshacerse del revoltoso, que salió de allí como perro que tumbó la olla. La mala vibra salió a flote y la tensión se podía cortar con una tijera. Entonces Moody rompió el silencio recitando tragicómicamente mientras señalaba en la dirección por donde el hombre había salido: “Óyeme bien lo que te voy a decir, pendejo: si tu teléfono NO suena, ¡soy yo! ¿Ok?”.

Dizzy tenía razón: James Moody era muy chistoso también; y estoy seguro que él agradecería ser recordado con una sonrisa en los labios, tal y como era él.

Paquito D’Rivera
New York, Navidad del 2010

***
(Foto: Geandy Pavón).

Una foto inusual de una Habana poco conocida

Mi amigo Santos Rodríguez visitó recientemente la isla. Recorrió las calles de La Habana —la ciudad real, no la que se oculta en los panfletos turísticos— con una buena cámara, buen ojo y en plan gatillo alegre, dispuesto a apretar el obturador siempre que alguna escena le pidiera que le regalara la inmortalidad de la foto fija. De tal suerte, tomó muy buenas —y muy desalentadoras— instantáneas, que tuvo la gentileza de compartir conmigo y que publicaré aquí, con el debido crédito, para convoyar (con perdón) textos míos y ajenos.

Luego del preámbulo, pasemos a la imagen en cuestión, la que motivó estas líneas. Santos andaba por Centro Habana —quiero imaginar que cerca de la intersección de calles que da nombre a este blog—, cuando vio lo increíblemente insólito para ese país presa de un régimen que se jacta del alto nivel de escolaridad de su población y que, sin embargo, sólo sabe producir ruinas y emigrantes. En una esquina cualquiera camino de cualquier parte, tirados al abandono dentro un contenedor de basura, dormían los libros. Ya esto lo impactó. Pero aún le esperaba una sorpresa. Al acercarse, para preparar el encuadre, le llamó la atención un mamotreto. Y, sobre todo, que nadie se hubiera molestado en ocultarlo bajo otro de los tantos ejemplares que lo rodeaban. «Alexis, te juro que no toqué nada; sólo tomé la foto», me dijo. Y hay que creerle. No puedo imaginar a un español manoseando un basurero caribeño.

La justicia poética existe. Gracias a ella, las generaciones de cubanos que crecieron obligadas a gritar en las actividades matutinas diarias: «Pioneros por el comunismo: ¡seremos como el Che!», aquí ya pueden ver a dónde han ido a parar los Escritos y Discursos del terrible argentino:

20110603-091331.jpg

(Foto: Santos Rodríguez).

El regreso

20110601-034926.jpg

El poeta Arsenio Rodríguez sueña con el regreso a Cuba, aunque no pueda uno nadar dos veces en las aguas del mismo río. Ese sueño que narra es pesadilla recurrente del exiliado. Todos, sin excepción, estamos condenados a regresar a la isla en los pesados brazos de Morfeo.

(Foto: Santos Rodríguez).

Separados por el mismo idioma


En julio de 1998, a un par de horas de llegar a Madrid, la mujer de primo me recogió en Barajas y me llevó a almorzar a un restaurant cercano al Bernabéu. La camarera que atendía nuestra mesa, una española preciosa, me miró con aquellos ojos negros que nunca olvidaré y preguntó: “¿Te apetece un bollo?”. Lo primero que pensé fue: ¡qué calurosa bienvenida! Le respondí, no sin timidez: “Bueno, sí, pero acabo de aterrizar”. Luego aclaramos el malentendido. La mujer de mi primo todavía se está riendo. Supongo que igual le pase a la camarera.

Add to FacebookAdd to DiggAdd to Del.icio.usAdd to StumbleuponAdd to RedditAdd to BlinklistAdd to TwitterAdd to TechnoratiAdd to Yahoo BuzzAdd to Newsvine

Arte poética

Transcribe lo que has visto y lo que ha sido,
explora lo que temes y te espera,
escoge una palabra, la certera,
y clávala en el pernicioso olvido.

El verso es ciervo, ciervo malherido
que busca amparo de esa torpe fiera.
Ese león alado, la quimera,
es el verso inasible y pretendido.

La fiera es la estulticia y es el tedio,
es el lugar común que se repite
y pide a gritos entrar al poema.

No dejes que se adueñe de ese predio.
No le reveles nunca tu escondite,
ni permitas que dicte el teorema.

Y pensar que la poesía

Los Ángeles, CA: el miércoles 18 de noviembre, de 6 a 8 p.m., tres escritores latinoamericanos participarán en el panel The Thought of Poetry—An Evening of Latin American Poetics (Una idea de la poesía…) en el teatro University-Student Union Theater de la universidad Cal State L.A. Este panel será conducido en inglés, la entrada es libre y está abierta al público.

La recepción para los autores ―Marcelo Pellegrini, Alexis Romay y Néstor Díaz de Villegas― comenzará a las 5:30 pm.

Poeta, ensayista y traductor, Pellegrini ―natural de Chile― imparte poesía latinoamericana en la universidad de Wisconsin. Su libro más reciente es “La fuga (Poemas 1992-2007)”.

Romay ―poeta, novelista y traductor oriundo de Cuba― es autor de la novela Salidas de emergencia y del libro de poemas Los culpables.

Artista del performance y poeta cubano, entre los libros de Díaz de Villegas se cuentan Vicio de Miami, Confesiones del estrangulador de Flagler Street, Sade’s Way y La Edad de Piedra”.

El panel será presentado y moderado por Pablo Baler, autor y profesor de lengua y literatura en Cal State L.A.

Baler, Pellegrini, Romay y Díaz de Villegas impartirán un taller de poesía el jueves 19 de noviembre, de 4 a 6 p.m., en el auditorio de San Gabriel (San Gabriel Room, #313) del University-Student Union de Cal State L.A. Dicho taller será conducido en español.

Para más información: escriba a pbaler@calstatela.edu o llame al (323) 343-4243

Los derechos humanos en la vida diaria

Los siguientes videos —realizados por el Development Research Center— presentan entrevistas a ciudadanos cubanos y de otras nacionalidades. Las entrevistas giran en torno a temas de la vida diaria. ¿Qué diferencias hay entre la vida cotidiana en Cuba y otros países? A partir de preguntas como esta se analizan aspectos relacionados con la formación profesional, la vivienda, la alimentación, la libertad de expresión y de empresa. ¿Cómo eliges una carrera profesional? ¿Qué elementos tomas en cuenta para decidir donde será tu lugar de residencia? ¿Qué ideas tomas en cuenta cuando decides expresarte a través de los medios de comunicación, el internet o una pintura? ¿Qué hacer para establecer un negocio propio? Los entrevistados nos dan sus opiniones sobre estos y otros temas, y nos hablan sobre las diferencias entre el contexto cubano y el de otros países.

Derechos Humanos 1
Derechos Humanos 2
Derechos Humanos 3
Derechos Humanos 4

Un viejo pánico

El jueves pasado, durante la presentación en Zu Galería de mi libro Los culpables, un autoproclamado agent provocateur —que vive en Cuba y andaba de paso en Miami— confesó su “temor” de que, al paso que iba, me fuera a convertir en un “escritor del exilio”. Dijo conocerme desde niño, razón por la que —para proteger el talento que en su opinión me acompañaba desde aquella tierna infancia— se sentía en la necesidad de mostrarme el camino a seguir. No quería que me perdiera entre la hojarasca. En su reclamo, abogó porque expresara una cubanidad que se desentendiera de mi condición de exiliado. (“Condición”, no es baladí mencionarlo, es el término al uso para denominar ciertas enfermedades).

Al margen del tono condescendiente del susodicho, lo que me llamó la atención fue el estigma que envolvía a ese estado tan natural del cubano y lo cubano. Estábamos en Miami y dijo “exilio” como quien contiene una arcada ante un buche amargo, como quien corre a limpiarse el zapato luego de pisar mierda, como quien no quiere contagiarse con la plaga. Y acto seguido, con ese paternalismo que tanta gracia me provoca, pasó a soltar la segunda prenda de la noche: “no debes escribir…” dijo y lo interrumpí para recordarle que a un creador no se le debe decir lo que debe crear.

En alguna parte de mi respuesta mencioné que para mí era un privilegio ser un escritor exiliado y, por consiguiente, libre y que, más allá de esa universalidad con la que todo creador sueña, pedirme que no fuera un “escritor del exilio” sería como pedirle a una naranja que no fuera un cítrico. Le recordé, obviamente, a Guillermo Cabrera Infante. ¡Ya quisiera yo ser esa clase de escritor del exilio! En las antípodas estaba, por ejemplo, un “escritor de la isla”: Roberto Fernández Retamar. ¡Y Dios nos libre de ese señor y sus letras!

De paso, le tomé prestado el término clave y se lo devolví en toda su dimensión: en esta década de exilio, jamás he sentido miedo cuando alguien, inesperadamente, toca la puerta. Me es ajeno aquel pavor que me helaba la sangre al escuchar el timbre y recordar que había carne en la nevera del apartamento que compartía con mi madre, mi hermana y mi abuela, en el número 212 de Belascoaín, esquina a Neptuno. Porque en Cuba —le refresqué la memoria—, más allá de las libertades fundamentales de las que gozamos en cualquier democracia —de expresión, de prensa, de movimiento, de asociación…—, ha sido también conculcada la libertad de comer. Y un pedazo de carne de res en el congelador puede acarrear varios años tras las rejas. O lo que es lo mismo: si hay que hablar de temores, pero de temores reales, tangibles, ubicuos, en lugar de hacerlo para referirse al posible derrotero de la obra de un poeta, viene más a cuento a propósito de una sociedad donde se vive cada segundo al margen del delito, donde se delinque a diario para ganarse el pan, donde comer lo que a uno se le antoja es un acto temerario, rayano en lo delictivo.

Quiso el azar —que es así de caprichoso— que a pocas horas y varias millas de distancia, en el salón “Fresa y Chocolate” del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos de La Habana se le negara la entrada a un grupo de blogueros independientes cubanos, mientras Yoani Sánchez lograba escurrirse entre la audiencia, disfrazada con una peluca; sólo de esa manera pudo participar en el debate sobre internet en Cuba.

Aunque mi tertulia aconteció en la capital de ese exilio intolerante y tan vilipendiado, el agente provocador no se vio en la necesidad de camuflar su apariencia ni sus ideas. A pesar de que la mayoría de los miembros de la audiencia estaba en completo desacuerdo con lo que este señor alegaba —me consta; muchos me lo confesaron al final de la lectura—, nadie le dio el mitin de repudio que es de rigor en la capital cubana. Esto ponía de manifiesto una verdad harto conocida: mientras los amantes del régimen cubano pueden defender en Miami la dictadura que los reprime —“síndrome de La Habana”, podríamos llamarle a esa conducta—, los cubanos que disienten del pensamiento único siguen sin encontrar tribuna en la isla.

Ay, pero el intercambio se quedó trunco. El agente provocador hizo mutis por el foro antes de que concluyera la charla, oculto entre las mismas sombras que lo escondieron cuando entró a mitad de tertulia. Quise explicarle en persona que no hay como no tener que mirar sobre el hombro para ver quien escucha lo que decimos. Que se puede vivir sin miedo y que esa ausencia del viejo pánico tal vez no alargue la vida, pero la hace mucho más plena y digna. Pero el hombre andaba a la carrera, así que ahora tendrá que leer, por mediación de terceros, esto que escribo en el primer minuto que tengo desocupado —tres días después, ya de regreso en casa—, feliz de ser un escritor del exilio o un exiliado a secas y convencido una vez más de que las dictaduras crean malos hábitos: son capaces de hacer que la mente cautiva se comporte como tal lo mismo en la cercana Calle 8 del caluroso Miami, que en la distante Rampa de la calurosa Habana.

Pase de lista

pase de lista

De izquierda a derecha:

Verónica Cervera, de Evidencias: presente.
Jose Ramón Morales, de Cuba Española: presente.
Gaspar, El Lugareño: presente.
Niurkita Palomino, de Cero Circunloquios: presente.
Grettel Singer, de Mujerongas: presente.
Alexis Romay, de Belascoaín y Neptuno: presente.
Cesar Beltrán, de Trompón Metabiótico: presente.
Ley Martínez, de Cero Circunloquios: presente.

Posibles lemas para la noche:
¡Blogueros de todos los confines, uníos!
La blogosfera cubana del exilio ha dicho basta… ¡y ha echado a andar!

***

Foto: Joaquín Estrada-Montalván.

Hospitalaria

(a Made y Tony, anfitriones de ensueño)

En mi casa está tu casa.
Ven a degustar mis platos.
Mis zapatos: tus zapatos.
Toda tuya es mi terraza.
(Deja el hueso y come masa).
Tienes cobija en mi techo.
El abrazo en que te estrecho
no es simulacro ni juego.
Encontrarás el sosiego
a la sombra de mi helecho.